La ciudad de Zúrich pidió extender dos años su programa Züri Can: Cannabis con Responsabilidad, el ensayo más grande de Europa sobre regulación de cannabis para adultos. Los resultados preliminares muestran que el modelo suizo logró desviar buena parte del consumo del mercado negro hacia circuitos legales y controlados, con impactos positivos en salud pública y seguridad. La extensión, si se aprueba, consolidará a Züri Can como un caso testigo mundial para diseñar políticas basadas en evidencia antes de la legalización total.
Un experimento que superó las expectativas
Lanzado en 2023 bajo supervisión del Departamento Federal de Salud Pública (FOPH), Züri Can nació con un objetivo claro: analizar qué pasa cuando se permite el acceso legal y controlado al cannabis fuera del circuito medicinal. Dos años después, la ciudad registró más de 2.300 participantes y 88.000 transacciones legales, equivalentes a unos 750 kilos de flores vendidas bajo estricta trazabilidad. Según las autoridades locales, esto significa unos 7,5 millones de francos suizos (8,1 millones de euros) menos en manos del narcotráfico.
Ante estos resultados, Zúrich solicitó extender el proyecto hasta 2028, dos años más de lo previsto originalmente. La propuesta, presentada el 20 de octubre de 2025, incluye un pedido de financiamiento adicional de 800.000 francos (unos 865.000 euros) para sostener la investigación y el seguimiento sanitario de las y los usuarios.
El responsable del área de Salud y Medioambiente, Andreas Hauri, explicó que el tiempo extra permitirá observar efectos a largo plazo en salud mental, hábitos de consumo y convivencia social, aspectos que solo pueden medirse con un seguimiento sostenido.
Evidencia en marcha: cómo se estudia el impacto real
Un estudio publicado en 2024 en la International Journal of Drug Policy por investigadores de la Universidad de Zúrich y el Hospital Psiquiátrico Universitario (PUK) detalló la metodología detrás de Züri Can.
La investigación sigue a 2.100 consumidores regulares de cannabis durante tres años para evaluar cambios en comportamiento, bienestar psicológico y conocimientos sobre consumo responsable.
El acceso legal se ofrece a través de tres canales: farmacias, clubes sociales sin fines de lucro y el centro municipal de información sobre drogas (DIZ). Cada punto de venta aplica diferentes estrategias de prevención, lo que permite comparar qué modelo promueve mejor los usos de menor riesgo.
El equipo académico introdujo dos escalas nuevas para medir resultados: LRCU-K (conocimiento sobre consumo de bajo riesgo) y LRCU-B (conducta de bajo riesgo). Ambas buscan determinar si las personas no solo reciben información sanitaria, sino si la aplican en su vida cotidiana.
Según el paper, “la regulación legal permite implementar medidas específicas de reducción de daños que disminuyen los riesgos asociados al consumo y promueven la salud pública” (PUK/UZH, 2024). El estudio apunta a cerrar vacíos de conocimiento sobre qué tipo de regulación minimiza riesgos y maximiza beneficios sociales, algo clave para el próximo salto suizo: la legalización nacional.
De piloto a política nacional
La extensión de Züri Can llega justo cuando el gobierno federal avanza con el Cannabis Products Act (CanPG), el proyecto de ley que legalizaría el uso adulto en todo el país desde 2026 o 2027.
El borrador mantiene una estructura inspirada en los pilotos: límites de THC, edad mínima, prohibición de publicidad y obligación de incluir mensajes preventivos en los puntos de venta.
El CanPG también da autonomía a los cantones para definir ciertas reglas locales, como licencias o horarios de apertura, dentro de un marco nacional unificado. Este enfoque busca balancear control sanitario y flexibilidad regional, reflejando la tradición suiza de federalismo.
Sin embargo, algunos actores del sector advierten riesgos de fragmentación. Luc Richner, cofundador de Cannavigia, la empresa que provee el software de trazabilidad para Züri Can, señaló que “si cada cantón aplica criterios distintos, las empresas enfrentarán costos y dificultades adicionales”. Aun así, considera que la diversidad puede ser una fortaleza si se garantiza coherencia básica: “El desafío es evitar inequidades y aprovechar las diferencias como laboratorio de innovación”.
Fiscalidad y reducción de daños: un modelo alternativo
Uno de los puntos más novedosos del proyecto de ley es el impuesto basado en el contenido de THC, en lugar de un tributo uniforme. El objetivo es desincentivar los productos más potentes y favorecer opciones con menor riesgo.
El modelo recuerda al sistema aplicado en alcohol y tabaco en el país, donde los impuestos se calibran según el riesgo sanitario. Desde una perspectiva empresarial, sin embargo, la estabilidad y claridad del marco legal siguen siendo claves para atraer inversiones sostenibles.
Sin verticalización: cada actor en su rol
El borrador también incluye una prohibición de la integración vertical: las empresas que cultivan o procesan cannabis no podrán venderlo directamente al público. Esto busca evitar concentraciones de poder y conflictos de interés, aunque introduce desafíos logísticos.
La industria suiza, aún en fase experimental, se prepara para adaptarse. En paralelo, los investigadores de Züri Can continúan recopilando datos que ayudarán a ajustar la ley una vez en marcha, en línea con la filosofía “evidence first”: regular basándose en hechos, no en suposiciones.
Un laboratorio europeo para la política cannábica
Con siete ensayos piloto autorizados, Suiza se convirtió en el primer país europeo en combinar investigación científica, reducción de daños y regulación de consumo adulto en un marco no comercial. Züri Can es el más grande y representativo de todos.
Su eventual extensión hasta 2028 lo transformará en el estudio más prolongado y completo sobre cannabis legal de Europa, con datos que podrían influir en políticas de la Unión Europea y servir de referencia para América Latina.
El modelo suizo contrasta con la legalización acelerada de Canadá o ciertos estados de EE.UU., donde la lógica de mercado prevaleció sobre la evidencia científica. En cambio, Zúrich avanza con cautela, evaluando cada variable antes de escalar la regulación.
En palabras de los investigadores, “el objetivo no es promover el consumo, sino entenderlo para regularlo mejor”. Esa mirada pragmática, centrada en salud pública y control de daños, podría marcar una diferencia histórica en la forma en que los países abordan el cannabis.
Conclusión: ciencia, salud y regulación responsable
Mientras el debate global sobre la legalización continúa, Suiza se posiciona como el ejemplo más sólido de política cannábica basada en evidencia. La extensión de Züri Can no busca abrir un nuevo mercado, sino consolidar un conocimiento que sirva de base para un modelo equilibrado: ni prohibición total ni libre mercado.
Si el Cannabis Products Act se aprueba el próximo año, el país podrá aplicar lo aprendido en estos experimentos para diseñar un sistema más justo, sanitario y transparente. Y si Züri Can demuestra que la regulación puede reducir riesgos, fortalecer la salud pública y quitarle terreno al narcotráfico, el mundo tendrá motivos para mirar hacia Suiza con atención.


Fabrice Coffrini-Afp-Getty Images