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Gustavo Jaiyes

Daniel Sorlino: el profesor argentino que lucha por impulsar el cultivo de cáñamo

“Yo me enamoro de las plantas con las que trabajo”, responde Daniel Sorlino cuando le preguntan por qué nunca baja los brazos.

¿También te enamoraste del cannabis?

Sí, totalmente. Pero fue un amor de transferencia y ahí no le puedo ser infiel al lino que vino primero (risas). Con esa planta hice mis tesis de grado y posgrado y fue la que me llevó por Europa, donde conocí al cáñamo. 

Ingeniero agrónomo desde principios de la década del ‘80, a sus 65 años Daniel Sorlino sigue siendo un apasionado de las plantas y, sobre todo, de sus fibras.

En su oficina, ubicada en el Pabellón de Biología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, hay decenas de elementos que prueban esto. Desde libros antiguos hasta piezas hechas por él mismo. “Esto lo hice con fibra de lino”, le cuenta a THC mientras muestra una de ellas. 

Daniel Sorlino es un apasionado de las plantas y colecciona las fibras de sus favoritas, como el lino y el cáñamo.

Incluso antes de recibirse, Sorlino ya era docente auxiliar de la Cátedra de Cultivos Industriales, a la cual sigue perteneciendo como profesor e investigador.

A lo largo de su carrera se fue interesando por cultivos poco comunes y confiesa que “son varias las especies con las que viene hinchando desde que las conoció en la facultad”.

Dentro de ese grupo está el cannabis, de difícil acceso por la prohibición. Hace más de diez años, el profesor fue uno de los primeros académicos del país que se animó a estudiar el cáñamo y le abrió el camino a una nueva camada de investigadores. 

¿Cómo conociste la planta?

Hice mis tesis de grado y posgrado con el lino. Eso me llevó a congresos en Europa y donde estaba el lino, estaba el cáñamo. Los mismos que investigaban con lino en relación a sus fibras, lo hacían con el cáñamo por igual. En esos lugares yo contaba mi trabajo e inmediatamente me preguntaban por el cannabis. Ahí yo intentaba explicarles que en Argentina estaba prohibido, incluso el textil. 

¿Y qué te decían?

No me creían. Aparte te llevaban a ver parcelas donde veías cáñamo creciendo de lo más lindo y todos los desarrollos e ideas que tenían. Había italianos, franceses y polacos que te proponían hacer cosas en conjunto y acá no se podía hacer nada por la prohibición. Pero no porque la fibra tuviera algo inhabilitante sino por una ley que prohibía todo. Y eso a mi me enojaba mucho. 

¿Para qué se puede usar el cáñamo? 

Para muchas cosas. Las fibras de la planta se pueden usar para fabricar papel: desde el que se usa para los billetes hasta otros especiales como los que envuelven los saquitos de té, que es casi celulosa pura. También se pueden suplantar productos plásticos por otros a base de cáñamo que sean biodegradables. Y a eso se suman los productos compuestos para fabricar muebles, ladrillos o hasta autopartes.

O sea autos y colectivos, por ejemplo…

Hoy en día, la industria automotriz está comprando un montón de autopartes de cáñamo en Europa para la confección de autos de alta gama. Porque quienes lo compran pagan un extra con el objetivo de que sea más amigable con el medio ambiente. No quieren más fibras de vidrio. 

¿Y es buen reemplazo del plástico? 

Sí, porque cuando el plástico se rompe, se fragmenta en pequeñas partículas que siguen en el ambiente. El cáñamo tiene la ventaja que es resistente pero se descompone. Aparte, la tecnología hoy permite hacer cualquier cosa que te imagines. Se puede hacer todo lo que se hace con el plástico. 

¿Alguno uso más? 

Varios. También es una fuente de alimento o también para compostar. Y otra alternativa interesante es la producción de energía. Todo el tallo íntegro puede ser usado como materia prima, es decir como biomasa, para biodigestores. Estos últimos tienen una microflora que descompone eso y en ese proceso libera dióxido de carbono y metano. O sea, gas.

¿Por qué todo eso no se desarrolló en el país? 

Yo hice intentos de traer semillas de variedades textiles al país en varias ocasiones y me encontré con el ANMAT. Las cosas que quise hacer siempre se encontraron con el paredón de la prohibición y resultaba bastante indignante. 

Una traba a la investigación

El prohibicionismo no distingue. Menos en Argentina, donde el cáñamo, incluso el destinado a la industria textil, también ingresó en un laberinto burocrático que lo dejó a la sombra de la ilegalidad.

De hecho en 1977, la dictadura militar allanó y detuvo a quienes comandaban Linera Bonaerense, una empresa que cultivaba la planta en Jaureguí, Provincia de Buenos Aires. Así, los cultivos fueron erradicados y desde entonces se perdieron décadas de investigación y desarrollo. 

“Con el cáñamo se pueden suplantar productos plásticos por otros que sean biodegradables. Y a eso se suman los productos compuestos para fabricar muebles, ladrillos o hasta autopartes”, cuenta el docente Daniel Sorlino, en diálogo con THC.

“Lo más ridículo es que en Europa la parte de fibras está legalizada hace 30 años. Ellos están donde están ahora porque avanzaron en mejorar variedades, obtener genotipos nuevos y desarrollar una industria paralela que aproveche eso”, cuenta Solrino.

Luego, el docente agrega que “acá estaba prohibido el cannabis medicinal, lo que a uno ya le provoca agarrarse la cabeza. Y detrás de eso el cáñamo, que como es cannabis sativa también lo prohibieron sin importar qué se hace con eso. La ley tiene una venda en los ojos”.

¿Cómo ves la Ley para producir cannabis medicinal y cáñamo industrial?

Todo lo que está pasando se puede potenciar de la mano de esta Ley. Igual, tendría que haber además un desarrollo previo de la industria capaz de procesar y hacer cosas a partir del cáñamo. Dependiendo de la escala, no son inversiones pequeñas. Pero ya hay gente interesada que se acerca para ver cómo desarrollar fibras. Aunque en relación a la cantidad de cosas por hacer, creo que todavía estamos en pañales comparados con otros países. Y todo por la prohibición.

¿Habría que sumar la formación de profesionales especializados? 

Eso es vital. Porque es donde se tira abajo todas las paredes del oscurantismo y la cosa mística. Cuando te encontrás con un paper, que llegó a las conclusiones con el método científico, ya no te pueden discutir. Porque siempre fueron ficticios y una mentira los argumentos contra la planta. Cuando estén atrás las entidades académicas, las excusas en contra se acaban. Se van a tener que dejar de hinchar. 

“Cuando te encontrás con un paper, que llegó a las conclusiones con el método científico, ya no te pueden discutir. Porque siempre fueron ficticios y una mentira los argumentos contra la planta”

Para que eso ocurra, el 11 de agosto del 2020 ocurrió un hecho destacado. La decana de la Facultad de Agronomía aprobó el Grupo de Estudio y Trabajo en Cannabis, también conocido como GET.

Daniel Sorlino es su coordinador, aunque asegura que el impulso inicial lo tuvieron los propios estudiantes. Como Eric Turiansky, quien cuenta a THC que luego de la primera reunión con Sorlino salieron con el compromiso de formar el grupo y al poco tiempo lo consiguieron. 

 

Junto a un grupo de estudiantes, Daniel Sorlino creó el primer Grupo de Estudio y Trabajo de Cannabis dentro de la Universidad de Buenos Aires.

 

¿Cultivan en la facultad?  

Somos una entidad académica y en la medida en la que no nos metamos con cosas que tengan que ver con aplicaciones clínicas en humanos y demostremos que es para investigación, podemos hacer lo que queramos. Por lo tanto, si quisiéramos cultivar acá podríamos, pero estando en el lugar en donde estamos es probable que a los pocos días no tengamos nada. La facultad es un espacio compartido por ciudadanía y universidad. Eso genera un flujo de personas muy intenso y es complicado para empezar ciertos cultivos.

En la facultad de Agronomía de la UBA Sorlino coordina el Grupo de Estudio y Trabajo en Cannabis, conocido como GET. Ya hay 140 personas formadas en ese espacio

¿En qué estado se encuentra hoy el grupo de estudio y trabajo?

Ya somos más de 140 personas. Hay gente que se recibió y se fue a vivir o trabajar al interior. Muchos incluso están en otras facultades y eso entusiasma porque nos convierte en una partecita de todo lo que está empezando.

¿Qué te genera eso? 

Una satisfacción enorme porque veo mucho entusiasmo en todos ellos y son los primeros en la facultad en impulsar algo así. Tienen ganas y demuestran que con poco podemos hacer mucho. Desde ahí, esperanzado. Lo que me da bronca es haber adquirido una edad que no me permite pensar en muchos años más en el tema. Tengo tres o cuatro años más y luego la jubilación me separará. En ese sentido, pienso por qué demonios no pude antes.