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El FICC 2026 celebró su sexta edición en Buenos Aires y ya tiene ganadores

Del 2 al 9 de marzo se realizó en la ciudad de Buenos Aires la sexta edición del FICC, un encuentro que sigue consolidándose como uno de los espacios audiovisuales más importantes dedicados a la cultura cannábica a nivel internacional. Con una programación diversa, jurados especializados y producciones de distintos continentes, el festival volvió a demostrar que el cine puede ser una herramienta potente para pensar la planta desde múltiples miradas: sociales, políticas, culturales e íntimas.

La edición 2026 reunió cortometrajes y largometrajes documentales y de ficción en competencia internacional, con realizadores y realizadoras de América Latina, Estados Unidos, Europa y Oceanía. Además de los premios principales, se otorgaron menciones especiales y reconocimientos técnicos que destacaron la calidad artística de las obras seleccionadas.

En esta edición, el festival también entregó un reconocimiento especial a la cineasta coreana Lee Soojung por su compromiso con narrativas críticas, su aporte al cine documental independiente y su valentía al visibilizar temas que desafían normas y prejuicios culturales, reafirmando el espíritu del FICC de impulsar miradas incómodas y transformadoras.

A continuación, el detalle de las películas premiadas en cada categoría.

Competencia Internacional de Cortometrajes

El jurado integrado por Layla Waltenberg, Mariano Escobar y Guillermina Ferraris evaluó una selección de obras que abordaron el universo del cannabis desde perspectivas narrativas y estéticas diversas.

La Mención de Honor fue para De Ponta a Ponta: Como Nasce o Prensado, del director brasileño Matías Maxx. El jurado destacó que el cortometraje pone el foco en una realidad poco representada: el proceso de producción del cannabis prensado. Desde una mirada crítica, la obra cuestiona el prohibicionismo al presentar este circuito como un síntoma directo de la ilegalidad, desmitificando creencias instaladas y exponiendo sus consecuencias en la salud de las personas usuarias. Además, subrayaron que la película logra humanizar a quienes participan del eslabón final de la cadena del narcotráfico sin caer en estereotipos ni romantización, evidenciando también las desigualdades económicas que condicionan el acceso al uso.

El Primer Premio fue otorgado a Entre tantas malas, del realizador ecuatoriano Miguel Trujillo. Entre los trabajos seleccionados, el jurado reconoció en esta obra una solidez narrativa destacada y una calidad cinematográfica lograda en el marco de una producción independiente. A través de un arco ficcional preciso, el film retrata con sensibilidad la experiencia de personas usuarias obligadas a vincularse con el mercado ilegal, generando empatía e identificación con sus protagonistas. También valoraron su abordaje educativo, humorístico y sutil, que amplía el alcance del relato hacia públicos no familiarizados con la temática cannábica e invita a reflexionar sobre uso, ilegalidad y contexto social.

Competencia Internacional de Largometrajes Documentales

El jurado conformado por Emilio Ruchansky, Dalila Tealdi y Rapha Erichsen evaluó producciones que abordaron el cannabis desde enfoques históricos, políticos y culturales.

La Mención de Honor fue para Cheech and Chong’s Last Movie, dirigida por David Bushell. El jurado celebró el resultado de este documental sobre el icónico dúo cómico Cheech Marin y Tommy Chong, figuras centrales de la contracultura de los años 70 y 80 en torno al uso adulto del cannabis en Estados Unidos.

Más allá del sólido trabajo de archivo y el despliegue de producción, destacaron que el largometraje logra explicar las tensiones políticas y raciales detrás del humor cannábico, aportando a la memoria colectiva y a la convivencia democrática.

El Primer Premio fue para Presente Continuo, del director argentino Ulises Rosell. Entre los largometrajes preseleccionados, el jurado encontró en esta obra una propuesta que sobresale por su calidad técnica y su formato intimista. Centrado en la vida cotidiana de un joven diagnosticado con autismo y su familia, especialmente su madre, el documental convierte la sensibilidad y la sencillez en sofisticación estética. El uso del cannabis terapéutico aparece de manera sutil pero significativa, mientras la película también expone los reclamos de personas con discapacidad y sus familiares frente al maltrato y los recortes presupuestarios en Argentina.

El jurado destacó su ética de representación, alejada del sensacionalismo y confiada en la dignidad de sus protagonistas.

«Presente continuo» de Ulises Rosell

Competencia Internacional de Largometrajes de Ficción

La sección de ficción contó con un jurado integrado por Noe Ugalde, Mariah Benaglia y Cote Romero.

La primera Mención de Honor fue para Grassland, dirigida por William Bermudez y Sam Friedman. El jurado destacó este drama social centrado en la tenencia de marihuana en Estados Unidos y en un sistema punitivista atravesado por el racismo y la xenofobia. La historia de una inmigrante argentina que cría sola a su hijo y cultiva en su casa dialoga con debates actuales en la región sobre derechos conquistados y retrocesos recientes. Por su aporte a la reflexión colectiva sobre libertades y desigualdades, recibió la mención por unanimidad.

La segunda Mención de Honor fue para The Weed Eaters, del director Callum Devlin. El jurado subrayó la originalidad de una propuesta que fusiona cultura cannábica y cine de horror con humor irreverente. Al llevar el clásico “bajón” a una consecuencia extrema, la película construye un universo visceral que rinde homenaje a las convenciones del género y crea un mundo provocador dentro del cine independiente.

El Primer Premio fue para La Bachata de Biónico, del realizador dominicano Yoel Morales. El jurado decidió premiarla por su honestidad visceral y su lenguaje cinematográfico disruptivo. Destacaron su capacidad para retratar la cultura del uso de drogas desde una perspectiva profundamente humana, lejos de sermones moralistas y del estigma social. Su propuesta de falso documental y realismo marginal captura la psicodelia y el ritmo frenético de las calles de Santo Domingo con una energía visual coherente y potente, conectando con el deseo universal de amor y redención de su protagonista.

Reconocimientos especiales y premios técnicos

El Premio EDA al Mejor Montaje, otorgado por la Asociación Argentina de Editores Audiovisuales y cuyo jurado estuvo integrado por Diego Croci y Gustavo Macri, también tuvo un papel destacado.

En este marco, Grassland recibió una mención especial por un montaje clásico y preciso que dosifica la información, convierte lo cotidiano en amenaza y construye una tensión íntima y persistente donde cada silencio y cada mirada adquieren peso dramático.

El Premio EDA al Mejor Montaje fue para La Bachata de Biónico, reconocido por un montaje posmoderno, arriesgado y certero que convierte la fragmentación en lenguaje. Con cortes abruptos y elipsis que acompañan la mente y el cuerpo del protagonista, el ritmo irregular construye una experiencia sensorial que desestabiliza al espectador y define la identidad del film.

Por su parte, el Premio a la exhibición otorgado por Sala Lúcida, un espacio dedicado a la experimentación en el cruce entre cine, artes escénicas, música, ciencia y tecnologías expandidas, fue para Presente Continuo. El acta destacó la coherencia profunda entre forma y mirada, su ética de representación y su aporte al cine contemporáneo al expandir los límites del documental hacia un territorio híbrido de sensibilidad y rigor.

El FICC, una plataforma en expansión

A lo largo de sus seis ediciones, el FICC ha logrado consolidar un espacio de circulación y legitimación para producciones que durante años quedaron al margen de los grandes circuitos audiovisuales. En un contexto de transformaciones regulatorias y culturales en torno al cannabis, el festival funciona como plataforma de debate y como vidriera para narrativas que interpelan prejuicios y amplían la conversación pública.

La diversidad geográfica de las películas premiadas en 2026 confirma el carácter internacional del encuentro y la vitalidad de una cinematografía que cruza activismo, memoria, ficción y experimentación.

Quienes quieran revivir parte de la programación podrán hacerlo a través de OctubreTV, donde se podrá acceder a contenidos vinculados al festival.

Con una convocatoria en crecimiento y una identidad cada vez más definida, el FICC reafirma su lugar como punto de encuentro entre cine, cultura y cannabis en América Latina.