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@Wannabis

Wannabis: el proyecto de cannabis medicinal impulsado por personas autistas

“100% AUTISTA”. Así, en mayúsculas, se presenta con orgullo un emprendimiento único ligado al cannabis medicinal.


Wanda, su creadora, convive con autismo. También sus hijos. También todos los que trabajan en Wannabis, el proyecto que impulsó para poder trabajar gracias a la planta que cambió su calidad de vida.


Como para muchas personas con diversas condiciones de salud, el cannabis le brindó a Wanda la posibilidad de salir del camino que le proponía la medicina tradicional: un cóctel de medicación psiquiátrica.


Fue justamente luego de una internación que comenzó a estudiar sobre los compuestos activos de la planta. El objetivo era encontrar su medicina.


Luego de hacerlo, Wanda dio un paso más: por qué no llevar adelante un proyecto que también ayude a otras personas.


De ahí surgió un emprendimiento que no solo hace aceites, cremas y protectores solares en base al cultivo orgánico. Wannabis también se transformó en un espacio de desarrollo para otras personas con autismo.


Según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) el autismo, o trastorno del espectro autista (TEA), afecta aproximadamente a uno de cada 160 niños y niñas. Esos niños y niñas se convierten en adultos y, promediando la prevalencia en diferentes lugares del mundo, se estima que las personas con TEA representan el 1% de la población mundial.


Hoy, en Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, hablamos con Wanda sobre cómo el cannabis forma parte de un cambio de paradigma.


¿Qué es y cómo surge Wannabis?

Wannabis es un proyecto que surge a partir de una necesidad propia. Yo estaba pasando una situación de salud mental bastante complicada y me enfrenté a una separación. Yo me separo, el padre de mis hijos en ese momento decide abandonar su trabajo, o sea, renuncia al trabajo, por lo cual me quedo sin la ayuda económica que correspondía de su parte y me quedo también sin la asignación familiar. Además mis hijos se quedaron sin sus terapias porque dependían de la obra social de su padre. En esa situación prácticamente de insolvencia en la que me encontré tuve que buscar algún recurso que me ayude. Yo ya hacía aceites y cremas, así que vi que esa podía ser la salida. 


¿Cómo estabas de salud en ese momento?
Había salido de una internación psiquiátrica sobremedicada, como suele salir todo el mundo de una internación psiquiátrica, y tratando de volver a la vida habitual porque soy madre de tres personas autistas también. Y en ese contexto los médicos me decían que yo iba a estar medicada así de por vida.

¿Lo aceptaste?


No, yo me negaba porque claramente no podía no podía con mi cuerpo y menos con la tarea de cuidar de mis hijos. Entonces, traté de buscar una solución, una salida a eso y lo encontré en la planta. Vi que había gente que usaba cannabis y eso les mejoraba el ánimo. Dije, bueno, por lo menos voy a estar de mejor de ánimo, voy a tener más energía y arranqué por ahí buscándole una solución. Después después caí en la realidad que era mucho más lo que me ofrecía la planta. 


¿Te pusiste a investigar?
 Sí, yo soy profesora de química y empiezo a meterme. Me dije: si voy a hacer esto, lo voy a hacer bien. Quería entender qué principios activos tiene la planta, qué hace cada principio activo. Buscaba cómo me podía ayudar esta planta e intenté con aceite.

 ¿Y cómo te fue?
Yo no pude consumir aceite por la textura del aceite que me molesta en la boca. Así que empecé a usar cannabis en la comida. Después surgió hacer una crema, después surgió hacer un shampoo. Y empecé a convidar a la gente porque empecé a sentirme mejor yo. Y llega un punto en el que convidar no alcanza, no te da el bolsillo para para convidar. Y ahí empecé a ponerle un precio a eso que producía. Y de ahí pasé a tener un envase, una etiqueta, un nombre, una identidad.

¿De qué manera fue creciendo Wannabis?


Primero sumé a toda mi familia y después empecé a sumar otras personas. Actualmente somos siete personas. Yo soy como la que dirige el proyecto, pero cada uno está con con sus tareas. Por ejemplo, el más chico del emprendimiento se suma a poner las tapas, poner las etiquetas y esas cosas. Nehu que sabe más de inglés va y atiende a los que son los clientes extranjeros. Elías, como es técnico en la industria de los alimentos, me ayuda en lo que es la manipulación de toda la materia prima y además me ayuda con lo que son las redes sociales. Y el resto nos dedicamos a la venta.


¿En Wannabis son todos usuarios?
Sí, algunos usamos de manera diaria, tanto el aceite, como en comidas, pero hay algunas otras personas que lo usan de manera eventual, en crema, en algún té, en algún preparado. Y tenemos médicos que nos acompañan en nuestros tratamientos.

Parece que hacen mucho más que vender productos


Sí, lo principal de este emprendimiento va más allá de la venta y de tratar de subsistir en el día a día.
El objetivo principal de de Wannabsi es llevar un mensaje a los cuidadores de personas neurodivergentes. Y el mensaje es que que con las herramientas adecuadas podemos llevar una vida plena como cualquier otra persona.


El prejuicio general es que no pueden


Por eso mismo es importante este mensaje. Yo asesoro a un montón de familias y lo primero que le dicen los médicos es que su hijo no va a poder, no va a poder, no va a poder. Es todo lo que dicen en el diagnóstico. Yo quiero romper con eso: «Sí, sí va a poder». Lo que necesita es acompañamiento y herramientas. Mientras eso esté, podemos llevar una vida como cualquier otra persona.


¿Hay muchos mitos sobre el autismo?


Mitos y malentendidos. Hay un montón, porque mucha gente se queda con la idea vieja de autismo que claramente no es la realidad actual. Por ejemplo, me ha pasado de que me diga una psicopedagoga que yo no era autista porque hablaba y miraba a los ojos.


¿Y qué te sentiste?
Lo primero que pensé fue: «No soy muda, ni soy ciega». Y a partir de ahí tenés otros mitos. «Bueno, che, si sos autista no podés ir a un recital, si sos autista te tienen que molestar sí o sí los fuegos artificiales, si sos autista…” y así hay un montón de cosas. La cuestión es que todas las personas somos personas y somos particulares por el simple dicho de ser personas y entonces hay cosas que nos molestan y hay cosas que no. No es todo tan lineal como dicen los médicos.

¿Cómo es vivir con autismo?


Vivir con esta condición es complejo porque hay muchas cosas que los profesionales que  no explican cuando diagnostican y después quedan malentendidos en algunas cuestiones.


¿Por ejemplo?

Que el TEA se divide en nivel uno, dos y tres en la clasificación médica y esto no tiene que ver con la gravedad, ni de qué tan autista sos, ni de cuán menos autista sos, sino de la cantidad apoyo que necesitas. De los niveles de apoyo son.


¿Vos en qué nivel médico estás?

Yo estoy en lo que es TEA1 y la realidad es que a los TEA1 la sociedad nos ve como que no somos tan autistas, no tenemos tantas dificultades y eso es lo que nos genera más dificultad.


¿Por qué?
Porque por ahí a un chico que no se comunica verbalmente, lo ayudan a comunicarse y nosotros por ahí no entendemos la indicación que nos están dando y nos dicen, «Che, bueno, hacé el esfuerzo, tratá de entender». Y es muy difícil, o sea, es nuestro impedimento ese. Es como que él le pidas a una persona no vidente que haga el esfuerzo y vea. Nosotros cuando no comprendemos una situación no la comprendemos, no es que hacemos el esfuerzo y logramos comprender.

¿Y cómo afecta tu vínculo con los demás?

Vivir con esta condición es bastante complicado para el tema de la sociedad porque nos culpabiliza y, por lo tanto, nos culpabilizamos nosotros de las cosas que nosotros no podemos. Sentimos que estamos rotos, que estamos fallados, que nos falta un pedazo, que que pasó algo que no está bien en nosotros.


¿En qué sentido?

 La gente da como sobreentendido un montón de cosas y nosotros somos más literales. Por ahí en una conversación hay un un pedazo de la conversación que se sobreentiende y nosotros no la sobreentendemos. Y eso hace que no sé, nos perdamos el resto de la conversación porque nos quedamos pensando en eso. También por ahí lo que no se comprende mucho tiene que ver con lo que es la parte auditiva.

 ¿Podrías explicarlo?
Nosotros escuchamos a un nivel que no podemos separar los sonidos de fondo, escuchamos todo como en el mismo volumen. Un ejemplo: tratamos de prestar atención a una conversación y de fondo están discutiendo dos personas y nosotros estamos escuchando esa discusión, también estamos escuchando cómo pasa el colectivo, también estamos escuchando cómo cantan los pajaritos, estamos escuchando cómo hace ruido con el lápiz el del lado. Todo al mismo nivel y nos cuesta concentrarnos. En definitiva, podemos ir a trabajar, por ahí podemos formar una familia, por ahí podemos estudiar, podemos todo lo lo que la sociedad demanda, pero con dificultades y muchas veces esas dificultades no se ven.

Debe ser un trabajo enorme
El desgaste, el esfuerzo y la energía que nosotros le ponemos al día a día es muchísimo más que lo que tiene que poner el resto de las personas. Es mucha energía y eso a la larga no es gratis. Muchos de nosotros nos sentimos solos, nos sentimos como abandonados, nuestras familias no nos suelen entender y muchas veces sentimos que estamos de más en este mundo. 

¿Cómo afecta eso el ánimo en un adulto?

Si te pones a conversar con adultos autistas la idea de no estar más en este mundo seguro se le pasó varias veces por la cabeza. Es algo lamentablemente común en nosotros. Tenemos muchos pensamientos catastróficos y pensamientos de desaparecer.

¿El cannabis te ayuda a sobrellevar esos momentos?

El cannabis es terapéutico de 500 millones de maneras, no solamente en lo que es la salud mental, que es en lo que más me ayudó a mí, no solamente en lo que es la salud física. Cultivar la planta, tener la semillita, poder cuidarla que de repente sea un brote y ese brote de repente me esté dando una flor y esa flor madura y yo tuve esa semilla y hoy estoy preparando mi medicina a partir de esa semilla. Eso ya eso ya es terapéutico, eso ya cambia la vida de muchas personas, incluso si ni siquiera lo usan. Sentís que pudiste aportar un montón a la sociedad.


Seguramente a vos como madre a cargo de sus hijos hizo una gran diferencia

Y… como madre de personas autistas es difícil conseguir algún trabajo que se acomode a nuestros horarios. Tenemos que acompañar a los chicos a las terapias, por ahí te llaman de la escuela que tenés que ir a buscarlo porque se desreguló. Entonces tenés que estar casi 100% disponible para ellos y no hay un trabajo en donde te dejen salir a cada rato: porque si no se descompuso uno, se descompuso el otro.


Y además, en el caso de ustedes, Wannabis es una forma de ganarse la vida
Para nosotros son super difíciles los contextos laborales, son lugares que no están pensados para nosotros y encontrar una salida laboral en la planta es más que importante: es sentir que a partir de ahí podemos ganarnos la vida, algo como comprarnos unas zapatillas hasta pensar que podemos llegar a formar una familia porque la vamos a poder sostener. Todo eso encontramos en la planta, la planta es maravillosa, la planta nos da mucho más de lo que nosotros le pedimos.