Skip to content Skip to sidebar Skip to footer
cannabis en siberia

El cannabis ya se usaba hace 2.800 años: qué revela un hallazgo en Siberia

Escuchar este artículo
0:00
0:00
Velocidad

Una tumba siberiana puede ser la evidencia más antigua de uso de cannabis psicoactivo. Un grupo de investigadores descubrió más de 1.400 semillas y cabello humano que al ser analizado arrojó metabolitos de THC. Con 2.800 años de antiguedad, se trata de una de las evidencias más rotundas respecto al uso de cannabis en la prehistoria.

La investigación no solo suma un nuevo capítulo a la historia del cannabis: también aporta evidencia biomolecular en un terreno donde, hasta ahora, buena parte de las interpretaciones dependían de referencias históricas o de restos arqueológicos que no permitían confirmar por sí solos que la planta se utilizara para provocar efectos psicoactivos.

Una tumba de la aristocracia escita

Tunnug 1 se encuentra en el valle de Uyuk, en la república de Tuvá, al sur de Siberia. El sitio forma parte de una región conocida como el “Valle de los Reyes” por la presencia de grandes túmulos funerarios asociados con las élites de las antiguas sociedades de la estepa.

El monumento excavado tiene unos 140 metros de diámetro y está vinculado con los primeros períodos de la cultura escita, cuyos grupos eran conocidos por su vida nómada, su destreza ecuestre y su trabajo con metales preciosos. Las excavaciones en el lugar comenzaron en 2017 y permitieron reconstruir un complejo funerario de gran escala.

En los enterramientos se encontraron más de 1.400 semillas de cannabis, completas y fragmentadas. Las dataciones por radiocarbono las sitúan a comienzos del siglo VIII a. e. c., en coincidencia con la construcción de la tumba. Por sus características físicas, los investigadores consideran que las semillas podrían proceder de plantas silvestres o asilvestradas.

La presencia de semillas en una tumba, sin embargo, no alcanza para concluir que el cannabis se usaba por sus efectos psicoactivos. La planta tuvo múltiples usos a lo largo de la historia, entre ellos la producción de fibras, aceite y alimentos. La clave del nuevo trabajo estuvo en otro material preservado en el mismo contexto: el cabello humano.

@Anna Klochko

Rastros de cannabinoides en el cabello

El equipo analizó muestras de cabello recuperadas de varios individuos enterrados en la cámara central del monumento. Para estudiar su composición química se utilizaron técnicas de espectrometría de masas de alta resolución, capaces de detectar señales moleculares en cantidades muy pequeñas.

En distintas muestras se identificaron señales claras compatibles con CBN. También se registraron señales más débiles cuya masa resulta compatible con el THC, el principal compuesto psicoactivo del cannabis. El CBN puede formarse, entre otros procesos, por la oxidación del THC.

Según los investigadores, la combinación de semillas de cannabis y rastros de cannabinoides en cabello humano, dentro de un mismo contexto funerario, constituye una evidencia directa de que la planta fue utilizada por sus efectos psicoactivos. La conservación de los restos permitió ir más allá de la mera presencia de cannabis como ofrenda o recurso material.

De todos modos, los análisis no permiten determinar qué cantidad usaron las personas enterradas ni establecer con certeza cómo ingresaron los compuestos al organismo. No se puede afirmar, a partir de estas muestras, si el cannabis fue inhalado, ingerido o incorporado de otra manera.

El equipo considera que la inhalación es una posibilidad, a la luz de evidencias arqueológicas posteriores en Asia Central, donde se detectaron residuos de cannabinoides en recipientes y piedras sometidas al calor. Pero esa modalidad no está demostrada para el enterramiento de Tunnug 1.

¿Un uso ritual del cannabis?

El contexto del hallazgo abre la posibilidad de que el cannabis haya tenido un papel en ceremonias funerarias. La tumba reúne otros indicios de prácticas rituales complejas, entre ellos numerosos sacrificios de caballos y restos humanos dispersos. En investigaciones anteriores, el equipo había documentado 18 caballos dispuestos sobre el túmulo; nuevas excavaciones permitieron identificar varias decenas más.

La asociación entre el cannabis y este escenario funerario llevó a los investigadores a plantear que la planta pudo haber sido utilizada en rituales vinculados con la muerte y el entierro de miembros de alto rango de la sociedad escita.

Sin embargo, el propósito concreto de su uso sigue abierto. No es posible saber si las personas usaron cannabis voluntariamente, si se lo administraron como parte de una ceremonia o si estuvieron expuestas a sus compuestos de manera incidental. Tampoco se puede concluir que la planta se utilizara para sedar a personas destinadas a sacrificios: esa posibilidad circuló en algunas interpretaciones, pero no está probada por el estudio.

Una evidencia anterior a los relatos de Heródoto

El hallazgo también dialoga con relatos históricos posteriores. En el siglo V antes de nuestra era, el historiador griego Heródoto describió prácticas de grupos escitas que arrojaban semillas de cáñamo sobre piedras calientes dentro de estructuras cerradas y aspiraban el humo resultante.

Esos relatos se convirtieron en una referencia frecuente para reconstruir el uso antiguo del cannabis con fines psicoactivos o rituales. La evidencia de Tunnug 1 es varios siglos anterior y, a diferencia de una narración escrita, combina restos vegetales datados con señales químicas detectadas en cabello humano.

Los investigadores señalan que el uso temprano del cannabis debe entenderse en el marco de las formas en que las sociedades antiguas exploraban las propiedades de las plantas y las incorporaban a sus prácticas culturales. El descubrimiento no establece cuándo comenzó ese uso, sino que demuestra que ya ocurría, al menos, hace 2.800 años.

@T. Wallace

Qué se sabe sobre las plantas de aquella época

Las semillas recuperadas no permiten establecer qué concentración de THC tenían las plantas. Tampoco hay evidencia suficiente para afirmar que los escitas seleccionaran o cultivaran cannabis específicamente para aumentar su potencia psicoactiva.

El cannabis fue domesticado y utilizado en Eurasia durante milenios para distintos fines, y la historia de su expansión y de sus variedades todavía está en investigación. En este caso, la conservación del material vegetal es especialmente importante: los investigadores informaron que ya comenzaron a secuenciar muestras de ADN de las semillas.

Ese análisis podría aportar información sobre la historia de la domesticación, la dispersión de la planta y su relación con las poblaciones humanas. Por ahora, el equipo destaca la calidad de la preservación genética, aunque los resultados de esa etapa aún no fueron publicados.

El estudio de Tunnug 1 aporta, así, una pieza relevante para la historia del cannabis: semillas y rastros moleculares en cabello humano apuntan a un uso psicoactivo en el sur de Siberia durante la Edad del Hierro temprana. El contexto sugiere una posible relación con prácticas funerarias, pero no permite reconstruir con precisión cómo se usaba ni qué significado tenía para quienes participaron de ellas.

La conclusión más firme es también la más concreta: hace unos 2.800 años, integrantes de una comunidad escita estuvieron expuestos al cannabis de una manera que dejó señales químicas en sus restos. La forma de uso, la dosis y el sentido cultural de esa práctica continúan siendo preguntas abiertas.