Un nuevo estudio canadiense sugiere que mezclar cannabis con tabaco podría alterar el equilibrio químico del cerebro y aumentar los niveles de ansiedad y depresión. La investigación, liderada por la Universidad McGill, encontró diferencias moleculares claras entre las personas que usan solo cannabis y aquellas que combinan ambas sustancias, una práctica muy común entre los usuarios jóvenes.
Los resultados apuntan a un posible mecanismo biológico detrás del mayor malestar emocional y la dificultad para dejar de usar que suelen reportar quienes fuman cannabis mezclado con tabaco.
Un hallazgo clave sobre el vínculo entre cannabis, tabaco y ansiedad
El estudio, publicado en Drug and Alcohol Dependence Reports, fue encabezado por Rachel Rabin, investigadora del Douglas Research Centre de McGill. Según explicó, se trata de la primera evidencia en humanos que sugiere cómo el uso conjunto de cannabis y tabaco podría generar efectos negativos sobre el estado de ánimo.
“Este hallazgo ayuda a entender por qué las personas que combinan cannabis y tabaco tienen más síntomas de ansiedad y depresión, y por qué les cuesta más dejar el uso de tabaco”, indicó Rabin.
El descubrimiento abre una línea de investigación prometedora para desarrollar futuros tratamientos farmacológicos destinados a quienes padecen trastorno por uso de cannabis, especialmente entre quienes también fuman. Hasta el momento, los abordajes disponibles se limitan a terapias conductuales, como la consejería o el acompañamiento psicológico.
El papel de la anandamida
El trabajo se centró en el endocannabinoide anandamida, conocido como la “molécula de la felicidad” por su influencia en el placer, la motivación y la regulación del estrés.
A través de escáneres cerebrales PET, los investigadores observaron que las personas que usaban cannabis junto con tabaco tenían niveles más altos de una enzima llamada FAAH, responsable de degradar la anandamida.
Cuando el cuerpo produce más FAAH, la cantidad de anandamida disponible disminuye. Esa reducción se ha asociado previamente con mayor vulnerabilidad a la ansiedad, la depresión y las recaídas durante intentos de dejar el uso de tabaco.
En otras palabras, fumar cannabis con tabaco podría debilitar el sistema endocannabinoide natural, el conjunto de receptores y moléculas que ayuda al cerebro a mantener la calma y el equilibrio emocional.
Una práctica extendida, pero poco comprendida
Una parte de las personas que usan cannabis en el mundo lo hacen mezclándolo con tabaco, ya sea en forma de cigarrillo o “porro mixto”. Aunque esta costumbre es socialmente aceptada, los nuevos datos indican que podría tener consecuencias más profundas de lo que se pensaba.
En el estudio, los científicos analizaron 13 jóvenes adultos. Ocho fumaban solo cannabis (un promedio de poco más de un gramo diario), mientras que cinco combinaban cannabis con cigarrillos, fumando entre uno y doce por día.
El grupo que mezclaba ambas sustancias mostró niveles significativamente más altos de FAAH, lo que se traduce en menor disponibilidad de anandamida y, por ende, más probabilidad de ansiedad o depresión.
¿Es el tabaco, el cannabis o es la mezcla?
Los autores aclaran que, dado que los datos provenían de un estudio previo, no se incluyó un grupo que solo fumara tabaco. Por eso, no puede descartarse que el tabaco por sí mismo sea responsable de parte de los cambios observados.
Aun así, Rabin y su equipo creen que los resultados apuntan a una interacción sinérgica entre ambas sustancias. El tabaco podría potenciar la degradación de anandamida, amplificando los efectos del cannabis sobre el sistema nervioso y dificultando la autorregulación emocional.
Esta hipótesis coincide con observaciones clínicas: las personas que combinan cannabis y tabaco tienden a mostrar mayor irritabilidad, ansiedad y síntomas depresivos durante los períodos de abstinencia, en comparación con quienes usan cannabis solo.
Implicancias para la salud mental y la prevención
El estudio aporta una base neurobiológica a una observación conocida desde hace años en el campo de la salud mental: quienes fuman cannabis con tabaco presentan tasas más altas de ansiedad, depresión y dependencia.
Los hallazgos refuerzan la necesidad de promover formas de uso sin tabaco, como vaporizadores o aceites, y de fortalecer los programas de acompañamiento psicológico enfocados en la reducción de daños.
Además, las campañas de prevención podrían incorporar información sobre cómo la combinación de tabaco y cannabis aumenta la vulnerabilidad a la ansiedad, en lugar de centrarse únicamente en los riesgos respiratorios o de dependencia.
Nuevas líneas de investigación
El equipo ya está reclutando participantes para un nuevo estudio que evaluará si el aumento de FAAH se produce también en quienes fuman cigarrillos o vapean nicotina sin usar cannabis.
Si los resultados confirman que el tabaco por sí solo eleva los niveles de FAAH, eso indicaría que su efecto sobre el sistema endocannabinoide es independiente. Pero si los cambios solo aparecen cuando ambas sustancias se combinan, se confirmaría que existe una interacción biológica específica entre cannabis y tabaco.
En cualquiera de los casos, los investigadores creen que entender estos mecanismos podría abrir la puerta a nuevos medicamentos que modulen el sistema endocannabinoide y ayuden a reducir la ansiedad o prevenir las recaídas.
El estudio ofrece una explicación concreta a un fenómeno observado hace tiempo: las personas que fuman cannabis y tabaco al mismo tiempo tienden a sentir más ansiedad, más irritabilidad y más dificultad para controlar el uso.
El aumento de la enzima FAAH y la reducción de anandamida podrían ser las piezas clave que faltaban para entender por qué. Aunque los resultados son preliminares y se necesitan muestras más grandes, la evidencia apunta en una dirección clara: el tabaco no solo potencia el hábito de fumar, sino también los efectos emocionales del cannabis.
Evitar combinar ambas sustancias podría ser una medida simple, pero poderosa, para proteger la salud mental y mejorar el bienestar de quienes usan cannabis. Y para quienes ya enfrentan ansiedad o dependencia, buscar apoyo profesional sigue siendo la mejor estrategia.

