Aunque hoy existan otras opciones, la forma más común de usar cannabis sigue siendo fumar la flor. Sin embargo, la investigación científica sobre qué factores influyen en la “calidad del humo” es sorprendentemente escasa. Por eso, un grupo de investigadores realizó un estudio pionero para analizar cómo la humedad del cogollo afecta la composición química y la experiencia al fumar. ¿Qué nivel de humedad deberian tener las flores?
El estudio, publicado en Cannabis Science and Technology este año, analizó diferentes muestras con niveles de humedad distintos y evaluó principalmente los niveles de aW, un parámetro que define la cantidad de agua disponible para reaccionar químicamente (oxidar o interactuar con la combustíón) o alojar posibilidades de permitir el crecimiento de microorganismos.
En términos técnicos, aW es la relación entre la presión de vapor del agua en un producto y la del agua pura a la misma temperatura (aW = P / P₀). Su valor va de 0 a 1:
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0 significa completamente seco (sin agua disponible).
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1 equivale al agua pura (100 % disponible).
En el caso del cannabis, esa medida afecta directamente la estabilidad química, la conservación, el sabor y la forma en que el porro se quema.
En el estudio, los científicos probaron tres niveles distintos de actividad de agua (aW) , una medida que indica cuánta agua libre contiene el material vegetal: 0,45 (muy seco) 0,65 (equilibrado) y 0,85 (demasiado húmedo). A simple vista, esto podría parecer un detalle técnico. Pero detrás de esos números hay un tema que todo cultivador conoce: la humedad define cómo quema un porro.
Qué encontraron: el punto justo está en 0.65 aW
Los resultados fueron claros: los cogollos con 0.65 aW rindieron mejor tanto en terpenos como en cannabinoides, sin sacrificar potencia ni aroma.
El equipo usó una máquina de combustión adaptada del protocolo de Health Canada (la misma que se usa para estudiar cigarrillos de tabaco) y midió la composición química del humo, el color de la ceniza y la percepción sensorial de usuarios reales y expertos certificados cómo budtenders.
Las flores con 0.65 aW tuvieron el mayor contenido de terpenos y una entrega de cannabinoides similar a la de los cogollos más secos (0.45 aW). Por otro lado, las muestras con 0.85 aW, en cambio, mostraron una caída drástica en cannabinoides y terpenos, además de riesgo de crecimiento microbiano.
Desde el punto de vista sensorial, los panelistas describieron el humo del 0.65 aW como más suave y menos irritante, y su ceniza más clara, lo que coincide con lo que muchos usuarios asocian con “porros limpios”.
Ciencia del humo: cómo influye la humedad en la combustión
El estudio explica que la actividad de agua no es lo mismo que el contenido de humedad total. Mientras que la humedad indica cuánta agua hay en peso, la aW mide cuánta está disponible para reacciones químicas y microbiológicas. En otras palabras, controla cómo se quema el material y cómo se liberan los compuestos activos.
A niveles bajos (0.45 aW), el porro se seca tanto que la combustión se acelera, lo que puede aumentar la irritación y hacer que los terpenos se degraden antes de llegar al humo. A niveles altos (0.85 aW), el exceso de agua enfría la quema y atrapa cannabinoides, reduciendo la potencia.
El equilibrio, como confirmaron los datos, está en torno a 0.65 aW, donde el humo se genera de forma uniforme, los terpenos se volatilizan sin destruirse y la combustión es más completa.
Ceniza blanca, mito o indicador de calidad
El color de la ceniza, que desde hace años divide opiniones entre cultivadores, también fue objeto de medición científica. El equipo pidió a los participantes que evaluaran el color de la ceniza con una escala de tonos del 1 (blanca) al 6 (negra).
Los resultados mostraron que las flores con 0.65 aW tendían a producir ceniza más clara que las de 0.45 aW, lo que sugiere que la humedad también influye en la quema completa del material vegetal.
Sin embargo, los autores aclaran que el color no depende sólo del “lavado” o de las sales, como suele creerse en la comunidad, sino también de la temperatura de combustión y del contenido mineral del cultivo. En las muestras analizadas, la ceniza de cannabis tenía más azufre y fósforo que la de tabaco, probablemente por el uso de fertilizantes con alto contenido de estos elementos.
El humo y la química: terpenos, cannabinoides y elementos traza
En los análisis químicos, el cannabinoide dominante fue CBD (ya que el estudio se realizó con una variedad de cáñamo llamada FunDip), acompañado de CBG, CBC y THC en menor proporción.
Los terpenos más abundantes fueron mirceno, alfa-pineno, beta-cariofileno y limoneno, con concentraciones máximas en los pre-rolls con 0.65 aW. Esto confirma que una humedad óptima conserva mejor los compuestos volátiles responsables del aroma y del sabor.
Por otro lado, la ceniza fue examinada por espectroscopía (ICP), encontrando diferencias mínimas entre los grupos, salvo un mayor nivel de calcio en los cogollos más húmedos. El estudio sugiere que los elementos presentes en la ceniza dependen sobre todo del manejo del suelo y de la nutrición de la planta, más que del proceso de combustión.
El humo y el cuerpo: irritación y suavidad
Más allá de los números, lo interesante del estudio fue el componente humano. Los investigadores encuestaron a más de 300 personas, entre usuarios habituales y expertos, para evaluar la “fumabilidad” de los porros.
Los datos mostraron una diferencia estadísticamente significativa: los porros secos (0.45 aW) fueron percibidos como más irritantes. Por otro lado, los equilibrados (0.65 aW) fueron calificados como más suaves y agradables.
La diferencia puede parecer sutil, pero ayuda a entender por qué un mismo cogollo puede sentirse áspero o sedoso según cómo se haya curado y conservado. El exceso de sequedad puede generar más calor y partículas finas, mientras que una humedad equilibrada facilita una combustión más pareja y menos agresiva para las vías respiratorias.

