En la industria del cannabis medicinal existe una búsqueda constante por aumentar la productividad sin comprometer la calidad de las flores. Mejorar el rendimiento por planta, incrementar el tamaño de los cogollos y potenciar la producción de compuestos como cannabinoides y terpenos son objetivos compartidos tanto por productores comerciales como por investigadores.
En ese contexto, un grupo de científicos de la Universidad RMIT y la Universidad Monash, en Australia, evaluó dos formulaciones de bioestimulantes elaboradas a partir de compuestos naturales para determinar cuál ofrecía mejores resultados durante el cultivo de cannabis.
Los hallazgos fueron contundentes. Una de las formulaciones logró más que duplicar la producción de flores, aumentó el tamaño de los cogollos, incrementó la proporción de flores de primera calidad y elevó el contenido total de terpenos, sin alterar negativamente el color de las flores ni reducir su calidad visual.
El estudio fue publicado en la revista Frontiers in Plant Science y aporta una de las evaluaciones más completas realizadas hasta el momento sobre el uso de bioestimulantes específicamente diseñados para cannabis medicinal.
¿Qué son los bioestimulantes?
A diferencia de los fertilizantes tradicionales, los bioestimulantes no aportan grandes cantidades de nutrientes como nitrógeno, fósforo o potasio.
Se trata de sustancias naturales capaces de estimular procesos fisiológicos de la planta para mejorar su crecimiento, aumentar la resistencia frente a distintos tipos de estrés y favorecer la producción de compuestos de interés comercial.
Durante los últimos años comenzaron a utilizarse ampliamente en cultivos como tomate, frutilla, pimientos, vid y frutales. Sin embargo, la evidencia científica sobre su utilización en cannabis continúa siendo relativamente escasa.
Los autores explican que muchos productores ya emplean mezclas comerciales de bioestimulantes, aunque en la mayoría de los casos existe poca información experimental que permita conocer cuáles realmente funcionan y cuáles ofrecen mayores beneficios para la producción de flores.
Dos fórmulas diferentes frente a frente
Para responder esa pregunta, los investigadores compararon dos complejos bioestimulantes con composiciones muy distintas.
El primero, denominado BC1, combinaba melaza, extracto de aloe vera e hidrolizado de pescado, tres ingredientes ampliamente utilizados en agricultura regenerativa y producción orgánica.
El segundo, llamado BC2, reemplazaba la melaza y el hidrolizado de pescado por galactooligosacáridos (un tipo de carbohidrato complejo considerado un «prebiótico vegetal») junto con triacontanol, un regulador natural del crecimiento vegetal conocido por estimular el desarrollo de numerosas especies cultivadas. Ambos preparados también contenían extracto de aloe vera.
Según los investigadores, la hipótesis era que estas combinaciones podrían activar distintos mecanismos fisiológicos relacionados con el crecimiento y la respuesta al estrés, favoreciendo así la producción de metabolitos secundarios presentes en las flores de cannabis.
Cómo se realizó el experimento
El ensayo se llevó a cabo en condiciones completamente controladas utilizando plantas clonadas de una variedad rica en cannabigerol (CBG) denominada CBG Force.
Al trabajar exclusivamente con esquejes obtenidos de una misma planta madre, los investigadores eliminaron prácticamente toda la variabilidad genética entre individuos, permitiendo que las diferencias observadas pudieran atribuirse con mayor confianza a los tratamientos aplicados.
Las plantas crecieron durante doce semanas en un sistema hidropónico con control ambiental. Se dividieron en tres grupos: uno recibió únicamente la solución nutritiva convencional, mientras que los otros dos incorporaron BC1 o BC2 al programa de fertirriego durante las últimas ocho semanas del cultivo.
Finalizado el ciclo, el equipo evaluó peso de flores secas, tamaño de los cogollos, clasificación comercial, color, composición química mediante espectroscopía infrarroja y perfil completo de terpenos mediante cromatografía gaseosa acoplada a espectrometría de masas.
BC2 fue el gran ganador
Los resultados dejaron un claro vencedor.
Mientras que BC1 produjo un aumento moderado del rendimiento, de alrededor del 17 %, el tratamiento con BC2 consiguió un incremento de 2,22 veces respecto del grupo control, una diferencia estadísticamente significativa.
En términos prácticos, las plantas tratadas con BC2 produjeron más del doble de flores secas utilizando exactamente las mismas condiciones de cultivo. Pero el rendimiento no fue el único aspecto que mejoró.
Los cogollos también fueron considerablemente más grandes. El diámetro promedio aumentó aproximadamente un 28 %, mientras que el área de las flores mostró un incremento cercano al 24 %, lo que favoreció la aparición de una mayor cantidad de flores clasificadas dentro de la categoría comercial más alta.
Según el análisis realizado por los investigadores, la proporción de flores de Grado A pasó del 61 % en las plantas control a casi 89 % en aquellas tratadas con BC2. Al mismo tiempo, disminuyó la cantidad de flores pequeñas y de menor valor comercial.
Más terpenos sin alterar los cannabinoides
Además del rendimiento, los investigadores analizaron la composición química de las flores para determinar si el aumento en la producción iba acompañado de cambios en la calidad.
Uno de los resultados más interesantes fue el incremento del contenido total de terpenos observado en las plantas tratadas con BC2.
Los terpenos son los compuestos aromáticos responsables del perfume característico del cannabis y desempeñan un papel importante tanto desde el punto de vista comercial como farmacológico. Aunque históricamente fueron considerados únicamente moléculas responsables del aroma, en la actualidad existe un creciente interés por su posible participación en el denominado «efecto séquito», es decir, la interacción entre cannabinoides y otros metabolitos presentes en la planta.
El análisis mediante cromatografía de gases mostró que BC2 incrementó significativamente la concentración total de terpenos respecto del grupo control. Entre los compuestos más abundantes aparecieron β-mirceno, β-cariofileno, α-humuleno y limoneno, todos ellos habituales en distintas variedades de cannabis medicinal.
En cambio, el contenido de cannabinoides permaneció prácticamente estable.
Los investigadores no detectaron diferencias significativas en la concentración de CBG ni en otros cannabinoides analizados, lo que indica que el tratamiento permitió aumentar la cantidad total de flores producidas sin diluir el contenido de estos compuestos por unidad de peso.
Desde el punto de vista productivo, ese resultado es especialmente interesante porque implica que un mayor rendimiento no estuvo acompañado por una pérdida de potencia química, un fenómeno que sí puede observarse con algunas estrategias destinadas únicamente a incrementar la biomasa vegetal.
Flores más grandes y de mejor calidad comercial
El estudio también evaluó características físicas que tienen un impacto directo sobre el valor económico de la cosecha. En el mercado del cannabis medicinal, los cogollos grandes, compactos y visualmente uniformes suelen alcanzar precios superiores a las flores pequeñas o fragmentadas.
Para cuantificar este aspecto, los investigadores clasificaron todas las flores cosechadas según criterios comerciales previamente establecidos.
Los resultados mostraron que BC2 no solo produjo más flores, sino también una proporción mucho mayor de cogollos considerados de primera calidad. Mientras que en las plantas control alrededor del 61 % de la producción correspondía a flores Grado A, en las plantas tratadas con BC2 esa proporción aumentó hasta casi el 89 %.
Paralelamente, disminuyó de manera importante la cantidad de flores pequeñas clasificadas como Grado B o Grado C.
En términos comerciales, esto significa que el beneficio potencial del bioestimulante no se limita únicamente a producir más kilos por planta, sino también a aumentar el porcentaje de la cosecha que puede comercializarse como flor premium.
¿Por qué funcionó mejor BC2?
Una de las preguntas centrales del estudio fue intentar comprender qué hacía tan diferente a ambas formulaciones.
Los autores creen que la respuesta probablemente no dependa de un único ingrediente, sino de la combinación de varios mecanismos fisiológicos.
Los galactooligosacáridos presentes en BC2 son carbohidratos complejos capaces de actuar como moléculas señalizadoras y favorecer el desarrollo de comunidades microbianas beneficiosas alrededor de las raíces. En distintos cultivos ya demostraron mejorar la absorción de nutrientes y aumentar la tolerancia frente al estrés.
A esto se suma el triacontanol, un alcohol graso de origen vegetal presente naturalmente en la cera de muchas plantas.
Diversas investigaciones realizadas en arroz, tomate, trigo, maíz y otras especies demostraron que el triacontanol puede estimular la fotosíntesis, incrementar la actividad de enzimas relacionadas con el metabolismo del carbono y favorecer la acumulación de biomasa.
Los autores consideran que la combinación de ambos componentes probablemente explique el marcado incremento del rendimiento observado en cannabis, aunque reconocen que todavía será necesario realizar nuevos estudios para identificar exactamente qué procesos fisiológicos están involucrados.
Una herramienta prometedora para el cannabis medicinal
El trabajo adquiere especial relevancia porque el cannabis medicinal continúa siendo un cultivo relativamente nuevo desde el punto de vista científico.
Mientras que existen miles de investigaciones dedicadas a optimizar el manejo agronómico de cereales, frutas u hortalizas, el conocimiento sobre nutrición, bioestimulantes y fisiología del cannabis todavía está en pleno desarrollo.
Los autores sostienen que disponer de herramientas capaces de aumentar el rendimiento sin comprometer la calidad permitirá reducir costos de producción y mejorar la eficiencia de los cultivos comerciales, un aspecto especialmente importante en una industria donde la producción bajo invernadero representa una inversión considerable.
Además, al tratarse de formulaciones elaboradas a partir de compuestos naturales, estos bioestimulantes podrían integrarse fácilmente en programas de producción con un enfoque más sustentable, reduciendo la dependencia de otros insumos agrícolas.
Un primer paso que necesita más investigación
A pesar de los resultados alentadores, los investigadores advierten que el estudio presenta algunas limitaciones.
El ensayo se realizó utilizando una única variedad rica en CBG cultivada bajo condiciones ambientales altamente controladas. Todavía no se sabe si los mismos beneficios aparecerán en variedades con alto contenido de THC o CBD, ni cómo responderán plantas cultivadas en invernaderos comerciales o al aire libre.
Tampoco se evaluó el efecto de distintas dosis ni la respuesta frente a diferentes programas de fertilización, factores que podrían modificar considerablemente los resultados.
Por ese motivo, el equipo considera que futuros trabajos deberán ampliar el número de cultivares estudiados e investigar los mecanismos moleculares responsables de las mejoras observadas.
Una nueva estrategia para producir más y mejor
La industria del cannabis medicinal enfrenta un desafío permanente: incrementar la productividad sin sacrificar la calidad química y comercial de las flores.
Este estudio demuestra que algunos bioestimulantes pueden convertirse en aliados importantes para alcanzar ese objetivo.
La formulación BC2 no solo permitió obtener más del doble de flores por planta, sino que además produjo cogollos de mayor tamaño, incrementó la proporción de flores premium y elevó el contenido total de terpenos sin alterar significativamente la concentración de cannabinoides.
Aunque todavía será necesario confirmar estos resultados en otras variedades y sistemas de cultivo, la investigación aporta una evidencia sólida de que el uso estratégico de bioestimulantes podría transformar las prácticas de producción de cannabis medicinal durante los próximos años.

