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Cannabis.com.ar: la primera página web sobre cannabis de Argentina

Mucho antes de que el mundo digital se integrara definitivamente en nuestras vidas diarias, Internet era un espacio misterioso, al que se accedía mediante tecnologías que hoy parecen rudimentarias y que, estadísticamente, tenía un alcance microscópico comparado con la cobertura actual. Esta es la historia de cannabis.com.ar, la primera página de internet de Argentina y la lucha legal que enfrentó su creador, Leonardo Vita.

Tan poco difundido como internet, el autocultivo también comenzaba a despuntar en el país. Muchos de esos intentos eran con semillas de prensado o a veces importadas clandestinamente por gente que viajaba.

“En el 97 nos trajeron unas semillas de una chica que venía de Barcelona. Vivía en una casa okupa, y eran unas semillas F2. Y bueno, ahí empezamos a cultivar”, cuenta Leonardo, casi tres décadas después.

Ese primer cultivo fue tan precario como formativo. No había manuales locales, ni foros, ni experiencias cercanas de las que aprender. “Yo me equivoqué, maté una hembra pensando que era macho. Mi hermano, que después fue ingeniero agrónomo, me dijo ‘no, boludo, era la otra’. Por suerte no las maté todas”, recuerda entre risas.

Pero el verdadero problema no era solo la inexperiencia. Era la información.

Internet llega a la facultad y aparece el vacío

En paralelo a esos primeros intentos de cultivo, Leonardo estudiaba en la Facultad de Ciencias Económicas. Allí tenía acceso a algo que todavía era un privilegio: una hora diaria de internet en el gabinete de computación.

“Eran computadoras viejas, con monitor blanco y negro. Te anotabas, entrabas y tenías una hora. Empezamos a ver las primeras páginas web en el 97, 98. Todo con dial up”, recuerda.

Fanático de la informática desde chico, con pasado en la Commodore y los BBS, enseguida empezó a buscar información sobre cannabis. Lo que encontró fue frustrante. “Había páginas yankees, de Holanda, algunas de España. Pero todo estaba pensado para el hemisferio norte. Entonces la gente acá plantaba en marzo o abril y se le morían las plantas”, explica.

Ese error se repetía una y otra vez. Manuales correctos, pero en el contexto equivocado. “Ahí me cayó la ficha: hacía falta una página en castellano, con datos del hemisferio sur”, dice.

Leonardo hoy, 20 años después de ser procesado por apología del delito al subir la primera página de internet sobre cannabis en Argentina.

Cannabis.com.ar: el nacimiento de una web pionera

La idea tomó forma rápidamente. El 19 de noviembre de 1998, desde el Ministerio de Economía, donde Leonardo trabajaba como becario, subió los primeros archivos a un servidor gratuito de California. “La lancé desde FreeServer. Nadie entendía mucho qué hacía con la computadora, así que la subía tranquilo desde ahí”, cuenta.

También tuvo una intuición clave: registrar dominios. “Tenía marihuana.com.ar, cannabis.com.ar y un montón más. En esa época registrabas todo lo que se te ocurría”, recuerda.

La página creció rápido. Muy rápido. “Llegamos a tener mil visitas diarias. Hoy parece poco, pero en ese momento era un montón. No había tantas páginas .com.ar”, explica. El objetivo nunca fue comercial. “La hice solamente con el interés de informar, de difundir”, insiste.

Foro, semillas y una idea peligrosa

Además de los textos, la web incorporó un foro. Ese espacio se volvió central. Allí se intercambiaban experiencias, consejos y, con el tiempo, semillas. “Se empezó a correr la bola de que se podía cultivar. Que no era solo prensado”, dice.

La idea era simple, pero disruptiva. “Una planta grande te podía dar 300 gramos. Con eso, si eras cuidadoso, tenías para diez meses”, explica Leonardo. En un contexto donde la única opción era comprar en el mercado ilegal, esa información empezaba a resultar peligrosa.

“No era solo consumo. Era autonomía. Era que la gente entendiera que podía producir lo que consumía”, dice.

Ese mensaje, con el tiempo, empezó a molestar.

El problema no era el contenido en sí, sino el efecto. “La gente empezaba a entender que no necesitaba al narcotráfico. Que no era delito pensar distinto”.

Cuando la información se vuelve una amenaza

Para el año 2000, la página ya era conocida. Tenía visitas, foro activo y circulaba de boca en boca, por mails y por radio. En paralelo, el clima político y mediático se endurecía.

“Empezaron a tirar dardos. Revistas de derecha, periodistas muy conservadores. La página molestaba porque abría los ojos”, recuerda Leonardo. El problema, según explica, no era el contenido en sí, sino el efecto. “La gente empezaba a entender que no necesitaba al narcotráfico. Que no era delito pensar distinto”, dice.

La respuesta no tardó en llegar. La Policía Federal inició una investigación por infracción a la ley de drogas. El foco estaba puesto en algo concreto: la supuesta apología del cultivo de marihuana. “Querían acallar voces. No era yo solo. Éramos varios”, aclara Leonardo.

Entre los apuntados hubo otros nombres, algunos vinculados a la escena cultural y digital de la época. A algunos no lograron identificarlos. A otros sí. Pero el primer torpedo fue directo para él.

“Me pegaron a mí porque la página estaba registrada a mi nombre. Leonardo Vita, listo”, dice.

De divulgador a procesado

Leonardo no tenía plata para un abogado. Nunca se le había ocurrido que podía terminar procesado por una página web. “Yo pensaba que estaba informando. Jamás se me cruzó por la cabeza una causa penal”, recuerda.

Terminó en la defensoría oficial. Le dijeron que le había tocado una de las peores. “Me decían ‘esa defensoría es malísima’. Pero Gustavo Colman, el defensor, armó una defensa impresionante”, cuenta.

La estrategia fue clara: libertad de expresión.

“Yo nunca negué nada. Cuando declaré dije: sí, eso lo escribí yo. Eso es lo que pienso. Creo que la marihuana tiene que ser libre”, recuerda Leonardo.

El juez Galeano, que llevaba la causa, no esperaba esa postura. “Me dijo ‘usted sabe que eso es un delito’. Y yo le dije: si por pensar así tengo que estar preso, hágame lugar en la cárcel”, cuenta. Esa coherencia, lejos de perjudicarlo, terminó siendo clave.

Jurisprudencia, facultad y militancia silenciosa

Mientras la causa avanzaba, Leonardo seguía estudiando en Económicas. Aprovechó una optativa de Derecho Informático para investigar antecedentes.

“Busqué jurisprudencia de todos lados. Casos de la Guerra Fría, bibliotecas de Estocolmo que publicaban información sensible. Todo servía para mostrar que informar no es delito”, explica. También sumó fallos argentinos y extranjeros vinculados a cannabis. “Publicar fallos en la página les molestaba mucho. Porque no era solo opinión, era derecho”, dice.

Ese trabajo se integró a la defensa. Gustavo Colman amplió los argumentos y armó un cuerpo sólido que no hablaba solo de marihuana, sino de derechos fundamentales.

Miedo, paranoia y silencio

Pero el proceso tuvo un costo. “No fue todo color de rosa”, aclara Leonardo. Después de enterarse de que estaba procesado, empezó el miedo. “Me llamaban por teléfono a mi casa. Yo no sabía quién era. Me agarró una paranoia terrible”, recuerda.

Dejó de fumar. “Estuve casi un año sin tocar un porro. Después dos o tres años sin cannabis. No quería saber nada”, cuenta. La causa avanzaba lento. La ansiedad crecía. “No la pasé bien. Fue un tiempo muy oscuro”, dice.

El fallo que cambió todo

En 2002 llegó la resolución. Leonardo se enteró por los diarios. “La Cámara falló unánimemente. Eso fue lo que más les dolió”, recuerda.

Los jueces coincidieron en algo fundamental: publicar información sobre cannabis y cultivo no constituía delito. El fallo dejó sin efecto el procesamiento y cerró la causa. “El que me había procesado fue Galeano. Un tipo recontra facho. Y le salió todo al revés”, dice Leonardo.

El sobreseimiento no implicó festejo inmediato. “Fue alivio. Nada más. Que se termine”, resume.

Cannabis.com.ar: el precedente silencioso

Aunque en ese momento no tuvo una gran difusión pública, el caso sentó un precedente. Demostró que la censura digital tenía límites y que la libertad de expresión también aplicaba al cannabis.

“En esa época te podían meter preso por una tuca en el bolsillo”, recuerda Leonardo. “La ley decía que podías consumir, pero no tener. Era ridículo”. La contradicción era evidente. “¿Cómo consumís sin tener? ¿Cómo no comprás si no podés cultivar?”, se pregunta. Ese absurdo legal fue parte del caldo de cultivo para que, años después, el debate creciera.

La semilla que quedó

Hoy, con el autocultivo medicinal legal y una discusión social mucho más abierta, Leonardo mira para atrás con perspectiva.

“No era militancia organizada. Era necesidad. Era información”, dice.

La web ya no existe, pero su impacto sigue vivo en miles de cultivadores que, por primera vez, entendieron que podían producir su propia planta en el hemisferio sur. “Si hoy se habla de autocultivo, de derechos, de regulación, es porque alguien alguna vez se animó a decirlo”, reflexiona Leonardo.