Si estamos cultivando o vamos a cultivar en suelo vivo, es importante saber que no se fertiliza de la manera en que fertilizamos normalmente otros sustratos. Para ser más adecuados, al suelo vivo hay que alimentarlo.
La nutrición en este tipo de sistemas difiere del método convencional, que implica el suministro diario o semanal de fertilizantes, ya que no solo debemos encargarnos de alimentar las plantas de cannabis, sino también de asegurar el suministros para toda la cadena trófica que se encarga de mantener nuestro equilibrio productivo.
Las enmiendas sólidas serán nuestro mayor aliado, pues permiten la liberación lenta y constante conforme los riegos van realizándose, por lo que exigen la presencia constante de microorganismos que sean eficientes para esta tarea. Dadas estas razones y requisitos, la forma en la que recomendamos fertilizar es mediante el uso de top mulch, es decir una fina capa sobre la superficie, que posterior a cada aplicación cubriremos con mulching.
Tipos de abonos para suelo vivo
Buenos abonos sólidos son las harinas, como por ejemplo la de pescado, que recomendamos usarla a razón de 20 gramos por metro cuadrado de superficie, realizando aplicaciones cada 45 días. La misma suerte corre para aquellos guanos en pellets o granulados, que suelen venir diferenciados entre vegetativo y flora.
Es importante espaciar las aplicaciones, ya que las variaciones climáticas pueden conducir a liberaciones repentinas de nutrientes. Si administramos mal los fertilizantes es posible que sobrefertilicemos y, bajo estas circunstancias, el lavado de raíces no es una opción debido a las condiciones de equilibrio del sistema.
Para regular la liberación usamos de forma frecuente fermentos que sean capaces de proveer y reponer aquellas formas de vida que la planta favorece en su desarrollo, como lo es el FPJ de cannabis o aquellos productos que directamente contengan microorganismos liofilizados, que son los que conservan la formas de vida viables por más tiempo.
Es importante recordar que con estas prácticas no solo estamos haciéndonos cargo de la parte nutricional, sino que a su vez nos encargamos de la protección frente a plagas. En ese sentido, se valoran especialmente aquellos preparados que incluyen bacterias ácido-lácticas, así como micorrizas y trichodermas, clásicos adherentes de los planes de fertirriego, por lo que pueden servirnos si ya los tenemos de métodos anteriores.

