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Belgrano, Sarmiento y Perón: los masones que impulsaron el cáñamo en Argentina

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El vínculo entre los masones y la planta de Cannabis, puntualmente el cáñamo, es más fuerte de lo que muchas personas conocen o imaginan. Una historia de construcción, progreso, defensa de los derechos individuales, rituales, agricultura, ciencia e investigación que atraviesa siglos hasta la actualidad. Esta relación posee dos vertientes fundamentales. 

La primera es histórica y fundacional: el uso del cáñamo en la antigua masonería operativa, en la soga de los ritos elaborada a base de hilos de cáñamo y el impulso agroindustrial de próceres masones como Belgrano, Sarmiento y Perón, y otros. 

Mientras que la segunda vertiente es científica contemporánea: el debate actual sobre el uso medicinal y ambiental de la planta de Cannabis Sativa l., impulsado desde las Comisiones de Ciencia y Técnica de la Gran Logia Argentina, se aborda institucionalmente mediante trabajos científicos y ponencias.

La masonería y su origen en Argentina

Para comprender la profundidad de esta conexión, es preciso definir primero: ¿qué es la masonería? Es una sociedad civil, discreta y filantrópica, dedicada al perfeccionamiento moral e intelectual del ser humano. Se apoya en 3 pilares fundamentales: libertad, igualdad y fraternidad. Y su lema operativo es ciencia, justicia y trabajo.

En Argentina, la semilla masónica germinó con la Logia Independencia, que obtuvo sus protocolos de autorización de la Gran Logia General Escocesa de Francia alrededor de 1795. Hoy, nuestro país cuenta con 487 logias y más de 14.000 masones activos, siendo la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones su principal exponente institucional, además de la más antigua.

Masonería operativa: cáñamo y catedrales

En la antesala de constituirse como una sociedad filosófica, la masonería estaba conformada por las antiguas corporaciones de constructores de catedrales de la Edad Media, quienes utilizaban el cáñamo como herramienta debido a que era la única fibra capaz de soportar la tensión de las poleas para levantar bloques de piedra.

Las sogas de cáñamo, además, tuvieron usos simbólicos en la masonería. Dentro de la logia, el «cable-tow» -la cuerda con la que se guía al candidato durante su iniciación en la masonería anglosajona, actualmente en desuso-, así como la soga que rodeaba los templos, eran tradicionalmente fabricados con las fibras de cáñamo.

Cáñamo como motor de independencia

Argentina tuvo diversos próceres y líderes masones, que fueron impulsores del cáñamo para fortalecer la industria nacional: Juan Manuel Belgrano, Domingo Faustino Sarmiento y Juan Domingo Perón, la trinidad cañamera más destacada en nuestro país. 

Belgrano, iniciado en la Logia Independencia y fuertemente vinculado a la Logia Lautaro, fue uno de los pioneros y mayores defensores del cáñamo no sólo en Argentina, sino también en Sudamérica. 

En su rol de Secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires, escribió en 1797 el tratado titulado «Utilidad de cultivar el cáñamo y el lino», que funcionaba como un manual agronómico. Belgrano tenía una visión muy clara: estas plantas iban a traer “fuentes de riquezas a la nación”. La consideraba clave para la generación de puestos de trabajo e independencia económica en los sectores textil, papelero y naval.

El desenlace no fue el esperado: la Corona española y los monopolistas de Cádiz bloquearon el desarrollo de la industria cañamera en el Río de la Plata por miedo a que las colonias lograran esa independencia económica que se proponían.

Cáñamo en los textos de Sarmiento

Sarmiento, qué llegó a ser Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, fue otro de los impulsores del cáñamo. En su mandato como presidente de la Nación, pasó de la teoría a la acción al enviar a Europa a agentes con una misión clara: traer semillas, entre ellas de Cannabis Sativa l., para diversificar las nacientes colonias agrícolas locales, evitar el monocultivo de trigo y fortalecer la agroindustria nacional. 

Para Sarmiento, el cáñamo era una materia prima indispensable para la industria. Incluso, en las Obras Completas, (Tomo X, páginas 142-143), detalla: «[…] la lana, el lino, el cáñamo, los aceites, las plantas tintóreas…es bien sabido que cuanto más abundan esos objetos, más trabajan las fábricas y con más ventaja se puede rivalizar con los productos extranjeros. No podrá ciertamente nuestro suelo producir todo lo necesario, pero entre los productos mencionados, es fácil ver que no hay ninguno que no sea natural del suelo…»

A su vez, Samiento veía al cáñamo para uso textil utilitario y militar por su destacada resistencia: «Se tejían telas de algodón, de cáñamo y de lana, que proveía de vestidos y lonas para las tropas…”.

Perón y la soberanía cañamera

Juan Domingo Perón fue otro masón que consideró los beneficios del cáñamo para el progreso y soberanía. Para quien no recuerde, el General, iniciado en la masonería durante su exilio, impulsó activamente el cultivo de cáñamo porque lo consideraba un pilar estratégico para el crecimiento de la industria textil y papelera argentina, siendo un recurso clave para generar diversos puestos de trabajo en la región. 

En los gobiernos de Perón se consolidó el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) y la apuesta por lo nacional también dio sus frutos en la industria del cáñamo con la ex Linera Bonaerense de Jaureguí, que además de Cannabis Sativa l., producía lino y algodón. La empresa ubicada a 8 kilómetros de la ciudad de Luján, generó entre los 50 y 70 más de 3000 puestos de trabajo, hasta que el prohibicionismo cortó abruptamente su desarrollo cañamero.  

El 30 de septiembre de 1977, durante la dictadura cívico-militar, se prohibió expresamente su siembra, cosecha, tenencia y comercialización mediante la Ley 21.671.

Cannabis medicinal en la masonería

La relación de la masonería y la especie Cannabis Sativa l. continuó con el paso de los años al punto que, actualmente, en las Comisiones de Ciencia y Técnica, la Gran Logia de la Argentina aborda el cannabis para uso medicinal desde el rigor académico. “Introducción a Cannabis Medicinal”, es uno de los trabajos científicos presentados en exposiciones que evidencian esta conexión histórica.