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semillas de cannabis medicinal

Científicos desarrollan una técnica “verde” para extraer proteínas y antioxidantes de semillas de cáñamo

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Mientras el cannabis continúa expandiendo sus aplicaciones en sectores tan diversos como la medicina, la construcción o los bioplásticos, la industria alimentaria también empieza a mirar con mayor atención uno de sus recursos más prometedores: las semillas de cáñamo.

Ricas en proteínas, fibra, ácidos grasos esenciales y compuestos antioxidantes, las semillas de Cannabis sativa vienen ganando protagonismo dentro del mercado de alimentos funcionales. Sin embargo, uno de los principales desafíos sigue siendo cómo recuperar esos compuestos de forma eficiente, económica y sustentable.

Un nuevo estudio publicado en la revista científica Foods exploró precisamente esa cuestión. El trabajo analizó una tecnología de extracción considerada “verde” que permitió recuperar simultáneamente proteínas y polifenoles antioxidantes utilizando únicamente agua, energía de microondas y condiciones controladas de temperatura y presión.

Los resultados sugieren que el método podría convertirse en una alternativa interesante para producir ingredientes funcionales destinados a la industria alimentaria, reduciendo al mismo tiempo el uso de solventes químicos y el impacto ambiental de los procesos tradicionales.

El potencial oculto de las semillas de cáñamo

Aunque gran parte de la atención suele concentrarse en los cannabinoides, las semillas de cáñamo poseen un valor nutricional propio que viene despertando cada vez más interés.

Su composición incluye proteínas de buena calidad biológica, ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6, fibra dietaria y una amplia variedad de compuestos fenólicos con actividad antioxidante.

Por eso, en los últimos años comenzaron a incorporarse en bebidas vegetales, suplementos nutricionales, alimentos enriquecidos y distintos productos funcionales.

El problema es que extraer y concentrar esos componentes de manera eficiente no siempre resulta sencillo.

Muchos métodos convencionales requieren solventes químicos, largos tiempos de procesamiento y un elevado consumo energético. Como consecuencia, distintos grupos científicos buscan alternativas más sustentables capaces de mantener la calidad nutricional de los compuestos recuperados.

Agua caliente y microondas: cómo funciona la técnica

La investigación se centró en una tecnología conocida como extracción asistida por microondas y agua subcrítica, o MA-SWE por sus siglas en inglés. Aunque el nombre suene complejo, el principio es relativamente simple.

El sistema utiliza agua sometida a altas temperaturas y presiones controladas, combinada con energía de microondas. En esas condiciones, el agua modifica parte de sus propiedades químicas y adquiere una capacidad de extracción similar a la de algunos solventes orgánicos utilizados habitualmente en la industria.

La diferencia es que el proceso evita gran parte de los químicos convencionales y genera menos residuos. Además, permite reducir significativamente los tiempos de extracción. Según los autores, estas características convierten a la técnica en una alternativa atractiva dentro de las estrategias de procesamiento sustentable de materias primas vegetales.

Temperatura: la clave del proceso

Para evaluar el rendimiento de la tecnología, los investigadores trabajaron con semillas de cáñamo previamente desgrasadas y molidas.

Luego analizaron distintas combinaciones de temperatura, tiempo de procesamiento y proporción entre agua y materia prima.

El objetivo era optimizar simultáneamente cuatro variables: el rendimiento total de extracción, la recuperación de proteínas, la concentración de proteínas en el extracto final y el contenido de compuestos fenólicos antioxidantes. Los resultados mostraron que la temperatura fue, por lejos, el factor más importante.

El contenido fenólico total varió entre 2,06 y 6,57 gramos equivalentes de ácido gálico por cada 100 gramos de extracto, alcanzando los valores más altos cuando el proceso se realizó a 180 °C.

Según el análisis estadístico, la influencia de la temperatura fue entre tres y cinco veces superior a la observada para el resto de las variables estudiadas.

Los investigadores atribuyen este efecto a una mayor ruptura de las estructuras vegetales, lo que facilitaría la liberación de compuestos fenólicos previamente atrapados dentro de las paredes celulares.

Dos caminos posibles: máximo rendimiento o máxima sustentabilidad

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo fue que los autores identificaron dos estrategias diferentes de procesamiento.

La primera, denominada MAPPY, fue diseñada para maximizar la recuperación de proteínas y antioxidantes. La segunda estrategia, llamada OEC, priorizó la reducción del consumo energético y de agua. Aunque el método MAPPY logró rendimientos superiores, los investigadores consideran que la estrategia OEC podría resultar especialmente interesante desde una perspectiva industrial debido a su menor impacto ambiental.

Qué rendimiento lograron

Los resultados obtenidos bajo las condiciones MAPPY fueron particularmente elevados.

El rendimiento total alcanzó casi el 38% de la materia seca inicial. La recuperación de proteínas llegó al 62,8%, mientras que la concentración proteica dentro del extracto final alcanzó el 48,9%. Por su parte, el contenido de compuestos fenólicos superó los 7 gramos equivalentes de ácido gálico por cada 100 gramos de extracto, cifras que los autores destacan como superiores a varios métodos reportados previamente en la literatura científica.

La estrategia OEC mostró valores más moderados, aunque todavía relevantes para aplicaciones potenciales en alimentos funcionales.

Más que proteínas

El estudio no se limitó a medir cuánto material podía recuperarse. También analizó propiedades funcionales clave para la industria alimentaria, entre ellas la capacidad emulsificante, la formación de espuma, la estabilidad de espuma y la retención de aceite.

Estas características son especialmente importantes porque determinan cómo se comporta un ingrediente dentro de productos como bebidas vegetales, sustitutos lácteos, suplementos proteicos o alimentos procesados.

Los extractos obtenidos mostraron propiedades comparables a las observadas en algunos aislados proteicos vegetales utilizados actualmente por la industria.

Cómo cambian las proteínas durante el proceso

Uno de los hallazgos más interesantes es que las condiciones de temperatura y presión no sólo extraen proteínas: también modifican parcialmente su estructura.

Las altas temperaturas pueden provocar procesos de desnaturalización, desplegamiento molecular y formación de complejos entre proteínas y polifenoles.

Lejos de ser necesariamente un problema, estos cambios podrían mejorar determinadas propiedades tecnológicas, especialmente aquellas relacionadas con la emulsificación y la formación de espuma.

Los autores consideran que futuras investigaciones deberán profundizar en estos mecanismos mediante estudios proteómicos y metabolómicos más detallados.

El cáñamo y el futuro de las proteínas vegetales

La investigación se suma a una tendencia que atraviesa actualmente a toda la industria alimentaria: la búsqueda de nuevas fuentes de proteínas vegetales capaces de complementar o reemplazar parcialmente a las proteínas de origen animal. En ese escenario, el cáñamo aparece como una materia prima particularmente atractiva.

Además de aportar proteínas de buena calidad nutricional, también contiene compuestos antioxidantes y otros metabolitos de interés para el desarrollo de ingredientes funcionales y nutracéuticos.

Para los investigadores, tecnologías como la extracción asistida por microondas y agua subcrítica podrían ayudar a aprovechar mejor el potencial de esta planta y favorecer modelos productivos más sustentables.

Un estudio prometedor, pero todavía experimental

A pesar de los resultados alentadores, los propios autores reconocen que el trabajo presenta limitaciones importantes.

Todos los experimentos se realizaron a escala de laboratorio y todavía es necesario evaluar cómo respondería el sistema en condiciones industriales.

También quedan preguntas abiertas sobre estabilidad a largo plazo, comportamiento dentro de formulaciones alimentarias complejas y posibles compuestos generados durante los tratamientos térmicos intensivos.

Sin embargo, el estudio aporta evidencia interesante sobre una tendencia que parece consolidarse año tras año: el cannabis ya no es visto únicamente como una fuente de cannabinoides.

Cada vez más investigaciones exploran su potencial como proveedor de proteínas, antioxidantes, fibras, biomateriales y otros ingredientes capaces de integrarse a una bioeconomía más eficiente y sustentable.

En ese camino, las semillas de cáñamo podrían tener mucho más para ofrecer de lo que imaginábamos.