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Vicente López: cuatro años de prisión por tres plantas y unos mensajes de Whatsapp

Denise Moruzzi, una mujer de 42 años, y su hija Luciana Esteche, de 20, llevan casi un año y medio peleando contra la justicia.

Después de pasar cinco meses en la cárcel por cultivar tres plantas de cannabis para uso medicinal, estuvieron el último año en prisión domiciliaria. Están acusadas de venta de estupefacientes y enfrentan aún dos años y medio más de encierro.

Ziplocs y whatsapp

El caso de la madre y la hija saltó a la luz en abril del año pasado. En ese momento, el allanamiento y luego la detención de las dos mujeres se publicó en los medios como parte de un “operativo anti-narcóticos”.

Se les acusó de vender drogas y el Ministerio de Seguridad comunicó que habían confiscado un kilo y medio de cocaína. “Eran tres bolsas de ziploc con sales de Epsom y Bórax”, explica Denise. “Nuestro expediente judicial no dice en ninguna parte la palabra cocaína”, agrega.

Se les acusó de vender drogas y el Ministerio de Seguridad comunicó que habían confiscado un kilo y medio de cocaína. “Eran tres bolsas de ziploc con sales de Bórax”, explica Denis

Pero la justicia se aferra a la idea de que vendían marihuana por “un par de mensajes de Whatsapp”, asegura la mujer. “Son mensajes con mis amigos, nunca vendimos nada, pero para ellos son pruebas contundentes”.

Lo que han atravesado en los últimos 16 meses fue una pesadilla. Entraron a allanar su casa el 29 de abril del año pasado. La policía andaba atrás de una red de fraude con tarjetas de crédito y en su lugar encontraron tres plantas de cannabis. Las incautaron junto con las flores que tenían.

“¿Qué tanto podíamos vender con tres plantas?”, reclama. Denise cultivaba desde hacía un tiempo por motivos médicos. Tanto ella como su hija padecen de depresión.

En el caso de Luciana, antes de empezar a usar cannabis, había sufrido internaciones psiquiátricas, ataques de pánico e intentos de suicidio.

El cannabis medicinal les cambió la vida, bajaron las medicaciones psiquiátricas y tuvieron una mejora sustancial en su salud mental. “Jamás imaginé que algo que nos había mejorado la vida nos iba a jugar en contra y que íbamos a terminar así”, comenta.

La detención y después

El 12 de julio, poco más de dos meses después del allanamiento, un grupo de agentes llegó a su casa. Se llevaron a su hija, de 19 años en ese momento, arrestada. Denise los acompañó a la comisaría. Ninguna de las dos volvió hasta después de cinco meses.

Pasaron unos días detenidas en la comisaría y luego las enviaron al penal 47 de San Martín. “¿Cómo nos meten a un lugar así por tres plantas? Fue traumático, la pasamos horrible. Quedamos rotas por esto, perdimos mucho”, reprocha.

El 12 de julio, la policía se llevó a Luciana de 19 años. Su madre los acompañó a la comisaría. Ninguna de las dos volvió hasta después de cinco meses

Las mujeres pertenecen a una familia humilde, y como no podían pagar un abogado, les dieron uno de oficio. El 13 de diciembre les otorgaron domiciliaria, solo después de firmar un abreviado por cuatro años de prisión.

“Nos lo aconsejó nuestro defensor, para poder pelear la libertad desde afuera”, dice. Desde entonces viven bajo arresto en la casa de la madre de Denise y su causa se encuentra actualmente en Casación.

No solo han perdido su libertad, su trabajo y su casa, sino todo lo que habían ganado en salud mental. “Volvimos a la medicación y de vuelta a perder calidad de vida”, reclaman.

La causa judicial quedó media paralizada por la pandemia, pero siguen a la espera de que la justicia revise su caso. “No puede ser que estemos muertas en vida y no haya una estrategia para ponerle un fin a esto”, se lamenta Denise.


Informe: Georgina Zerega