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Solsticio de invierno: celebración y resistencia en el año nuevo de los pueblos originarios

Mucho más que un cambio de estación, el solsticio de invierno es un periodo sagrado para las culturas originarias de Sudamérica. El día con menor presencia de la luz solar de cada año, que en este 2025 se manifiesta exactamente en el día viernes 20 de junio, se recibe desde tiempos remotísimos con celebraciones rituales de gran riqueza simbólica y espiritual. Ceremonias como Inti Raymi o Wiñoy Xipantv, merecen ser descubiertas en el corazón de su sentido, sobre todo en estos tiempos donde suelen sufrir extractivismos culturales que transforman los saberes de raíz en moda de consumo paraespiritual. 

Solsticio de invierno: Wiñoy Xipantv, la vuelta al ciclo

“En esta parte del territorio se produce la noche más larga del año y el día más corto. Esto significa que desde el corazón del territorio vienen, nacen nuevas fuerzas y energías, iniciando un proceso que dará origen a nuevos conocimientos, brotes y esperanzas. Aquí se da el verdadero inicio del año para quienes habitamos en el planeta sur, así como lo es en el mes de diciembre para quienes habitan al norte del territorio. Celebramos este momento con la ceremonia milenaria conocida como Wiñoy Xipantv. la vuelta del ciclo del tiempo de una etapa natural, o We Xipantv, los nuevos brotes del ciclo año nuevo”, comenta Pewka- Coike, lonko (representante político espiritual) del Lof Fvta Anekon,  comunidad mapuche del sur de la provincia de Río Negro.

¿Qué ceremonias se realizan y cuáles son los sentidos esenciales de esta celebración?

– El día 24 es el momento del Wuñelfe (Lucero) y el Prapanaw (Estrella que sube en el alba), que dan inicio a un nuevo ciclo de vida. Entonces, hacemos afafan, gritando la celebración y haciendo sonar nuestros instrumentos kulxvm, xvxvka, pvfilka, praprawe. También golpeamos los troncos de los árboles frutales para despertar su savia. Y al ritmo de los instrumentos musicales nos acercamos al rio, aguada o lago más cercano para bañarnos, purificar nuestros cuerpos y llenarnos de nuevas energías. Así recibimos limpios al sol, que marcará el inicio de un nuevo ciclo, donde los días comienzan a alargarse un tranco de gallo: kiñe alchawall xekan. Luego del baño y mirando hacia el Este de donde vuelve el sol-Antv y frente al rewe (altar) realizamos nuestra ceremonia colectiva e individual. Durante la mañana, los participantes salen a caminar al campo para conversar y comunicarse con cada elemento de la naturaleza.

Pewka Coike (Ignacio Prafil en su DNI argentino),lonko del Lof Fvta Anekon junto a su madre Marcelina Prafil, Pillan Kuse del Lof.

¿Qué valor tuvo el nacer en un contexto cultural donde se celebran estas ceremonias?  

– El valor que siempre nos han enseñado ha sido respetar a nuestros mayores, sobre todo cuando nos están transmitiendo conocimientos a través del Kimvn, el ser y saber del entorno natural. Por eso deseo dejar plasmado que en todas las ceremonias milenarias de nuestro Pueblo Nación Mapuche un rol fundamental está en que las familias se reúnen alrededor del rewe (altar), para compartir alimentos. Y danzan para celebrar. En esta fecha se suele realizar el Katanpilun, ceremonia de perforación de las orejas de las niñas para colocarles chaway (aros tradicionales), en la que la abuela materna le entrega su nombre a su nieta. También el Misawvn, donde dos personas comen en un mismo plato para recordar y afianzar su amistad. Y el Lakatun, ceremonia en el que el abuelo paterno le entrega su nombre a su nieto.

“En algunos espacios -aclara el lonko- esta celebración de nuestros Wiñoy Xipantv tomó en los últimos años un carácter intercultural, al abrirse la participación a la sociedad no mapuche como una invitación a comprometerse con el territorio compartido, asumiendo que es una vivencia con la naturaleza en todo el hemisferio Sur y una propuesta de respetar este orden natural. En estas ocasiones se invita a quienes participan o asisten a que lleven semillas para ofrecerle al río, lago, aguadas o fuente de agua más cercana. Y a que participen del Purum (danza) y compartan los alimentos”.

Laguna Ñe Luwan en la región sur de la provincia de Rio Negro, al pie de la meseta de Zomo Kura.

¿Cómo fueron las vivencias como niño de estas ceremonia?  

– Mi gran recuerdo y vivencia de la ceremonia del Wiñoy Xipantv fue a mis 4 años de edad, cuando mis mayores se comenzaron a juntar el día 21 de junio. Traían carne, pan, empanadas hechas para compartir. Algunos llegaban con pilchero de leñas a caballos y comenzaban a hacer una fogata grande. Nos decían que iban a festejar el Wiñoy Xipantv, pero que en el mundo no mapuche winka se decía que el 24 se festejaba el día de San Juán, porque así lo decía la iglesia católica romana. Nuestros mayores únicamente hablaban en nuestro idioma mapuchezugvn. Y decían que los días 23 y 24 no se podía dormir, porque en el wenu mapu,  territorio de arriba, iba estar la señal de un nuevo ciclo de vida a través de las constelaciones.

Solsticio de invierno: Inti Raymi, el nuevo amanecer

“De chico siempre tenía la imagen de la Puerta del Sol”, dice Rumi Ullpu, autoridad espiritual del Ayllu Mink’akuy Tawantinsuyupaq de Hurlingham, provincia de Buenos Aires. Nacido dentro de la cultura Kolla- Qheshwa, es investigador de estos conocimientos ancestrales y heredero espiritual de su padre el Tayta Ullpu, histórico referente de la cultura andina y profesor de lengua quechua de trascendencia global. Y es con recuerdos vividos con él en su infancia con que aparece unido el recuerdo del impacto con la imagen del monolito tallado por la cultura Tihuanaco en una sola gran pieza de piedra para cultuar al astro solar en cercanías del lago Titicaca en la actual Bolivia. 

“Yo escuchaba hablar a mi papá cuando venían los evangelistas a querer seguir colonizándonos. Les decía que su dios era el sol. Siempre lo voy a recordar”, comenta y explica que en los relatos paternos aparecía la figura del soberano incaico Atahualpa, enfrentando narrativas bíblicas de los  conquistadores, cuando esa misma frase que él usaba para enfrentar discursos colonizadores evangélicos era la que el líder del pasado empleaba con los conquistadores que portaban narraciones bíblicas. 

Rumi Ullpu junto a su padre Tayta Ullpu (Gustavo Sardinas y Carmelo Sardinas en sus documentos argentinos), referentes político espirituales de la cultura andina.

“No entendía que el dios de los blancos se muriera”, cuenta Rumi Ullpu sobre el sentir del antiguo líder incaico, perplejo ante los símbolos cristianos de sacrificio y seguro de que alcanzaba con señalarles al astro solar como un verdadero padre, para mostrarles lo que su cultura podía vivir como una deidad,  con la que tenían un vínculo tan sagrado como directo y amoroso.

Pero la ritualidad ligada a los ciclos de oscuridad y luz, desde aquellos tiempos críticos de la historia sudamericana, fue cobrando significados tan trágicos como transformadores: “Una vez un abuelo nos contó que en los últimos Inti Raymi del  Tahuantinsuyo (Imperio Inca), en un amanecer en que el sol parecía no salir, vieron caer muerto a un cóndor. Y fue como una profecía, porque comenzaba una larga noche de 500 años. Todo lo que habíamos hecho iba a caer, nos iban a saquear y esclavizar, pero había una forma de resistir, que era resguardar la tradición para que se fuera pasando de generación en generación”. 

¿Qué importancia dirías que tienen para nuestro continente las celebraciones del solsticio de invierno como el Inti Raymi?

– Son de suma importancia. En el hemisferio Sur vamos a estar todos festejando nuestro Inti Raymi. una celebración a nuestro padre Sol, despidiéndolo con  ese ciclo que se cierra y ese otro que se abre. Es un momento donde se renueva la fuerza, la energía de todo. Es una ceremonia muy ancestral, muy sagrada y venerada, más allá de todo lo que ha pasado, histórica y políticamente con las colonias y las conquistas. Por haber pasado por esa noche de oscuridad, los Andes y parte de la Patagonia estamos conectados de una manera espiritual. Este es un momento donde también la madre Tierra viene descansando. Ahora va a reposar más. Los días 21, 22 y 23, es muy importante poner las manos en alto, para recibir las fuerzas de energía, que se renuevan.

Rumi Ullpu (Gustavo Sardinas) de niño.

Cada uno de los días, agrega, tiene una implicancia particular: “El 21 se renueva una fuerza de la madre Tierra, es un momento para estar con los pies descalzos, para recibirla.  El 22 tiene que ver con el Padre Aire, con Tayta Waira, se libera oxígeno un poco más puro, es conveniente estar bajo un árbol, si es de un monte o de un bosque mejor, para  limpiarnos. El 23 tiene que ver con el Abuelo Fuego, antiguamente se hacía un caminito de brasas, donde caminaba la gente. Y el 24 es la Madre Agua: en la Patagonia el 23 y el 24 se meten en los ríos. Si estamos en una parte más urbana podemos dejar un día un balde de agua en nuestras terrazas, para bañarnos con ella. Todo se convierte en medicina para nuestro cuerpo”. 

¿Qué importancia han tenido estas ceremonias en tu historia?

El Inti Raymi me cambió la vida. Por cómo nos energizamos. Y porque es una manera de poner en práctica nuestra cultura. Tiene que ver con una práctica cultural y espiritual que nunca se abandonó. Al contrario, ha sido de resistencia. Lo  que siempre vamos a pedir a nuestro padre va a ser luz, fuerza, energía y que nos guíe. Pedimos el buen vivir y sanación para nosotros como humanidad. Esto hace a un despertar de nuestra gente. Estas son nuestras tecnologías. Este es el conocimiento, saber que hay un momento en el que todo se renueva, que la Madre Tierra también descansa, que el Padre Sol manda una fuerza de energía extra para que podamos recargarnos para el ciclo entrante. Es impresionante lo que es esta cultura para mí. Me llena de buen vivir.

El Inti Raymi me cambió la vida. Es una manera de poner en práctica nuestra cultura. Tiene que ver con una práctica cultural y espiritual que nunca se abandonó. Al contrario, ha sido de resistencia.»

“Esta es una cultura muy comunitaria,  que no te he deja tirado, tiene ese corazón de madre, donde para todos es todo. No hay una mezquindad. Eso es lo que nos demuestra esta ceremonia: no olvidarnos de que tenemos que respetar, honrar. Y debemos descolonizarnos, deconstruirnos, sacar nuestro individualismo y antropocentrismo”, agrega el investigador de estos saberes vivenciales, antes de expresar una problemática político cultural actual: “En nuestro país hay diversidad de culturas. Se festeja el año nuevo chino, el árabe y hasta el de los israelíes. Pero en algunos lugares no se está dejando hacer esta ceremonia. Eso nos lleva a un retroceso. De todas maneras, como pueblos, como naciones, como comunidades, vamos a estar haciéndolo como siempre lo hicimos”. 

Como una luz potente que disipa la bruma de cualquier retroceso neocolonialista, la palabra firme de Rumi Ullpu, que fue forjando con el tiempo una sostenida tarea investigadora de su cultura, se llena de afecto. Y comparte una historia ceremonial vivida con su padre, que en sus últimos años, como regalo espiritual, recibió el nombre ceremonial Kondor Blanco: “En el año 94 hicimos una ceremonia en una plaza de Ezpeleta, muy al sur de Buenos Aires, aunque nosotros éramos del Oeste. Me acuerdo que fuimos ahí, era una noche de mucho viento, nadie daba dos mangos de que saliera el sol. Y en el momento de la ofrenda, que se había preparado comunitariamente, mi papá la puso al fuego, se hizo como ceniza y se armó un humo, que se elevaba, con toda la ofrenda. Ahí fue que se abrió el cielo. Y salió un Padre Sol. A partir de ahí cambió mi vida. Dije Quiero continuar esto. Y empecé a acompañar a mi papá. ¡Siempre!”