Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

¿Cómo funcionan los coffeshops en Holanda? Detalles de la primera regulación del cannabis de uso adulto

Desde la década de 1970, en Holanda se permite el uso adulto de cannabis pero también la venta al público mayor de 18 años en establecimientos llamados comunmente «coffeeshops». ¿Cómo funciona esta regulación? ¿Cuantos coffeeshops hay en Holanda? Un informe anual explica todos los detalles.

La última edición del informe Coffeeshop Monitor 2024, elaborada por el instituto Breuer & Intraval para el Ministerio de Justicia y Seguridad de los Países Bajos, ofrece una radiografía precisa del modelo holandés de tolerancia al cannabis. El estudio, que se publica desde 1999, muestra un escenario de estabilidad en el número de locales, pero también evidencia cambios en la forma en que las ciudades gestionan y controlan su existencia.

Al cierre de 2024, el país contaba con 563 coffeeshops tolerados distribuidos en 103 de las 342 municipalidades. De ellos, 556 estaban operativos al momento del relevamiento. Aunque el número total se mantiene prácticamente estable desde hace una década, el informe destaca un dato simbólico: por primera vez desde 2010, una nueva ciudad incorporó oficialmente un coffeeshop autorizado.

Coffeeshops en Holanda: Un modelo estable pero con ajustes

El sistema holandés de tolerancia al cannabis, que está vigente desde los años 70, se caracteriza por permitir la venta minorista en estos locales bajo estrictas condiciones. La estabilidad actual confirma que, pese a las presiones políticas y sociales, el modelo sigue siendo funcional.

Según el estudio, el 66 % de los coffeeshops permiten el uso en el lugar, aunque sin mezclar cannabis con tabaco, mientras que el 26 % funcionan exclusivamente como puntos de venta para llevar. Esta transición hacia la venta “take away” se aceleró desde 2021, tras la prohibición de los espacios para fumar en interiores, lo que modificó la dinámica social de los coffeeshops: menos espacios de uso colectivo, más ventas rápidas.

Políticas municipales y control local

La política de tolerancia holandesa no es uniforme. Cada municipio tiene autonomía para decidir si permite o no la presencia de coffeeshops. A fines de 2024, 233 municipalidades (68%) mantenían una política de tolerancia cero, es decir, no permiten locales de cannabis, mientras que solo 103 los autorizan y 6 no tienen una postura oficial.

De las ciudades que sí los permiten, el 99 % fija un número máximo de locales. Diez funcionan por debajo de ese tope y tres lo superan. En algunos casos se establecen acuerdos regionales para coordinar políticas y aplicar el llamado “criterio I”, que restringe la venta únicamente a residentes holandeses, una medida pensada para frenar el turismo cannábico.

El informe también destaca la aplicación creciente de la Ley Bibob, que autoriza a las municipalidades a evaluar la integridad de quienes solicitan licencias para evitar infiltraciones criminales. En 2024, el 47 % de las ciudades con coffeeshops aplicaron esta herramienta, una cifra que muestra la preocupación por mantener el mercado legal alejado del crimen organizado.

Criterios de tolerancia: las reglas del juego

Los coffeeshops holandeses funcionan bajo los criterios nacionales AHOJGI, un conjunto de normas que marcan los límites del modelo:

  • A: no hacer publicidad

  • H: no vender drogas duras

  • O: no generar molestias públicas

  • J: no admitir menores de 18 años

  • G: no vender más de 5 gramos por persona

  • I: venta exclusiva a residentes holandeses

Además, cada local debe mantener un stock máximo de 500 gramos. Aunque casi todas las municipalidades incluyen oficialmente estas reglas, el criterio de residencia (I) es el menos controlado: solo el 2 % de los municipios lo fiscalizan activamente.

En cuanto a la aplicación de sanciones, el 85 % de las municipalidades dispone de marcos formales de penalización. Generalmente se sigue un sistema progresivo: advertencia, cierre temporal y, en casos graves o reincidentes, cierre definitivo o retiro de licencia. Las infracciones más severas —como la venta de drogas duras o a menores— suelen derivar en clausuras inmediatas.

Entre 2023 y 2024 se registraron 38 infracciones en 15 ciudades, la mayoría por superar el límite de stock permitido. De esas sanciones, seis fueron advertencias, nueve cierres temporales y una clausura permanente (que luego fue revocada por los tribunales). Frente a esto, varios operadores reclaman que se eleve el tope de 500 a 1000 gramos, argumentando que el límite actual no se ajusta a la demanda real.

Influencias externas y cambios en el horizonte

El informe también analiza factores externos que están influyendo en la política local.

Uno de los más relevantes es la prohibición de los espacios para fumadores en 2021, que transformó a los coffeeshops en simples puntos de venta en 13 municipios, reduciendo su rol como espacios de uso controlado.

Otro punto de inflexión es el proyecto piloto de cadena de suministro cerrada, que busca regular la producción y el abastecimiento legal de cannabis a los coffeeshops. Este experimento, en marcha en 22 municipalidades, generó debates políticos y ajustes en las regulaciones locales, como nuevas reglas de licencias y controles.

También impacta la legalización parcial del cannabis en Alemania (2024), que llevó a siete municipios fronterizos holandeses a reconsiderar sus políticas. Tres de ellos ya están monitoreando el flujo de visitantes alemanes o revisando la distribución de locales para evitar desequilibrios.

Finalmente, el informe señala un cambio de paradigma en materia de licencias y derechos de explotación. Por primera vez, las municipalidades fueron consultadas sobre reformas al sistema de permisos, y un 31 % planea introducir mecanismos más transparentes, como sorteos o sistemas por puntaje, para asignar licencias que hoy son muy limitadas y valiosas.

Un modelo que busca equilibrio

El panorama general es el de un sistema estable pero en evolución cautelosa. Desde 2017, el número de coffeeshops permanece casi inalterado, lo que sugiere que los Países Bajos lograron consolidar un equilibrio entre control estatal y tolerancia social. Sin embargo, las presiones externas, como los cambios legislativos en Alemania o la regulación interna del suministro, anticipan ajustes profundos en los próximos años.

Por ahora, el modelo de coffeeshops en Holanda sigue siendo un experimento único en el mundo: un espacio donde la venta de cannabis es tolerada, aunque no legal, y donde los municipios tienen un papel clave en su gestión. El reto inmediato será mantener la coherencia del sistema en un contexto europeo que se mueve hacia la legalización parcial y el control estatal del mercado.