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riego apertura

Menos agua, misma cosecha: un estudio muestra cómo responde el cannabis al estrés hídrico

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Reducir el riego para provocar estrés en una planta de cannabis es una práctica que aparece cada tanto entre las estrategias destinadas a modificar la producción de cannabinoides. La idea detrás de esta técnica es que una situación de estrés controlado podría activar mecanismos de defensa y estimular la producción de metabolitos secundarios.

Pero ¿qué pasa realmente cuando una planta de cannabis recibe menos agua?

Un estudio publicado en Frontiers in Plant Science analizó esa pregunta en condiciones controladas y encontró una respuesta que pone algunos límites a la idea de que más estrés significa necesariamente más cannabinoides. Los investigadores comprobaron que un déficit hídrico moderado permitió reducir el consumo de agua sin afectar significativamente la producción de flores ni el rendimiento de CBD. El estrés severo, en cambio, perjudicó el funcionamiento de las plantas sin aportar una ventaja productiva.

Dos genéticas de cannabis medicinal

El experimento fue realizado por investigadores de la Universidad de Hohenheim, en Alemania, y se desarrolló entre marzo y junio de 2022.

Los científicos trabajaron con dos genéticas de cannabis medicinal con predominancia de CBD, ambas clasificadas como quimiotipo III. Se trató de Kanada, una planta más compacta y de maduración relativamente temprana, y Terra Italia, de mayor tamaño, crecimiento más vigoroso y maduración más tardía.

En total se cultivaron 88 plantas a partir de clones de plantas madre. El cultivo se realizó bajo condiciones controladas y las plantas atravesaron una etapa vegetativa de 15 días seguida por nueve semanas de floración.

Los investigadores aplicaron distintos niveles de disponibilidad de agua durante la floración.

El grupo de control recibió un suministro suficiente para mantener el sustrato entre 60% y 80% de su capacidad de contenedor. En el tratamiento de déficit moderado, en cambio, se permitió que el sustrato descendiera hasta entre 20% y 30% de esa capacidad antes de reponer agua.

Ese ciclo se repitió durante tres momentos de la floración: temprano, a los 46 días después de la plantación; medio, a los 60 días; y tardío, a los 79 días.

También hubo tratamientos de estrés severo, en los que el suministro de agua se interrumpió completamente hasta que las plantas comenzaron a mostrar signos de marchitez.

Menos agua no significó menos flores

Una de las principales preguntas era si reducir la disponibilidad de agua terminaría afectando la cantidad de flores producidas. La respuesta fue, en términos generales, negativa para el déficit moderado.

Al momento de la cosecha, los efectos del tratamiento hídrico sobre la biomasa de las inflorescencias fueron limitados. La genética tuvo un peso mucho mayor que el régimen de riego.

Terra Italia produjo aproximadamente el doble de biomasa de flores que Kanada. En esta genética de mayor rendimiento, ninguno de los tratamientos de déficit hídrico modificó significativamente la biomasa final respecto de las plantas bien regadas.

En otras palabras, la disponibilidad de agua sí modificó la fisiología de las plantas, pero esos cambios no se tradujeron necesariamente en una reducción de la cosecha cuando el déficit fue moderado.

El estrés sí cambió el funcionamiento de las plantas

Que las plantas hayan mantenido la producción no significa que el déficit hídrico no haya tenido efectos.

Los investigadores observaron cambios claros en el contenido relativo de agua de las hojas, la transpiración, la fotosíntesis y la conductancia estomática.

A medida que disminuía la disponibilidad de agua en el sustrato, las plantas reducían la transpiración. La fotosíntesis también cayó y, en condiciones severas, llegó a reducirse entre cinco y diez veces respecto de las plantas control.

Cuando la capacidad del contenedor descendía por debajo del 30%, los investigadores observaron niveles muy bajos o prácticamente nulos de fotosíntesis y transpiración.

Las plantas también cerraron sus estomas, una respuesta habitual frente al déficit hídrico que permite limitar la pérdida de agua.

El estudio encontró además que la eficiencia intrínseca en el uso del agua podía aumentar entre dos y tres veces bajo estrés severo. Pero ese aumento no representaba una mejora productiva.

Era, según los investigadores, una respuesta de supervivencia: la planta reducía la pérdida de agua al mismo tiempo que sacrificaba parte de su capacidad de incorporar carbono mediante la fotosíntesis.

El estrés severo hizo perder hojas

Las consecuencias fueron particularmente visibles en Terra Italia.

Cuando el estrés severo se aplicó hacia el final de la floración, las plantas redujeron fuertemente su superficie foliar. A los 79 días, las plantas sometidas a ese tratamiento tenían menos de la mitad del área foliar de las plantas control.

La pérdida de hojas puede interpretarse como una estrategia para limitar la superficie desde la que la planta pierde agua. Sin embargo, que sea una respuesta de supervivencia no significa que sea una estrategia útil para aumentar el rendimiento.

De hecho, los investigadores concluyeron que el estrés severo no ofreció ninguna ventaja agronómica.

¿El déficit hídrico aumentó el CBD?

Este era uno de los puntos centrales del experimento. La hipótesis planteaba que un estrés moderado podría estimular la producción de metabolitos secundarios y, eventualmente, aumentar la concentración o el rendimiento de cannabinoides.

Los resultados no respaldaron esa idea.

En Kanada, la concentración de CBD llegó a un máximo de alrededor de 4,5% a mitad de la floración y luego descendió hasta aproximadamente 3,4% al final.

En Terra Italia, la concentración llegó a aproximadamente 9,3% hacia la mitad de la floración y permaneció en valores similares hasta la cosecha.

Con el déficit moderado se observaron aumentos numéricos de CBD en la cosecha final: 14,7% en Kanada y 2,2% en Terra Italia respecto de los controles. Sin embargo, esas diferencias no fueron estadísticamente significativas.

Lo mismo ocurrió con el rendimiento total de CBD: el régimen de riego no produjo diferencias significativas.

La genética, en cambio, tuvo un efecto mucho más marcado. Terra Italia alcanzó aproximadamente cinco veces el rendimiento de CBD de Kanada, principalmente debido a su mayor producción de biomasa floral.

La genética pesó más que el riego

Este es probablemente uno de los resultados más interesantes para el cultivo.

Los investigadores encontraron que el genotipo tuvo una influencia mayor sobre la productividad y la acumulación de cannabinoides que el régimen de riego utilizado.

Terra Italia produjo aproximadamente el doble de biomasa de inflorescencias que Kanada y alrededor de cinco veces más CBD.

Esto no significa que una genética sea universalmente mejor que otra. El resultado corresponde a las condiciones específicas del experimento y a esas dos genéticas. Pero sí muestra que las características genéticas de la planta pueden tener un peso considerable frente a una estrategia de manejo como el déficit hídrico.

¿Entonces conviene regar menos?

El estudio no propone simplemente dejar secar las plantas.

Lo que plantea es algo bastante más específico: un déficit hídrico moderado puede ser una herramienta para mejorar la eficiencia en el uso del agua en cultivos indoor sin reducir significativamente el rendimiento, al menos bajo las condiciones evaluadas.

El resultado es particularmente relevante para sistemas de producción donde el consumo de agua constituye uno de los costos ambientales del cultivo.

Pero los autores marcan una diferencia clara entre un déficit moderado y un estrés severo. El segundo produjo respuestas fisiológicas fuertes, pérdida de superficie foliar y menor funcionamiento fotosintético, sin aportar beneficios en biomasa ni en producción de CBD.

Por eso, los resultados no respaldan la idea de provocar una sequía intensa durante la floración para intentar aumentar los cannabinoides.

Un resultado que no vale para todas las plantas

También hay que tener en cuenta los límites del trabajo. El experimento utilizó solamente dos genéticas de predominancia CBD y se realizó en condiciones indoor controladas durante un único ciclo de floración.

Los propios investigadores señalan que todavía es necesario estudiar qué ocurre con genéticas dominantes en THC y con variedades equilibradas de THC y CBD. También proponen investigar la interacción entre el déficit hídrico y otros factores ambientales, como la intensidad y el espectro de luz o el déficit de presión de vapor.

Además, las mediciones fisiológicas se realizaron principalmente sobre hojas grandes y maduras. Los investigadores plantean que las pequeñas hojas asociadas a las inflorescencias podrían tener un papel importante como fuente de asimilados durante la floración y que su comportamiento frente al estrés hídrico todavía necesita estudiarse.

El trabajo tampoco demuestra que el déficit hídrico sea una estrategia universal para ahorrar agua en cualquier cultivo de cannabis. Sus resultados corresponden a dos genéticas concretas, un sistema indoor determinado y condiciones experimentales específicas.

Lo que sí aporta es una conclusión bastante clara: para estas dos genéticas de cannabis medicinal, reducir moderadamente el agua permitió disminuir su consumo sin sacrificar significativamente la producción de flores ni de CBD, mientras que someterlas a un estrés severo no aumentó los cannabinoides y sí comprometió el funcionamiento de las plantas.

Más que una receta para producir más CBD, el estudio aporta evidencia para pensar el riego desde otro lugar: no necesariamente se trata de mantener las plantas siempre al máximo de disponibilidad de agua, sino de encontrar un nivel que permita utilizar el recurso de manera eficiente sin llevar a la planta a un estado de estrés que termine afectando su rendimiento.