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Estudio: las dosis altas de LSD podrían ser muy efectivas para tratar la depresión

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Basilea, en Suiza, reveló que el LSD administrado en dosis altas y acompañado de terapia asistida produjo una reducción significativamente mayor de los síntomas depresivos en pacientes con trastorno depresivo mayor moderado a severo, en comparación con quienes recibieron dosis bajas del psicodélico.

El trabajo, publicado este mes en la revista Med, califica a esta sustancia como una “nueva y prometedora herramienta terapéutica” para tratar la depresión. Los beneficios de la terapia con LSD no solo fueron notables, sino que se mantuvieron durante al menos 12 semanas después de la administración del tratamiento.

Dosis y metodología del ensayo

El estudio fue aleatorizado y doble ciego, lo que significa que ni los pacientes ni los profesionales sabían qué dosis estaba recibiendo cada persona. Un grupo recibió dos sesiones con dosis altas (100 μg y 200 μg), mientras que el otro grupo recibió dos sesiones con una dosis baja de 25 μg.

Se evaluaron los síntomas depresivos en distintos momentos: antes del tratamiento (línea de base) y luego a las dos, seis y doce semanas. En total, participaron 61 personas diagnosticadas con depresión moderada a severa.

Tras los análisis, los investigadores concluyeron que quienes recibieron las dosis altas de LSD mostraron una reducción más significativa de los síntomas depresivos. Estas mejoras se mantuvieron estables hasta tres meses después del tratamiento, lo que sugiere un efecto terapéutico prolongado.

Según los autores del estudio, uno de los puntos fuertes del ensayo fue que se utilizó una muestra clínicamente representativa: personas con antecedentes diversos en cuanto a duración de la enfermedad, condiciones comórbidas y tratamientos previos. Además, destacaron el valor de haber comparado directamente el efecto de dosis altas con el de dosis bajas, y el seguimiento extendido de 12 semanas.

Los investigadores señalaron que el LSD pudo ser administrado de manera segura en el contexto controlado del estudio, sin que se reportaran eventos adversos graves. También remarcaron que, si bien el LSD tiene una duración de acción más larga que otras sustancias psicodélicas como la psilocibina, esto implica una mayor demanda de recursos clínicos (personal, tiempo y espacio terapéutico).

Sin embargo, todavía queda por investigar si esta duración extendida representa una ventaja terapéutica concreta. También se plantea la necesidad de estudiar más a fondo las diferencias entre sustancias psicodélicas como el LSD, la psilocibina o la MDMA, en términos de eficacia y potencial clínico.

Estudios con LSD: rumbo a una fase 3

Los resultados de este ensayo abren la puerta a una posible fase 3, mucho más amplia, que permitiría confirmar estos hallazgos en una muestra más grande y diversa de pacientes. Así lo expresaron los autores: “Los resultados de este estudio exploratorio respaldan la necesidad de investigar más a fondo la terapia asistida con LSD para la depresión”.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el uso de LSD en contextos terapéuticos también empieza a avanzar. El año pasado, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) otorgó al LSD el estatus de “terapia innovadora” para el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

Esta designación se concede a terapias emergentes que muestran un gran potencial clínico y busca acelerar los procesos de investigación y desarrollo, especialmente en áreas donde las opciones terapéuticas actuales son limitadas. Anteriormente, la MDMA (usada en estudios para el tratamiento del trastorno por estrés postraumático) y la psilocibina (empleada en ensayos contra la depresión y la ansiedad) también recibieron esta clasificación.

Un nuevo paradigma en salud mental

El renacimiento de la investigación con psicodélicos continúa ganando fuerza. Durante décadas, estas sustancias estuvieron asociadas exclusivamente al ámbito recreativo o prohibidas por sus efectos alteradores de la conciencia. Sin embargo, estudios recientes sugieren que, en contextos terapéuticos controlados, pueden convertirse en herramientas valiosas para abordar patologías resistentes a los tratamientos convencionales.

Aunque aún es pronto para sacar conclusiones definitivas, el nuevo estudio suizo suma evidencia al creciente cuerpo de investigaciones que postulan que sustancias como el LSD podrían revolucionar el tratamiento de la salud mental en el futuro cercano.

El desafío será integrar estos enfoques dentro de sistemas médicos establecidos, garantizar su uso seguro, y comprender mejor sus mecanismos de acción, duración de efectos y diferencias con otras sustancias psicodélicas.

Por ahora, lo cierto es que una sola sesión de LSD, en dosis altas y acompañada de una correcta guía terapéutica, podría brindar alivio sostenido a personas que luchan con una de las condiciones más prevalentes y debilitantes del mundo: la depresión.