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@Hemp Gazette

Cannabis y vino: un estudio mostró que el cáñamo puede ser cultivo de cobertura en viñedos

El uso de cultivos de cobertura es una práctica cada vez más extendida en viñedos de todo el mundo. Su objetivo principal es mejorar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad y reducir problemas estructurales como la compactación. Un estudio realizado en Nueva Zelanda exploró una alternativa poco habitual pero prometedora: el cannabis como cultivo de cobertura en viñedos de Sauvignon blanc.

Los resultados, tras tres años de ensayos a campo, muestran que el cáñamo no solo es viable, sino que puede aportar beneficios agronómicos, ambientales y hasta enológicos, sin generar efectos negativos sobre la vid.

El trabajo fue desarrollado en viñedos comerciales de Marlborough, la principal región vitivinícola de Nueva Zelanda. El objetivo fue evaluar si el cáñamo podía convivir con las vides sin competir por agua y nutrientes, mejorar el suelo en profundidad y, eventualmente, ofrecer un segundo ingreso económico para los productores.

Por qué pensar el cáñamo como cultivo de cobertura

Los cultivos de cobertura tradicionales, como gramíneas o leguminosas, aportan múltiples servicios ecosistémicos. Sin embargo, rara vez generan un retorno económico directo, ya que se siembran exclusivamente para ser incorporados al suelo. El cáñamo industrial introduce una lógica diferente: además de cumplir funciones similares, puede cosecharse antes de la vendimia para producir fibra o semilla comercializable.

Desde el punto de vista agricultural, el cáñamo presenta una ventaja clave: su sistema radicular profundo, capaz de explorar capas del suelo a mayor profundidad que la mayoría de los cultivos de cobertura habituales. Estudios previos ya habían demostrado que las raíces del cáñamo pueden superar el metro de profundidad, lo que abre la puerta a una mayor incorporación de carbono en el perfil del suelo y a la descompactación de zonas afectadas por el tránsito de maquinaria.

¿Cómo se hizo el ensayo?

El estudio se llevó adelante durante tres temporadas consecutivas, entre 2019 y 2022, en viñedos de la variedad Sauvignon blanc injertados sobre distintos portainjertos. Se utilizó un diseño experimental con parcelas comparativas: en algunas hileras se sembró cáñamo industrial, mientras que en otras se dejó la vegetación espontánea como control.

El cáñamo se sembró en el centro de la entrehilera, sin riego suplementario ni fertilización específica, incluso en temporadas particularmente secas.

A lo largo del ciclo se evaluaron múltiples variables: nutrición de la vid mediante análisis de pecíolos, estado hídrico, desarrollo del dosel, peso de uvas, rendimiento, sanidad de los racimos y características del suelo a distintas profundidades. Además, en una de las campañas se elaboraron vinos por separado para analizar posibles efectos sobre la fermentación y la calidad final.

Resultados en la vid: sin competencia, sin pérdidas

Uno de los principales temores al introducir un cultivo vigoroso en el viñedo es la competencia por agua y nutrientes. Sin embargo, los datos del estudio no mostraron diferencias significativas entre las vides con cáñamo y las de control en términos de crecimiento, rendimiento o estado hídrico.

Las mediciones de potencial hídrico del tallo, realizadas en distintos momentos del ciclo, indicaron que las vides no estuvieron más estresadas cuando crecían junto al cáñamo. Del mismo modo, no se registraron caídas en el número de racimos, el peso por planta ni el rendimiento total por hectárea. En algunas cosechas, incluso, las uvas provenientes de parcelas con cáñamo fueron ligeramente más grandes, aunque no siempre de forma estadísticamente significativa.

En cuanto a la nutrición mineral, los análisis de pecíolos mostraron perfiles muy similares entre tratamientos. La única diferencia consistente fue un leve aumento de sodio en las vides asociadas al cáñamo, sin que esto se tradujera en efectos negativos sobre la planta o el fruto.

Impacto en el suelo: más carbono en profundidad

Donde sí aparecieron diferencias claras fue en el suelo. Los perfiles excavados al final de las campañas mostraron que las parcelas con cáñamo tendían a presentar mayor contenido de materia orgánica y carbono total, especialmente entre los 40 y 80 centímetros de profundidad. Este dato es relevante, ya que la mayoría de los cultivos de cobertura aportan carbono principalmente en los primeros centímetros del suelo.

El desarrollo de raíces profundas y verticales permitió que el cáñamo colonizara zonas compactadas, como las huellas de los tractores, donde otras especies apenas logran establecerse. Este efecto de “bioperforación” puede contribuir, a largo plazo, a mejorar la estructura del suelo, la infiltración de agua y la actividad microbiana.

Si bien también se observaron algunos cambios en parámetros como pH, magnesio o capacidad de intercambio catiónico en profundidad, estos no tuvieron correlato en problemas nutricionales de la vid, lo que sugiere que el sistema puede mantenerse equilibrado bajo manejo adecuado.

Biodiversidad y microbiología: un efecto inesperado

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio surgió del análisis microbiológico de los mostos en la cosecha 2019. Las uvas provenientes de sectores con cáñamo presentaron una mayor diversidad de levaduras nativas en comparación con las parcelas control. Durante las fermentaciones espontáneas, esta diversidad se mantuvo por más tiempo, con una presencia destacada de levaduras no Saccharomyces.

Según la bibliografía enológica, este tipo de microorganismos puede aportar mayor complejidad aromática y sensorial al vino cuando se manejan adecuadamente. En línea con esto, el equipo de bodega evaluó el vino obtenido de las parcelas con cáñamo como de mejor calidad sensorial que el vino control, al punto de considerarlo apto para una línea de mayor jerarquía.

Es importante aclarar que este resultado corresponde a una experiencia puntual y que no se repitió en campañas posteriores por limitaciones logísticas. Aun así, abre una línea de investigación interesante sobre la relación entre biodiversidad vegetal, microbiología del viñedo y expresión del vino.

Cannabinoides: ¿qué pasa con la uva?

Otro aspecto clave que abordó el estudio fue la posibilidad de que compuestos del cáñamo, como THC o CBD, llegaran a la uva. Para despejar esta duda, se analizaron mostos de Sauvignon blanc cultivado junto a cáñamo en busca de cannabinoides. El resultado fue claro: no se detectaron estos compuestos en el jugo de uva.

Los autores señalan, no obstante, que en vinos tintos, donde las pieles permanecen en contacto con el mosto durante la fermentación, sería prudente realizar estudios específicos antes de recomendar esta práctica de forma generalizada.

Una alternativa con potencial para la vitivinicultura

En conjunto, los resultados indican que el cáñamo industrial puede funcionar como un cultivo de cobertura eficaz en viñedos irrigados, sin comprometer el rendimiento ni la calidad de la uva. Su capacidad para mejorar el suelo en profundidad, tolerar condiciones secas y ofrecer un posible ingreso adicional lo convierten en una opción atractiva para productores que buscan sistemas más diversificados y resilientes.

Si bien se requieren más estudios, especialmente en otras regiones y variedades, la experiencia de Nueva Zelanda sugiere que integrar cáñamo en el viñedo no solo es posible, sino que puede ser una herramienta valiosa dentro de un enfoque de viticultura regenerativa.