Aunque el riego parece una tarea sencilla, no basta con llenar la regadera con agua de la canilla. Hay variables fundamentales que convierten esta rutina en una práctica de cultivo capaz no solo de mantener viva a la planta, sino también de potenciar su crecimiento y maximizar su producción de flores. En el cultivo de cannabis, la calidad del agua es tan importante como la luz o los nutrientes. A continuación, repasamos los aspectos más importantes que conviene tener en cuenta a la hora de preparar el agua de riego.
La importancia de la temperatura del agua de riego
La temperatura del agua de riego no es un factor secundario. Al contrario, puede marcar la diferencia entre un desarrollo radicular saludable y un cultivo estancado.
Por ejemplo, regar con agua demasiado fría ralentiza el metabolismo de la planta y dificulta la absorción de nutrientes, lo que se traduce en un crecimiento más lento.
Pero una solución de riego demasiado caliente tampoco es una buena opción, porque el agua se evapora más rápido, reduciendo su disponibilidad para la planta. Esto puede llevar a una deshidratación, además de debilitar a los microorganismos beneficiosos del sustrato, creando un ambiente ideal para patógenos, como hongos.
Por todo esto, el rango ideal para el agua de riego está entre 20 y 25 °C, siendo 23 °C la temperatura más óptima. En este punto, el agua se encuentra templada y no genera estrés para la planta.
El mito del agua helada y la producción de resina
Una práctica extendida sostiene que regar con agua helada genera estrés positivo y, como defensa, la planta produce más resina. Sin embargo, se trata de un mito: el agua fría no estimula la resina, sino que puede comprometer seriamente el sistema radicular.
El exceso de humedad en el sustrato por el lento secado del agua helada favorece la aparición de hongos, y enfermedades en la raíz, como el fusarium. El resultado suele ser el opuesto al buscado: una planta debilitada y con menor producción.
El estrés, cuando es aplicado, debe ser controlado y con fundamentos claros (por ejemplo, el uso de luz ultravioleta para el aumento de resina). En cambio, el riego con agua helada no ofrece beneficios comprobados, pero sí muchos riesgos.

Cómo medir y estabilizar la temperatura del agua de riego
El mejor aliado para controlar la temperatura de la solución de riego es un termómetro de agua. Son sumanente fáciles de usar: basta con sumergirlo en el recipiente de riego para comprobar que el agua está dentro del rango recomendado.
Si el agua está demasiado fría, se puede dejar reposar hasta que alcance la temperatura ambiente.
Si está muy caliente (por ejemplo, en verano), conviene mezclarla con agua más fresca o almacenarla en un lugar más fresco y sombreado.
Otros factores a considerar sobre el agua de riego
No toda el agua es igual. Su composición depende de la fuente y de los tratamientos que haya recibido. Por eso, a la hora de preparar el agua de riego es importante atender a algunas variables más allá de la temperatura.
pH
El pH es el indicador del nivel de acidez presente en el agua.
En sustratos orgánicos o tierra: lo ideal es un pH de entre 5.8 y 6.5 puntos.
En hidroponía o coco: el rango óptimo baja levemente, a 5.5 – 6.0.
Un pH incorrecto genera bloqueo de nutrientes, incluso aunque estén presentes en el agua. Por eso es fundamental medirlo antes de cada riego, utilizando un phmetro digital.
Se sumerge el medidor en la solución de riego y esperamos a que los valores se estabilicen. Si el pH está alto, se puede corregir con ácido fosfórico o nítrico en las cantidades recomendadas. Si está bajo, existen soluciones específicas para subirlo. Tras la corrección, siempre hay que volver a medir y verificar que el pH esté en los rangos adecuados.
Cloro
El agua de red suele contener cloro, usados para potabilizarla. Sin embargo, estas sustancias pueden dañar la vida microbiana del sustrato, afectando la calidad del suelo.
Por suerte, eliminar el cloro del agua de riego es bastante sencillo. Se evapora fácilmente si dejamos reposar el agua en un balde de boca ancha durante una noche. También, se puede utilizar un filtro de carbón activado.

EC o conductividad
La EC mide la concentración de sales en el agua. Un valor demasiado alto puede significar exceso de minerales, lo que aumenta el riesgo de sobrefertilización.
Para medir la EC se utiliza un aparato llamado electroconductímetro. El valor de EC puede variar según el fertilizante que usemos, por lo que hay que atender a los valores correspondientes de cada marca en vez de aplicar un criterio general.
Agregados para mejorar el agua de riego
El agua de riego también puede transformarse en un vehículo para aportar nutrientes a nuestras plantas. Agregar enmiendas, enzimas y fertilizantes en el riego es muy buena opción.
- Enmiendas orgánicas líquidas: Ejemplos de enmiendas líquidas son el té de humus o el jugo de plantas fermentado (FPJ). Funcionan aportando microorganismos beneficiosos para el sustrato, mejorando la relación de las raíces con el suelo.
- Enzimas: Las enzimas se asocian al sustrato y le aportan beneficios. En primer lugar, mejoran la disponibilidad de nutrientes al mejorar su absorción y digieren el exceso de materia orgánica, lo que protege a las plantas de plagas.
- Fertilizantes solubles: aportan macro y micronutrientes y deben aplicarse siguiendo las dosis recomendadas para evitar sobrefertilización. Los fertilizantes están disponibles para la planta inmediatamente después de su aplicación, por eso su administración debe ser controlada.
Trucos para el riego: aprovechar el agua de lluvias
Aprovechar el agua de lluvia es una muy buena opción, siempre que no provenga de tormentas intensas que puedan dañar los tallos debido a los fuertes vientos. El problema es que no resulta adecuada en todos los casos. En zonas con mucha contaminación atmosférica, o en lugares donde haya habido incendios recientes, la lluvia puede caer con compuestos contaminantes, como ácido sulfúrico o nítrico, que afectan la salud del sustrato y las plantas.
También es importante tener en cuenta el modo de recolección. Si el agua cae por techos o canaletas de zinc o galvanizados, puede arrastrar polvos y residuos perjudiciales para el sustrato.

