En el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, un grupo de jóvenes emprendedores impulsa un cambio en la forma de producir y construir. La Fundación GEN y la empresa Modo Domo, de General Roca, desarrollaron junto al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) una placa para la construcción fabricada con fibra de cáñamo. Este producto, ecológico e innovador, ya pasó las pruebas técnicas y está listo para su escalado industrial.
La propuesta combina identidad patagónica, sostenibilidad y economía circular, abriendo nuevas oportunidades para la agroindustria y el sector de la construcción regional.
Cáñamo para la construcción: un material renovable y eficiente
La materia prima se cultiva en chacras del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, una región con condiciones geoclimáticas óptimas para el cáñamo industrial y el cannabis medicinal. El proceso productivo comienza con un desfibrilado mecánico que separa la fibra del resto del tallo.
Luego, la fibra se combina con aglutinantes naturales y, mediante una prensa, se obtiene la placa final. “Es una técnica muy limpia, pensada para minimizar la huella ambiental y maximizar las propiedades aislantes del material”, explica Martín Ancaten Ureta, referente de Fundación GEN y socio de Modo Domo.

El resultado es un material ligero, resistente, termoacústico, biodegradable y de bajo impacto ambiental. Su conductividad térmica es muy baja, comparable a otros aislantes, lo que permite construir viviendas más frescas en verano y cálidas en invierno.
Además, las placas son resistentes a plagas y degradación, y poseen una característica sobresaliente: son inífugas.
Según Ancaten Ureta, este desarrollo “es un antes y un después: es ecológico, hecho 100% en Argentina y con un enorme potencial para regiones con climas exigentes como la Patagonia”.
El arquitecto Leandro Suárez, también socio de Modo Domo, destaca que trabajar con fibras de cáñamo “conecta con las raíces de la construcción sustentable y la economía circular”.
Los paneles están diseñados para integrarse a sistemas constructivos convencionales, como la construcción en seco. “No requieren grandes conocimientos: alguien con experiencia en carpintería o montaje en seco puede instalarlos de manera óptima”, aclara Ancaten Ureta.
El equipo está convencido de que esta tecnología permitirá reducir costos, gracias a la rapidez de montaje, la menor necesidad de climatización y el uso de materiales locales, que abarata el transporte y fortalece las cadenas de producción regionales.
Impacto económico y ambiental
La fabricación de estas placas podría reemplazar importaciones de materiales, reducir la huella de carbono y generar empleo en cada etapa: desde el cultivo y procesamiento industrial hasta la construcción.
“La incidencia en la economía local creemos que va a ser enorme porque hablamos de una cadena de valor que empieza en las chacras, pasa por el procesamiento industrial y llega a ser utilizada en la construcción, generando empleo en todas las etapas”, sostiene Ancaten Ureta.
Si bien la fabricación de tableros de cáñamo no es inédita en Argentina, en los años 60 se produjeron en Jáuregui, provincia de Buenos Aires, este proyecto actualiza esa experiencia con un enfoque moderno, recursos locales y un objetivo de triple impacto: ambiental, social y económico.
El reconocimiento no tardó en llegar: fue ganador del Certamen “Emprendedores de Río Negro”, representante provincial en el Premio Nacional al Emprendimiento Joven Argentino y distinguido en el Certamen Nacional Nobleza Obliga 2023.
El cáñamo industrial es extremadamente versátil. Con su fibra se pueden elaborar placas, ladrillos ecológicos, revestimientos interiores y exteriores, aislantes térmicos y acústicos, entre otros. Por eso, los impulsores del proyecto afirman que “sembrar cáñamo es sembrar casas”.
Más allá de la placa, trabajan en ampliar la gama de productos sustentables con identidad local. Esto se da en un contexto en el que productores, empresas y gobiernos de la región buscan diversificar la matriz productiva, regenerar suelos degradados , especialmente los afectados por la actividad hidrocarburífera, y reducir el impacto ambiental.
Para Luciano Rivera, presidente de Fundación GEN, “el cultivo de cáñamo para uso industrial es clave para un desarrollo equilibrado. Además, ya tenemos productos listos para responder a una demanda real del mercado”.
Investigación y articulación público-privada
El desarrollo de la placa es fruto de más de dos años de trabajo conjunto. La idea surgió en el verano de 2023 y tomó forma gracias al acompañamiento técnico del Departamento de Materiales Compuestos del INTI, que realizó ensayos para validar el producto como material de construcción.
“El trabajo con el INTI fue fundamental. Ellos aportaron validación técnica, ensayos de laboratorio y asesoramiento en procesos industriales. Eso nos permitió garantizar estándares de calidad y seguridad, y pasar de una idea a un producto listo para producirse a escala”, subraya Ancaten Ureta.
El doctor Alejandro Bacigalupe, jefe de ese departamento, destacó que este tipo de proyectos diversifican las economías regionales, generan empleo calificado y fortalecen la soberanía tecnológica.
En paralelo, Fundación GEN realiza ensayos agronómicos con cáñamo en distintas zonas de Neuquén y Río Negro, en colaboración con universidades, gobiernos y productores locales. El objetivo es adaptar genéticas y multiplicar semillas para garantizar el abastecimiento de materia prima en el futuro.
La organización también desarrolla productos para la industria medicinal y cosmética. En 2024 realizó la primera extracción de aceite y harina comestibles de cáñamo en la región, actualmente en proceso de análisis para su aprobación comercial.

Hacia la producción a escala
Según los emprendedores, la producción comercial de placas podría comenzar en dos o tres temporadas agrícolas, una vez asegurado el suministro de fibra. El primer paso, ya en marcha, es la multiplicación local de semillas. Con volúmenes significativos, se podría iniciar la fabricación continua “desde la Patagonia para la Patagonia”.
Algunos datos relevantes para el sector:
- Una hectárea de cáñamo puede rendir entre 3 y 10 toneladas de hurds (parte leñosa del tallo utilizada para fabricar las placas).
- Para producir una placa de 1,20 x 2,40 m se necesitan unos 30 kg de fibra procesada.
- El procesamiento se realiza con maquinaria convencional de la industria maderera, sin requerir tecnología especializada.
Los impulsores invitan a productores, gobiernos locales, universidades y empresas a sumarse a esta y otras iniciativas con cáñamo industrial.
Quienes quieran conocer los prototipos y subproductos pueden contactar a Fundación GEN y Modo Domo en redes sociales (@fundaciongen y @_mododomo), donde comparten avances y contenidos relacionados.

