La iluminación es uno de los factores más determinantes en el cultivo de cannabis medicinal en interior. Desde hace décadas se repite que los doce horas de luz y doce de oscuridad son la regla de oro para la etapa de floración, pero ¿qué pasa cuando se extiende el día más allá de ese límite? ¿Cómo se puede modificar el fotoperíodo en floración para obtener mayor rendimiento?
Un nuevo estudio de la Universidad de Wageningen, publicado en 2025, analizó con precisión cómo responden las plantas de cannabis medicinal a la extensión del fotoperíodo una vez iniciada la floración. Sus resultados aportan datos claves para productores que buscan maximizar rendimiento sin comprometer calidad.
Este trabajo científico investigó un punto crítico que hasta ahora tenía evidencia anecdótica o contradictoria: cómo afectan los días más largos a la producción cuando se aplican en diferentes momentos del ciclo generativo. La respuesta no es obvia y depende tanto del momento como de la intensidad lumínica.
El estudio muestra que extender la luz puede aumentar los rendimientos, pero también que, si se aplica demasiado temprano o por demasiado tiempo, puede revertir el proceso floral e incluso perjudicar la cosecha.
Más luz significa más biomasa, pero ¿pone en riesgo la floración?
Los cultivares medicinales siguen siendo plantas de día corto. Esto significa que necesitan noches prolongadas para mantener la floración y desarrollar inflorescencias densas. El desafío es que, al cortar las horas de luz, también se limita el DLI (daily light integral) que es el total de luz útil que recibe la planta por día. Ese límite energético termina condicionando el crecimiento y, por lo tanto, la producción.
Para muchos cultivos hortícolas, extender el día es una estrategia conocida para aumentar biomasa. Pero en cannabis esto siempre se vio con desconfianza por su sensibilidad fotoperiódica. El estudio buscó resolver exactamente ese dilema: si la floración ya está iniciada, ¿es posible extender el fotoperíodo para sumar luz sin interrumpir el desarrollo floral?
La respuesta no es binaria. Depende del cuándo y del cuánto.
Fotoperíodo en floración: engordar o revegetar
Esta es una de las conclusiones más contundentes del trabajo. Cuando las plantas fueron sometidas a fotoperíodos extendidos (18 horas totales) durante cuatro o seis semanas antes de la cosecha, incluso usando intensidades bajas de luz azul, las plantas retrocedieron en su desarrollo floral.
Los autores describen un fenómeno muy claro: surgieron hojas nuevas en la punta de las inflorescencias, el tejido floral se “abrió”, y las estructuras dejaron de compactarse. En otras palabras, las plantas comenzaron a comportarse como si hubieran vuelto a crecimiento vegetativo.
A nivel práctico esto significa pérdida de rendimiento, flores deformadas y retraso en la maduración. Para colmo, la concentración de THC también cayó en esas condiciones, un dato consistente con inflorescencias poco desarrolladas.
Este retroceso no ocurrió porque las plantas no hubieran iniciado la floración; de hecho, ya la habían comenzado tras semanas de fotoperíodo corto. El problema es que el cannabis necesita mantener un entorno de día corto durante prácticamente toda la maduración. Interrumpirlo demasiado pronto genera una señal suficiente para revertir ese proceso.
El punto óptimo: extender el día solo durante las últimas dos semanas
Acá está el hallazgo clave para el cultivo: cuando el equipo extendió el fotoperíodo únicamente durante las últimas dos semanas antes de la cosecha, la floración no se vio afectada. No aparecieron hojas nuevas en los ápices, no hubo retrasos y tampoco se observaron deformaciones.
Y lo más importante: el rendimiento aumentó.
Ese incremento fue pequeño pero consistente, alineado con la conocida “regla del 1 por ciento”: cada 1 por ciento adicional de luz acumulada se traduce, en promedio, en un 1 por ciento más de biomasa floral. En el ensayo, dos semanas de día extendido con la misma intensidad que la luz normal generaron aumentos de alrededor del 12 por ciento en las flores cuando la extensión se hizo a 600 µmol m²/s.
El efecto no fue tan marcado con intensidades de 800 µmol m²/s, posiblemente porque las plantas ya estaban cerca de saturación lumínica. Pero incluso así, no hubo efectos negativos sobre cannabinoides.
Este resultado abre una estrategia concreta: sumar horas de luz solo al final del ciclo puede ser una herramienta eficiente para aumentar producción sin comprometer calidad.
Fotoperíodo, intensidad lumínica y floración
El estudio mostró otro punto clave: la ganancia en rendimiento depende de cuánta luz adicional se entrega durante la extensión. Cuando se usaron intensidades bajas (250 µmol m²/s) para sumar seis horas de “día largo”, el incremento de DLI fue marginal y, en consecuencia, el rendimiento casi no cambió. Es decir: extender el día con luz débil no alcanza para aprovechar el potencial productivo.
En cambio, cuando la extensión se hizo con la misma intensidad que la etapa de floración (600–800 µmol m²/s), la planta sí logró transformar esa energía extra en biomasa floral. El incremento fue mucho más claro a 600 que a 800, lo cual coincide con estudios previos que indican que la eficiencia en cannabis disminuye a PPFD altos.
Para los productores, esto tiene una lectura directa: si se va a extender el fotoperíodo para ganar rendimiento, debe hacerse con luz fuerte, no con intensidades residuales.
¿Afecta el espectro?
El equipo comparó extensiones con luz azul, blanca y roja. Los resultados fueron prácticamente idénticos: no hubo diferencias significativas en rendimiento ni en cannabinoides.
Esto tiene implicancias prácticas potentes: se puede extender el fotoperíodo con luminarias eficientes de amplio espectro sin necesidad de recurrir a espectros específicos. Lo importante es la cantidad y el momento, no el color.
¿Qué pasa con los cannabinoides cuando el día se alarga?
El estudio confirma algo que muchos cultivadores observan en la práctica: cuando la flor no se desarrolla completamente, los cannabinoides tienden a caer. En los tratamientos donde la planta revirtió a vegetativo, el THC bajó de manera notoria.
Sin embargo, en los tratamientos exitosos (solo dos semanas de extensión) el THC y el CBD no se modificaron. De hecho, en términos de rendimiento final de THC (gramos de THC por planta) hubo un incremento proporcional al aumento de biomasa floral.
En otras palabras, cuando la extensión se aplica en el momento correcto, aumenta la cantidad total de cannabinoides cosechados sin cambiar su concentración.
Qué significa esto para el cultivo medicinal e industrial
La investigación aporta una base experimental sólida para lo que podría convertirse en un cambio de paradigma dentro del cultivo de cannabis regulado:
Extender el fotoperíodo por hasta dos semanas antes de la cosecha puede aumentar la producción sin comprometer la calidad.
Esto puede ayudar a mejorar la eficiencia eléctrica sin necesidad de instalar más luminarias y ajustar el DLI sin modificar la intensidad diaria. Al mismo tiempo, se pueden aprovechar mejor las infraestructuras existentes al diseñar programas lumínicos más flexibles según cultivar y objetivo.
También permite estrategias de manejo más finas, por ejemplo dejar los blackouts ligeramente abiertos en invernaderos durante el verano o extender la luz artificial en indoor sin riesgo de revertir la floración.
El estudio advierte, sin embargo, que los resultados pueden variar entre genotipos y recomienda experimentación por cultivar, especialmente en variedades con diferentes sensibilidades fotoperiódicas.
Los días más largos sí pueden aumentar la producción en cannabis medicinal, pero no de cualquier manera. El trabajo aporta una receta concreta: limitar la extensión del fotoperíodo a las dos semanas finales, usar intensidades equivalentes a las de floración y evitar cualquier extensión temprana que pueda confundir a la planta.
Para un sector que busca eficiencia, sustentabilidad y estandarización, estos datos son una herramienta valiosa para mejorar rendimientos de manera controlada y reproducible.

