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@Cooperativa Origen

Pergamino: talleres de cultivo y medicina cannábica en el hospital público

Ir a un hospital público, recibir información gratuita sobre cómo cultivar cannabis para fines terapéuticos y acceder a un espacio de consulta profesional. Eso pasa en Argentina. Este es el caso de a localidad bonaerense de Pergamino.

Parte esencial de la experiencia del cannabis medicinal en Argentina es el trabajo permanente de la sociedad civil y en red con instituciones públicas.

La Cooperativa Origen surgió en Pergamino en  2021 y realiza un trabajo de fuerte impacto local: comparte saberes y experiencias a través de talleres en el hospital San José de Pergamino junto a la Región Sanitaria IV, donde abordan desde la historia del cannabis hasta la manufactura de aceites y cremas medicinales.

Jazmín (36) es de San Antonio de Areco y produce alimentos a base de plantas. Se inscribió al taller sin dudarlo, pese a que entre su pueblo y Pergamino hay 113 kilómetros.

«Me interesa producir aceite y ungüentos a base de cannabis, para mi y para mis familiares. Hace muchos años produzco mis propios alimentos, además estudié cosmética natural. El taller es un paso más a la autonomía del cuidado, saber el origen de los alimentos, de las medicinas, nos da independencia», nos cuenta.

La Cooperativa Origen comparte saberes y experiencias a través de talleres en el hospital San José de Pergamino junto a la Región Sanitaria IV, donde abordan desde la historia del cannabis hasta la manufactura de productos medicinales.

«Que se haga en un hospital público y abierto a la comunidad es un logro, una revolución del amor y la militancia. Actualmente mi perra Juana está en tratamiento con cannabis medicinal y los cambios en su comportamiento son increíbles: dejó de tener convulsiones. Democratizar el acceso al cannabis, que cada uno pueda producir su propia medicina, es fabuloso«, opina Jazmín.

José Agudo, Director Asociado de la Región Sanitaria IV del Ministerio de Salud bonaerense, nos cuenta que el surgimiento de los talleres fue consecuencia de la apertura del consultorio de Cannabis a cargo de la médica Florencia Ferrari, psiquiatra infantil e integrante de la cooperativa.

“Después de una muy buena respuesta en poco tiempo y una gran demanda cuanto al cannabis  y sus usos medicinales y terapéuticos, surgió en el diálogo permanente con doctora Ferrari la importancia de que la gente pueda interiorizarse más en la temática, adquirir conocimientos y, por qué no, ponerse en conocimiento del Reprocann y empezar a formarse como posibles hacedores de su propia medicina», explica Agudo.

«Convocamos a esa comunidad y nos vimos muy, muy gratamente sorprendidos”, asegura respecto al resultado de esa decisión.

Para Agudo los talleres son algo que la comunidad ya tomó como propio. «Nos enriqueció mucho también el ida y vuelta con la gente», sostiene.

«En mi residencia de psiquiatría infantil, los pacientes venían con sus padres que cultivaban y les daban aceite», recuerda Florencia Ferrari.  «Ahí me picó el bichito, hice un posgrado para tener más información, y mientras cursaba surgió la idea de llevar adelante una experiencia colectiva en un espacio público», repasa.

El punto es que Ferrari no podía garantizar el tratamiento de sus pacientes: no había cannabis en la cantidad, calidad y periodicidad que se necesitaba.

«Teníamos que armar algo en Pergamino y de ahí sugrió la cooperativa: por un lado brindando productos y por otro enseñando a hacer preparados para que cada persona pueda tener acceso real», explica Ferrari. 

Si bien reconoce que aún falta mucho por hacer Ferrari resalta la importancia de poner a funcionar el consultorio cannábico externo, donde las personas vienen a asesorarse para consultar si pueden complementar su tratamiento de cannabis. Fue la base de todo lo que vino después.

«Estamos muy convencidos de que hay que generar estos espacios, de que las instituciones deben abrirse a la comunidad y que las comunidades son las personas de la comunidad: la salud es una construcción colectiva, no solo de la ciencia, la academia, sino de los saberes que la misma gente, actores y usuarios del sistema van aportando en ese ida y vuelta”, explica Agudo.

El funcionario confirmó que desde la Región IV intentarán replicar el ejemplo en otras instituciones de la zona, y están abiertos a la interacción con otras regiones de Salud bonaerenses para expandir el modelo formativo con otras ONGs.

Talleres de cultivo en el hospital público

Los talleres de Origen constan de tres encuentros, uno por semana: en el primero abordan la historia de la planta, los tipos de podas y las diferencias entre cultivos en el exterior y en el interior.

En el segundo se abocan a la etapa de floración, el secado y curado de las flores. Y en el último, brindan herramientas teóricas y prácticas para fabricar cremas, unguentos y aceites caseros, además de ahondar en el marco legal que ampara a los usuarios de cannabis medicinal. 

Los talleres se brindan una vez por mes en el Hospital San José y tienen una capacidad máxima de 30 personas. Asisten desde cultivadores amateurs hasta personas con enfermedades crónicas, dolencias y patologías que pueden ser aliviadas por el uso de cannabis.

Después de cada taller realizan una encuesta a los asistentes, y una de las preguntas es si la persona estaría dispuesta a ser cultivadora solidaria: el 95% de las respuestas es “sí”.

Un abordaje interdisciplinario, una experiencia inédita

Iván Pirchi es Ingeniero agrónomo y paisajista. Trabajó para varias empresas antes de abocarse al cultivo de plantas en general y de cannabis en particular, retomando una pasión de cuando era chico.

Además de la médica psiquiatra Florencia Ferrari, quien conduce el consultorio de cannabis en el Hospital, la cooperativa Origen cuenta con personas formas en otras disciplinas.

Matías García es docente y cannabicultor, Natalia Hernández, médica veterinaria, e Iván Pirchi que es Ingeniero agrónomo y paisajista.

¿Cómo surgió la idea de fundar la Cooperativa Origen?

Iván: En un momento la planta nos convoca. Yo estaba haciendo una formación de posgrado en cannabis y un día vino Mati a casa a comentarme algunas inquietudes. Me empezó a contar un montón de ideas que tenía, sus experiencias en cultivo y para esa época se estaba sumando Flor también. De alguna manera estábamos como en la misma ola, y cada uno tenía una habilidad para empezar a desarrollar. Parecía todo, por así decirlo, muy casual. Empezamos a tener reuniones semanales y le pusimos un nombre a la cooperativa. Buscamos que el manejo sea más horizontal y no tan vertical. Desde ahí fuimos desarrollándonos y cada uno trabaja en áreas específicas, por ejemplo cultivo -tanto para interior como para exterior-, anexos, comunicación y redes y laboratorio. 

Matías: Yo era cultivador autodidacta. Habíamos cosechado una planta bastante grande y con un amigo dijimos: “Vamos a probar hacer aceite”. Teníamos un vecino que había tenido un accidente, y a la vuelta otro que tenía cáncer, sabíamos por un médico que el cannabis podía funcionar para calmar los síntomas de dolor. Cultivamos y a ambos les hizo muy bien. Esto habrá sido hace ocho años. Cuando vimos que los aceites hacían efecto me puse a investigar un poco más.  Así que venía con mucha necesidad de hacer algo con respecto al cultivo, y nuestro encuentro fue poco antes de que se reglamente el REPROCANN; es decir, se había aprobado pero aún no estaba reglamentado. 

¿Cómo empezaron a dar talleres de cultivo en el hospital público?

Matías: La comunidad científica ya demostró un montón de cosas, y a mí me surgía decir “esto tenemos que enseñarlo en algún lado”. En ese momento Florencia abre el consultorio de cannabis en el hospital de Pergamino, y empieza a haber pacientes que querían saber cómo cultivar. Hablamos con el hospital y empezamos a dar los talleres. Es un taller teórico práctico: llevamos las plantas, hacemos las podas y los esquejes ahí. Entrar con la planta de cannabis al hospital era una locura. 

Florencia: Todo esto fue muy sinérgico. El cannabis medicinal existe hace un montón de años en la clandestinidad, en la sombra. Ya acá en Pergamino había cultivadores solidarios que ayudaban a vecinos o gente del barrio con aceites. En 2017, cuando surgió el REPROCANN y los movimientos sociales como Mamá Cultiva empezaron a ponerlo sobre la mesa y demostrar que tenía una función terapéutica, los médicos empezamos a aggiornarnos e interesarnos. 

¿Qué pacientes fueron los primeros en acercarse?

Florencia: Se llenó de gente mayor de con dolores y artrosis. El porcentaje de gente que usa cannabis de forma recreacional que viene al consultorio es de aproximadamente el 5%. El resto son pacientes con patologías, muchas crónicas, que vienen a buscar disminuir su tratamiento farmacológico convencional. Y lo logran.

¿Y respecto de la medicina no humana? ¿Cómo se llega a integrar esta mirada en la cooperativa?

Natalia: La información en veterinaria está 50 años atrás que la humana. Me recibí, empecé a trabajar en clínicas y a cuestionar el sistema completo. Primero hice cursos de alimentación natural y después de cannabis en humanos porque no encontraba de veterinaria. Y cuando salió el REPROCANN con varios colegas fundamos Veterinarios Cannábicos Argentinos (VCA). Pensábamos que la normativa también podía permitir que una persona estuviera inscrita para poder tratar a su perro con epilepsia, por ejemplo. Pero no, quedaron los animales fuera de la ley. El concepto que aplicamos en la cooperativa  (y por el cual me convocaron) es el de una sola salud, que la salud sea una para todos, y dejar atrás el paraguas del antropocentrismo, sobre todo en la medicina y respecto de una planta que viene de la tierra, y que siempre estuvo en contacto con los animales antes que con los humanos. 

¿Qué es lo que más valoran de la devolución de los participantes del taller?

Iván: Que el 95% de las personas que vienen a los talleres están dispuestas a ser cultivadoras solidarias. Y ese es un dato fundamental, y habla de que con el conocimiento adecuado y poniendo a la planta en el lugar que corresponde, se generan muchísimas cosas que trascienden la práctica y la teoría. Es algo emocional, algo que cambia a las personas, o les despierta algo. 

Los talleres se brindan una vez por mes en el Hospital San José y tienen una capacidad máxima de 30 personas. Asisten desde cultivadores amateurs hasta personas con enfermedades crónicas, dolencias y patologías que pueden ser aliviadas por el uso de cannabis.

Natalia: Después de terminar cada taller juntamos a las personas en un grupo de Whatsapp y los seguimos acompañando en su proceso de cultivo. Generamos redes para que puedan comprar insumos y lo hagan en equipo, frasquito, aceite. Es muy maravilloso lo que sucede cuando se conectan todas esas personas. 

Matías: Está bueno entender que el proceso terapéutico arranca al cultivar, cultivar ya es terapéutico. Tengo muchos amigos que capaz cultivaban para uso adulto y terminan cultivando tomates, lechuga, otras plantas, se conectan con la naturaleza desde otro lado. También trabaja mucho lo que es la ansiedad. En un mundo como el de hoy, con todo inmediato, tener que plantar y esperar -porque no es cuando vos querés, sino cuando la planta, la naturaleza quiera- cambia mucho la concepción: no se puede poner el cultivo en 1.5, hay que esperar a que termine.

¿Cuál es la importancia de poder crear productos caseros? 

Natalia: Siempre cuento en el taller que una de las cosas que hicimos en los inicios de VCA fue juntar los cinco aceites que más usaban las personas con sus animales, los analizamos, y vimos que ninguno de esos aceites tenía cannabis. Uno, incluso, tenía paracetamol, que es tóxico para gatos. Nosotros hacemos aceites de alta calidad y asegurados, y de la misma manera se lo enseñamos a las personas. 

Florencia: Es recuperar un conocimiento que nos fue ocultado durante un montón de años. Hoy volvemos a sacar a la luz todas las propiedades que tienen en cannabis y también otras plantas. Que eso esté pasando en una institución pública es maravilloso y revolucionario.