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Cedeced/Depositphotos

Brotes de Cannabis, una opción nutritiva y económica

Durante décadas, el cannabis fue visto casi exclusivamente desde su costado psicoactivo o medicinal. Sin embargo, un estudio de la Southern Cross University de Australia, publicado en el Journal of Cannabis Research, propuso mirar más allá de las flores y semillas. Según sus resultados, las hojas y microgreens (brotes jóvenes) de Cannabis sativa L. podían convertirse en nuevos alimentos funcionales, ricos en proteínas, ácidos grasos esenciales, vitaminas y antioxidantes naturales.

Una planta, múltiples potenciales

El cannabis acompañó a la humanidad durante milenios como fuente de fibra, aceite y medicina. En Asia, sus semillas fueron un alimento ancestral; en Europa, una materia prima industrial. Pero las restricciones legales del siglo XX relegaron casi por completo su uso alimentario.

Australia recién en 2017 permitió el consumo humano de semillas de cáñamo peladas, mientras que las hojas, raíces y brotes quedaron fuera de la normativa, pese a su potencial nutricional. El equipo liderado por Harpal Singh decidió analizar esos tejidos olvidados para conocer su composición química y evaluar su valor como alimentos vegetales.

El estudio: medir lo que nunca se había medido

El trabajo evaluó tres partes de la planta: raíces (HR), hojas jóvenes (YHL) y microgreens (HMG) de una variedad industrial de bajo THC (HAN NE). Los investigadores cultivaron las plantas en un sistema hidropónico controlado y analizaron su contenido de proteínas, lípidos, carbohidratos, vitaminas, minerales, aminoácidos, cannabinoides, terpenos y metales pesados.

También midieron la expresión de genes clave del metabolismo canabinoide, como THCAS y CBDAS, para comprobar si las hojas y brotes jóvenes eran capaces de sintetizar pequeñas cantidades de THC y CBD, algo hasta ese momento poco documentado.

Resultados: proteínas, vitaminas y aceites saludables

Los hallazgos fueron llamativos. Las hojas y microgreens mostraron altos niveles de proteínas (42–46% del peso seco), valores comparables o superiores a los de vegetales tradicionales como la espinaca o el kale. También se destacaron por su perfil de aminoácidos esenciales: lisina, leucina, valina y treonina, todas necesarias para el funcionamiento celular y la regeneración muscular.

En cuanto a lípidos, los microgreens concentraron más ácidos grasos poliinsaturados omega-3, omega-6 y omega-9, componentes que favorecían la salud cardiovascular y reducían la inflamación. En promedio, el 20% de sus grasas eran ácidos omega-3, una proporción más alta que la observada en la mayoría de las hojas comestibles.

Las hojas jóvenes, por su parte, mostraron una excelente densidad mineral: calcio, fósforo, potasio, magnesio, hierro y zinc, junto con una elevada cantidad de vitamina B1 (tiamina) y vitamina E (alfa-tocoferol), reconocida por su función antioxidante. Los investigadores estimaron que una porción de 85 gramos podía aportar hasta el 40% del calcio y más del 30% del magnesio diario recomendado, además de cubrir con creces las necesidades de vitamina B1.

Polifenoles y antioxidantes: defensa natural

El estudio también detectó una presencia significativa de polifenoles y taninos, compuestos vegetales con capacidad antioxidante y antiinflamatoria. Los brotes jóvenes presentaron la mayor concentración, seguidos por las hojas. Aunque los taninos podían reducir la absorción de algunos minerales, también se asociaban a beneficios metabólicos y cardiovasculares.

Los autores subrayaron que, a diferencia del té o el café, las hojas de cáñamo no contenían cafeína, por lo que podían aprovecharse para preparar infusiones saludables o bebidas funcionales sin efectos estimulantes.

¿Y los cannabinoides? Mínimos y no psicoactivos

El punto sensible fue determinar si estos tejidos acumulaban THC, el principal compuesto psicoactivo. Los análisis mostraron que las hojas y microgreens contenían niveles muy bajos de cannabinoides totales (menos del 0,02% del peso fresco), con predominio del CBD, que no producía efectos psicoactivos.

Los genes asociados a la síntesis de cannabinoides estaban activos en las hojas y brotes, pero no en las raíces. Eso confirmó que el metabolismo estaba presente, aunque a una escala ínfima. Según Singh, “las concentraciones detectadas fueron nutricionalmente irrelevantes y no representaron ningún riesgo para el consumidor”.

Las raíces: un potencial diferente

Las raíces, si bien mostraron baja proteína y grasa, contuvieron cantidades apreciables de vitamina B3 (niacina), asociada a efectos antioxidantes y neuroprotectores. Además, pudieron aprovecharse como ingrediente para infusiones o sustitutos de café, una tradición ya documentada en otras culturas.

El único inconveniente hallado fue la acumulación de arsénico procedente del material de cultivo (arcilla expandida), lo que advirtió sobre la necesidad de controles rigurosos en la producción comercial. Sin embargo, los autores remarcaron que el problema no provenía de la planta en sí, sino del medio utilizado.

Más allá de la semilla: el futuro de los alimentos de cáñamo

Hasta ese momento, las regulaciones australianas y de muchos otros países solo permitían el consumo humano de semillas de cáñamo y sus derivados. Este trabajo amplió el horizonte: las hojas y microgreens de cannabis industrial podían sumarse a la lista de “superalimentos verdes”, junto con la espirulina, el kale o la quinoa.

Su combinación de alta proteína vegetal, grasas saludables y micronutrientes esenciales los posicionó como un recurso atractivo en contextos de dietas veganas, sustentabilidad agrícola y seguridad alimentaria. Además, su cultivo rápido y de bajo impacto ambiental encajaba con los principios de la agricultura regenerativa.

Un desafío para las regulaciones

El obstáculo principal fue ajustar los límites legales de THC y CBD en estos nuevos alimentos. En Australia, la normativa vigente solo permitía 0,0005% de THC y 0,0075% de CBD en productos comestibles de cáñamo, valores que algunos tejidos vegetales podían superar levemente.

Los investigadores propusieron seleccionar variedades con mínima producción de cannabinoides y establecer estándares específicos para hojas y brotes, tal como ya ocurría con las semillas. En paralelo, señalaron que se necesitaban más estudios sobre biodisponibilidad y seguridad a largo plazo.

Una oportunidad para la nutrición del futuro

Lejos del imaginario recreativo, el cannabis volvió a sus raíces agrícolas: una planta versátil, nutritiva y sostenible. Singh y su equipo concluyeron que “las hojas y microgreens de cáñamo podían ofrecer una fuente segura de proteínas, aminoácidos esenciales, vitaminas y minerales”, con un perfil nutricional comparable o superior al de otras verduras de hoja.

El desafío, indicaron, sería integrar la evidencia científica en las políticas alimentarias para que estas partes de la planta pudieran llegar a la mesa de los consumidores. Si eso sucedía, el cáñamo podía pasar de símbolo prohibido a aliado nutricional del siglo XXI.