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Armados vintage: François Grimault y los porros medicinales del siglo XIX

Mucho antes de la prohibición de finales de 1930 y muchísimo antes de que en los dispensarios vendieran porros armados, un francés llamado François Grimault fundó una empresa dedicada a vender porros medicinales para combatir el asma.

La producción y comercialización a escala global del cannabis parece parte de un relato futurista que en los últimos años empezó a tomar forma. Sin embargo, se trata de una larga historia que hunde sus raíces en el pasado reciente.

La prohibición global del cannabis es un fenómeno relativamente nuevo. El primer acuerdo para poner límites a su cultivo, tenencia y comercialización tiene su capítulo clave en 1961. Fue entonces cuando se realizó la Convención Única sobre Estupefacientes, donde se estableció un marco de control internacional para los psicoactivos de origen vegetal.

De hecho, a mediados del Siglo XIX, sin prohibiciones a la vista, nació la primera empresa multinacional dedicada al cannabis.

El gran aprendiz

François Grimault, aprendiz del famoso farmacéutico François Dorvault, fundador de la Pharmacie centrale de France, el principal laboratorio de la Francia del siglo XIX, y autor de varios libros, fue un verdadero adelantado.

Con la expansión del capitalismo en pleno proceso, François imaginó que el cannabis podría fácilmente convertirse en un producto de consumo masivo capaz de ser volcado al mercado internacional.

Con la ayuda de su socio y financista Jean Baptiste Rigaud, François compró en 1853 uno de los laboratorios de su maestro situado en el área metropolitana de París. Allí, en el número 8 de la calle Vivviene, Grimault y Rigaud montaron lo que sería un verdadero imperio comercial.

El modelo de negocios de Grimault & Co. fue trasnacional desde un comienzo. Los insumos eran importados directamente desde Bombay, India, manufacturados en paquetes de 15 “cigarrillos indios de cannabis índica” en la capital europea y finalmente vendidos a una amplísima cartera de farmacias minoristas repartidas a lo largo y ancho del Atlántico.

Para funcionar, semejante operación requirió una ambiciosa campaña de marketing. De 1850 en adelante aparecieron en la prensa de los más diversos rincones del mundo una serie de avisos publicitarios destacando las “notables propiedades” del cannabis para “combatir con éxito seguro” afecciones respiratorias como el asma, los ahogos y la opresión, así como también el insomnio.

Para acceder a estos notables beneficios, constatados por “recientes esperimentos (sic) hechos en Alemania y repetidos en Francia y en Inglaterra”, Grimault & Co. ofrecía su producto estrella: un atado de 15 “cigarros indios” de venta libre en farmacias, elaborados bajo la estricta supervisión del Dr. Leconte, catedrático del prestigioso Collège de France.

Durante el último tercio de siglo, los avisos de Grimault se encuentran casi a diario en los grandes diarios argentinos como La Nación o La Tribuna, también en el Jornal do Comercio del entonces Imperio del Brasil y el panameño Star and Herald, e incluso en el De Zuid Afrikaan, un diario de Cabo Buena Esperanza, una colonia británica situada en Sur del África, editado en holandés por el cuñado del mismísimo Karl Marx.

Porros medicinales y visitadores médicos

Al igual que las empresas farmacéuticas de hoy en día, Grimault ofrecía muestras gratuitas a los médicos. Como resultado, también es posible hallar reseñas favorables en publicaciones médicas como The Medical Times de Londres o el Boston Medical and Surgical Journal.

Ya sea por la novedad de la propuesta o debido a sus precios accesibles (unos 50 centavos por paquete) Grimault & Co. llegó a exportar su producto a dos docenas de países. Es posible también que la demanda recreacional de cannabis haya jugado un rol considerable en el éxito comercial de la empresa.

Por ejemplo, El Siglo XIX, periódico mexicano en el cual los cigarros eran publicitados, informaba a sus lectores en 1854 que el cannabis “y los compuestos que con él se forman, producen (durante unas 3 o 4 horas) una embriaguez que tiene alguna analogía con la que ocasionan los licores alcohólicos. Generalmente, se experimenta una gran tendencia a reír aun por los más insignificantes motivos; ninguna sensación dolorosa y sí un bienestar indefinible; un sueño de las más agradables ilusiones”.

Del mismo modo, el diario colombiano La República aseguraba que, a diferencia del alcohol u otros psicoactivos, el cannabis “no embrutece (…) no hay jaqueca ni pesadez en el cerebro”. Después de todo, los cigarros de Grimault eran de venta libre en farmacias.

El mercado internacional

Además de financiar campañas publicitarias, su éxito comercial le permitió a la empresa sortear las primeras acciones orientadas a regular la comercialización del cannabis.

En 1925, trece países, incluido los Estados Unidos, participaron de la Segunda Conferencia sobre Opio y acordaron la prohibición de la exportación de cannabis a países que lo hubieran prohibido y la exigencia de un certificado a aquellos países en los que sí estuviera permitido su uso.

Sin embargo, los abogados de Grimault & Co. en Ginebra lograron conseguir una excepción formal que permitió a la empresa continuar su operación internacional en un marco de relativa legalidad.

De todas maneras, fue el comienzo del fin para el imperio de Grimault. Si bien las prohibiciones acordadas en aquella Conferencia entraron en vigor en la década del 30, el paradigma de control y limitaciones se puso en marcha progresivamente.

Por un lado, los insumos se encarecieron debido a los impuestos que el gobierno británico impuso al comercio de cannabis en India. A su vez, cada vez más países comenzaron a cobrar elevados derechos de importación, incrementando aún más el precio para el consumidor final.

Por ejemplo, en los Estados Unidos, donde el arancel aduanero era del 50%, un farmacéutico minorista podía comprar 144 cigarros por aproximadamente US$4,50. En cambio, el mismo farmacéutico podía acceder a media libra de marihuana, es decir unos 450 gramos, por apenas cincuenta centavos de dólar.

El sueño empresarial de Grimault fue truncado por decisiones políticas y económicas acorde sus tiempos. Y quizás se reavive acorde al presente.