Murió Ozzy Osbourne, uno de los corazones que le dieron vida al rock del Siglo XX.
El mundo del metal pierde a una de sus figuras más icónicas, y el universo del cannabis se despide de uno de sus profetas más singulares.
Más allá de los excesos que formaron parte de su mito, Ozzy fue también un amante de la planta: le cantó al porro cuando aún era un gran tabú, y le puso cuerpo y voz a una contracultura que se encendía en las calles.
En 1971, con tan solo 23 años y al frente de Black Sabbath, lanzó Masters of Reality, el disco que lo consagraría como una figura clave del heavy metal.
El tema de apertura, Sweet Leaf (Dulce hoja), arranca con una tos —loopeada y grabada en estudio, sí, pero real—. Es la tos de Tony Iommi, el guitarrista, después de una seca profunda.
Lo que sigue es un riff pantanoso, casi pegajoso, y una letra que se convierte, sin eufemismos, en una oda a la planta.

“Mi vida estaba vacía, siempre deprimido, hasta que me tomaste y me mostraste todo. Mi vida es libre ahora, mi vida es tranquila. Te quiero, dulce hoja, aunque no puedas oírme».
Y agrega casi como una profecía: «Me diste una nueva creencia y pronto el mundo te amará”
Sweet Leaf no hablaba en clave: hablaba claro. Era 1971 y la Guerra contra las Drogas se desplegaba con violencia. Pero desde Birmingham, Ozzy le cantaba al cannabis como quien le canta a una salvación personal.
No era solo una provocación; era también una declaración de principios lo que convirtió a Sweet Leaf en un himno.
John Michael Osbourne nació en 1948 en una familia obrera. Dejó la escuela temprano y pasó por trabajos manuales antes de formar Black Sabbath junto a Iommi, Geezer Butler y Bill Ward.
Con ellos inventó, literalmente, un género. Sus discos entre 1970 y 1978 son piedra fundacional del heavy metal y referencia obligada para generaciones enteras de músicos.
En los 80, con su carrera solista, siguió escribiendo historia. Crazy Train, Mr. Crowley o Bark at the Moon lo consagraron como un artista que combinaba oscuridad, teatralidad y sensibilidad melódica con una autenticidad brutal.
Durante décadas, sus excesos fueron tan célebres como su música. Pero reducir a Ozzy Osbourne a una caricatura con problemas de consumo sería negarle su complejidad.
Fue también un sobreviviente, un padre, un creador incansable y un ícono que, incluso en su fragilidad, siguió subido a los escenarios.
El último show de Ozzy Osbourne tuvo lugar el 5 de julio de 2025 en el Villa Park de Birmingham, Inglaterra. Fue un evento llamado Back to the Beginning (Volver al comienzo), donde Ozzy se despidió de los escenarios.
Se presentó primero en solitario y luego se le unieron los miembros originales de Black Sabbath (Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward) para una breve actuación: fue la primera vez que tocaban juntos en 20 años.
Fue su despedida no oficial, pero profundamente simbólica: un retorno al origen, a esa ciudad gris donde nació el metal y donde aquel joven trabajador se convirtió en una de las leyendas más grandes de la rock.

