Marruecos vive un año decisivo en su transición hacia un mercado regulado del cannabis. Tras décadas de producción informal y políticas represivas, el país da un paso firme hacia la formalización: 67 productos derivados del cannabis recibieron autorización oficial, mientras el gobierno intensifica los controles y busca posicionarse como un exportador competitivo en el ámbito médico y agrícola.
Según la Agencia Marroquí de Medicamentos y Productos de Salud (AMMPS), de esos 67 productos aprobados, 26 son cosméticos y 41 suplementos alimentarios, todos elaborados a partir de extractos de cáñamo industrial cultivados bajo licencia.
Además, antes de que finalice 2025, el país prevé lanzar 15 medicamentos derivados del cannabis, marcando la entrada de Marruecos en el mercado farmacéutico de cannabinoides.
Una regulación que madura
Desde la promulgación de la Ley 13-21 sobre el uso lícito del cannabis en 2021, Marruecos viene construyendo paso a paso el marco legal y técnico de su industria cannábica. El objetivo: canalizar una economía que durante décadas se desarrolló en la informalidad, con miles de familias campesinas dependiendo del cultivo ilegal en las montañas del Rif.
La Dirección de Medicamentos y Farmacia (DMP) exige que toda empresa obtenga una autorización de comercialización antes de lanzar cualquier producto, ya sea para el mercado local o internacional. Este requisito, que antes era una barrera, hoy es una garantía de trazabilidad y seguridad, alineando al país con estándares europeos.
Detrás de la apertura comercial hay un crecimiento productivo acelerado. La Agencia Nacional de Regulación de las Actividades Relacionadas con el Cannabis (ANRAC) informó que la variedad tradicional “Beldiya” triplicó su superficie cultivada en un solo año: pasó de 1.400 hectáreas en 2024 a 4.400 hectáreas en 2025, repartidas entre las provincias de Taounate, Chefchaouen y Al Hoceïma.
Más de 4.490 agricultores, agrupados en 250 cooperativas, participan ya del nuevo sistema legal, que busca mantener la identidad agrícola local mientras introduce estándares de calidad y control.
Cannabis marroquí: tradición y modernización
La variedad “Beldiya” es parte de la historia rural del norte de Marruecos, cultivada durante siglos en las laderas del Rif. Su inclusión en el circuito legal fue uno de los reclamos más persistentes de las comunidades locales, que temían quedar fuera del nuevo esquema económico.
Hoy, esa misma genética tradicional convive con semillas importadas, autorizadas por la Oficina Nacional de Seguridad Sanitaria (ONSSA), que permiten mejorar los rendimientos y diversificar la producción. En total, 1.340 hectáreas se destinaron a cultivos con genética extranjera, respaldados por 7,6 millones de semillas certificadas y 30 licencias de importación aprobadas.
La producción total del país alcanzó 4.082 toneladas de cannabis legal, con un rendimiento medio de 20 quintales por hectárea. Las variedades locales aportan unos 17 quintales por hectárea, mientras que las importadas superan los 28, mostrando el potencial de mejora productiva bajo control estatal.
Más inspecciones, más control
El crecimiento rápido del sector vino acompañado de una estrategia de control reforzada. La ANRAC realizó 2.202 inspecciones hasta fines de 2024: verificaciones en cultivos, controles de importación de semillas, fiscalización del transporte, auditorías de exportaciones y visitas a plantas de transformación.
El 60% de esas inspecciones correspondió a la trazabilidad y transporte, considerada la etapa más vulnerable del circuito. La agencia también adoptó una política de tolerancia cero frente al incumplimiento: más de 90 licencias fueron revocadas por irregularidades o incumplimiento de contratos.
El mensaje es claro: Marruecos quiere consolidar un modelo creíble, transparente y orientado a la exportación, alejado de los márgenes del mercado negro que históricamente dominaron el cultivo.
Los pequeños agricultores en el centro
Uno de los pilares del nuevo marco regulatorio es la integración de los pequeños productores. En 2025 se entregaron 3.800 nuevas licencias de cultivo y 2.900 renovaciones, con más de 4.000 agricultores legalmente registrados.
Estas cooperativas, además de garantizar la trazabilidad, permiten a los campesinos acceder a créditos, formación técnica y canales de comercialización estables. La ANRAC sostiene que el objetivo no es solo formalizar, sino transformar el cannabis en un motor de desarrollo rural, reduciendo la dependencia del comercio informal.
“Queremos estructurar el sector, apoyar a los pequeños productores y abrirles la puerta a los mercados nacionales e internacionales”, declaró un portavoz de la agencia.
Los programas de formación agrícola, el acceso a microfinanciamiento y la creación de plantas de transformación regionales forman parte del plan para convertir al cannabis en una fuente legítima de ingreso y orgullo local.
Exportaciones y ambiciones globales
El año 2025 también marcó un hito para el comercio exterior del país: Marruecos exportó sus primeros productos legales de cannabis, principalmente extractos medicinales, hacia Australia y la República Checa.
Estos envíos simbolizan el inicio de una nueva etapa: la integración de Marruecos al mercado global del cannabis médico, estimado en más de 60.000 millones de dólares anuales según datos de Prohibition Partners.
En paralelo, el gobierno trabaja con el Consejo Nacional del Orden de los Médicos en la implementación de un sistema nacional de prescripción médica de cannabis, que incluirá un modelo de receta unificada y protocolos clínicos en ocho especialidades médicas, seis de las cuales ya están listas para su aprobación.
Credibilidad y competencia internacional
Para Marruecos, este proceso no es solo agrícola o sanitario: es una apuesta de política económica y geopolítica. El país busca posicionarse como un referente africano en la producción de cannabis legal, compitiendo con Sudáfrica, Lesoto y Uganda, que también han desarrollado marcos regulatorios.
Con una ubicación estratégica y años de experiencia agrícola, Marruecos aspira a combinar trazabilidad europea, genética local y precios competitivos, un triángulo que podría hacerlo atractivo para los laboratorios farmacéuticos y la industria cosmética internacional.
Sin embargo, el desafío no es menor. El país debe equilibrar su vocación exportadora con la inclusión social de los agricultores y la sostenibilidad ambiental de las nuevas zonas de cultivo.
De la estigmatización a la legitimidad
El cambio en Marruecos no solo es económico: es cultural. Durante décadas, el cannabis fue asociado a la marginalidad y la represión. Hoy, el Estado impulsa una narrativa distinta: el cannabis como recurso agrícola estratégico, fuente de innovación científica y herramienta de desarrollo regional.
Las cooperativas del Rif, que antes operaban en la sombra, ahora forman parte de un circuito regulado que busca transformar la economía local. Y aunque el camino recién empieza, el avance es innegable: el país pasó de la clandestinidad a una industria legal, controlada y con proyección internacional en menos de cinco años.

