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El científico que estudia como los psicodélicos pueden transformar la sociedad

Promediaba el siglo XX cuando las investigaciones con enteógenos impulsaron  enormes adelantos en la naciente neurociencia. Hasta que la prohibición levantó una cortina de hierro entre los investigadores y las sustancias que pasaron a ser ilegales.

En 2016, el psicólogo y neurocientífico inglés Robin Carhart Harris se convirtió en la primera persona autorizada en Inglaterra a suministrar LSD a voluntarios con fines científicos. El estudio fue el primero en utilizar la tecnología de resonancia magnética para scanear el cerebro de una persona bajo los efectos de LSD y otros enteógenos.

Las imágenes mostraron por primera vez en la historia un cerebro procesando una experiencia psicodélica. Harris fue discípulo de David Nutt, neuropsicofarmacólogo e impulsor de la regulación de psicoactivos para investigación.

Ahora es el director del Imperial Centre for Psychedelic Research, el primer centro de investigación sobre psicodélicos y enteógenos del mundo, dependiente del Imperial College of London, donde se llevan a cabo distintos protocolos de investigación con enteógenos, incluídas pruebas clínicas para desarrollar un tratamiento contra la depresión a base de psilocibina.

La inteligencia del caos

¿En qué consiste tu trabajo?

Me interesa ir un poco más allá del mecanismo básico de funcionamiento de los psicodélicos a nivel molecular, más allá del aspecto químico. Me refiero a cómo los psicodélicos alteran sistemas mayores en el cerebro, ciertas regio- nes o redes y cómo las alteran para producir los efectos. Trabajo enfocado en eso.

¿Podrías explicar cómo funciona el cerebro?

El cerebro normalmente está organizado en un número de sistemas. Por ejemplo, el sistema visual. Este sistema está especializado en darle sentido a la información que entra a través de los ojos. Como este, también tenemos un sistema para la escucha, uno para los movimientos, uno para las sensaciones, todos estos son sistemas vinculados a los sentidos son “básicos”, pero también tenemos otros sistemas más complejos y sosfisticados que son los responsables de los funciones psicológicas humanas de más alto nivel: nuestra habilidad para el pensamiento análitico, funciones psicológicas más complejas y también funciones emocionales, funciones introspectivas, intelectuales. Si vemos la evolución de nuestro cerebro desde el nacimiento hasta la vida adulta podemos ver que estos sistemas aumentan en sofisticación, se van particularizando y adquieren mayor conectividad. El cerebro entonces se organiza y sus sistemas se focalizan más.

“Si el ego es el presidente,  los psicodélicos establecen un sistema donde ese presidente no gobierna. Es una verdadera revolución”.

¿Los psicodélicos lo desorganizan?

En concreto, lo que hacen es inducir una especie de regresión, un movimiento del cerebro adulto hacia un estado más parecido a lo que veríamos en el cerebro de un niño. Esto significa que las conectividades en el cerebro se van “aflojando”, los sistemas “se disuelven” por un tiempo, pierden individualidad y pierden refinamiento mientras dura la experiencia psicodélica. Es muy interesante porque esto se relaciona con la experiencia psicológica que caracteriza a los estados psicodélicos: cuando se habla de “disolución del ego” de alguna manera se debe a que las funciones cerebrales de algún modo son lo que le dan sentido al ser.

¿Se ingresa en un estado de caos?

Sí, de alguna forma. En realidad, los sistemas del cerebro dejan de estar tan “individualizados”. Con los psicodélicos las diferencias entre un sistema cerebral y otro son menores. Por ejemplo, el sistema visual ya no se diferencia tanto del auditivo, o el sistema motriz del que regula las sensaciones. El cerebro se convierte en un sistema conectado de un modo más global. Es decir, pesar de tener una desintegración al interior de los sistemas, hay una mayor integración de todo el cerebro como tal. Este parece ser uno de los principios más importantes acerca de cómo trabajan los psicodélicos en nosotros: aumentar la flexibilidad en las funciones del cerebro y también en la funcio-
nes mentales como la imaginación, la percepción, el pensamiento es más fluido, se suelta, es más asociativo.

Espiritualidad revolucionaria

¿Se puede entonces estudiar el inconsciente a partir del uso de psicodélicos?

Lo que estamos estudiando es que los psicodélicos lo que terminan produciendo es una especie de desinhibición en el cerebro, una liberación de procesos que normalmente son suprimidos o inhibidos. Hemos visto ejemplos de esto en el sistema visual y también los hemos visto en el sistema límbico, muy antiguo en el cerebro humano, y que es el tienen esencialmente todos los mamíferos. Este sistema, producto de la evolución, es importante para funciones bien primitivas, para las emociones y la memoria. Entonces parecería que los psicodélicos pueden desinhibir este sistema y esto podría explicar por qué bajo los efectos de los psicodélicos no solo el mundo se descompone en un caos, sino que también se manifiestan aspectos de la mente que normalmente están ocultos en el inconsciente. Esta es la llave: los psicodélicos estimulan y facilitan la manifestación de algunos aspectos de la mente que normalmente están escondidos para la conciencia.

¿Eso es lo que permitiría explorar la mente?

Sí, es como salir a pasear por tu ciudad pero por calles que normalmente estarían fuera del balance, quizás puedas visitar aspectos históricos de tu ciudad que están bajo la tierra, secretos que te hacen entender la totalidad de la ciudad a partir de esas calles subterráneas y de esas otras donde no podías entrar. Esto es algo que vemos cuando hacemos trabajo terapéutico con psicodélicos. Bajo el efecto de las sustancias, a veces la gente alcanza “percepciones especiales” dentro de sus mentes. Esas percepciones pueden cambiar su panorama sobre la vida, sobre sí mismos. Es un tipo de sabiduría, de conexión con la verdad, puede manifestarse como una gran apreciación de la naturaleza, una gran compasión y empatía por otras personas. Se trata de una perspectiva menos egocéntrica, menos analítica, menos competitiva, menos individualista, una perspectiva del tipo más global, colectiva, comunal, conectada.

La psilocibina es el principio activo de los “hongos mágicos”. Su uso terapéutico es cada vez más aceptado.

¿Sería algo conectado a lo que culturalmente llamamos “expansión de la conciencia”?

Se trata de la construcción de nuevas redes cerebrales. Con redes me refiero a cómo las diferentes regiones estan conectadas en el cerebro. Los psicodélicos parecen afectar el cerebro por completo y particularmente el modo “jerárquico” en que está ordenado el cerebro: los sistemas más recientes y evolucionados inhiben a los más antiguos y menos evolucionados. Bajo los efectos de los psicodélicos, los sistemas que están normalmente inhibidos, los más primitivos, pueden encontrar su expresión y pueden operar más libremente. Es como la disolución de un orden político: si el ego es el presidente, los psicodélicos establecen un sistema donde ese presidente no gobierna. Es una revolución.

¿Eso se podría conectar con el aspecto espiritual de la experiencia psicodélica?

Claro, las experiencia espirituales necesitan de la disolución del ego. El orden de los sistemas cerebrales, por default, funcionan como la silla del ego. Entonces para tener una experiencia espiritual es preciso la disolución de ese sistema. A mayor presencia, menores serán las experiencias espirituales.

Terapia con futuro

 

En tus estudios planteás que la experiencia psicodélica también permitiría “reiniciar” el cerebro, ¿qué significa?

Lo que pasa en el cerebro, a medida que crecemos, es que el sistema se vuelve más complejo, pero también más constreñido: su funciones llegan a ser más enfocadas, más definidas, pero también con más límites. Ahora, en algunos estados como la depresión, podés ver que el cerebro se vuelve muy inflexible, rígido, tiene patrones duros de pensamiento y comportamiento que pueden llegar a ser muy negativos, muy pesimistas. Eso explicaría por qué la persona se queda para siempre en este estado negativo de depresión. Es muy difícil salir de esta rigidez. Parecería que los psicodélicos desarman toda esta conectividad, entonces la mente puede operar de un modo más suelto. Este aumento de la flexibilidad bajo los psicodélicos puede ser usado terapéuticamente porque de repente la mente “se lubrica”. Así podés contemplar cosas nuevas que ordinariamente no podías. Y esto es como reiniciar un sistema.

“La flexibilidad cerebral bajo los psicodélicos puede ser usada terapéuticamente porque podés contemplar cosas nuevas que ordinariamente no podías. Y esto es como reiniciar un sistema”.

¿En qué casos se puede aplicar el LSD de modo terapéutico?

En casos de depresión, cuando las personas se vuelven rígidamente pesimistas, patrones de pensamiento y emociones, o un desorden obsesivo compulsivo donde las personas tienen pensamientos repetitivos y problemáticos, pensamientos perturbadores, que tienen comportamientos compulsivos, como lavarse las manos todo el tiempo pensando que sino pueden enfermarse. Todas estas patologías pueden realmente arruinar la vida de las personas. Otro clásico estado o condición es la adicción, cuando las personas tienen comportamientos compulsivos, quizás son adictos a consumir alguna droga, legal o ilegal, o al juego.

¿En cuáles de estos casos el uso terapéutico es más efectivo?

Insisto con que el valor más inmediato de los psicodélicos es dar tratamiento a la depresión. No hay que olvidar que la depresión no es una patología aislada, es realmente masiva, afecta entre el 10 y el 50 por ciento de los países consideramos más desarrollados, es decir que la mitad de las personas pueden experimentar un cuadro de depresión en algún momento de su vida. Sería un gran aporte a la salud poder tratar este tipo de cuadros, porque es un problema que afecta a la mayoría de las personas personalmente o porque lo sufre alguien cercano, y por supuesto que puede ser muy trágico, cuando gente joven experimenta depresión y se quitan la vida, se suicidan. La depresión también es muy costosa, porque la gente se vuelve improductiva, no quieren ir a trabajar, afecta a las relaciones porque las personas se alejan de sus seres queridos. Es algo que la sociedad podría evitarse, y creo que los psicodélicos podrían ser muy útiles para eso.

¿Qué otro tipo de aporte crees que podrían hacer los psicodélicos?

Podrían impactar en la sociedad y potencialmente en la política: los psicodélicos amplían la perspectiva de las personas. También hay problemas en el mundo en términos de cómo vivimos. Estamos poniendo al planeta en riesgo. Si tenemos esto en cuenta los psicodélicos podrían cambiar la perspectiva humana e incluso también nuestro comportamiento, para vivir de una forma más saludable, de un modo más armonioso con la naturaleza. La gente, potencialmente, podría mejorar su bienestar, su apertura y capacidad de vivir con la incertidumbre, de un modo más filosófico y menos agresivo.

“Los psicodélicos podrían cambiar la perspectiva humana e incluso también nuestro comportamiento, para vivir de una forma más saludable, de un modo más armonioso con la naturaleza”.

¿Cuánto creés que la prohibición nos está privando de esas posibilidades?

Mucho. Podríamos invertir en desarrollo a nivel educativo, a nivel académico, en términos de entendernos a nosotros mismos, de entender y apreciar nuestras mentes, todo esto fue retrasado por la prohibición. Con cambios serios en estas políticas se podría facilitar un proceso positivo en términos de evolución tanto para la salud mental como para la forma de vivir en sociedad.