Durante años, el vínculo entre cannabis y salud ocular quedó reducido a una imagen casi caricaturesca: los ojos rojos. Sin embargo, una investigación científica publicada en 2026 en la revista Psychoactives amplía de manera sustancial ese panorama y propone una lectura mucho más compleja sobre cómo el uso de cannabis puede influir en distintas funciones visuales, desde la sensibilidad a la luz hasta la percepción en condiciones de poca iluminación.
El estudio, realizado en Marruecos por investigadores de la Universidad Cadi Ayyad, analizó a usuarios habituales de hachís y kif y encontró resultados que desafían algunos prejuicios clásicos, confirman otros y abren nuevas preguntas para la salud pública y la investigación clínica.
Un contexto singular para estudiar cannabis y salud ocular
La investigación se desarrolló en la región de Marrakech, en el norte de Marruecos, un territorio históricamente asociado al cultivo y uso de cannabis. A diferencia de muchos estudios occidentales que se enfocan en usuarios ocasionales o en contextos clínicos controlados, esta cohorte estuvo compuesta mayoritariamente por usuarios diarios, con una larga trayectoria de uso.
Participaron 95 personas, en su mayoría hombres, con una edad promedio de 33,6 años. El inicio del uso se ubicó, en promedio, a los 17,5 años, y las formas más frecuentes fueron el hachís y combinaciones tradicionales de kif con tabaco. Este perfil permitió observar efectos acumulativos y patrones poco visibles en estudios de corto plazo.
Cómo se midió la salud ocular
El equipo utilizó instrumentos optométricos profesionales, como autorrefractómetros y forópteros, para evaluar agudeza visual, alineación ocular y síntomas físicos. Además, se recopilaron datos subjetivos sobre percepción visual, molestias con la luz y cambios en la visión nocturna tras el uso de cannabis.
Este enfoque mixto, que combina mediciones objetivas con reportes de los propios participantes, permitió una mirada más completa sobre la experiencia visual asociada al uso de cannabis.
Sensibilidad a la luz: un efecto frecuente
Uno de los hallazgos más consistentes del estudio fue el aumento de la sensibilidad a la luz diurna. El 66,3 por ciento de las personas evaluadas reportó molestias frente a entornos luminosos intensos, un fenómeno conocido como fotofobia.
Esta sensibilidad puede traducirse en incomodidad al aire libre, dificultad para tolerar reflejos o mayor cansancio visual. Si bien no implica necesariamente un daño ocular permanente, sí representa un factor relevante en actividades cotidianas, especialmente en situaciones que requieren atención visual sostenida.
Los autores sugieren que esta reacción podría estar vinculada a cambios en la regulación pupilar y en el procesamiento de la luz a nivel retinal, modulados por el sistema endocannabinoide.
La paradoja de la visión nocturna
El dato más llamativo del estudio apareció del lado opuesto del espectro lumínico. Un 33,7 por ciento de los participantes afirmó experimentar una mejora en su visión en condiciones de baja luz tras usar cannabis.
Este efecto fue particularmente marcado entre usuarios de hachís, donde más del 80 por ciento de quienes reportaron cambios positivos pertenecían a este grupo. En contraste, entre usuarios de kif, la percepción de mejora fue considerablemente menor.
Aunque se trata de resultados autoreportados y no de mediciones funcionales directas, los investigadores destacan que estas observaciones coinciden con registros históricos. Estudios etnográficos previos, por ejemplo, documentaron el uso de cannabis por parte de pescadores jamaicanos para mejorar la navegación nocturna.
Qué podría explicar este fenómeno
El mecanismo biológico detrás de esta posible mejora en la visión nocturna todavía no está claro. Una de las hipótesis plantea que los cannabinoides podrían influir en la retina, donde existen receptores del sistema endocannabinoide involucrados en la transmisión de señales visuales.
Otra posibilidad es la dilatación pupilar inducida por el THC, que permitiría el ingreso de mayor cantidad de luz en ambientes oscuros. Sin embargo, los autores subrayan que estas hipótesis requieren estudios específicos antes de extraer conclusiones firmes.
El 64,2 por ciento de los participantes no reportó dificultades para ver de lejos, mientras que el 71,6 por ciento no experimentó problemas de enfoque. En términos generales, el 77,9 por ciento no percibió un deterioro de su visión.
¿El cannabis nubla la vista?
Uno de los mitos más extendidos sostiene que el uso de cannabis genera visión borrosa. Los datos del estudio marroquí contradicen esta idea en la mayoría de los casos.
El 64,2 por ciento de los participantes no reportó dificultades para ver de lejos, mientras que el 71,6 por ciento no experimentó problemas de enfoque en tareas cercanas. En términos generales, el 77,9 por ciento no percibió un deterioro global de su agudeza visual.
Esto no significa que no existan efectos visuales, sino que estos parecen manifestarse más en la comodidad visual y en la coordinación que en la nitidez de la imagen.
Alineación ocular y tipo de uso de cannabis
El estudio también evaluó la foria, es decir, la tendencia de los ojos a desviarse cuando no están fijando un objeto. Un 84 por ciento de los participantes presentó exoforia, una desviación hacia afuera que suele ser leve y común en la población general.
No se encontró una relación estadística entre la cantidad de cannabis usada y la severidad de esta condición. Sin embargo, sí se observaron diferencias según el tipo de producto. Los usuarios de kif mostraron una mayor probabilidad de reportar visión deteriorada en comparación con quienes usaban hachís puro, lo que sugiere que el tabaco u otros factores asociados podrían influir en los resultados.
Más allá de los ojos rojos
El clásico enrojecimiento ocular sigue siendo el síntoma más frecuente, presente en el 75,8 por ciento de los casos. Este efecto se explica por la vasodilatación inducida por los cannabinoides, que aumenta el flujo sanguíneo en la conjuntiva.
Otros síntomas reportados incluyeron ptosis o caída del párpado superior, presente en el 67,4 por ciento de los participantes, lagrimeo excesivo, hinchazón palpebral y, en menor medida, sensación de ojo seco.
La ptosis, en particular, tiene implicancias funcionales relevantes, ya que puede reducir mecánicamente el campo visual y generar una apariencia de somnolencia.
Implicancias para la seguridad y la salud pública
Los autores destacan que, aunque la agudeza visual se mantenga relativamente estable, la combinación de ptosis y sensibilidad a la luz puede representar un riesgo en determinadas situaciones, como la conducción.
Un párpado caído puede limitar la visión periférica, mientras que la fotofobia puede dificultar la adaptación a cambios bruscos de iluminación, como luces altas o reflejos nocturnos.
Otro dato preocupante es que más de la mitad de los participantes nunca se había realizado un examen oftalmológico, a pesar de presentar errores refractivos no corregidos. Esto pone en evidencia una brecha en el acceso a la atención visual que va más allá del uso de cannabis.
¿Es un hallazgo definitivo?
En este caso, se trata de un estudio transversal, lo que significa que captura una imagen en un momento determinado. No permite establecer causalidad ni evaluar efectos a largo plazo. Además, muchos resultados se basan en percepciones subjetivas, que deben ser corroboradas con pruebas funcionales más precisas.
Aun así, los hallazgos justifican nuevas líneas de investigación, especialmente para entender el posible vínculo entre cannabinoides y visión nocturna, y para evaluar riesgos específicos en contextos como la conducción o el trabajo nocturno.

