¿Cultivás semillas autoflorecientes para obtener cosechas extras durante el año y querés optimizar la producción al máximo? En esta nota te dejamos los mejores consejos para que tus autoflorecientes te den buenas flores en poco tiempo y con una excelente calidad.
Cultivo de semillas autoflorecientes: saberes básicos
Las semillas autoflorecientes destacan por su capacidad de florecer independientemente de la cantidad de horas de luz que reciban. Es decir, estas plantas muestran sus primeras flores aproximadamente a los 40 días de vida, sin necesidad de una disminución del tiempo de iluminación. Es por este motivo que muchas personas cultivan autoflorecientes mientras esperan que llegue la temporada de cultivo exterior, para obtener cosechas adicionales a lo largo del año.

Aclarado esto, es importante saber qué trato darles a estas plantas, ya que no se pueden cultivar exactamente de la misma manera que una especie fotoperiódica. A continuación, un análisis de las principales diferencias entre el cultivo de autoflorecientes y fotoperiódicas.
Diferencia entre cultivo de autoflorecientes y plantas fotoperiódicas
Fertilización en semillas autoflorecientes
El ciclo vegetativo de las plantas autoflorecientes es muy corto. Ya vimos que tardan entre un mes y cuarenta días para iniciar su floración. Debido a esta rapidez, las plantas no deben ser expuestas a ningún tipo de condición estresante. Carencias de nutrientes o sobrefertilizaciones no pueden tener lugar en cultivos de autoflorecientes, por eso se debe ser prudente con el abonado.
Aunque los requerimientos nutricionales de las autoflorecientes son los mismos que los de las fotoperiódicas, la diferencia radica más que nada en la forma de administración de estos nutrientes. Los macronutrientes esenciales como Nitrógeno, Potasio y Fósforo, junto con micronutrientes como Calcio, Magnesio y Zinc, son indispensables en cualquier cultivo de cannabis.

Al tratarse de plantas de crecimiento acelerado, podemos comenzar a fertilizar entre la primera y segunda semana de vida. Es fundamental aplicar los nutrientes en pequeñas dosis y observar la reacción de la planta. Este enfoque ayudará a evitar un estrés por exceso de fertilización. Si la planta responde favorablemente a las cantidades aplicadas, podemos ir incrementando la dosis poco a poco.
Por las características específicas de este tipo de plantas, se recomienda proporcionar desde un inicio nutrientes provechosos tanto para el vegetativo como para la floración. Hay que concentrarse en administrar aquellos nutrientes indispensables, como el Nitrógeno, que puede suministrarse a partir del hummus de lombriz. También es importante incorporar micorrizas para fortalecer las raíces y la absorción de nutrientes, favoreciendo el desarrollo de una planta más fuerte.
Tamaño de maceta y trasplantes en semillas autoflorecientes
Una de las principales diferencias entre autoflorecientes y fotoperiódicas es que las primeras no deben ser necesariamente trasplantadas. Un cambio de maceta puede generar un alto nivel de estrés en las plantas, y debido al ciclo de cultivo más corto de las autoflorecientes, este procedimiento no siempre es recomendable.
Lo más seguro es sembrar las semillas directamente en macetas de no menos de 10 litros. Estas macetas serán las definitivas y acompañarán a las plantas durante todo su desarrollo, por lo que es fundamental elegir un tamaño adecuado, considerando el espacio disponible para el cultivo.
Sin embargo, los cultivadores con más experiencia pueden explorar otras técnicas, y realizar un trasplante controlado. Una alternativa consiste en germinar las semillas en vasos de 400 ml y agruparlas según sus características de crecimiento.
Por ejemplo, las plantas que crecen simultáneamente y a buen ritmo pueden trasladarse individualmente a macetas definitivas de 10 litros. En cambio, aquellas que presentan un desarrollo más lento pueden agruparse en una misma maceta grande de boca ancha. Esto permite ahorrar el espacio y simplificar la tarea del riego, ya que se necesita regar menos macetas.
Si optamos por esta técnica, es aconsejable aplicar bacterias benéficas durante las primeras semanas. Luego, a partir de la tercera semana, se puede comenzar con un plan de fertilización adecuado.
Podas en semillas autoflorecientes: ¿sí o no?
Las podas apicales no se recomiendan a menos que se tenga ya mucha práctica. Sin embargo, una práctica segura y beneficiosa es la poda de bajos, que mejora la circulación de aire y optimiza el crecimiento de las partes superiores, favoreciendo así una mayor producción de cogollos.
Otra opción para modificar la estructura de la planta es emplear técnicas como el LST. Este método permite aprovechar mejor la luz, estimulando la formación de flores en las zonas bajas de la planta. Una de las principales ventajas del LST es que no genera estrés significativo en las plantas, lo que lo convierte en una técnica ideal para el cultivo de autoflorecientes.
¿Cómo maximizar la producción de semillas autoflorecientes?
Para maximizar la producción de semillas autoflorecientes, es fundamental prestar atención a las particularidades de su cultivo. Si se siguen buenas prácticas, se puede garantizar una producción adecuada, pero ciertos ajustes pueden ayudar a optimizar aún más los resultados.
Un aspecto clave es la elección de la luminaria. Aunque las autoflorecientes no dependen del fotoperiodo para florecer, la luz es esencial para procesos como la fotosíntesis, que directamente impacta en el desarrollo de las flores. En cultivos de interior, muchos cultivadores emplean ciclos de luz de entre 18 y 22 horas diarias, combinados con lámparas de alta potencia, que favorecen el crecimiento y la producción de cogollos.
En cultivos al aire libre, aunque las autoflorecientes aprovechan la luz natural, se puede complementar con iluminación artificial para extender las horas de exposición.
Cultivo de autoflorecientes con frío: consejos clave
Cultivar autoflorecientes en exterior con climas fríos nos enfrenta a nuevos desafíos.
Lo mejor que podemos hacer en estas condiciones es resguardar a nuestras plantas lo mejor posible. Para esto, un invernadero serviría muy bien, porque en caso de lluvias o vientos extremos estaríamos respaldados. Pero si no contamos con esta opción, procuremos plantar en maceta para mover nuestras plantas en caso de algún imprevisto climático.
Agregar luz artificial también es de ayuda, porque en invierno la potencia de la luz natural disminuye. De esta manera, se optimiza el desarrollo vegetativo a la vez que se suma temperatura en un entorno frío, algo que las plantas van a agradecer.
Por último, el riego debe ser con menos frecuencia si cultivamos con frío, ya que el agua no se evapora de la misma manera que en verano, por lo que las plantas pueden aguantar más tiempo sin recibir agua. De esta forma también estaremos barriendo menos nutrientes.