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@Revista THC

Apretaditos: un estudio revisó cuantas plantas se pueden agrupar sin perder producción o potencia

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Un estudio reciente analizó una de las preguntas más importantes para el cultivo indoor de cannabis medicinal: cómo combinar densidad de plantas y tiempo de crecimiento vegetativo para maximizar la producción sin afectar la concentración de cannabinoides. Básicamente, cuantas plantas se pueden juntar bajo la misma luz sin perder potencia.

El trabajo, realizado en Grecia con una variedad denominada “Fat Banana”, concluyó que aumentar la cantidad de plantas por metro cuadrado y reducir el período vegetativo puede incrementar significativamente el rendimiento por superficie sin disminuir los niveles de THC. El equipo trabajó en condiciones indoor controladas con iluminación LED de alta intensidad, fertirriego automatizado y ambiente estable, buscando entender cómo distintos esquemas de cultivo afectan tanto la biomasa como la química de las flores.

Qué investigó el estudio

Los investigadores evaluaron dos estrategias distintas de cultivo. Por un lado, un período vegetativo corto de 10 días combinado con densidades altas de plantas. Por otro, un crecimiento vegetativo más largo de 28 días con densidades menores. El objetivo era comparar qué sistema producía más flores y cómo impactaba eso en la concentración de THC, CBD y CBG.

En el esquema de 10 días de vegetación se probaron densidades de 8, 14 y 18 plantas por metro cuadrado. En el de 28 días, las densidades fueron de 6, 8 y 10 plantas por metro cuadrado. Todas las plantas fueron clones de una misma madre para reducir diferencias genéticas y se cultivaron bajo LEDs de amplio espectro con niveles de PPFD de hasta 800 µmol m−2 s−1 durante floración.

Los autores remarcan que el estudio se hizo sin enriquecimiento de CO2 y usando una sola genética, por lo que los resultados deben interpretarse dentro de ese contexto experimental.

Más densidad, más rendimiento

Uno de los hallazgos más relevantes fue el aumento del rendimiento por superficie cuando se incrementó la densidad de plantas en los cultivos de vegetación corta. El máximo rendimiento se obtuvo con 18 plantas por metro cuadrado y apenas 10 días de crecimiento vegetativo: 1091 gramos secos por metro cuadrado.

En cambio, el régimen de 28 días alcanzó su mejor resultado con 10 plantas por metro cuadrado, llegando a 1009 gramos por metro cuadrado. Aunque las plantas más grandes produjeron más biomasa individual, la productividad total por área siguió favoreciendo a los esquemas más densos.

Los investigadores observaron además que las plantas cultivadas con vegetación larga desarrollaron tallos más gruesos, mayor altura y entrenudos más extensos. A igual densidad de 8 plantas por metro cuadrado, pasar de 10 a 28 días vegetativos incrementó la altura de las plantas un 60%.

Según los autores, esto confirma que la duración de la fase vegetativa tiene un efecto más fuerte sobre la arquitectura de la planta que la densidad por sí sola.

El THC se mantuvo estable

Tal vez el dato más importante para productores medicinales y comerciales fue la estabilidad química de las flores. El estudio encontró que la concentración total de THC se mantuvo prácticamente igual entre tratamientos, incluso cuando aumentaba considerablemente el rendimiento.

En el régimen de 10 días, el THC osciló entre 16,4% y 19,4%. En el de 28 días, entre 19% y 21,7%. Ninguna de esas diferencias resultó estadísticamente significativa. Tampoco hubo cambios importantes asociados a la posición de las flores dentro de la planta, algo relevante porque muchas veces se sospecha que las flores bajas tienen menor potencia debido a la menor exposición lumínica.

El trabajo también analizó CBD y CBG. Solo el CBD mostró pequeñas variaciones en uno de los tratamientos, aunque los autores aclaran que la diferencia era demasiado baja como para tener relevancia práctica.

En otras palabras, aumentar la producción no generó un “efecto dilución” del THC. Esto contradice parte de la preocupación histórica de algunos cultivadores respecto a que las plantas más productivas podrían reducir la concentración de cannabinoides.

Qué significa para el cultivo indoor

El trabajo aporta datos concretos para un debate frecuente entre cultivadores de interior: conviene llenar el espacio con muchas plantas pequeñas o apostar a menos ejemplares más desarrollados.

Los resultados sugieren que los esquemas tipo “sea of green”, con alta densidad y poca vegetación, pueden ser extremadamente eficientes cuando se utilizan LEDs potentes y un manejo ambiental preciso.

Ese enfoque permitiría reducir tiempos de cultivo, aumentar la rotación de cosechas y mejorar la productividad por metro cuadrado sin sacrificar potencia. Además, las plantas más chicas mostraron diferencias menos marcadas entre flores apicales y basales, probablemente porque el dosel vegetal era menos profundo y la luz llegaba mejor a toda la estructura.

Sin embargo, los autores también señalan que las plantas cultivadas con períodos vegetativos largos produjeron más biomasa individual y mayor cantidad de flores por planta. Eso podría resultar útil para productores que trabajen con límites legales de cantidad de plantas o sistemas de entrenamiento específicos.

LEDs, fertirriego y control ambiental

Otro aspecto importante del estudio es el contexto tecnológico utilizado. El cultivo se realizó en cámaras de ambiente controlado con iluminación LED de espectro amplio y fertirrigación automatizada.

Durante vegetación se trabajó con aproximadamente 400 µmol m−2 s−1 de PPFD y durante floración con 800 µmol m−2 s−1. El DLI rondó los 34 a 35 mol m−2 d−1.

La nutrición se manejó con un sistema de “crop steering”, ajustando humedad del sustrato, EC y frecuencia de riego según cada etapa fenológica. Los autores sostienen que esta combinación de alta intensidad lumínica y fertirriego preciso probablemente ayudó a mantener la estabilidad de cannabinoides incluso en densidades elevadas.

Limitaciones del estudio

Aunque los resultados son interesantes, el propio trabajo reconoce varias limitaciones metodológicas. La principal es que solo se utilizó una genética, “Fat Banana”, por lo que no puede asumirse automáticamente que todas las variedades responderán igual.

Además, los períodos vegetativos se realizaron en cámaras separadas, sin replicación completa entre ambientes. Si bien las condiciones fueron controladas y los ciclos mostraron buena reproducibilidad, los autores admiten que eso limita parcialmente la interpretación estadística.

También faltaron mediciones directas de penetración lumínica y área foliar, variables que podrían ayudar a explicar con mayor precisión cómo se distribuyó la energía dentro del dosel vegetal.

Hacia una producción más eficiente

Aun con esas limitaciones, el estudio se suma a una línea creciente de investigaciones orientadas a optimizar la producción de cannabis en ambientes controlados. En un contexto donde la electricidad y el espacio representan costos centrales para los cultivos indoor, encontrar estrategias que aumenten la productividad sin afectar la calidad química puede tener un impacto económico importante.

Los autores concluyen que las fases vegetativas cortas combinadas con altas densidades permiten mejorar el rendimiento por área manteniendo estable la concentración de THC bajo LEDs de alta intensidad.

Para la industria del cannabis medicinal y recreativo, eso podría traducirse en sistemas más eficientes, cosechas más rápidas y una mejor utilización del espacio de cultivo, especialmente en instalaciones indoor altamente tecnificadas.