Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Estados Unidos: la policía convocó a usuarios de cannabis para un experimento y llenaron las vacantes en horas

En Ocean City, Maryland, la policía local anunció que necesitaba unos cuantos voluntarios para un entrenamiento de reconocimiento de conductores bajo los efectos del cannabis. Lo que no esperaban era la respuesta masiva del público: en apenas siete horas, la convocatoria superó todas las expectativas y la fuerza tuvo que cerrar las inscripciones.

El objetivo del programa era claro: reclutar entre 12 y 14 personas dispuestas a usar cannabis en un entorno controlado para que los agentes aprendan a identificar personas que están bajo los efectos del cannabis. Como incentivo adicional, los participantes recibirían un almuerzo gratuito cortesía de la Oficina de Seguridad Vial del estado de Maryland.

¿Qué experimento quiere hacer la policía con cannabis?

El ejercicio formaba parte del Maryland Highway Safety Office (MHSO) Zero Deaths DUI Conference, una conferencia anual sobre seguridad vial en la que participan distintas fuerzas y especialistas. La iniciativa fue organizada junto a Cannabis Green Lab, una entidad que colabora habitualmente con las fuerzas de seguridad para capacitar en la detección de conductores bajo los efectos del cannabis.

“El Green Lab ayuda tanto a los oficiales como a los participantes a comprender mejor los efectos y niveles de afectamiento que causa el cannabis, todo en un entorno seguro y controlado”, explicó el Departamento de Policía de Ocean City (OCPD) en el anuncio oficial publicado en Facebook.

El entrenamiento, según la policía, tiene fines exclusivamente educativos y busca reducir los errores en la detección de conductores presuntamente bajo los efectos del cannabis. En Maryland, como en la mayoría de los estados de Estados Unidos, conducir bajo los efectos del cannabis sigue siendo ilegal, incluso en aquellos que ya legalizaron el uso recreativo.

“Traé tu propio porro” (y te damos el almuerzo)

Uno de los detalles más curiosos del programa es que los voluntarios deben llevar su propio cannabis, que usarán antes del ejercicio de conducción supervisada. La policía aclaró que proveerá transporte de regreso a casa para evitar cualquier riesgo o infracción posterior al entrenamiento.

“Vamos a tener unos 40 oficiales en formación participando, así que es una excelente oportunidad para entrenar a la próxima generación de policías de manera segura y responsable”, indicó el OCPD.

La propuesta generó tanta curiosidad que el anuncio en redes sociales acumuló miles de comentarios en pocas horas, entre bromas, memes y solicitudes serias de participación. Ante la “respuesta abrumadora”, la fuerza comunicó el mismo día que ya no aceptarían más inscripciones.

Cannabis y conducción: un debate abierto

Desde la legalización del uso adulto en Maryland, en julio de 2023, el debate sobre cómo medir la conducción bajo los efectos del cannabis sigue abierto. A diferencia del alcohol, no existe un consenso científico sobre un umbral de THC que indique deterioro seguro o peligroso, lo que complica la aplicación de las leyes de tránsito.

Estudios recientes demostraron que la concentración de THC en sangre no siempre se correlaciona con el nivel real de afectación cognitiva o motora. Por eso, los entrenamientos como el Green Lab buscan mejorar la observación y el juicio de los oficiales, más allá de las mediciones químicas.

Cambios en las políticas policiales

La rápida respuesta del público a esta convocatoria también refleja un cambio cultural más amplio en la relación entre cannabis y fuerzas de seguridad. En 2023, el gobernador Wes Moore, del Partido Demócrata, permitió que entrara en vigor una ley que prohíbe a la policía realizar registros basados únicamente en el olor o posesión de cannabis, un paso clave para evitar abusos en el contexto de la legalización.

Además, autoridades del condado de Montgomery, el más poblado del estado, anunciaron que relajarían las políticas de uso de cannabis para aspirantes a oficiales, en un intento por aumentar la cantidad de reclutas en medio de una escasez de personal.

Estas medidas reflejan una tendencia nacional: según datos del Pew Research Center (2024), más del 70 % de los estadounidenses apoyan la legalización del cannabis y más del 60 % cree que su uso no debería ser motivo de sanciones laborales o policiales, salvo en casos de riesgo directo.

Entrenamiento y seguridad pública

El experimento de Ocean City no es nuevo, pero cada año atrae más atención. Los llamados “laboratorios verdes” son parte de una estrategia estatal que combina educación, ciencia y prevención. En ellos, las personas consumen cannabis bajo supervisión médica mientras los agentes practican la detección de síntomas físicos y de comportamiento: coordinación, lenguaje, pupilas, reflejos y tiempos de reacción.

Según la National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA), el objetivo de estas capacitaciones es mejorar la precisión en los arrestos y evitar que conductores sobrios sean injustamente detenidos. También ayudan a recopilar datos sobre los efectos reales del cannabis en diferentes dosis y contextos.

“Queremos que los oficiales aprendan a distinguir entre el uso responsable y un exceso peligroso”, explican los organizadores. “Eso protege tanto a los usuarios como al público en general”.

Una lección de política pública

Aunque el llamado a voluntarios generó muchas bromas en redes, con usuarios preguntando si podían repetir la experiencia o llevar postre, el trasfondo del proyecto es serio. La combinación de uso de cannabis, conducción y legalización plantea un desafío educativo y sanitario, tanto para la población como para las fuerzas de seguridad.

Programas similares se implementan en Colorado, California y Nevada, donde el uso adulto ya lleva más de una década legal. En todos los casos, la capacitación policial ha sido un componente clave para reducir tensiones y prejuicios entre usuarios y autoridades.

Más allá del anecdotario, la experiencia de Ocean City ilustra cómo la regulación del cannabis puede integrarse con políticas de seguridad vial más realistas. En lugar de criminalizar, se busca observar, registrar y entender, generando datos útiles y espacios de diálogo.