Un estudio publicado en diciembre de 2025 en la revista científica Frontiers in Pharmacology volvió a poner al cannabis en el centro del debate oncológico. Investigadores de universidades de Tailandia y China analizaron los efectos del CBD, el THC y su uso combinado sobre células de cáncer de ovario en laboratorio. Los resultados mostraron una reducción marcada del crecimiento tumoral, especialmente cuando ambos cannabinoides se usaron juntos.
El trabajo no propone una cura ni habilita tratamientos clínicos inmediatos, pero sí aporta evidencia mecanística sólida sobre cómo estos compuestos podrían interferir en vías celulares clave asociadas al desarrollo y la progresión del cáncer de ovario. Entender qué encontraron, cómo lo hicieron y cuáles son los límites de estos resultados es clave para evitar interpretaciones exageradas.
Por qué el cáncer de ovario sigue siendo un desafío
El cáncer de ovario es una de las neoplasias ginecológicas más letales. A nivel global, se diagnostican cerca de 300 mil casos por año y provoca más de 180 mil muertes. Su alta mortalidad se explica, en gran parte, porque suele detectarse en estadios avanzados: los síntomas iniciales son inespecíficos y fácilmente confundibles con otros cuadros abdominales.
El tratamiento estándar combina cirugía y quimioterapia basada en compuestos de platino como el cisplatino o el carboplatino. Aunque muchas pacientes responden inicialmente, la resistencia a los fármacos, los efectos adversos y la recurrencia tumoral siguen siendo problemas frecuentes. En ese contexto, la búsqueda de terapias complementarias o estrategias que potencien los tratamientos existentes es una línea activa de investigación.
Cannabinoides y cáncer: qué se sabía hasta ahora
Diversos estudios previos habían mostrado que los cannabinoides pueden afectar procesos clave en células tumorales, como la proliferación, la apoptosis y la angiogénesis. El CBD y el THC, principal responsable de los efectos psicoactivos del cannabis, demostraron acciones antitumorales en modelos de cáncer de mama, próstata, pulmón y cerebro.
Sin embargo, la mayoría de esas investigaciones se realizaron en tipos de cáncer no ginecológicos. Además, había pocos datos sobre el uso combinado de CBD y THC y sobre los mecanismos moleculares específicos involucrados, especialmente en cáncer de ovario.
Cómo se hizo el estudio
El trabajo evaluó los efectos del CBD, el THC y una combinación equimolar de ambos sobre dos líneas celulares humanas de cáncer de ovario: A2780, sensible a quimioterapia con platino, y SKOV3, conocida por su resistencia. También se incluyó una línea de células ováricas no tumorales para comparar toxicidad.
Las células fueron tratadas durante 24, 48 y 72 horas con distintas concentraciones de cannabinoides. Los investigadores midieron viabilidad celular, capacidad de formar colonias, migración e invasión, apoptosis, ciclo celular, producción de especies reactivas de oxígeno y cambios en proteínas clave de señalización celular.
Es importante remarcar que se trata de un estudio in vitro. Esto significa que los experimentos se realizaron en placas de laboratorio, no en animales ni en personas.
Resultados clave: menos crecimiento tumoral y más muerte celular
Tanto el CBD como el THC redujeron la viabilidad de las células cancerosas de manera dependiente de la dosis. Las concentraciones necesarias para afectar a las células tumorales fueron considerablemente más bajas que las requeridas para dañar las células no tumorales, lo que sugiere un cierto grado de selectividad.
El hallazgo más relevante apareció cuando ambos compuestos se usaron en conjunto. La combinación CBD:THC mostró un efecto sinérgico: logró mayor reducción del crecimiento tumoral que cada cannabinoide por separado, incluso usando dosis más bajas.
Además, el tratamiento combinado aumentó de forma significativa la apoptosis, es decir, la muerte celular programada. Este mecanismo es central en oncología porque permite eliminar células dañadas sin generar inflamación, a diferencia de la necrosis.
Bloqueo del ciclo celular y menor capacidad de invasión
Otro resultado importante fue el bloqueo del ciclo celular. Las células tratadas con CBD y THC, especialmente en combinación, quedaron detenidas en la fase G0/G1, lo que impide que se dividan y proliferen.
El estudio también mostró una reducción marcada en la migración y la invasión celular, dos procesos fundamentales para la metástasis. En términos simples, las células cancerosas tratadas perdieron parte de su capacidad para desplazarse e invadir otros tejidos.
El rol de la vía PI3K/AKT/mTOR y el gen PTEN
Para entender por qué ocurrían estos efectos, los investigadores analizaron una de las rutas de señalización más importantes en cáncer: la vía PI3K/AKT/mTOR. Esta cascada molecular suele estar hiperactivada en cáncer de ovario y favorece la supervivencia, el crecimiento y la resistencia a tratamientos.
La combinación de CBD y THC redujo de forma marcada la activación de esta vía. No disminuyó la cantidad total de proteínas, pero sí su forma activa, que depende de procesos de fosforilación.
Al mismo tiempo, se observó una reactivación de PTEN, un gen supresor tumoral que actúa como freno natural de la vía PI3K/AKT/mTOR. En muchos cánceres, PTEN está inactivado o funciona de manera deficiente. Restaurar su actividad es un objetivo terapéutico de alto interés.
Estrés oxidativo y mitocondrias
El tratamiento combinado también alteró el funcionamiento de las mitocondrias, las centrales energéticas de la célula. Se detectó una pérdida del potencial de membrana mitocondrial y un aumento significativo de especies reactivas de oxígeno.
En células cancerosas, este aumento del estrés oxidativo puede empujar al sistema más allá de su capacidad de defensa, activando mecanismos de muerte celular. En las células no tumorales, estos efectos fueron mucho más leves.
Qué significan estos resultados y cuáles son sus límites
El estudio aporta evidencia experimental sólida de que el CBD y el THC, en combinación, pueden interferir en procesos clave del cáncer de ovario a nivel celular. Sin embargo, los propios autores subrayan varias limitaciones.
Primero, los resultados provienen de modelos in vitro. No se puede asumir que los mismos efectos ocurran en el cuerpo humano, donde influyen factores como metabolismo, biodisponibilidad, sistema inmune y dosis alcanzables en sangre.
Segundo, no se evaluaron aspectos farmacocinéticos ni de seguridad a largo plazo. Las concentraciones utilizadas en laboratorio no siempre son comparables con las que se logran mediante consumo medicinal.
Por último, el estudio no propone reemplazar tratamientos oncológicos existentes. En el mejor de los casos, estos hallazgos abren la puerta a investigar el uso de cannabinoides como terapias complementarias, siempre bajo control médico y en ensayos clínicos.

