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Estudio: las microdosis de LSD pueden aliviar la ansiedad en perros

Un nuevo estudio de caso publicado en la revista Veterinary Medicine and Science sugiere que dosis muy pequeñas de LSD podrían ayudar a reducir la ansiedad por separación en perros. El hallazgo se basa en la experiencia de una perra mestiza de 13 años, que mostró una disminución significativa en su comportamiento destructivo y en la duración de los ladridos luego de un mes de tratamiento con microdosis de 1cP-LSD, un análogo semisintético del LSD con efectos muy similares.

Los autores, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la Asociación Científica Psicodélica (Islas Canarias), sostuvieron que los resultados “sugieren una posible eficacia terapéutica del microdosificado de 1cP-LSD en el manejo de la ansiedad canina”. Sin embargo, reconocieron que se necesitan más investigaciones para confirmar estos hallazgos y evaluar la seguridad a largo plazo.

Ansiedad en perros: un problema común

La ansiedad es un problema frecuente en la población canina, afectando a aproximadamente uno de cada cinco perros. En muchos casos, esta se manifiesta como ansiedad por separación, que provoca ladridos excesivos, destrozos en el hogar y estrés tanto para el animal como para sus dueños. El equipo investigador buscó explorar si una sustancia conocida por sus efectos en humanos podría ofrecer una alternativa terapéutica en veterinaria.

Antes de este estudio, los investigadores habían administrado una única microdosis de 1cP-LSD a la misma perra, con el objetivo de observar sus efectos, ya que no existía literatura previa sobre el uso de LSD para tratar la ansiedad en perros. Los resultados iniciales indicaron que la sustancia fue segura y efectiva para reducir la ansiedad del animal.

Con esa experiencia como base, se decidió implementar un tratamiento de un mes para evaluar cambios concretos en el cuadro de ansiedad por separación.

Cómo se realizó el tratamiento

El régimen consistió en administrar 5 microgramos de 1cP-LSD (aproximadamente 0,38 nanogramos por kilo de peso) cada tres días, para un total de 10 dosis en 30 días. El compuesto se ocultaba en un trozo de jamón y se daba junto con el desayuno, evitando así el rechazo del animal. Dado que no existen estudios farmacocinéticos de LSD en perros, la dosis se calculó extrapolando datos de humanos, con la salvedad de que las diferencias metabólicas entre especies pueden influir en los efectos.

Los cambios más notables luego de la administración de LSD incluyeron menor comportamiento destructivo y reducción en ladridos y aullidos, que se mantuvieron por un mes posterior al tratamiento

Para medir la ansiedad, se utilizó una escala de puntos validada para evaluar comportamiento canino. El puntaje inicial de la perra era 29 (ansiedad severa) y, al finalizar el tratamiento, bajó a 14 (ansiedad moderada).

Los cambios más notables fueron:

  • Menor comportamiento destructivo.
  • Reducción en la duración de los ladridos y aullidos.
  • Mantenimiento de la mejora durante un mes después del tratamiento, aunque con un leve aumento en la frecuencia de vocalizaciones.

No se registraron efectos adversos en todo el período de observación.

El estudio carece de un diseño controlado con placebo y tampoco fue ciego, lo que los autores reconocieron como una limitación importante. Aun así, se tomaron medidas para reducir sesgos, como el uso de escalas validadas y la combinación de observaciones subjetivas del dueño con indicadores objetivos (duración de vocalizaciones y daños materiales).

También se abordó la cuestión ética de usar psicodélicos en animales, considerando que no pueden otorgar consentimiento y que se desconocen los efectos a largo plazo. Los investigadores subrayaron la importancia de priorizar el bienestar animal y de realizar más estudios antes de considerar este tipo de tratamientos en la práctica veterinaria.

Cannabis, LSD y otros tratamientos alternativos para mascotas

El interés por terapias alternativas para tratar problemas de salud en animales no se limita al LSD. En los últimos años, ha crecido la investigación sobre el uso de cannabis en medicina veterinaria.

Por ejemplo, el National Animal Supplement Council (NASC) difundió en 2023 un estudio que indica que el CBD es seguro para uso prolongado en perros, un dato relevante considerando que investigaciones previas mostraron que el cannabis puede aliviar la ansiedad y ciertas enfermedades de la piel.

En 2024, otro estudio de caso encontró que el cannabis puede ser una opción viable para tratar una enfermedad cutánea común en perros, especialmente en aquellos que no toleran los efectos secundarios de los corticoides tradicionales.

También se han publicado estudios sobre el uso de CBD para contrarrestar los efectos de la intoxicación accidental por THC en perros. Esto cobra importancia ante el aumento de casos de exposición no intencional a marihuana en Estados Unidos y Canadá, y el hecho de que el alto costo de la atención veterinaria de urgencia puede ser una barrera para muchos dueños.

El estudio piloto con LSD abre un nuevo capítulo en la búsqueda de tratamientos para la ansiedad en perros. Aunque los resultados son prometedores, los propios autores llaman a la prudencia: es un único caso, sin control con placebo, y con un compuesto poco estudiado en animales.

Si futuras investigaciones confirman estos efectos y descartan riesgos a largo plazo, las microdosis de LSD podrían convertirse en una herramienta más dentro del arsenal terapéutico veterinario, junto con opciones como el CBD.

Por ahora, la recomendación sigue siendo que cualquier tratamiento alternativo para mascotas sea supervisado por un veterinario, y que los dueños se informen sobre la seguridad, la legalidad y la evidencia científica antes de tomar decisiones.