En los últimos años, la censura de contenidos relacionados al cannabis se transformó en una constante en Redes Sociales. Cuentas suspendidas por días, semanas y meses. Perfiles eliminados de forma permanente. Todo conforma un escenario preocupante tanto para la libertad de expresión como para el derecho a la información.
En sus inicios, las redes sociales se lanzaron como plataformas virtuales para «disminuir las distancias» entre amigos, familiares o vínculos de la vida real como ex-compañeros de colegio o trabajo.
Lo cierto es que revolucionaron la vida digital. Y en el frenesí del algoritmo, esa presencia invisible que descarga información a nuestra pantalla, lo que parece accidental no lo es. Cómo en la vida real, también existe un poder que determina qué se puede y qué no.
Lo singular de la censura 2.0 es que no se callan las voces: simplemente se empieza por bajarles el volumen. El algoritmo construye un iceberg donde solo flota lo que cosecha mayor cantidad de likes en menor cantidad de segundos.
Los contenidos que no rinden, pero también aquellos que están creados para informar o debatir sobre temas como los derechos humanos, la sexualidad o las drogas se hunden bajo la superficie.
Y, sin que se lo pidas, el algoritmo va a hacer todo lo posible para evitar que los choques sin querer.
Censura en redes sociales: masticados por el algoritmo
«Trabajo con redes sociales y también las uso como una herramienta para mi trabajo», cuenta Cristian Borgo, conocido en redes como Cris Roots, creador de contenido informativo sobre autocultivo y uso responsable de cannabis.
«Tengo tres cuentas principales porque me las fueron bajando todas y tengo cuentas de mis proyectos y la mía personal», explica.
Cris usa las redes como parte de su vida laboral. «La cuenta que más uso para trabajar es la principal, donde subo todo mi contenido de forma gratuita. A veces hago publicidades con marcas, siempre dentro de un marco informativo y educativo, para poder seguir generando contenido gratuito», detalla.

Su caso es particular, dado que ante la suspensión sistemática de su cuenta, decidió iniciar acciones legales contra Meta, la empresa dueña de Instagram.
El resultado, luego de conseguir ponerse en contacto con personas que estuvieron dispuestas a escuchar su caso, fue existoso y logró que su cuenta fuera reestablecida.
Sin embargo, tal como ocurre con los fallos judiciales, el fallo de Meta a favor de Cris no cambió las denominadas «leyes comunitarias» que regulan esa red social.
«Sinceramente, no siento que pueda hacer cosas que otras cuentas no puedan hacer. De hecho, después de eso me bajaron la cuenta varias veces más, me la inhabilitaron temporalmente en varias ocasiones. Siempre fue restablecida, pero bueno, ese es el estado actual», explica Cris.
Si bien el cambio de fondo no se produjo, al menos su cuenta al día de hoy sigue activa y generando contenidos.
También contra ONGs: el caso de Mamá Cultiva Argentina
La censura de la información sobre cannabis en redes es casi una ironía. Más si tenemos si tenemos en cuenta que hace unos 30 o 40 años internet fue la herramienta que hizo explotar el autocultivo en todo el mundo.
La hiperconectividad expandió el conocimiento sobre la planta en una plataforma donde el anonimato prevalecía y permitía sortear la persecución penal.
Gracias a los intercambios digitales, se pudo eludir el discurso instalado por el prohibicionismo y multiplicar el activismo. Eran tiempos donde la única huella que importaba era la que tenemos en los dedos.

Sorteando peligros y paranoias, en la red se formaron los primeros grupos de contención y pertenencia, espacios seguros donde intercambiar información, obtener el consejo de pares en situaciones similares y hasta organizarse para salir a conquistar espacios reales.
Valeria Salech es una de las fundadoras de Mamá Cultiva Argentina (MCA), una ONG que nuclea y acompaña madres y familias de niños y niñas que utilizan cannabis medicinal para tratar distintas patologías.
Fundada en 2016, MCA se convirtió en uno de los pilares del activismo cannábico y es reconocida por ser parte de los actores fundamentales en las regulaciones como la ley de cannabis medicinal 27.350.
A pesar de su importancia y el reconocimiento social que poseen, también sufrieron la censura en redes sociales.
«Las redes sociales de Mamá Cultiva Argentina visibilizan nuestras acciones sociales, especialmente la lucha por el cannabis y una ley de drogas más justa. También amplifican otras causas con las que estamos comprometidas, como el movimiento feminista, los derechos de personas con discapacidad, jubiladas y la comunidad LGTB+», explica Salech.
Por otra parte las redes de Mamá Cultiva son clave para compartir las actividades educativas y terapéuticas del Club Mamá Cultiva, y para difundir la producción de productos naturales de autocuidado, parte de una propuesta de salud integral y accesible.
Según cuenta Salech, hicieron múltiples reclamos ante Meta y, si bien recibieron respuesta, nunca encontraron soluciones concretas: el proceso se vuelve un círculo interminable de acciones sin resultado.
«Se aferran a sus políticas y, una vez aplicada una sanción, no hay vuelta atrás ni posibilidad de diálogo. Solo brindan recomendaciones genéricas para el futuro, es prácticamente como hablar con un chatbot automatizado: todo esto genera frustración y un gran desgaste», asegura Salech.
Respecto al motivo de la censura, en su caso Salech es categórica: «creemos que se trata de decisiones políticas por parte de la compañía Meta, alineadas con posiciones conservadoras».
Para Salech no son restricciones genéricas sino que, estén o no automatizadas, son fruto de una posición ideológica. Y agrega: «es una postura que afecta especialmente a quienes promovemos el acceso libre e informado al cannabis».
«Normas comunitarias»: ¿un eufemismo para la censura en redes sociales?
A partir de la puesta en marcha del REPROCANN y la posibilidad de registrar variedades de cannabis para su venta legal, surgieron en Argentina varios emprendimientos dedicados a crear, fitomejorar y hacer disponibles al público distintas genéticas adaptadas al clima local.
Se trata de los famosos «bancos de semillas» y justamente en nuestro país se generó un clima de vanguardia, donde usuarios y usuarias registradas pueden acceder, por ahora a semillas de cannabis con trazabilidad absoluta y aprobadas por el Estado.
«Nosotros en las redes mostramos nuestro trabajo, las plantas con las que hacemos semillas, hacemos vivos, difundimos información», cuenta Facundo Meligene del banco Sweed Lab. «Nos bajaron la primera cuenta de Instagram con 13 mil seguidores, la segunda con 22 mil y la última ya tenía más de 35 mil seguidores», resume.
Meligene asegura que las sucesivas «bajadas» de las sus cuentas a un banco de semillas lo golpean en un punto muy sensible: su credibilidad. «La gente que te sigue piensa por qué desaparecés«, aclara.
Justamente, uno de los grandes problemas del cannabis es que la ilegalidad generó mercados ilegales, sin controles. La regulación argentina, aunque parcial, ayuda a ordenar ese escenario, generar un marco de seguridad. Pero las políticas de la empresas que son propietarias de las redes sociales no suelen tener eso en cuenta.
«También nos perjudica a la hora de hacer alianzas con otras marcas, por que no es lo mismo una cuenta con 2 mil seguidores que con 35 mil», agrega.
En el caso de las semillas de cannabis, las flores o los productos con cannabinoides, las empresas directoras de las redes sociales se amparan en las «Normas comunitarias» que impiden la promoción o venta de artículos ilegales o regulados.
Es un concepto un poco amplio, porque también pueden encontrarse cuentas oficiales y publicidades de bebidas alcohólicas o armerías y empresas de armas de fuego, que también están bastante regulados tanto en Argentina como en muchos estados de Estados Unidos.
«A comienzos de este año, coincidentemente con el cambio de la administración en los Estados Unidos y el recrudecimiento en las restricciones de las políticas comunitarias de Meta, comenzamos a sufrir el baneo de ciertas publicaciones, la mayoría de los casos sin poder encontrar razones o argumentos consistentes», cuenta Nicolás Rodríguez de 1439 Criadores a THC.
«No solo porque en nuestro caso comercializamos un catálogo que está completamente regulado por las normas de nuestro país y no hay razones para que una publicación vulnere los lineamientos de Meta y otras no, sino porque incluso nos han baneado publicaciones en las que siquiera había algo alusivo a la planta», detalla.
Sobre cuánto afectan las limitaciones en redes a la industria y al desarrollo de un emprendimiento cannábico, Rodríguez deja en claro que la base de la que se parte siempre es el prejuicio. «No poder contar con las redes, no solo como plataforma de comercialización, sino también de difusión o divulgación, restringe nuestras posibilidades», explica.
«Además, las dificultades que tenemos nosotros, también la tienen las marcas que se ocupan de intermediar entre nosotros y el público final, así que sin duda es un problema», agrega.
Del chiste al baneo hay un corto trecho
Nahuel Suglia, conocido en el ambiente cannábico como Doña Huana, es un referente del humor espontáneo. El también experimentó la pérdida de una cuenta en Instagram aún con un número importante de seguidores. Para el algoritmo, no importa a cuánta gente le importa tu trabajo.
«En Instagram tuve una que anduvo bastante bien, que tuvo 275 mil seguidores. Esa no me la van a devolver más», nos cuenta Nahuel.
Antes de darla por perdida, tuvo tres instancias de negociación con abogados en Argentina. Le siguieron dos exhortos en Estados Unidos. «Al segundo, me dijeron que no me la iban a devolver más».
De momento, con su nueva cuenta no tuvo problemas y ya alcanzó el mismo nivel de seguidores que en la que que perdió.
Su caso deja en evidencia que, sobre la temática cannábica, ni siquiera se pueden hacer chistes. Pero hay diferencias. «Limitación con YouTube prácticamente no hay. Con Instagram sí. La verdad, es que vos estás en la casa de alguien que no le gusta que vos nombres al porro, nombres ninguna cosa similar al porro ni hagas nada con el porro. Entonces, vos elegís», sostiene Nahuel.
«Si vos querés entrar en esa casa y mostrar el porro, sabes que ahora capaz que no tenés problema, pero en cuanto te empieza a ver mucha gente vas a tener problemas, es inevitable, no hay otra», asegura.
@dona.huana
Recuperar internet: ¿se puede eludir la censura?
El panorama, tanto en Argentina como en el resto del mundo, es poco alentador: el contenido cannábico está en constante escrutinio a medida que avanzan las tecnologías y la aplicación de IAs para identificar y catalogar posteos o público.
En breve la plataforma de videos YouTube comenzará a aplicar mundialmente un sistema que está actualmente en evaluación en Estados Unidos que usa inteligencia artificial para determinar la edad del usuario o usuaria y adecuar el contenido.
Es cuestión de tiempo para que se sucedan dos escenarios posibles: se abre el debate y se permite el contenido claramente informativo o el algoritmo se perfecciona aún más para limitar por completo el alcance de los contenidos más controversiales.
En el medio el usuario atosigado con los contenidos que, disfrazados de «pensados para vos», bombardean constantemente nuestras pequeñas pantallas.
Pero las plantas crecen fuera de los servidores y las manos llenas de tierra afectan el correcto desempeño de nuestros dispositivos móviles. No quiere decir que cultivar y scrollear sean totalmente incompatibles, pero el noble arte de producir nuestras propias flores nos recuerda que no se puede transmitir un aroma por internet.
«En nuestro caso apostamos mucho a la fidelización de una comunidad que confía en nuestro trabajo, que muchas veces asiste a eventos o actividades para poder interactuar personalmente con nosotros y recomendamos siempre, fundamentalmente para los que recién comienzan, que elijan tiendas especializadas que los puedan acompañar a lo largo de todo el ciclo. Es decir, apostamos a la comunicación analógica», concluye Nicolás Rodriguez del banco 1439.
¿Conquistará el cannabis las redes sociales, como hizo alguna vez pasando del rincón del patio a la mesa familiar?

