Escribió un centenar de letras donde la experiencia de la marihuana y las plantas sagradas marcan el camino. En una entrevista extensa y cannábica, realizada en septiembre de 2011 y publicada en Revista THC 43, la voz de Babasónicos repasó sus obsesiones, sus fantasías y todo lo que aprendió en pleno vuelo. Sin despeinarse, este perfeccionista de gran paladar nos mostró que no sólo sabe armar buenas canciones.
«Estaba esperando que vinieran a buscarme, yo no he escondido nada”, reafirma Adrián Dárgelos. En un punto, se podría descreer de este huidizo cantante: parte de lo más mágico de Babasónicos está en lo que se esconde, en lo que no se repone, en ese umbral que se extiende cuando Dárgelos se acerca al público desde un tablado, lo convence, lo seduce, lo induce y se retira, llevándose consigo el resto de la cuestión, de la historia, de la vida de los personajes que inventa.
El músico que creó escondites en dos centenares de canciones, el que administra la distancia (aunque la distancia no necesariamente se corresponda con una lejanía, sino con un tramo, una diferencia) en fotos, escenarios, entrevistas, shows, dice que no ha ocultado nada y que en el caso que motiva nuestra reunión, se ha expresado siempre.
“Mi primer disco se llama Pasto y tengo referencias a la marihuana en muchos de los discos”. Era eso y era cierto: el disco debut de la Babasónicos, de 1992, fue prácticamente un anecdotario de ideas sobre la fantasía del amor y sobre el poema irónico que es la amistad.
Daba cuenta de una experiencia acerca del ocio sobre la hierba, de estar bien entre margaritas, de bailar como indios alrededor de un cactus del desierto de Sonora, de flotar sobre la hierba y escuchar coros de grass entre el pasto divino.
Y traía “Natural”, claro, esa canción que vale como un incunable del respeto que le profesaban y de la relación que entablaban con la naturaleza estos músicos de lo que se conoció como la “movida sónica”, dentro del nuevo rock argentino de comienzos de los años 90.
Por entonces, Babasónicos no mencionaba el porro de forma literal. Sí lo haría resonantemente en “Risa”, un tema de Infame, su disco de 2003, que además tuvo un videoclip protagonizado por… el humo. Entre todos los lugares que Dárgelos ha utilizado en sus canciones, de Sonora a Escalada, de Quequén a Beirut y de Once a Miami, no está Jamaica.
Babasónicos hablaba de las experiencias derivadas de la marihuana: pasaba información, no estaba pasando el faso en una ronda, aunque también reservaba un espacio para lanzar terminología drogona a borbotones, en lo que quizás por entonces se entendía como chiste interno y que, a la distancia, podría reubicarse como un relato a lo largo de 10 discos en los que siempre hubo una referencia a la marihuana. De hecho, Dárgelos mostrará con solvencia que su trabajo y el de Babasónicos son un pedazo rockero de la historia cannábica reciente.
¿Te acordás cómo fue que llegaste a saber que existía la marihuana y de qué se trataba?
Era algo que sucedía en los lindes de mi adolescencia, no tanto en los colegios pero sí en la calle. Quizás la primera referencia que tengo es de (un ejemplar de la historieta) Isidoro, en donde a él lo agarran con el baúl lleno de atados, así como de cigarrillos comerciales, pero de marihuana. Humo de marihuana, también, una película argentina del 68. Es cine negro: la noche en un ambiente de bohemia donde fuman marihuana y tocan bongóes. Con Isidoro, la película y la simbología hippie, más las imágenes del flower power de San Francisco y eso que me fue llegando a fines de los 80 por revistas, me fui armando una idea. Pero la marihuana no me llamaba tanto la atención por lo que te podía hacer, porque en los registros de la literatura, desde Conrad a Baudelaire y toda la literatura del Siglo de Oro alemán, no se hacía referencia a que se tratase de un viaje muy fuerte. Me llamaba la atención porque era algo prohibido, y todo lo que entra en el escalafón de lo prohibido la llama. Pero me interesé en investigar quién, por qué y cuándo lo había prohibido.
“Básicamente, Estados Unidos gana ambas guerras mundiales para determinar qué se comercia y qué no”, evalúa Dárgelos con base en años, décadas de lecturas que tuvieron buena parte de su origen en su hogar, en el oficio de diarieros que circulaba entre sus familiares, en la biblioteca de la casa de los Rodríguez (en donde también creció Diego Uma, Diego Rodríguez, hermano menor y guitarrista, percusionista y corista de Babasónicos).
“Las guerras no fueron por la ideología, porque ¿qué clase de unión ideológica hay entre capitalistas y comunistas para combatir al nazi-fascismo?”, lanza de corrido, susurrando largo verso. “Igual, imagino que Stalin poco tuvo que ver con lo que Marx creía. Y después ves que Estados Unidos busca prohibir la marihuana, teniendo una tradición de conocimiento obtenido cuando ocuparon el norte de México, lo que hoy sería Texas, Arizona, Nuevo México y California, que eran territorios hispanos y manejaban el cáñamo incluso como fibra textil. Estados Unidos tiene un único criterio: aquello que no puede controlar a nivel logístico y distributivo, lo prohíbe. Lo que digo es: ¿cómo algo de la tierra, sin elaboración, puede ser prohibido? ¡Qué ganas!”.
Si le sacan el porro al mundo de la droga, se lo tendrían que dar a las verdulerías. Ni siquiera a las herboristerías, porque si llega a las farmacias, cae en otra mafia nefasta. ¡O dénselo a los jubilados, que la planten en su casita y se la vendan a los que no tienen tiempo de cultivarla!
El tema es que no se lo encara como un tema de biodiversidad, sino como un tema legal/ilegal.
Si todo el comercio, la acumulación y la especulación, son antinaturales ni te voy a decir la prohibición. Pero entiendo que trabaja dentro de un organismo vivo, caótico, que se llama cultura, donde cada pequeño cambio quizá no tiene reflejo pero introduce una pequeña reacción que puede ir modificando el paradigma levemente. La cultura occidental tiene 2 mil… 2.300 años. La marihuana tiene más historia. E inclusive en la cultura (el faso está arraigado en la cultura), tuvo eras en que pasó desapercibida, en que fue ponderada y en que fue prohibida, y esta última fue la más breve. Yo no quiero que toda la cultura pase a ser cannábica ni que sea la bandera de un país, ni tampoco que sea prohibida.
¿Qué querés?
Quiero que se utilicen los mismos elementos que tiene la cultura, que son la educación y el conocimiento; que generen un uso responsable, no una ignorancia; y que saquen el escalafón de prohibido que tiene, entonces no se comete más el delito ni el atropello cultural ni más nada. ¿Cómo algo de la tierra, que no tiene elaboración, puede ser prohibido? Es complejo prohibir algo que puede crecer en tu balcón. Y que encima tiene miles de beneficios para la humanidad más allá de su consumo…
Basta con ver la importancia que tuvo el cáñamo en el desarrollo de un imperio. Inglaterra es el reino británico por tener desde 1650 la mejor flota naviera del mundo hasta que Estados Unidos la reguló. ¿Cuál era el combustible de la época? El viento, que movía las velas de los barcos, que estaban hechas de fibra de cáñamo, porque no hay nada que aguante el sol, el agua salada y el viento de ultramar.
Y deduzco, porque no lo sé, que ese pudo haber sido el origen de la marihuana en Jamaica. Inglaterra tenía que tener una fábrica de velas de fibra de cáñamo, que se produce en seis meses. Es un yuyo y lo pueden hacer negros esclavos, basta con llevarlos a una isla que tenga dos veranos seguidos para que te dé constante producción.
¿Por qué te parece que sigue estando prohibida?
Porque hay intereses creados en el mundo, que está armado de un modo que no nos conviene, para que ese cambio no ocurra. En la década del 30, cuando surge el prohibicionismo, es cuando se registran los patrones genéticos de las semillas, en general. Sólo en países que están en la explotación por la explotación misma se les ocurre que algo natural pueda tener patente.
Por ejemplo, la soja transgénica: vos la manipulaste, pero la soja es soja. Entonces, con eso, van a decir que crearon el faso finlandés y lo van a patentar. La Segunda Guerra fue hecha para el control de las patentes de los laboratorios alemanes y suizos. Si fueron por el opio, ¿cómo no iban a ir por las pinturas epoxi, las lamparitas, el tungsteno? El día que la marihuana pierda el escalafón de droga, algunos países van a ser potencia. ¿Se bancaría Estados Unidos que Paraguay fuera una potencia?
No se bancan que ningún otro país lo sea. Ahora, para vos, cuando eras un joven que empezaba a tener cierta información sobre el tema, ¿cómo era la cosa acá, cómo la viviste?
Las drogas entraron al país fuertemente en los 70. A partir de mediados del 80, empezó a ser más fácil conseguirla. Pero lo primero que conozco sucediendo cerca mío es cuando saltó lo de “Lomas Zona Roja”. Vivía en Lanús, pero iba al colegio en Banfield [localidad del partido de Lomas de Zamora, en el sur del conurbano bonaerense] y había una zona que quedaba en un triángulo entre el Lincoln, la ENAM y el Conaba, hasta los colegios de Temperley. Salió una nota en un diario sobre la Zona Roja de Lomas, que alertaba por la cantidad de consumo en la zona. Era el año 81 u 82 y se trataba de consumo de cocaína, básicamente. Ahí supe que eso existía acá cerca.

¿Cómo fuiste viviendo los cambios de percepción y de decisiones políticas y judiciales, el debate en cuanto al prohibicionismo, las movilizaciones…?
El planteo de la despenalización es indiscutible: son millones de pesos de gastos judiciales al año que no terminan en ningún preso, los casos son utilizados por los policías para subir su score, no se capturan delincuentes y se ocupa lugar de gente que realmente debería estar presa. La multiseñal del gobierno es interesante, pero de todos modos hay que hacer muchos cambios. Yo quiero un mundo donde ni siquiera esté preocupado por votar por estos políticos o por otros: yo quiero un mundo donde haya vocación de trabajar por los demás y listo.
¿Cómo evaluás el debate actual por la despenalización?
Creo que sería un gran avance que se despenalicen su cultivo y su utilización. Pensaba que era algo que no iba a vivir. Tenía fe en que sucedería con el paso del tiempo, pero no creí llegar a verlo, tal vez lo consideraba algo muy utópico para mi tiempo.
Por eso estoy a favor de que exista una revista como THC, pero es interesante que no es sólo la batalla de una revista, es la batalla de todos para que no se criminalice, para preguntarse quién dictamina la “normalidad” de los actos, por qué son juzgables los que tienen que ver con el ámbito de lo natural.
No creo que una despenalización haga que crezca el consumo: el consumo crece y decrece por la prohibición y porque la mayoría de los fumadores de marihuana, algún día dejan de fumarla. Quizás la sigue fumando alguien que la encontró como medicina, o alguien que no toma alcohol ni otras cosas.
Sí, la prohibición también debe violar algún derecho de acceso a la salud, ya que está probado que la marihuana puede funcionar medicinalmente en casos de ciertas enfermedades.
Gabo [N. del R.: Gabriel Mannelli, bajista fundador y compositor del grupo, que murió en enero de 2008 a causa de “la enfermedad de Hodgkin”, un linfoma maligno] había dejado de fumar porro hacía cinco o seis años, pero cuando empezó con quimioterapia le estaba costando mucho comer, porque le daba mucho asco la comida. Fumando tenía un poco más de apetito. A él lo ayudó.
Si luego de la despenalización se pensara una legalización, ¿de qué forma se te ocurre que podría administrarse?
El primer avance sería llegar a un momento donde se pueda fumar lo que uno planta o lo que un amigo te regala. Quizás con eso estemos más cerca de su comercialización, de que entre en el mercado bajo control del Estado, como controla los limones, y que se le cobre impuestos a la industria.
Si se la sacan al mundo de la droga, se la tendrían que dar a las verdulerías. Ni siquiera a las herboristerías, porque si el porro llega a las farmacias, cae en una mafia igual de nefasta. ¡Dénselo a las verdulerías y a los jubilados! A mí me parecería fantástico que sea una pequeña economía, que los jubilados la planten en su casita y se la venden a los que no tienen tiempo de cultivarla.
¿Lo planteás como una segunda etapa superadora de la primera?
No superadora. A mí que la marihuana, el tomate, la carne o los discos se vendan no me hacen un mejor mundo. O que no se la paguen a los jubilados… si la plantan que a cambio le pinten la cocina, no sé. Por mí, que no se venda nunca más nada, pero eso sí es algo más difícil de conseguir, que llevaría más tiempo.
Si nos imaginásemos otra sociedad, donde los valores fuesen distintos y pudiésemos proponernos un cambio de acá a 50 ó 100 años, con el que transgrediésemos eso y doblegásemos la tendencia al consumo estúpido y a la mala utilización del tiempo… sí, sería un mundo mejor.
Babasónicos: Chicos en el pasto
Fue en 1992, durante el primer gobierno del riojano, cuando la Corte Suprema, la televisión, las familias y el sistema de salud tenían sobre el tema una mirada bastante distinta a la de hoy. En ese marco, como un brote (que generacionalmente era nuevo) de lo que fue el under de la segunda mitad de los 80, aparecieron Babasónicos y Dárgelos (junto a Juana La Loca, Martes Menta, Los Brujos, Peligrosos Gorriones) hablando de un tema sobre el que muchos recién se han abierto a hablar últimamente.
Hace dos décadas, e incluso cuando fue de una forma que quizás adolecía de una experiencia práctica y teórica elevada, Babasónicos entregó su primera colección de canciones; y tenían que ver con lo onírico y lo fraternal de la experiencia cannábica. Dárgelos explica: “Nuestro tema, con Babasónicos, siempre fue abrazar la contracultura, y una parte de ella es la cultura cannábica. Lo que abraza y defiende la cultura cannábica está perseguido por las leyes y es atacado por la cultura mainstream. Babasónicos tuvo siempre la creencia de que el rock tiene raíz en la contracultura y de que exponía los elementos que la cultura mainstream vedaba”.
Yo soy muy ansioso, pero nunca fui al psicólogo. Si me culpo mucho por no encontrar una palabra durante dos o tres días, y toda la vida me es miserable por no hallarla, la marihuana me da una pequeña vacación entre esa miseria y mi obsesión.
¿Cómo es tu relación con la cultura detrás de la planta de cannabis?
No me considero un experto, sí un interesado. No podría educar en casi ninguno de los temas que tienen que ver con la marihuana, ni tampoco juzgar. Pero no tiene tanto que ver con el porro como con mi naturaleza, que no es juzgar sino hacer.
Nunca escribí críticas de nada: yo intento ir poniéndole palos en la rueda a todo un mecanismo que funciona en el mundo y no me interesa. Intento estar ahí y construir una alternativa para la que me nutro del pensamiento, que está expresado en la música, en el lenguaje, en las culturas, en un montón de cosas.
En la marihuana también está: la marihuana es un lindo tópico que nos puede llevar a conversaciones que involucran muchos elementos de la cultura que te pueden ayudar a entender la macrohistoria de la marihuana. Y en la subcultura del rock, la marihuana te acerca a otros que piensan parecido a vos.
Babasónicos continuó su aporte discográfico a la cultura rock con A propósito, su décimo álbum, que hace unas semanas presentaron en el Luna Park y que llevarán de gira en septiembre por Argentina, para continuar hacia México, un (cannábico) país que ya les es bastante familiar. “En México, ‘La cucaracha’ en realidad decía que le faltaba marihuana para fumar, no la patita de atrás. La canción tiene 100 ó 200 años [N. del R.: Su primer registro escrito es de 1883, pero se cree que circula oralmente hace dos siglos] y debe ser la más conocida de nuestra lengua. Me llama la atención por qué una canción es la más conocida.
Bueno, ‘La cucaracha’ mostraba a la marihuana como un pasatiempo, como sucedía en esa zona de México, donde también se usaba cáñamo para fibras textiles y donde las chamanas recurrían a él para sus visiones, imagino que con vapores, no creo que la usaran como mirra. Pero mis padres no me la cantaron así: cantaron lo de la patita.
El tema marihuana ya viene cercenado culturalmente y la atracción enorme que tiene el porro le viene por el aura de lo prohibido, no sé si por el efecto en sí mismo, porque el viaje de la marihuana en verdad es muy sutil y no doblega”.
Para vos, ¿hay psicodelia en el faso?
El conocimiento de la marihuana y los psicoactivos es delicado y me parece que en un punto la psicodelia se ve ayudada cuando no estás preparado para lo inesperado, cuando no sabés lo que está viniendo y te podés sorprender de un montón de cosas.
Si te mantenés ingenuo respecto de la explicación de las cosas, de las reacciones que produce tu cerebro, puede haber una psicodelia, siempre con un mínimo de atenciones como para que sea algo placentero.
Hay estados que no son normales de conciencia, como la fantasía, y a eso también se lo llama psicodelia. Así que no estoy seguro. Lo mejor, para mí, es que haya un mundo de atracciones del que puedas ser espectador.
Pero esas informaciones que descartás, ¿no ayudarían a tener mayor control de la experiencia?
Sí, pero nunca hay un control pleno sobre la experiencia psíquica: hay un margen de experiencia. Hay gente que practica más y estira más el margen y hay gente que naturalmente tiene un margen más alto. Todas las prácticas tendientes a la iluminación no tienen una recompensa específica, o la tienen pero es un tipo de recompensa que no te serviría para el mundo occidental judeocristiano.
¿Y qué es lo que obtenés de esas experiencias?
Creo que lo que obtenés es un favor más grande que la recompensa concreta: como una suerte de sabiduría que no se te puede quitar acerca del otro lado. No recuerdo que nombre uso para no decirle “el otro lado”, pero es eso. “Realidad alternativa”, lo llaman otros. Pero no hablo sólo de la fantasía o la psicodelia, es una sabiduría que te puede dar un arte marcial, como el Tai Chi, o un trance de temazcal. Miles de cosas tienden a lo extático, algunas son un ritual y otras, disciplinas.
Siempre hablás del caos y mencionás al rock como una expresión del caos. ¿A qué te referís?
En lo que me tocó experimentar dentro del trance extático, que es practicar la música: veo un caos inentendible pero que no tengo que ordenar. Obtengo un poco de ese caos y le sumo un caos que intento que esté a su altura. Entonces veo si se puede, en la agitación, romper lo que hay. Si se puede batir, agitar, hasta que se rompa.
Funciono así: no tengo la disciplina de un shaolin o de un yogui. Admiro eso, quizás la música es más pobre como camino. Seguramente hay muchos músicos que tienen un camino de iluminación mejor. Yo no intento limpiar el caos.
No deja de haber un tono de heroísmo espiritual en eso, aunque sea por la negativa.
Nunca me creí tan cercano a lo espiritual, me reconozco como alguien que no llega lejos en eso, en lo espiritual. Yo estoy más vinculado con la fantasía y con cómo obtener cosas de la fantasía: qué puedo sacar de la fantasía, qué puedo aportarle, siempre en el marco de ese caos, que a veces tampoco me sirve.
En cada canción que hago tengo que afrontar el caos y, usando la fantasía, darle una forma que esté a la altura de ese caos. Pero esa es mi experiencia extática: la música.
El camarín
Detrás de la suma de experiencias, conocimientos, saberes, recompensas o como se desee llamar a eso que Dárgelos pudo obtener de ese “otro lado”, se esconde una historia más doméstica, una relación más concreta quizás: la que tienen el faso y este músico. Porque Dárgelos, cuando se baja del escenario, es Adrián. Y pagará sus cuentas, que tal vez lleguen para Adrián Rodríguez, si es que tiene los servicios a su nombre. Y ahí es donde, además de uno de los cantantes fundamentales del rock actual y un miembro de una de las bandas con arte más sustentable, rico y diverso en los últimos 20 años, Adrián Rodríguez es un tipo de Lanús que tiene 42 años, su casa, su coche, mira la tele, a veces se levanta de la cama en medias… Un tipo que ha fumado marihuana durante más de la mitad de su vida. Un chabón al que a veces no le pega y que tiene ciertas genéticas más o menos preferidas.
Si mantuviste el uso de marihuana durante tanto tiempo, seguramente es porque algo debe darte…
Yo soy muy ansioso, entonces a mí me sirve. Nunca fui al psicólogo y supongo que todo eso de quitar el foco de la obsesión en mí trabaja con la marihuana. Si me culpo mucho por no encontrar una palabra durante dos o tres días, y toda la vida me es miserable por no hallarla, la marihuana me da una pequeña vacación entre esa miseria y mi obsesión. Si yo no era Rimbaud a los 15 años, estaba perdido, era un mundo de mierda para mí. La marihuana me llevó a sobrellevar algunas cosas que tenían que ver con mis obsesiones, pero no creo que todas mis obsesiones ni que a todos les ayude del mismo modo. Tenés que tener cierto nivel de permisibilidad con el porro.
¿Cómo es eso?
Tenés que tener cierta voluntad de que te pegue y tenés que relajar tus niveles de permisibilidad para darte cuenta de que eso tan sutil que te está haciendo es lo que hay, que más no va a pegar.
¿Recordás cuándo fue tu encuentro con el cannabis?
Sí, a los 16, pero hasta los 18 ó 19 no me pegaba tanto, porque yo no fumo tabaco y quizás no la estaba fumando bien o no era buen porro. Pero desde los 19 me ha acompañado hasta hoy.
¿Fumás a diario?
Comúnmente. No es que tenga la necesidad, pero me hace bien, me es útil y por eso la fumo. También puedo no fumar durante días, semanas, no es que me enloquezco si no fumo. Y cuando fumo, el mismo faso me dura todo el día, lo fumo en dos o tres veces, no fumo un porro de tirón.
¿Siempre elegís fumarla?
Sí, mi forma de administración es fumada en papel y con filtro. Probé vaporizadores, pipas secas y pipas de agua, pero siento que fumada en papel, en porro, me da mejor timing. No fumo tabaco así que no tengo la ansiedad de fumar, puedo estar una o dos semanas sin fumar. Podría dejarlo. De hecho a veces no fumo porque tengo dolor de garganta y soy bastante alérgico.
¿Tenés alguna variedad favorita?
Probé muchas, desde las hidropónicas a las asilvestradas. Definitivamente prefiero las índicas, las sativas no son para mí. Hay una marihuana para cada uno. Yo soy de por sí bastante hiperactivo y las sativas casi que no me hacen efecto, necesito ese mambo aplancante de las índicas, que me relaja, me focaliza.
Me gustan Sensi Star, la AK-47, la Kriptonita. Y bueno, la Chronic es un estándar. Estoy de acuerdo con la manipulación genética porque te permite encontrar tu variedad favorita y permite más alternativas: la variedad disponible te salva del acostumbramiento que todo puede producir. También fumé G-13, que “no tiene paranoia”. Yo creía que la paranoia se daba por una serie de conexiones que ocurrían en tu cerebro, pero al parecer debe haber una enzima o algo así que produce paranoia. Igual me banco la paranoia y hasta me gustan más las que tienen paranoia.
¿Cultivás?
Nunca, porque no tengo constancia para hacerlo, pero fumo marihuana que me regalan personas que plantan y ocasionalmente me cruzo. A comparación de hace 15 años, la producción hogareña ya es imparable y me pone contento, porque eso eleva la calidad y te libera de lo que tenía que hacer cuando era chico, que era ir a buscarla a lugares complejos, con posibilidad de ser estafado.
¿Alguna que recuerdes?
Una vez estábamos de gira en México y nos fuimos con Gabo a buscar faso. Allá la marihuana promedio no es muy buena, pero si encontrás buenos cultivadores podés dar con una Acapulco Gold o una sinaloense, que son muy buenas. Aunque bastante sativas, que a mí no me hacen mucho efecto. Conseguimos el contacto de un buen cultivador, pero que vendía por kilo. Era muy barato igual, pero ni ahí llegábamos a fumarnos todo eso antes de volver. Estábamos acostados en la parte de atrás de una camioneta cuando nos tiran una bolsa enorme llena de cogollos. Se lo pagamos todo, pero apenas alcancé a llevarme una bolsita, algo así como un cuarto kilo, que es muchísimo. Fumamos todos los días que nos quedaron, y yo me la pasaba repartiendo cogollos por la calle a todos los que me caían bien.
Como fumador de cannabis, ¿cuál es tu relación con la policía?
Hay mucha persecución. Los músicos de rock tenemos mucha persecución policial. En los 90 la policía estaba detrás de a quién agarraban antes de un show. Es un negocio para un montón. Yo giro mucho en el interior, por pueblos muy conservadores y tengo que cuidarme de que no me revienten, que no me detengan.
¿Les pasó alguna vez?
Una vez nos rodeó la policía mientras estábamos tocando el Día de la Primavera frente a 60 mil personas gratis y al aire libre en el lago San Roque, en Villa Carlos Paz. Un fiscal consiguió una orden y vinieron con la policía mientras estábamos en el escenario, y allanaron el camarín. Como sabíamos que estábamos perseguidos no teníamos nada en los bolsillos. Yo me enteré cuando terminó el show y me volví corriendo al escenario a alertar a la gente, pero cuando agarré el micrófono justo me lo cortaron. Creo que buscaban generar escándalo o dar un ejemplo.
¿Tus viejos sabían que fumabas?
No se los he dicho, pero tampoco se los he ocultado, aunque nunca me vieron fumar y nunca me encontraron porro. No sé si se dieron cuenta de que fumaba. Tampoco tuve una adolescencia en la que otros padres se quejaran con los míos, no era de hacer lío.
Era una actitud de vida y todo el chamuyo de que la marihuana me iba a llevar a otras drogas no me lo comí. Yo creo que el que va buscando la embriaguez de los sentidos para anestesiar su conciencia no encuentra mucho en la marihuana y se aburre, la deja.
De chico entendía que muchos otros chicos fumaban para que los padres se enterasen y les dieran un par de bifes o los mandaran a “rehabilitar” de fumar, que es algo que no existe. Y ahí supongo que se convertían en oficinistas o médicos, gente normal.
Eso que vos no estabas dispuesto a ser.
Para nada: hago música porque me planteé por qué tenía que hacer lo que los demás disponían, lo que me resultaba totalmente ridículo y sin sentido. ¿Por qué sigo haciendo música tantos años después? Porque aún no llegué a hacer una música tan estúpida y ridícula como el mundo merece.
Esta entrevista salió publicada en la Revista THC 43, conseguila haciendo click aquí.
Texto: Luis Paz / Fotos: Nora Lezano

