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Expo Cannabis 2026: una comunidad que crece, resiste y vuelve a encontrarse

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Saskia ya había visitado Expo Cannabis hace dos años. Esta vez volvió con Carlos, un amigo venezolano que está de visita en Argentina. Querían recorrer la feria, escuchar algunas conferencias y conocer de cerca una realidad que, según cuentan, todavía queda lejos de la de su país. Ambos tienen más de 60 años y están mirando los hongos del Observatorio de Hongos.

“Nosotros somos de Venezuela y allá esto no existe. No hay una legalidad, no estamos en este nivel, digamos. Yo vivo acá y vine hace dos años, me encantó y hoy lo traje a él”, cuenta Saskia.

Carlos es farmacéutico y su vínculo con el cannabis empezó mucho antes de que existieran ferias como esta. En 1973, cuando estudiaba en la Facultad de Farmacia, una docente de su cátedra les daba cannabis para fumar. “Era la época de la marihuana, los hippies, etcétera”, recuerda.

Más de cincuenta años después, recorre Expo Cannabis y se encuentra con un escenario que lo sorprende. No solo por la cantidad de gente, sino también por la diversidad del público y la naturalidad con la que se vive el encuentro. Ya habían participado de dos conferencias y esperaban una tercera.

Hay jóvenes, adultos, familias con chicos, personas que buscan información medicinal y otras que quieren conocer nuevas genéticas. Para Saskia y Carlos, una de las cosas más llamativas es justamente esa posibilidad de acercarse al cannabis sin prejuicios.

Cristian tiene 24 años y viajó desde Córdoba para vivir su primera Expo Cannabis. Vino a conocer genéticas que todavía no había visto y a encontrarse con quienes están detrás de ellas. Pero la feria le terminó ofreciendo algo más que novedades para el cultivo.

“Es muy interesante ver cómo de una simple flor pueden salir tantas cosas”, dice. También destaca algo que se repite entre los pasillos: la facilidad con la que dos desconocidos empiezan a conversar. Caminás un rato con alguien, te lo cruzás de nuevo, le pedís disculpas y terminás charlando. Así, casi sin buscarlo, aparecen los intercambios que hacen a una comunidad.

“Hay mucha gente mayor y está bueno que no se queden con algo que es mal visto, sino que se den la oportunidad de conocerlo”, agrega. A quienes nunca se acercaron al ambiente, les deja una invitación sencilla: “Que lo vengan a conocer, que es un ambiente hermoso”.

De la persecución a la construcción de una industria

Esa comunidad que Cristian encuentra por primera vez es el resultado de años de organización, militancia y trabajo colectivo. Durante la apertura de Expo Cannabis, Sebastián Basalo, parte del equipo de la organización y director de la Revista THC, repasó el camino recorrido desde la persecución hasta la construcción de espacios de encuentro, regulaciones y una industria que hoy busca consolidarse.

“Más de 15 mil cultivadores y usuarios íbamos presos por año por hacer lo que nos gusta y lo que necesitamos”, recordó. Hace ocho años, explicó, la comunidad empezó a encontrarse en este mismo espacio y a disputar públicamente un lugar para el cannabis.

En aquel momento no existía el REPROCANN con autocultivo, tampoco un registro de semillas, ARICCAME ni una ley de cannabis y cáñamo industrial. Muchas de las herramientas que hoy forman parte de la conversación pública todavía no estaban sobre la mesa.

“Supimos vernos las caras, supimos dar una discusión, supimos salir a las calles”, dijo Basalo. Detrás de cada conquista hubo cultivadores, usuarios, profesionales de la salud, investigadores, abogados y organizaciones que construyeron saberes y los pusieron en común.

Primero llegó el REPROCANN con autocultivo. Después, las licencias para que cultivadores que habían sido perseguidos pudieran registrar sus variedades, en un acto que representó una reparación histórica. También llegaron la ley de cannabis medicinal e industrial y la creación de una agencia específica para el sector.

Para Basalo, ese recorrido permitió que la industria creciera y que Argentina desarrollara un marco regulatorio con características inéditas a nivel internacional. Pero el camino no siguió siempre en la misma dirección. “Lamentablemente, desde hace algunos años, el Estado se corrió a un costado. No tuvimos más ese acompañamiento”, planteó.

La falta de continuidad de las políticas públicas y las dificultades para avanzar con las normas necesarias generan incertidumbre. La agencia regulatoria está acéfala y persisten los problemas de articulación entre ARICCAME y el INASE en cuestiones vinculadas con la producción y el registro de nuevas variedades. Para quienes invirtieron en este mercado, esa falta de respuestas tiene consecuencias concretas.

Basalo lo resumió con una imagen cotidiana: gente que tenía unos pocos ahorros, vio crecer la industria, se entusiasmó, y terminó chocando contra una realidad que no acompañó las expectativas.

Marcos Duhalde de Revegetar también puso el foco en las dificultades para sostener una actividad económica en el contexto actual. “Estamos en un país con una situación extremadamente complicada. Creo que somos privilegiados por poder estar trabajando en lo que nos gusta hoy”, señaló.

Pero la pasión no alcanza para sostener una actividad económica. Duhalde reclamó una ley y actores capaces de estudiar la normativa y encontrar formas de garantizar condiciones de trabajo seguras, para que quienes se dedican al cannabis puedan desarrollar su actividad como una profesión.

“No nos tenemos que olvidar de que somos personas, que habitamos el mismo suelo y que todos queremos lo mismo: que nos vaya bien”, agregó.

La necesidad de construir una representación capaz de defender los intereses del sector también apareció en las palabras de Luis Osler, presidente de CAINCAA. “Hace muchos años las conversaciones eran a escondidas, tratando de que nuestro activismo no se viera demasiado”, recordó. Aunque la comunidad siempre se apoyó, durante mucho tiempo quedó invisibilizada para el Estado, salvo cuando se trataba de perseguirla.

Hoy, contó Osler, CAINCAA pasó de reunir diez empresas a tener más de cincuenta en tres años, con cientos de empleados. Para él, ese crecimiento expresa una novedad: por primera vez, el sector tiene una representatividad real y puede hacerse escuchar.

El desafío ahora es convertir esa presencia en herramientas concretas. Osler planteó que ARICCAME debe cumplir con las funciones que ya tiene asignadas y que también es necesario acercar la realidad de la industria al Poder Judicial, al Ministerio Público y a las fuerzas de seguridad.

No alcanza con que la ley exista sobre el papel. Hace falta que quienes deben aplicarla conozcan los recorridos, las dificultades y los obstáculos que aparecen todos los días.

En medio de ese escenario, Basalo destacó otro aspecto del trabajo colectivo: la producción científica argentina. En un contexto de desfinanciamiento de la ciencia, investigadores locales publicaron estudios en revistas internacionales de prestigio sobre el mecanismo de acción del cannabidiol en el cerebro y la eficacia del cannabis para tratar la epilepsia. También reconoció el trabajo de abogados y abogadas que ayudaron a destrabar trámites del REPROCANN y el de médicos y médicas que acompañan a quienes buscan acceder al registro.

También recordó, además, los problemas de censura en redes sociales que afectaron a la organización, a THC y a profesionales de la salud. El año pasado, algunas cuentas llegaron a la inauguración con restricciones que dificultaban hablar públicamente de cannabis. Hoy, sostuvo, esa situación cambió. Otra conquista que atribuyó al trabajo colectivo.

“Tenemos el cuero muy duro”, resumió Basalo. Para el director de la feria, lo que sucede en Expo Cannabis es una muestra de lo que una comunidad organizada puede construir, incluso en un contexto adverso.

Mucho más que una feria

Mientras las discusiones sobre regulación, ciencia y desarrollo económico siguen abiertas, Expo Cannabis despliega todo lo que el sector tiene para mostrar. Hay conferencias sobre cannabis veterinario, talleres de extracciones, consultorios clínicos y novedades para el cultivo. En el espacio al aire libre, la propuesta se amplía con skatepark, música, shows de humor, huerta, básquet, ping-pong y arte en vivo.

La idea es que haya lugar tanto para quienes llevan años en el ambiente como para quienes recién empiezan a acercarse. Para quienes buscan una herramienta terapéutica, para quienes trabajan con la planta y para quienes quieren descubrir qué hay detrás de una flor.

Saskia y Carlos llegaron para conocer una realidad que en Venezuela todavía no encuentran. Cristian viajó desde Córdoba para descubrir nuevas genéticas y terminó valorando, además, la posibilidad de encontrarse con otras personas. Sus experiencias muestran una parte de lo que sucede en la feria: la curiosidad, el intercambio y la posibilidad de conocer algo que todavía carga con prejuicios.

Del otro lado, quienes construyen la industria desde hace años advierten que el crecimiento necesita políticas públicas, seguridad jurídica y organismos que funcionen. Las conquistas existen, pero no garantizan por sí solas que quienes invierten, investigan, cultivan o trabajan con cannabis puedan hacerlo sin incertidumbre.

Después de años de persecución, avances y retrocesos, Expo Cannabis vuelve a funcionar como un lugar para encontrarse, compartir lo aprendido y discutir hacia dónde ir. Una comunidad que consiguió mucho más de lo que tenía cuando empezó a organizarse, pero que todavía tiene bastante por resolver.