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Suiza prueba siete modelos de regulación del cannabis: qué funciona, cómo son y qué resultados obtuvieron

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Suiza está llevando adelante uno de los experimentos más amplios de regulación del cannabis en Europa. En lugar de avanzar directamente hacia una legalización nacional, el país decidió probar diferentes formas de acceso regulado para usuarios adultos y estudiar qué ocurre cuando una parte del mercado ilegal comienza a trasladarse hacia circuitos legales.

Los ensayos piloto fueron habilitados en 2021 mediante una modificación de la legislación sobre estupefacientes. El objetivo es generar evidencia científica para determinar cómo podría funcionar una futura regulación nacional del cannabis para uso no medicinal.

Actualmente existen siete ensayos en distintas ciudades y municipios, con modelos que van desde la venta en farmacias hasta clubes sociales, tiendas especializadas sin fines de lucro y establecimientos comerciales que buscan reproducir las condiciones de un mercado legal.

La particularidad del experimento suizo es justamente esa diversidad. No se está comparando solamente cannabis legal contra cannabis ilegal: se están poniendo a prueba distintas maneras de regular el mercado legal.

Algunos modelos priorizan la salud pública y la prevención. Otros buscan reproducir condiciones comerciales reales para observar cómo reaccionan los usuarios cuando tienen acceso a una oferta más amplia, precios competitivos y establecimientos similares a los que existirían en un mercado regulado.

Según los datos disponibles hasta junio de 2025, alrededor de 10.400 adultos participaban en los siete ensayos. La cifra representa algo menos del 5% de las aproximadamente 220.000 personas que habían declarado usar cannabis durante el mes anterior en los datos utilizados por el informe.

La particularidad del experimento suizo es la diversidad. No se compara cannabis legal contra cannabis ilegal: se ponen a prueba distintas maneras de regular el mercado legal.

Los primeros resultados son especialmente interesantes por un motivo: la mayoría de los participantes está trasladando su abastecimiento desde el mercado ilegal hacia los canales regulados, mientras que la cantidad mensual adquirida se mantiene relativamente estable.

Pero los siete modelos no funcionan de la misma manera.

La Cannabinothèque: cannabis regulado como herramienta de salud y comunidad

El modelo de La Cannabinothèque, desarrollado en Vernier, en el cantón de Ginebra, es probablemente uno de los más alejados de una lógica comercial.

El proyecto es gestionado por la Association ChanGE y funciona bajo un esquema sin fines de lucro. El cannabis se vende exclusivamente en un establecimiento de acceso restringido a las personas que participan del ensayo. El espacio tiene una estética deliberadamente neutral y el objetivo no es generar una experiencia comercial atractiva, sino crear un lugar donde el acceso al cannabis pueda estar acompañado por información, prevención y atención individualizada.

El personal recibe capacitación específica y ofrece asesoramiento individual sobre uso, dosis y reducción de riesgos. El modelo también incorpora acompañamiento médico y una dimensión social que lo diferencia de una simple tienda de cannabis.

Desde el comienzo, el proyecto buscó desarrollar una estrategia de prevención entre pares. La idea es que las propias personas que usan la planta puedan intercambiar experiencias y conocimientos sobre formas de reducir riesgos.

Con el tiempo, esa dimensión comunitaria se profundizó. Se creó un grupo denominado Cannabis Community, apoyado por ChanGE, que organiza encuentros mensuales sobre temas elegidos por los propios participantes.

La prevención tampoco queda limitada al momento de la compra. Durante 2024 se ampliaron las actividades con talleres sobre abandono del tabaco, uso y crianza, además de espacios destinados a jóvenes adultos de entre 18 y 25 años con experiencia de consumo. También se desarrollaron encuentros de discusión, conversaciones grupales y materiales informativos en formatos físicos y digitales.

El modelo presenta, sin embargo, un problema importante: competir con el mercado ilegal sin utilizar incentivos comerciales.

Algunos participantes consideran que los precios son demasiado altos y que el catálogo de productos es relativamente limitado. Seis meses después de la apertura, la tienda todavía no había alcanzado la sostenibilidad financiera prevista.

Aun así, el desplazamiento del mercado ilegal es considerable. Alrededor del 85% del cannabis usado por los participantes provenía de La Cannabinothèque, mientras que un 63% declaró abastecerse exclusivamente allí. El cannabis que todavía se obtiene del mercado ilegal representa aproximadamente el 16% del consumo total y está relacionado especialmente con razones económicas o con la búsqueda de determinados productos.

Es decir, el modelo parece demostrar que un sistema no comercial y fuertemente orientado a la salud puede quitarle una parte significativa del mercado a los vendedores ilegales, aunque el precio y la variedad siguen siendo obstáculos.

Cann-L: una tienda de cannabis pensada como servicio público

En Lausanne funciona Cann-L, otro modelo sin fines de lucro, pero con una característica diferente: la venta está organizada como un establecimiento de interés público que busca ofrecer una alternativa al mercado ilegal.

El proyecto es impulsado por la ciudad de Lausanne y Addiction Suisse. Tiene un único punto de venta y está administrado conjuntamente por el personal de la tienda y los miembros de la asociación Cann-L.

La idea central es ofrecer cannabis dentro de un marco controlado, con énfasis en la protección de los usuarios, la prevención y la educación.

Una decisión particularmente interesante fue la selección del personal. En lugar de buscar vendedores con experiencia previa en el sector del cannabis, se eligieron personas sin experiencia específica y se las capacitó para proporcionar una atención neutral. El objetivo era evitar que el conocimiento comercial o las prácticas habituales del mercado influyeran sobre el asesoramiento.

El establecimiento ofrece flores y resinas con diferentes concentraciones de THC, además de vaporizadores y aceites. También se estudia incorporar líquidos para vaporizadores.

Los resultados sobre el mercado ilegal son uno de los puntos más fuertes del ensayo.

Después de seis meses de funcionamiento, la proporción de participantes que decía comprar cannabis «casi siempre» en el mercado ilegal había caído de casi el 63% al 7%. Durante 2024, las ventas de Cann-L representaron aproximadamente 78 kilos de flores y 20 kilos de resina que dejaron de circular a través de canales comerciales ilegales, con un valor estimado cercano a los 950.000 francos suizos. Según la estimación incluida en el informe, esto equivale aproximadamente al 12% del cannabis usado en Lausanne.

El dato resulta especialmente relevante porque el modelo no necesita recurrir a una estrategia comercial agresiva para competir con el mercado clandestino.

Cann-L muestra, al menos en esta primera etapa, que un mercado regulado puede desplazar una cantidad considerable de cannabis ilegal incluso cuando el objetivo principal no es maximizar las ventas.

SCRIPT: la farmacia como punto de acceso al cannabis

El tercer modelo es completamente diferente. El ensayo SCRIPT (The Safer Cannabis) se desarrolla en Bern, Biel y Luzern y utiliza exclusivamente farmacias como puntos de venta.

La investigación está dirigida por la Universidad de Bern, con participación de la Universidad de Luzern. El modelo utiliza el enfoque denominado Community Based Participatory Research, que busca incorporar a los participantes en diferentes etapas del proceso de investigación.

Acá el concepto es bastante claro: si el cannabis va a estar disponible legalmente, ¿qué ocurre si el acceso se produce dentro de un ámbito tradicionalmente asociado con la salud?

Las personas que trabajan en las farmacias reciben capacitación específica y el modelo prioriza la reducción de riesgos. También existe un énfasis particular en la prevención del consumo de tabaco y en la búsqueda de alternativas al cannabis fumado.

El seguimiento sanitario es mucho más intenso que en otros modelos. El estudio registra posibles efectos adversos y monitorea cambios relacionados con la salud durante el período de participación.

SCRIPT también limita deliberadamente la concentración de THC de los productos disponibles. Los precios son relativamente elevados porque incorporan una carga impositiva simulada destinada a reproducir las condiciones que tendría un mercado regulado con impuestos.

Y hay una diferencia fundamental: no existe una estrategia comercial. No hay publicidad, promociones, merchandising ni acciones destinadas a incrementar las ventas. El cannabis se presenta como un producto regulado dentro de un contexto sanitario.

El modelo permite estudiar así una pregunta que será central en cualquier futura regulación: si el cannabis legal se vende en farmacias, ¿puede aprovecharse la infraestructura y la capacitación sanitaria existente para reducir riesgos asociados al uso?

Cannabis Research Zürich: el experimento que más se acerca al mercado comercial

En el extremo opuesto aparece Cannabis Research Zürich.

Este ensayo intenta reproducir condiciones más parecidas a las de un mercado legalizado. El objetivo es observar qué ocurre cuando los usuarios tienen acceso a distintos canales de venta y a una oferta más amplia de productos, incluyendo elementos propios de un mercado comercial. El proyecto está acompañado científicamente por la Universidad de Zürich, ETH Zürich y ZHAW.

Una de sus preguntas principales es muy concreta: ¿qué factores hacen que una persona abandone el mercado ilegal y pase a comprar cannabis dentro del sistema regulado?

Para responderla, el ensayo combina diferentes canales de venta. Participan nueve farmacias y tres tiendas especializadas que simulan un modelo de venta con fines comerciales. A diferencia de los modelos orientados exclusivamente a la salud pública, Cannabis Research Zürich utiliza una estrategia mucho más cercana a la lógica del mercado.

Durante la primera etapa incluyó nombres de productos, logotipos y acciones de comunicación a través de redes sociales y del sitio web del estudio. El catálogo también es más amplio: además de flores tradicionales incluye comestibles y productos con concentraciones elevadas de THC dentro de los límites permitidos.

Tampoco exige una intervención médica sistemática. El contacto con profesionales de la salud se produce cuando los propios participantes lo solicitan o cuando surge una situación que lo requiere. En este caso, el principio rector es la responsabilidad individual del usuario.

Los precios también buscan reproducir las condiciones reales del mercado. Las tiendas utilizan precios relativamente bajos para competir con el mercado ilegal. Incluso se plantea la posibilidad de adaptar los precios según la calidad del producto o las condiciones del mercado clandestino.

Este modelo permite observar algo que los ensayos no comerciales no pueden mostrar con la misma claridad: qué ocurre cuando el sistema regulado intenta competir directamente con el mercado clandestino utilizando herramientas comerciales.

Weedcare: cannabis en farmacias, sin publicidad y con fuerte control sanitario

En Basel-Stadt funciona Weedcare, uno de los modelos más estrictamente orientados a la salud pública.

Fue el primer piloto de este tipo en Suiza y funciona dentro de un marco no comercial. El cannabis se distribuye a través de farmacias y, al momento del informe, participaban diez establecimientos. La investigación es desarrollada por la Universidad de Basel y otras instituciones vinculadas al ámbito psiquiátrico y de los consumos problemáticos.

El objetivo es doble: permitir el acceso regulado y estudiar científicamente qué consecuencias tiene ese acceso sobre el uso de cannabis y la salud.

Las farmacias cuentan con personal capacitado y el proyecto elimina deliberadamente cualquier forma de publicidad o branding para evitar que la regulación genere incentivos adicionales al uso de la planta. La oferta también está limitada. Weedcare ofrece flores y resinas con concentraciones de THC de entre 4% y 20%.

Es una diferencia importante respecto del modelo comercial de Cannabis Research Zürich: el objetivo no es ofrecer la mayor variedad posible, sino mantener bajo control las variables que pueden incrementar los riesgos.

El modelo incluye además seguimiento sanitario, encuestas periódicas e intervenciones individuales cuando aparecen patrones de consumo que pueden resultar problemáticos.

Uno de los resultados preliminares más interesantes proviene justamente de su diseño experimental. A los seis meses no se habían detectado diferencias entre el grupo que tenía acceso regulado y el grupo de control respecto de varias variables, entre ellas la cantidad de cannabis usada, el consumo de alcohol, otras sustancias ilegales, síntomas depresivos, ansiedad y síntomas psicóticos.

Sin embargo, entre las personas que además usaban otras sustancias ilegales comenzaron a observarse señales de reducción del consumo problemático y de algunos daños asociados.

Por eso Weedcare constituye uno de los ensayos particularmente importantes para evaluar la hipótesis de que un acceso legal acompañado por información, asesoramiento y seguimiento sanitario podría reducir ciertos daños en usuarios de mayor riesgo.

ZüriCan: varios modelos dentro de un mismo experimento

Zúrich lleva adelante otro de los experimentos más interesantes: ZüriCan, cuyo lema es «Cannabis mit Verantwortung», es decir, «Cannabis con responsabilidad».

En lugar de elegir un único canal de distribución, el proyecto combina farmacias, Social Clubs y el Drogeninformationszentrum (DIZ), el centro municipal de información sobre drogas.

Cada espacio cumple una función diferente: las farmacias concentran la dimensión sanitaria y ofrecen asesoramiento relacionado con la salud. El DIZ aporta la experiencia acumulada en reducción de riesgos y uso de sustancias ilegales.

Por su parte los clubes o Social Clubs agregan una dimensión comunitaria. Funcionan como lugares protegidos donde los participantes pueden encontrarse, intercambiar experiencias y, en determinados casos, consumir cannabis dentro del espacio autorizado. El proyecto no tiene fines comerciales. Los envases son neutrales y no existe publicidad ni dentro de los establecimientos ni en el sitio web.

La diversidad es una de sus principales características. El usuario puede encontrarse con un modelo sanitario, uno de reducción de daños y uno comunitario dentro de un mismo sistema. Esto también genera una dificultad: la administración es mucho más compleja.

Coordinar farmacias, clubes sociales y un servicio municipal implica diferentes protocolos, personal, mecanismos de control y formas de atención. El informe señala que los Social Clubs enfrentaron importantes desafíos organizativos durante la implementación, aunque finalmente pudieron resolverlos.

Los resultados preliminares muestran además una elevada satisfacción con los diferentes puntos de venta. Cerca del 90% de los participantes manifestó satisfacción con la competencia del personal y con los espacios, mientras que alrededor del 80% valoró positivamente la privacidad y el anonimato.

El modelo también registra un interés creciente por productos diferentes de las flores con alto THC, aunque la oferta de comestibles genera debate dentro del propio proyecto debido a los riesgos asociados con su efecto retardado y su potencial atractivo para los jóvenes.

Grashaus: el modelo comercial

El séptimo ensayo, Grashaus Projects, funciona en el cantón de Basel-Landschaft y representa el otro extremo del experimento suizo.

El proyecto es operado por una empresa privada con fines de lucro, la filial suiza de Sanity Group. El estudio científico está acompañado por el Instituto Suizo para la Investigación de las Adicciones y la Salud. El objetivo es estudiar qué sucede cuando la regulación se acerca deliberadamente a un mercado comercial.

Esto permite analizar variables que no aparecen de la misma manera en los modelos no comerciales: precios, atractivo de los productos, comportamiento de compra, variedad de la oferta y capacidad del sistema legal para competir con el mercado ilegal.

El proyecto es especialmente relevante para la discusión sobre el futuro de la regulación porque reproduce algunas de las características que probablemente aparecerían en un mercado comercial: participación de empresas privadas, incentivos económicos y una mayor importancia de las condiciones de mercado.

Al mismo tiempo, la participación de una empresa privada vinculada a una estructura empresarial que también tiene conexiones financieras con la industria tabacalera es señalada expresamente en el informe como un elemento que merece atención.

En los primeros resultados de Grashaus también aparece una disminución del abastecimiento desde el mercado ilegal y un interés creciente por alternativas al consumo de cannabis mezclado con tabaco, particularmente mediante vaporización.

¿Qué tienen en común los siete modelos?

Aunque los sistemas son muy diferentes, los primeros resultados muestran algunos patrones comunes.

El primero es el desplazamiento del mercado ilegal.

Para una parte importante de los participantes, una vez que aparece una alternativa legal con productos de calidad conocida, precios relativamente previsibles y acceso controlado, el mercado clandestino deja de ser la principal fuente de abastecimiento. El fenómeno aparece tanto en los modelos comerciales como en los no comerciales.

El segundo es que la cantidad de THC adquirida no aumentó significativamente durante el primer año. Esto es importante porque uno de los argumentos utilizados contra la regulación es que facilitar el acceso necesariamente llevaría a consumir más. Los primeros datos suizos no muestran ese comportamiento entre los participantes de los ensayos.

El tercero es una posible modificación de las prácticas de uso.

Las flores con mayor concentración de THC continúan siendo las preferidas, pero aparece interés creciente por vaporizadores, líquidos, productos comestibles y cannabis con menores niveles de THC. En algunos ensayos se observa una transición hacia formas consideradas de menor riesgo.

El cuarto es la ausencia, hasta ahora, de grandes problemas de orden público asociados con los experimentos. Los pilotos se desarrollaron sin incidentes significativos y con una aceptación institucional considerable.

Y el quinto es que la regulación parece funcionar mejor cuando el usuario encuentra una alternativa suficientemente atractiva al mercado ilegal.

Ahí aparece uno de los grandes dilemas del experimento suizo.

El problema del precio: cuánto debe costar el cannabis legal

Un sistema regulado puede fracasar en su objetivo de desplazar al mercado ilegal si establece precios demasiado elevados. La cuestión aparece repetidamente en los ensayos.

La Cannabinothèque, por ejemplo, recibió críticas de participantes que querían comprar mayores cantidades a precios más bajos. Cann-L también identificó el precio como una de las posibles barreras para abandonar completamente el mercado ilegal.

En Cannabis Research Zürich, en cambio, los precios se establecieron buscando competir directamente con los valores del mercado clandestino. El proyecto incluso plantea que sería conveniente disponer de mayor flexibilidad para modificar los precios según la calidad del producto y las condiciones del mercado ilegal.

Esto muestra que la política de precios no es un detalle administrativo.

Si el cannabis legal es mucho más caro, puede mantener vivo el mercado ilegal. Pero si es demasiado barato, puede aumentar el atractivo del uso y generar una dinámica comercial difícil de compatibilizar con los objetivos de salud pública.

El informe identifica precisamente este tipo de decisiones como uno de los grandes desafíos de una regulación nacional.

El gran riesgo: convertir la regulación en un mercado comercial

Los investigadores suizos también advierten que la experiencia internacional muestra problemas cuando la regulación queda dominada por incentivos comerciales.

Una empresa que obtiene beneficios vendiendo cannabis tiene un incentivo natural para aumentar las ventas. Eso puede traducirse en promociones, descuentos, nuevos productos, branding, publicidad, packaging atractivo y estrategias destinadas a generar fidelidad a determinadas marcas.

La revisión incluida en el informe advierte especialmente sobre el papel de las redes sociales y la publicidad en la normalización del consumo, particularmente entre los jóvenes.

Por eso, el informe recomienda evitar estrategias como influencers, diseños infantiles, colores llamativos, asociación del cannabis con un estilo de vida saludable y una presentación de los productos que los convierta en objetos de moda.

La conclusión es bastante clara: regular no significa simplemente reemplazar al vendedor ilegal por una industria legal que pueda utilizar las mismas herramientas comerciales que cualquier otro mercado de consumo.

La estructura del mercado importa.

Suiza no está probando solamente si funciona la legalización

Este es probablemente el aspecto más importante de todo el experimento. Los ensayos suizos no están intentando responder únicamente una pregunta del tipo «¿qué pasa si legalizamos el cannabis?». Están intentando responder algo mucho más complejo:

¿Qué tipo de regulación permite reducir el mercado ilegal y los daños asociados al uso sin generar nuevos incentivos para aumentar el consumo?

Por eso se prueban modelos tan diferentes. Una farmacia permite estudiar un enfoque sanitario, un Club permite analizar una estructura comunitaria, una tienda sin fines de lucro permite comprobar si es posible competir con el mercado ilegal sin recurrir a incentivos comerciales.

Al mismo tiempo una tienda comercial permite estudiar cómo se comportaría un mercado más liberalizado, junto con un centro municipal de reducción de daños permite incorporar la experiencia acumulada en políticas de drogas. Y finalmente la combinación de varios modelos, como ZüriCan, permite observar cómo podrían convivir diferentes formas de acceso dentro de un mismo sistema.

En otras palabras, Suiza está tratando al cannabis como un problema de diseño de políticas públicas y no simplemente como un problema de prohibición o legalización.

El propio informe advierte que una regulación implica tomar decisiones sobre producción, precios, potencia, tipos de productos, licencias, publicidad, prevención, tratamiento, control policial, accesibilidad y permanencia del sistema. Los investigadores resumen estas dimensiones bajo el concepto de los «14 P»: producción, lucro, capacidad regulatoria, promoción, prevención y tratamiento, aplicación de la ley, sanciones, antecedentes, tipos de productos, potencia, pureza, precio, licencias y permanencia de la regulación.

 

El abordaje suizo: no existe una única forma de regular el cannabis

Los primeros años del experimento suizo muestran que la regulación puede producir un efecto que durante décadas fue uno de los principales objetivos de las políticas de drogas: sacar una parte de los usuarios del mercado ilegal y llevarlos a un espacio donde los productos, las personas que los venden y las condiciones de acceso pueden ser controlados.

Pero también muestran que la forma de hacerlo es determinante.

Los modelos no comerciales y orientados a la salud parecen capaces de desplazar una parte importante del mercado ilegal sin recurrir a publicidad ni estrategias destinadas a aumentar las ventas. Los modelos comerciales, por su parte, permiten estudiar mejor las condiciones necesarias para competir con el mercado clandestino, pero introducen una tensión evidente entre los incentivos económicos y los objetivos de salud pública.

Los investigadores consideran que el sistema futuro deberá encontrar un equilibrio entre varias metas que pueden entrar en conflicto: proteger a los jóvenes, reducir los daños, mantener precios que permitan competir con el mercado ilegal, evitar una expansión excesiva de la oferta y garantizar que el cannabis no se convierta en un producto de consumo masivo impulsado por estrategias comerciales.

Por eso, el resultado más importante de los experimentos suizos quizá no sea que el mercado ilegal esté perdiendo terreno. La verdadera conclusión es otra: la regulación del cannabis no es una decisión de todo o nada.

Entre la prohibición absoluta y un mercado comercial completamente abierto existe una enorme cantidad de posibilidades. Suiza está probando esas alternativas en condiciones reales, midiendo qué ocurre con los consumidores y observando qué mecanismos consiguen desplazar al mercado ilegal sin convertir la regulación en una nueva fuente de promoción del uso.

La próxima etapa será determinar cuál de estos modelos —o qué combinación de ellos— puede sostener ese equilibrio a largo plazo.