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Cannabis medicinal y depresión resistente: qué muestra un seguimiento de dos años en el Reino Unido

La depresión mayor sigue siendo una de las principales causas de discapacidad a nivel global y, para una proporción significativa de personas, los tratamientos convencionales no alcanzan. En ese contexto, un nuevo estudio publicado en Journal of Affective Disorders investigadores del Reino Unido analizó durante dos años la evolución clínica de pacientes con depresión tratados con productos medicinales a base de cannabis.

Los resultados, basados en datos del UK Medical Cannabis Registry, muestran mejoras sostenidas en síntomas depresivos y ansiosos, calidad del sueño y calidad de vida, con una baja tasa de efectos adversos. Sin embargo, los autores son claros: se trata de evidencia observacional, que no permite establecer causalidad.

Depresión: un problema sanitario de gran escala

La depresión no es solo tristeza persistente. Se define por ánimo bajo, anhedonia, dificultades cognitivas y un impacto marcado en la vida cotidiana. Según estimaciones recientes, en 2019 los trastornos depresivos explicaron alrededor de 46 millones de años de vida ajustados por discapacidad en el mundo. Sumados a los trastornos de ansiedad, generan pérdidas económicas cercanas al billón de dólares anuales por menor productividad.

Aunque los antidepresivos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina son ampliamente utilizados, entre un 10 y un 50 por ciento de las personas no responde de manera adecuada. Incluso entre quienes responden, las tasas de remisión varían ampliamente. A esto se suman efectos adversos, demoras en el inicio del beneficio y barreras de acceso a la psicoterapia. Este escenario abre la puerta a explorar terapias complementarias o alternativas, entre ellas los cannabinoides medicinales.

Qué se sabe sobre cannabis y estado de ánimo

El sistema endocannabinoide participa en la regulación del sueño, el apetito, la respuesta al estrés, la cognición y el ánimo. Está compuesto por receptores como CB1 y CB2, endocannabinoides endógenos y enzimas que regulan su síntesis y degradación. Estudios preclínicos sugieren que su disfunción podría estar involucrada en la depresión.

Los fitocannabinoides más conocidos, el THC y el CBD, interactúan con este sistema y con otros blancos moleculares, incluidos receptores serotoninérgicos. En modelos animales, ambos mostraron efectos antidepresivos y ansiolíticos, aunque la traslación de estos hallazgos a humanos sigue siendo motivo de debate. La evidencia clínica, hasta ahora, es limitada y heterogénea.

Cómo se hizo el estudio

El trabajo utilizó datos del UK Medical Cannabis Registry, un registro clínico que recopila información pseudonimizada de pacientes tratados legalmente con cannabis medicinal en el Reino Unido. Se incluyeron adultos con diagnóstico principal de depresión, que hubieran iniciado el tratamiento al menos dos años antes del cierre del análisis y que contaran con mediciones basales.

En total, de más de 34 mil personas registradas, 698 pacientes cumplieron los criterios de inclusión. Todos habían probado previamente tratamientos farmacológicos aprobados sin obtener resultados satisfactorios.

Los investigadores analizaron cambios longitudinales en cinco herramientas de reporte por parte del paciente: el cuestionario PHQ 9 para depresión, el GAD 7 para ansiedad, una escala breve de calidad del sueño, el índice de calidad de vida EQ 5D 5L y la impresión global de cambio percibido por la persona tratada. Las evaluaciones se realizaron al inicio y a los 1, 3, 6, 12, 18 y 24 meses.

También se registraron los eventos adversos, clasificados según su gravedad.

La cohorte tuvo una edad promedio de 37 años y estuvo compuesta mayoritariamente por varones. Más de tres cuartas partes eran fumadores actuales o exfumadores, y cerca del 74 por ciento ya consumía cannabis antes de iniciar el tratamiento médico. La ansiedad fue la comorbilidad más frecuente.

Estas características, advierten los autores, describen a una población específica y no necesariamente representativa de todas las personas con depresión.

Al inicio, la forma más prescrita fue la flor seca para inhalación, seguida por aceites. Las dosis medianas de THC aumentaron de manera progresiva a lo largo del seguimiento, estabilizándose cerca de los 18 meses. El CBD mostró un incremento más moderado y alcanzó una meseta temprana.

La elección del producto y la dosis se realizó mediante decisión compartida entre paciente y médico, considerando síntomas, tolerabilidad y preferencias.

Resultados principales

Mejora sostenida de los síntomas

En comparación con la línea basal, los puntajes de depresión, ansiedad, sueño y calidad de vida mejoraron de manera significativa en todos los puntos de seguimiento, desde el primer mes hasta los dos años. Las mayores reducciones ocurrieron en los primeros tres meses, seguidas por una meseta.

A los 24 meses, más del 60 por ciento de los pacientes alcanzó una reducción clínicamente relevante en los síntomas depresivos. En ansiedad, la proporción fue aún mayor.

La ansiedad basal resultó clave. Quienes tenían síntomas más severos al inicio mostraron mayores probabilidades de experimentar mejoras clínicamente significativas, tanto en ansiedad como en calidad de vida. Esto podría reflejar, en parte, un efecto techo, ya que los puntajes altos ofrecen más margen de cambio.

Sueño y calidad de vida

La calidad del sueño también mejoró, aunque en menor medida que el ánimo y la ansiedad. Este hallazgo coincide con estudios previos que sugieren que el THC puede facilitar el inicio del sueño, pero alterar algunas fases del descanso a largo plazo.

En el índice de calidad de vida, la mayoría de las dimensiones mostró avances sostenidos, salvo la movilidad más allá del primer año.

Seguridad y efectos adversos

Solo el 9 por ciento de los pacientes reportó al menos un evento adverso durante el tratamiento. La mayoría fueron leves o moderados, siendo la fatiga y el insomnio los más frecuentes.

Las personas mayores de 50 años tuvieron mayor probabilidad de experimentar efectos adversos, al igual que quienes recibieron dosis más altas de CBD a largo plazo. Esto podría estar relacionado con cambios farmacocinéticos asociados a la edad o con interacciones metabólicas entre CBD y THC.

Qué limitaciones tuvo el estudio

Los propios autores subrayan varias limitaciones importantes. Al tratarse de un estudio observacional sin grupo control, no es posible afirmar que las mejoras se deban exclusivamente al cannabis medicinal. Factores como el efecto placebo, la expectativa del paciente, la atención médica continua o la regresión a la media pueden influir en los resultados.

Además, la cohorte estuvo compuesta en su mayoría por varones jóvenes, con experiencia previa en cannabis y que financiaron su tratamiento de manera privada, lo que introduce sesgos de selección y limita la generalización.

Tampoco se incluyeron evaluaciones clínicas objetivas ni biomarcadores, y la pérdida de participantes a lo largo del tiempo podría haber sobreestimado los beneficios.

Qué aportan estos hallazgos

A pesar de las limitaciones, el estudio aporta evidencia del mundo real sobre el uso prolongado de cannabis medicinal en personas con depresión resistente a tratamientos convencionales. Los datos sugieren que, en un contexto médico supervisado, estos productos pueden asociarse con mejoras sostenidas del ánimo, la ansiedad y la calidad de vida, con un perfil de seguridad relativamente favorable.

Los autores concluyen que estos resultados respaldan la necesidad de ensayos clínicos aleatorizados, que permitan determinar con mayor precisión la eficacia, las dosis óptimas y la seguridad a largo plazo de los cannabinoides en depresión, especialmente en subgrupos con alta carga ansiosa.

Mientras tanto, remarcan que su uso debería limitarse a personas que no respondieron a terapias aprobadas y siempre bajo supervisión profesional.