Un nuevo estudio publicado en Nicotine & Tobacco Research (2025) reveló un hallazgo sorprendente: las personas adultas que usan cannabis tienen más probabilidades de dejar de fumar cigarrillos de tabaco en comparación con quienes no usan marihuana.
La investigación, realizada por un equipo del National Institute on Drug Abuse (NIDA) y la Universidad de Minnesota, analizó datos de más de 12.000 adultos estadounidenses y encontró una asociación estadísticamente significativa entre el uso de cannabis y la interrupción posterior del uso de tabaco.
Los resultados contradicen una larga tradición de estudios que vinculan al cannabis con un mayor riesgo de iniciar el uso de cigarrillos o de mantener consumos problemáticos. En cambio, este trabajo plantea que, en ciertos contextos, el cannabis podría estar reconfigurando los patrones de consumo de nicotina en la población adulta, especialmente a medida que la legalización y la normalización del uso recreativo avanzan en los Estados Unidos.
Un estudio con base poblacional
El estudio, titulado “Cannabis Use and Subsequent Cigarette Discontinuation Among U.S. Adults”, utilizó datos del Population Assessment of Tobacco and Health (PATH), uno de los relevamientos longitudinales más amplios sobre uso de sustancias en Estados Unidos.
Los investigadores siguieron a adultos fumadores durante varios años para observar quiénes lograban dejar el cigarrillo y qué factores estaban asociados con esa decisión. Entre los participantes que reportaron uso de cannabis en el período inicial, la tasa de abandono del tabaco fue significativamente mayor que entre los no usuarios, incluso después de ajustar por variables como edad, sexo, nivel educativo y uso de alcohol.
En términos numéricos, el uso de cannabis se asoció con un aumento del 40 % en la probabilidad de dejar de fumar en comparación con los fumadores que no usaban marihuana. El efecto fue más pronunciado entre las personas jóvenes (18 a 34 años) y en quienes usaban cannabis de manera ocasional o moderada.
Posibles explicaciones biológicas y conductuales
Los autores señalan que el vínculo no implica necesariamente causalidad, pero proponen varias hipótesis. Una posibilidad es que el cannabis, al activar parcialmente los receptores cannabinoides CB1 y CB2, genere una modulación de la ansiedad y del síndrome de abstinencia a la nicotina, reduciendo la necesidad de fumar cigarrillos para regular el estado de ánimo.
Otra interpretación es conductual: el cambio cultural y la aceptación social del cannabis podrían estar reemplazando el hábito de fumar tabaco por formas alternativas de uso (vaporizadores, comestibles o aceites), menos dañinas para la salud respiratoria.
También se plantea que algunos usuarios de cannabis medicinal podrían estar usando el compuesto con fines terapéuticos, como manejo de la ansiedad, el dolor o el insomnio, factores que suelen dificultar el abandono del tabaco.
Qué dice la evidencia previa
Durante años, la literatura científica describió una relación compleja entre cannabis y tabaco. En estudios previos, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes, el uso conjunto (conocido como “blunt” o mezcla de marihuana con tabaco) se asociaba a mayor riesgo de dependencia dual. Sin embargo, los investigadores remarcan que esos resultados reflejaban contextos sociales y legales distintos, cuando el cannabis aún era ilegal en la mayoría de los estados y su acceso se daba en entornos donde también circulaba tabaco.
Con la expansión de los mercados legales y el aumento de productos sin combustión, como vaporizadores o extractos, la relación entre ambas sustancias parece estar cambiando. El nuevo estudio aporta evidencia de que, en contextos regulados, el cannabis podría no potenciar el tabaquismo, sino desplazarlo.
Diferencias por edad, sexo y frecuencia de uso
Los análisis secundarios del estudio muestran matices interesantes.
Entre los usuarios jóvenes (18–34 años), la tasa de abandono del tabaco fue un 52 % mayor en comparación con sus pares no usuarios de cannabis. En adultos mayores (más de 50 años), el efecto fue más moderado (alrededor del 20 %).
Las mujeres usuarias de cannabis mostraron una mayor tasa de discontinuación del cigarrillo que los hombres, aunque los autores aclaran que la diferencia no alcanzó significación estadística. En cuanto a la frecuencia, el uso ocasional o moderado se asoció con mejores resultados que el uso diario, lo que sugiere una posible ventana de beneficio conductual sin dependencia cruzada.
Implicancias de salud pública
Si bien los resultados no justifican promover el uso de cannabis como herramienta para dejar de fumar, sí abren nuevas líneas de investigación sobre cómo ciertos patrones de uso pueden influir en conductas adictivas.
La autora principal del estudio, Dra. Heather Hartman, señaló que el hallazgo “no debe interpretarse como que el cannabis es un tratamiento para el tabaquismo, sino como una oportunidad para entender cómo los cambios culturales en torno al cannabis están modificando la forma en que las personas regulan su relación con la nicotina”.
El equipo sugiere que futuros estudios exploren la posibilidad de desarrollar intervenciones farmacológicas basadas en cannabinoides no psicoactivos, como el CBD, para aliviar los síntomas de abstinencia o la ansiedad asociada al abandono del cigarrillo.
Limitaciones del estudio
Como toda investigación observacional, este trabajo no puede demostrar causalidad directa. Es posible, por ejemplo, que las personas que deciden usar cannabis sean también aquellas más dispuestas a experimentar cambios de comportamiento o a abandonar hábitos percibidos como más dañinos.
Además, el uso de datos autoinformados puede implicar subdeclaración o errores de recuerdo, especialmente en sustancias con diferentes estatus legales. Tampoco se analizó el tipo de cannabis utilizado, la potencia de THC ni la vía de administración, factores que podrían modificar los resultados.
Pese a estas limitaciones, los autores destacan la consistencia de los hallazgos a lo largo de múltiples oleadas del estudio PATH, y el hecho de que la asociación se mantuvo incluso tras ajustar por variables de confusión.
Contexto: menos cigarrillos, más cannabis
El estudio llega en un momento de transición cultural en Estados Unidos. Según los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), el porcentaje de adultos que fuman cigarrillos cayó del 20,9 % en 2005 al 11,5 % en 2023, el nivel más bajo en la historia del país. En paralelo, el uso de cannabis se duplicó en la última década, especialmente entre adultos jóvenes.
La legalización en 24 estados y el creciente acceso a productos regulados parecen estar redefiniendo el panorama del uso de sustancias, con una tendencia clara hacia la sustitución de productos de combustión por opciones percibidas como menos tóxicas.
Aunque los riesgos respiratorios del cannabis fumado no deben subestimarse, los investigadores coinciden en que el daño asociado al tabaco comercial sigue siendo mucho mayor en términos de mortalidad y carga sanitaria.
¿Cannabis para dejar de fumar?
El estudio del NIDA y la Universidad de Minnesota aporta una pieza importante a la discusión sobre cannabis y salud pública. Si bien la evidencia no es definitiva, sugiere que el uso de cannabis podría asociarse con una mayor probabilidad de abandonar el tabaco, especialmente en contextos donde el uso es regulado y no vinculado al uso conjunto con nicotina.
Para los especialistas en salud y políticas de drogas, estos hallazgos refuerzan la necesidad de analizar las interacciones entre sustancias desde una perspectiva contextual y no moralizante, reconociendo que los comportamientos de uso cambian con las normas sociales y la regulación.


