Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Psilocibina y uso de cocaína: ¿los psicodélicos pueden tratar los consumos problemáticos?

La investigación científica sobre psicodélicos sigue expandiéndose hacia áreas cada vez más complejas de la salud mental y los consumos problemáticos. Esta vez, un nuevo ensayo clínico encontró resultados prometedores en el uso de psilocibina asistida con psicoterapia para personas con trastorno por uso de cocaína.

El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Alabama y Johns Hopkins y publicado en JAMA Network Open mostró que quienes recibieron psilocibina tuvieron más días de abstinencia, menor riesgo de recaída y mayores tasas de abandono del consumo en comparación con el grupo placebo.

Aunque se trata de un estudio pequeño y preliminar, los resultados vuelven a alimentar una discusión que hace pocos años parecía improbable: la posibilidad de utilizar psicodélicos como herramientas terapéuticas para tratar adicciones difíciles y resistentes a los tratamientos tradicionales.

Un problema para el que todavía no existen medicamentos efectivos

El trastorno por consumo de cocaína sigue siendo uno de los desafíos más complejos dentro de los consumos problemáticos. A diferencia de lo que ocurre con opioides, tabaco o alcohol, actualmente no existen farmacoterapias aprobadas específicamente para tratar la dependencia a la cocaína.

Las intervenciones más utilizadas suelen ser psicológicas o conductuales, pero las recaídas continúan siendo muy frecuentes. Por eso, distintos equipos científicos empezaron a explorar nuevas estrategias terapéuticas, incluyendo sustancias psicodélicas.

La psilocibina ya venía mostrando resultados prometedores en estudios sobre depresión resistente, ansiedad, alcoholismo y tabaquismo. Este nuevo trabajo amplía esa línea de investigación hacia los trastornos por consumo de estimulantes.

Cómo fue el estudio con psilocibina y cocaína

El ensayo clínico incluyó a 40 participantes diagnosticados con trastorno por consumo de cocaína. La mitad recibió una dosis de psilocibina acompañada por psicoterapia, mientras que el otro grupo recibió placebo junto con el mismo acompañamiento terapéutico.

El objetivo era evaluar si la combinación podía ayudar a sostener períodos de abstinencia y disminuir recaídas durante seis meses de seguimiento.

Los resultados fueron llamativos. Según los datos publicados, el 30% de quienes recibieron psilocibina no volvió a utilizar cocaína desde el período de integración hasta el día 180 del estudio. En el grupo placebo no hubo ningún caso de abstención sostenida durante ese período.

Los investigadores calcularon que quienes recibieron psilocibina fueron aproximadamente 18 veces más propensos a evitar el uso de cocaína que quienes recibieron placebo. También encontraron una reducción significativa en el riesgo de recaída. A los 90 días, las probabilidades de mantenerse sin recaer eran del 55% en el grupo psilocibina, frente al 21% en el grupo placebo.

Por qué la psilocibina podría ayudar en adicciones

Todavía no existe una respuesta definitiva sobre cómo los psicodélicos podrían influir en los consumos problemáticos, pero hay varias hipótesis. Una de las más estudiadas tiene que ver con la neuroplasticidad y la flexibilidad cognitiva.

La psilocibina actúa sobre receptores serotoninérgicos y altera temporalmente la conectividad cerebral, generando cambios en la manera en que distintas áreas del cerebro se comunican entre sí. Investigaciones previas sugieren que esto podría ayudar a interrumpir patrones rígidos de pensamiento y comportamiento.

En personas con adicciones, esos patrones suelen incluir compulsión, automatización del uso, pensamientos repetitivos y dificultad para modificar hábitos.

Muchos participantes de estudios psicodélicos describen experiencias emocionalmente intensas que producen sensación de perspectiva, reconexión o replanteo profundo de conductas personales.

En este estudio, la psilocibina no fue utilizada de forma aislada. Todos los participantes recibieron psicoterapia antes y después de la sesión psicodélica, algo considerado fundamental dentro de este tipo de protocolos clínicos.

Psicodélicos y salud mental: una investigación que se expande

La investigación moderna sobre psicodélicos viene creciendo aceleradamente durante la última década.

Estudios recientes ya encontraron resultados prometedores en depresión resistente, ansiedad asociada a enfermedades terminales, trastorno por consumo de alcohol, tabaquismo, estrés postraumático y cuidados paliativos. En este contexto, la cocaína aparece como uno de los nuevos focos de investigación.

El estudio también tiene otro elemento importante: incluyó poblaciones históricamente subrepresentadas en ensayos psicodélicos, especialmente participantes de bajos recursos económicos. Los propios autores remarcan que la mayoría de los estudios psicodélicos realizados en Estados Unidos suelen concentrarse en participantes con niveles socioeconómicos altos, algo que limita la representatividad de los resultados.

Efectos adversos y seguridad

Aunque los resultados fueron positivos, los investigadores aclaran que la psilocibina no está exenta de riesgos.

El 65% de quienes recibieron psilocibina reportó algún efecto adverso durante el estudio, aunque no se registraron eventos graves relacionados con el tratamiento.

Entre los síntomas observados aparecieron hipertensión transitoria, taquicardia, llanto, angustia emocional, cefaleas, alteraciones perceptivas y náuseas o vómitos. Según el estudio, la mayoría de estos efectos ocurrió durante la sesión psicodélica y se resolvió sin secuelas posteriores.

Las limitaciones del estudio

Los propios investigadores insisten en interpretar los resultados con cautela. El ensayo incluyó solamente 40 personas, por lo que todavía es demasiado temprano para sacar conclusiones definitivas. Además, existen varios desafíos metodológicos frecuentes en investigaciones psicodélicas.

Uno de los principales problemas es el “ciego” del estudio. Como los efectos de la psilocibina son muy notorios, muchas veces participantes e investigadores pueden sospechar quién recibió la sustancia y quién placebo, algo que puede influir en resultados y expectativas.

También hay dificultades para separar el efecto específico de la psilocibina del impacto producido por la psicoterapia intensiva que acompaña las sesiones.

Los autores remarcan que todavía se necesitan estudios mucho más grandes, diversos y prolongados para confirmar estos resultados y entender mejor cuáles son los mecanismos terapéuticos involucrados.

Un posible cambio de paradigma en consumos problemáticos

Durante décadas, las políticas sobre drogas estuvieron centradas casi exclusivamente en prohibición, castigo y abstinencia. Sin embargo, el avance de la investigación psicodélica está empezando a modificar algunas discusiones históricas dentro de la medicina y la salud mental.

La idea de utilizar una sustancia psicodélica para tratar consumos problemáticos puede sonar contradictoria para muchas personas. Pero justamente ahí aparece uno de los debates más interesantes del presente científico.

La psilocibina no parece funcionar como un reemplazo químico ni como una medicación tradicional de uso diario. Los estudios actuales apuntan más bien a experiencias terapéuticas intensas y controladas, capaces de producir cambios emocionales y cognitivos profundos en combinación con acompañamiento psicológico.

Todavía falta mucha evidencia y ninguna de estas terapias está aprobada de forma masiva para consumo problemático de cocaína. Pero el interés científico crece rápido.

Y por primera vez en décadas, los psicodélicos empiezan a ser discutidos no solamente como sustancias recreativas o culturales, sino también como posibles herramientas clínicas para algunos de los trastornos más difíciles de tratar.