Una excelente opción para quienes buscan reducir el consumo de lácteos es la infusión de semillas, más conocidas como leches vegetales. Y por supuesto, las semillas de cannabis son una excelente materia prima para preparar leche de cáñamo.
No solo contienen, en peso, mayor cantidad de proteína que la carne, más calcio que la leche y menos grasas saturadas que el aceite de oliva: poseen magnesio, hierro, zinc, vitamina B1 y grasas omega 3 y 6.
Además, aporta ácidos grasos omega-3 y omega-6 en proporciones equilibradas, lo que ayuda a mantener la salud cardiovascular y a reducir la inflamación. Su perfil de nutrientes la hace ideal tanto para quienes buscan reemplazar la leche animal como para quienes quieren sumar un alimento funcional a su dieta diaria.
Otro punto fuerte de la leche de cáñamo es su aporte de minerales como magnesio, hierro, fósforo y calcio, esenciales para los huesos, el sistema nervioso y la producción de energía. También es naturalmente baja en azúcares y no contiene lactosa, lo que la convierte en una opción digestiva y amigable para personas con intolerancia a los lácteos. Además, su sabor suave y ligeramente a nuez la hace perfecta para tomar sola, en cafés o para incorporar en recetas dulces y saladas, sumando valor nutricional sin comprometer el gusto.
Al provenir de semillas, la leche de cáñamo no genera efectos psicoactivos.
Cómo hacer leche de cáñamo
Para prepararla, se utiliza 1/2 o 1 taza de semillas limpias de materia vegetal por cada 3 tazas de agua. Si son semillas peladas, mejor queda la infusión.
Las semillas son molidas lo más fino posible, en mortero o procesadora y se infusionan en agua fría, o también puede mezclarse todos los ingredientes directamente en la licuadora o procesadora. Licuar por 1 minuto.

Se puede jugar con la densidad de la leche resultante variando la cantidad de agua.
Una vez preparada se puede filtrar o utilizar directamente para cualquier receta o preparación que admita el uso de leches vegetales.


