Hoy falleció Samuel “Chiche” Gelblung. Fue, ante todo, periodista y su principal comprimiso era hacer lo que él entendía que había que hacer: hablar de la realidad y montar su show.
Fue director de la revista Gente, de esos años se recuerda su rol como director durante la guerra de Malvinas. Como responsable periodístico estuvo detrás de «Seguimos ganando», el titular de portada que agitaba la postura de la dictadura: Argentina estaba derrotando a Inglaterra en el conflicto del Atlántico Sur.
Chiche estuvo en otras guerras, de hecho, fue así como inició una carrera de más de 60 años en prensa gráfica, radio y televisión. En 1967, su primera corresponsalía lo llevó a cubrir el conflicto entre Israel y la coalición árabe que formaban Egipto, Siria, Jordania e Irak. Fue la Guerra de los Seis Días.
Hubo otras batallas. Una de ellas fue contra «la droga», encarnando lo más conservador del discurso prohibicionista. El cannabis fue uno de sus principales blancos.
Por eso, en 2009 decidimos llamarlos y debatir. Él aceptó ser portada de la Revista THC. En una entrevista a cargo de Pablo Marchetti.
A partir de ese encuentro, Chiche invitó al equipo de THC a dar debates en sus programas, siempre con un respeto genuino, que se tradujo en un cambio de postura sobre la prohibición y sus consecuencias. Fue un gesto noble de un hombre con muchos claroscuros.
Acá reproducimos la nota que fue publicada entonces y fue un primer encuentro de muchos. Fue en un estudio de Canal 13. Llevamos una planta para que la conociera. Quizás fue esa presencia vegetal la que hizo que dejara algo de su miedo atrás.
2009: Chiche habla de drogas y ve una planta por primera vez.
CHICHE: Me parece que THC es una revista muy interesante. Han encontrado una fórmula que a mí me parece que es el abordaje a través de gente conocida con sus experiencias… Yo personalmente creo que debiera contener un mensaje de algún modo un poco más comprometido en cuanto a especificar claramente que hay drogas que pueden ser fronterizas con otro tipo de cosas.
«Cuando vos decís que te hacés un bife y en vez de orégano le ponés marihuana, como dice el Mono de Kapanga, no me lo creo. Es una nota bárbara, un notón, pero no le creo. Además, me parece que una cosa es el Mono de Kapanga, que puede entrar y salir porque culturalmente tiene la posibilidad de hacerlo, y otra cosa son los pendejos que vos sabés que son boleta».
Pablo abre la entrevista:
¿Qué te pasa con las drogas, Chiche? ¿Por qué es un tema periodístico tan importante para vos?
Creo que vivimos en una cultura compleja donde la droga ocupa un espacio demasiado importante con consecuencias negativas. Desgraciadamente la droga está asociada a muchas de las peores cosas que nos están pasando. Ojo, cuando digo “droga” estoy incluyendo también el alcohol, no me re!ero sólo a las drogas ilegales.
Claro, pero cuando hablás de “la droga” parece que metieras todo en la misma bolsa…
No, no es todo lo mismo y sé que hay gente que la maneja socialmente y puede desarrollar una vida sin problemas. Para eso tenés que tener un determinado nivel cultural. El problema es cuando la droga empieza a bajar y baja y baja y baja y va llegando a estratos mucho más vulnerables de la sociedad. Ahí es donde me preocupa.
Mientras esto era un manejo elitista o lo manejaban los poetas surrealistas con el ajenjo, no pasaba nada. Ahora, si esto empieza a ser de dominio público, donde chicos de 8, 9, 10 años empiezan a darle al pegamento, se paquean y todo eso, y bueno ya empezó a ser un problema complejo.
O sea, no es lo mismo la marihuana que el paco…
Obviamente que no. Tampoco creo que la marihuana sea la puerta de entrada a otras drogas. Cada uno entra por donde quiere y todos sabemos que las personalidades adictivas las tenemos en todos lados y con cualquier cosa.
Me da la sensación de que cambiaste bastante tu discurso sobre el tema. Que si uno mira tus informes de hace algunos años, siempre hablabas de “la droga”, sin distinciones. ¿Cambiaste?
No, porque yo nunca planteé el tema de manera terrorista. Siempre seguí la línea Escohotado. Y por eso siempre creí que la falopa no es para cualquiera.
(Delay sobre el final, mientras la imagen de Chiche queda en cámara lenta).
Si te dicen “Composición tema: La droga en la Argentina”. ¿En qué pensás?
En la asociación con el delito violento. En la pérdida de la capacidad de entender y racionalizar los hechos. En todos estos chicos quemados por la falopa que se les escapa un tiro o van directamente a matar y ese tipo de cosas. Eso es paco. Para mí el paco hoy en día es la gran tragedia nacional. Pero no lo digo yo, lo dice la gente que está en contacto.
¿A quién le conviene esta situación?
A los que manejan el negocio. Y desgraciadamente el negocio está en que cuanto más lo consuman más negocio es.
Cuando se habla del negocio de la droga, ¿sólo se habla de la venta?
No, también está el tema de los tratamientos, de los institutos. No te olvides que los que están subsidiados y digamos, judicializados, son los que le dan 4 o 5 lucas por mes para cada paciente. Que es más de lo que cobrarían en privado.
Entonces no es que el Estado no pone guita para eso, el Estado pone, pero la pone mal. El Estado no hace correctamente la prevención, entonces cuando lo tenés que mover el tipo no puede hacer nada. Es un curro completo. El paquete es completo: para los que van y para los que quieren volver.
Y en cuanto a rating, ¿la droga también es negocio?
No, no mide. La gente le tiene aversión al SIDA, al cáncer, a la droga y a las violaciones. No son temas que den rating. En su tiempo Escohotado fue muy conmocionante, pero no, no. La gente no quiere ver esa realidad. Nosotros hemos tenido testimonios muy buenos, polémicos, pero no tuvieron rating.
¿Estás de acuerdo con la legalización o la despenalización?
Es un tema muy complicado. Muy complicado.
(Delay. La imagen se pone en cámara lenta. Muestra a Chiche que se lleva los dedos de su mano derecha a la frente. Piensa un rato sus palabras. Y continúa).
Los primeros enemigos de la legalización son los propios carteles, que no quieren la legalización porque deja de ser un negocio.
(Otra vez cámara lenta. Otra vez Chiche piensa. Sigue. Esta vez sí parece seguro).
Yo creo personalmente que en la Argentina hay una legalización de hecho. En cualquier recital ves que se vende y se consume marihuana delante de los policías que están cuidando y nadie hace absolutamente nada. En las Creamfields se venden pastillas, en toda fiesta electrónica se sabe que hay una venta masiva y nadie se calienta demasiado.
Nadie va preso por consumo. Te inician un sumario, es cierto, pero aunque lo penalices o despenalices, el sumario va a existir siempre. Creo que la policía y la justicia tienen una mirada muy comprensiva con eso. Ustedes han hecho festivales, consumen abiertamente, y no van en cana…
Justamente, ¿entonces no sería mejor blanquear esta situación?
Es que yo no conozco nadie que haya ido preso por consumir drogas. Yo no creo que el consumidor sea perseguido, tampoco el tra- !cante, pero esa es otra cosa. Hoy tenés más riesgo de ir borracho a un hospital que por consumir.

Chiche y las drogas: una relación polémica
¿Qué opinás sobre el cultivo de marihuana para consumo personal?
No creo que la gente consumidora esté en condiciones de determinar qué tipo de planta va a hacer. Eso de comprar una semilla me parece totalmente irresponsable. Obviamente es producto de toda una cultura, donde cada persona hace su planta y no creo que sea tan sencillo.
Pero, ¿no es como peligroso decirle a la gente “si querés consumir andá al mercado negro”? ¿No es como financiar todo ese mercado de sangre que hay atrás?
Yo no digo que haya que mandarla al mercado negro… a ver si me entendés: yo no salvo un negocio ni el otro. Lo que digo es que no todo consumidor tiene la capacidad de manejar una planta o los efectos que pueda producir determinada planta. Es una cuestión de cultura.
Vos tenés un menú de semillas. Ustedes puede ser que lo puedan manejar, ustedes saben el efecto de una o el efecto de la otra. Yo no creo que masivamente sepan. Encuentran una semilla, la plantan, sacan el gajo y empieza…
Pero volvemos a lo de antes: los medios meten todo en la misma bolsa de “la droga” y eso genera confusión.
Sí, la confusión es total, pero no sé si por la desinformación por parte de los medios o es la manera liberada de manejar el marketing en ese tema. El negocio es cuanto menos se sepa mejor. Y si está criminalizado, es más negocio. Tampoco creo que sea tan inocente sembrar en tu cocinita.
¿Pensás que se puede educar para que la gente conozca las consecuencias y pueda manejar mejor el consumo?
La droga viene del fondo de los tiempos, hay etapas culturales.
Hablo de las drogas naturales…
Obviamente. Las drogas de diseño son una tragedia y van a seguir siéndolo. La droga acompaña al ser humano desde siempre. El tema es que hace 100, 200, 300 años no había precursores químicos. Hoy los precursores químicos aceleran cualquier tipo de proceso. Entonces los precursores químicos también están presentes en estas semillas.
Entonces si vos tenés una semilla que hace Monsanto para la soja, te imaginás lo que pueden hacer con la marihuana…
Si pero la manipulación de las semillas de marihuana no es genética, sino por selección…
A ver, yo lo que te digo que la manipulación hoy en la semilla es un manejo absolutamente convencional, cualquier laboratorio puede llegar a hacerlo. Obviamente tenés que tener mucha guita detrás de eso.
¿Y los medios qué pueden aportar al respecto? ¿Qué podés hacer vos, Chiche?
Nada. Ese mensaje llega si lo dan ustedes. Porque va al público directo. Una cosa es que la revista de la cultura cannábica te diga: “Ojo que hasta acá bancamos, de lo que va de acá para allá, no”. Tiene que ser un mensaje medio maniqueísta. Ahora no le pidas eso a un medio de comunicación masivo, porque no le van a creer. Van a decir que es careta.
Como me dicen a mí por la calle: “Eh, vos sos un careta”.
(Queda la palabra “careta” repitiéndose en delay).
No, Chiche, tranquilo, en THC nadie te va a decir careta. Pero esta es una revista que fomenta el autocultivo…
Pero vos sabés perfectamente que en Pedro Juan Caballero, donde había grandes plantaciones, vinieron expertos de empresas de precursores químicos para modificarle genéticamente la semilla que utilizaban; o sea que la marihuana que viene de Paraguay tampoco es tan inocente como hace 40 años.
¿Estás hablando por cosas que leíste o por alguna experiencia personal?
No, por lo que leí. Yo probé la marihuana en dos oportunidades, y probé la cocaína una sola vez, en el Departamento de Policía.
(delay sobre “policía”. La imagen se queda en cámara lenta con el delay, hasta que pasa a placa).
Con la marihuana tuve dos experiencias. Una fue intrascendente y la otra me alteró lo suficiente como para decir: “Esto no es para mí”. En la primera sentí que no había pasado nada, me reía más de la cuenta, je.
(Delay sobre la risa de Chiche que, amplificada, se transforma en una carcajada. La imagen se queda con la sonrisa en cámara lenta).
La segunda vez que probé marihuana fue en la Embajada Argentina en Londres. Había un cóctel y fuimos con un grupo de amigos. Yo tenía 21 años y le decía a la gente que a mí no me pasaba nada. Y me pasó. Perdí la noción del tiempo, me acuerdo que tomé conciencia mirando un reloj a esta distancia (Chiche se pone una palma de la mano frente a la cara, casi pegada a los ojos) y a partir de ese momento dije: “Esto no es para mí”.
Perdí la noción del tiempo.
(delay en “tiempo”. Imagen en cámara lenta con Chiche con la palma de la mano frente a los ojos).
Y después no tuve otra experiencia, siempre fue una materia de curiosidad, a mi modo. Soy adicto al Migral también, así que cada uno tiene sus debilidades en ese sentido. La única vez que probé cocaína fue en el Departamento de Policía.
Habían hecho un secuestro importante y estaba en un almuerzo ahí con la gente de Drogas Peligrosas. Y había un tacho enorme con polvo blanco. “¿Y esto?”, le pregunté al comisario.
“Esto es cocaína, todo lo que secuestramos”, me contesta. Entonces yo agarré un poquito y lo chupé, como si fuera a probar pan rallado, y me quedaron totalmente anestesiados el labio y la lengua. Y le dije al comisario: “¿Este es el efecto?”. Y me dijo: “No, el efecto es…” y me hizo un gesto como de meterse algo en la nariz.
Con lo cual yo metí el dedo más y me metí bastante cocaína en la nariz.
“¡Nooooo!”, me grita el tipo, pero ya estaba. Y ya está, igual tampoco me hizo nada.
¿Nada?
No, la verdad nada. Lo que me impresionó fue el efecto anestésico. Era purísima, evidentemente.
¿Esto cuándo fue?
Habrá sido allá por el 67, 68.
¿Y en qué otro lugar se podía ver la cocaína en aquella época? ¿Vos habías visto cocaína?
En esas épocas la cocaína estaba en las fiestas de muy alto nivel. Por eso te digo que la diferencia entre el paco y la cocaína es que el paco va de abajo para arriba. Y la cocaína, como otras drogas fue de arriba para abajo. Es rarísimo este fenómeno. Yo he ido a fiestas en donde había apellidos importantes y donde la cocaína estaba ahí servida, en una bandeja. En las fiestas pesadas, de gente de guita, había cocaína como si fuera un sánguche de miga. Para ellos era normal, en una casa de La Horqueta, con los chicos jugando. Me acuerdo de una fiesta en la casa de un señor casado con una importante modelo. Yo era un pendejo medio boludo y veía que desfilaban todos para el fondo.
Y en el fondo, en el vestidor, la modelo con el marido se estaban matando con cocaína. Para nosotros era normal. Y se trataba de gente insospechadamente drogona.
¿La marihuana?
No, la marihuana no, siempre fue más hippie, más poética, más de amor y paz. Acá tenemos a un representante generacional: Pepe…
Chiche señala a Pepe Cáceres y la imagen se pone en cámara lenta. La cámara pasa de Chiche a Pepe, que está sacándole fotos. La cámara se queda un instante con Pepe, sacando fotos.
Locutor (en off ): Chiche y las drogas: “Pepe Cáceres es un representante generacional de la marihuana en los años 60 y 70”.
Contaste que la cocaína era para las clases altas, que la marihuana era para los bohemios… ¿y la clase baja, Chiche? ¿Con qué se daban los pobres?
No, la clase baja no tenía conocimiento de eso. La cocaína empezó a popularizarse cuando empezó a bajar el precio y obviamente cuando se convirtió en una cuestión cultural más compleja.
¿Y vos, Chiche? ¿Alguna otra droga además del Migral? ¿Alcohol, por ejemplo?
No, nunca. No me gusta.
¿Nunca te emborrachaste?
Nunca en mi vida. Soy una especie de amish para eso. Alguna vez, qué sé yo, un milímetro de cognac, pero en realidad es más para mirarlo que para tomarlo. Es más, me encanta coleccionar bebidas, soy un comprador compulsivo de toda clase de bebidas. Me encanta tener para mis amigos, pero yo no tomo nada, soy el tarado que toma agua mineral.
No porque tenga algún prejuicio especial, simplemente no me gusta. Nunca me gustó, ni me sentí cómodo con el alcohol. Y me jode, sí, mucho más el alcohol que otro tipo de drogas cuando pierden el control. La gente que pierde el control por el alcohol me pone muy nerviosa. No aguanto los borrachos ni las borrachas. Y hoy, desgraciadamente, en cualquier evento social tenés más mujeres dadas vuelta que tipos. Aunque en realidad sí, tuve una experiencia con el alcohol. Una experiencia de alto riesgo.
(delay sobre la palabra “riesgo”).
Dramatización. Imagen borrosa y en blanco y negro de una chica tomando alcohol y pastillas. La chica, al final, cae desplomada al piso. No se ve nítidamente su cara, todo está entre sombras.
Locutor (en off): Karen Quinlan fue una adolescente estadounidense que, a los 21 años, quedó en coma tras ingerir alcohol y pastillas. Quinlan estuvo 10 años en estado vegetativo, hasta que !nalmente murió. Su caso provocó en los Estados Unidos y en todo el mundo el debate sobre la eutanasia, la muerte digna y el derecho (o no) de los padres de mantener con vida a la joven, a pesar de la imposibilidad de recuperar la conciencia.

¿Y qué pasó después con la migraña? ¿Encontraste alguna alternativa al Gin Tonic con valium?
Sí, me divorcié (risas). Se me fue todo con el divorcio. El divorcio curó muchas cosas. Yo me había dado cuenta de que me había caído mal el primer matrimonio.
¿Es una droga el matrimonio?
Hay gente que necesita soportarlo. Pero yo curé todos mis males con el divorcio.
Gin tonic con Valium, matrimonio… ¿Alguna otra experiencia límite, Chiche?
Sí, una. Hace algunas décadas, en los 70, 80, había un remedio que se llamaba Daprisal, un opiáceo de venta libre. El Daprisal era muy poderoso, y gran parte de la historia de la revista Gente está ligada a él.
¿Cómo fue?
Una vez yo había ido a hacer un viaje y había hecho como tres notas y teníamos que cerrar las tres sobre mi llegada de viaje. Era época de vacaciones, con lo cual había muy poca gente en la redacción. Y me agarra un dolor de muelas invalidante.
Llamé al dentista y le pedí que me diera el analgésico más fuerte que existiera. Me dijo: “Andá y comprate el Daprisal”. Lo compré, lo tomé y no dormí tres noches seguidas. Además, escribía como fluyendo. Estaba como en el aire. Claro, era opio. No me dolía nada, escribía a los pedos. A la cuarta noche me caí derrumbado y dormí 14 horas seguidas.
En ese momento yo era jefe en Gente y el Daprisal lo tenía en el escritorio. Cuando venía uno que estaba muerto le tirábamos Daprisal. Hasta que prohibieron la venta. Hoy el Closidol tiene unas virtudes similares, se da para cirugías, administrado con cierta prudencia… pero esto era de venta libre.
Sos de una generación donde la droga estaba ligada a la psicodelia. ¿Tuviste alguna experiencia con Alberto Fontana y el grupo de psicoanalistas que experimentaban con LSD?
Tuve una experiencia con Fontana te diría de oyente a través de un amigo mío que precisamente lo hacía. Y fue muy desagradable porque la despersonalización era colosal. La vuelta del ácido parece que es terrorí!ca. Bueno, de hecho hubo suicidios, hubo situaciones muy complejas. También tengo gente amiga mía que en las primeras !estas de la marihuana hippie fumaban con un bebé adelante. Ves cosas muy desagradables. Obviamente, uno de ellos terminó muerto.
(Delay sobre la palabra “muerto” e imagen en cámara lenta de Chiche hablando y gesticulando con las manos).
¿Cómo ves esta pelea de la farándula por la droga? Las acusaciones de Gasalla, Moria Casán, Silvia Süller… supongo que no te debe llamar mucho la atención saber que hay mucha cocaína en la farándula, ¿no?
A ver, si uno se guía por el chisme te diría que en el mundo del espectáculo se drogan hasta los acomodadores. Yo no creo que sea tan así. Es cierto que en el mundo del espectáculo hay droga en mayor proporción que en el resto de la sociedad. Como la hay en el mundo artístico en general, sean las artes plásticas o el periodismo.
Pero empezar a tirarse con ese tipo de cosas me parece una estupidez, es parte de la decadencia en que ha entrado esta farándula mediática. Creo que están en una especie de estertor final. Pero bueno, es parte del juego frente a no tener ni idea ni capacidad de inversión. Porque la televisión está pobre. Y bueno, te puteás y da rating.
¿Es eso, nada más que eso?
Yo creo que sí. Hay mucho mito en el tema de la televisión. Ahora, si ya entra el tema del nariguetazo y acusaciones de ese tipo, que éste se droga y el otro se droga me parece muy burdo en materia polémica.
Es una cuestión de aceptación social, borrachos hay muchos más y sin embargo no lo usan como descalificativo.
Y la exigencia del medio, esta cosa de estar siempre al palo, ¿no te lleva a la cocaína? Te lo pregunto a vos, que estás al aire de lunes a viernes cuatro horas y media en la radio, una en la tele, más una y media los sábados…
A mí no. Yo no discuto que no haya gente que lo pueda llegar a necesitar. Lo que pasa es que es adrenalínico el trabajo. Cuando vos hacés cuatro horas y media de radio, como hago yo, en el fondo, después de los 10 primeros minutos da lo mismo hacer seis horas. Además esto que es rutinario, es excitante porque es una rutina que cambia todos los días. Es una rutina contradictoria, porque es siempre lo mismo, pero diferente. Si alguien lo necesita es otro tema. Pero en general te vas a dar cuenta quién utilizó eso por la cantidad de años que está en el medio.
Continúa la imagen de Chiche hablando, gesticulando, pero en cámara lenta. Luego pasa a una imagen de backstage, con Alejandro sacando la planta de la bolsa de consorcio negra, con los tres hablando con Chiche sobre las fotos con la planta y, finalmente, con Pepe sacándole fotos a Chiche con la planta. Todo en cámara lenta.
Sobre esas imágenes, locutor (en off ):
Y Samuel Chiche Gelblung lleva muchos, muchísimos años en el medio. Primero en la grá!ca, luego en la televisión y en la radio, Gelblung es el hombre que más habló sobre drogas en los medios masivos de comunicación.
El primero que llevó a Antonio Escohotado a la televisión abierta.
El hombre que ahora se está por sacar las fotos para la tapa de THC, en un estudio de Canal 13, posando con una planta de marihuana que la producción de THC llevó especialmente al canal de Constitución para fotografiarlo a Chiche con la planta.
La imagen vuelve a ritmo normal, con el audio real.
Pepe saca fotos. Chiche posa con la planta y obedece las órdenes de pepe.
PEPE: Muy bien, Chiche. Ahora mirá la planta. Perfecto. Ahora mirá a la cámara. Bien, así. Ya está, listo. Tenemos la tapa.
ALE: ¿Y con la planta qué hacemos? ¿Se la quieren quedar?
CHICHE: Ah, no sé. Preguntale acá a los muchachos. Yo no…
PRODUCTORA: Yo me la quedo. Me la llevo a casa.
PABLO: La vas a cuidar, ¿no?
PRODUCTORA: Claro, la voy a regar todos los días.
La cámara hace un paneo por el estudio. Chiche está a punto de empezar a grabar Edición Chiche. Habla con la gente de la producción, saluda a los enviados de thc. Todo en cámara lenta.
Locutor (en off ):
Chiche y las drogas. Este es Samuel Chiche Gelblung. El que lo llevó a Escohotado a la tele. El que tomó cocaína en el Departamento de Policía. El que curaba sus migrañas con el mismo cóctel explosivo que dejó descerebrada a Karen Quinlan. El que les daba un poderosísimo opiáceo a sus subordinados en la revista Gente. El que posó con una planta de marihuana en los estudios de Canal 13.
Este es Chiche y esta es su relación con las drogas. Una relación que, a pesar de todo eso, recién empieza.
La imagen se queda con el backstage del programa que está por comenzar. A Chiche le están retocando el maquillaje. La música de fondo sube.
Fin.

