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Menos alcohol, más cannabis: cómo la expansión de dispensarios legales cambió el consumo en Oregón

Un nuevo estudio realizado por la Universidad Estatal de Oregón (Oregon State University) encontró que en las zonas donde hay más dispensarios de cannabis los adultos beben menos alcohol.

La investigación, publicada en American Journal of Preventive Medicine (2025), muestra que la densidad de puntos de venta legales de marihuana no solo aumenta el uso de cannabis, sino que también se asocia con una disminución del consumo intensivo de alcohol en varios grupos etarios.

El trabajo analizó datos de más de 61.000 personas adultas entre 2014 y 2022, y constituye una de las evaluaciones más amplias hasta la fecha sobre el impacto real de la legalización del cannabis en Estados Unidos. Según los autores, los resultados “sugieren una posible sustitución del alcohol por cannabis” en los lugares donde la venta minorista está más desarrollada, aunque advierten que los efectos varían según la edad y el contexto social.

El contexto: ocho años de legalización y expansión

Oregón legalizó el cannabis recreativo en 2015 y desde entonces se convirtió en uno de los estados con mayor cantidad de dispensarios per cápita del país. En 2022 superaba incluso a Washington, Colorado y Massachusetts en número total de licencias, según datos oficiales.

Este crecimiento permitió estudiar cómo la disponibilidad local, medida por la cantidad de dispensarios en cada código postal, influye sobre el comportamiento de los consumidores.

Los investigadores combinaron los registros de dispensarios con datos del Behavioral Risk Factor Surveillance System (BRFSS), una encuesta de salud pública que incluye preguntas sobre consumo de cannabis, alcohol y otros indicadores sanitarios.

A partir de esa información, evaluaron cómo cambiaron los hábitos antes y después de la apertura del mercado legal, controlando por factores demográficos y tendencias de largo plazo.

Más dispensarios, menos alcohol

El hallazgo más destacado es claro: a mayor densidad de dispensarios, menor probabilidad de consumo excesivo de alcohol.

El equipo observó que los adultos que viven en áreas con más locales de cannabis tenían menores tasas de uso frecuente de alcohol, especialmente entre los jóvenes de 21 a 24 años y los mayores de 65.

En esos grupos, las probabilidades de consumo intensivo de alcohol se redujeron significativamente frente a las zonas con pocos o ningún dispensario.

“La relación fue particularmente fuerte entre los adultos jóvenes y los mayores, dos poblaciones en las que el impacto del alcohol es especialmente preocupante por motivos distintos: los primeros por los riesgos de abuso y los segundos por su vulnerabilidad fisiológica”, explica el estudio.

En cambio, entre los grupos de mediana edad (de 25 a 50 años) el efecto fue más débil o nulo, lo que sugiere que el desplazamiento del alcohol por cannabis puede depender del momento de la vida y de las motivaciones de uso.

Sustitución, no adición

El estudio aporta evidencia a favor de la llamada hipótesis de sustitución, según la cual el acceso legal al cannabis podría reemplazar el uso de alcohol en algunos sectores.

Si bien las tasas de consumo de cannabis aumentaron en paralelo al crecimiento de dispensarios, el uso combinado de ambas sustancias no se intensificó. En cambio, el uso problemático de alcohol bajó en las zonas con mayor oferta de cannabis.

Esto contrasta con el temor de que la legalización fomentara un uso complementario (más marihuana y más alcohol al mismo tiempo). En Oregón, al menos, los datos muestran lo contrario: una relación inversa entre disponibilidad de cannabis y abuso de alcohol.

Los investigadores subrayan que este patrón podría tener implicancias sanitarias positivas, ya que el alcohol sigue siendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad prevenible en Estados Unidos.

Una tendencia con matices

Sin embargo, el fenómeno no es lineal ni universal. Aunque el cannabis parece “sustituir” parcialmente al alcohol en algunos grupos, no reduce el consumo general en toda la población.

Por ejemplo, el estudio detectó que las personas de entre 18 y 20 años, que aún no pueden comprar legalmente, no mostraron cambios significativos ni en el uso de cannabis ni en el de alcohol. Esto sugiere que los controles de edad funcionan, pero también que la sustitución ocurre principalmente entre quienes acceden al mercado regulado.

Entre los mayores de 65, en cambio, el cambio fue más pronunciado. Muchos de ellos recurrieron al cannabis como alternativa terapéutica para tratar dolor crónico, insomnio o ansiedad, reduciendo su dependencia del alcohol como automedicación.

Por qué el cannabis puede desplazar al alcohol

Los autores proponen varias explicaciones para este patrón. Por un lado, la percepción de menor riesgo asociada al cannabis legal podría llevar a algunos consumidores a reemplazar la bebida por la marihuana, especialmente en contextos de uso adulto.

Por otro, los dispensarios ofrecen una experiencia más controlada y transparente, con información sobre dosis, variedades y efectos, lo que facilita un consumo más consciente.

Además, el cannabis no genera resaca ni los mismos riesgos hepáticos o cardiovasculares del alcohol, y en contextos de legalidad puede percibirse como una opción “más saludable” o compatible con estilos de vida moderados.

Un laboratorio natural de políticas públicas

Oregón funciona como un experimento a gran escala para observar cómo la regulación moldea el comportamiento social.

Desde 2015, el número de dispensarios pasó de unos pocos cientos a varios miles, distribuidos incluso en zonas rurales. Esa expansión permitió estudiar efectos a nivel comunitario con una precisión sin precedentes.

El equipo utilizó un modelo de densidad geoespacial para medir cuántos puntos de venta había por cada zona residencial. El patrón fue claro: cuanto más cerca y más accesible el cannabis, menos prevalente el consumo problemático de alcohol.

La conclusión central es que el acceso minorista al cannabis es una variable de política pública modificable. Los gobiernos locales pueden regular la cantidad de licencias, la ubicación de los dispensarios y las condiciones de venta para equilibrar beneficios y riesgos.

Implicancias para la salud pública

El estudio no se limita a describir correlaciones, sino que plantea una agenda de investigación más amplia:

¿En qué medida la expansión del mercado legal puede reducir los daños asociados al alcohol? ¿Y qué tipo de regulación maximiza esos beneficios sin aumentar los riesgos del uso intensivo de cannabis?

Para los autores, los resultados refuerzan la necesidad de monitorear los efectos del mercado regulado a largo plazo y de diseñar políticas diferenciales por grupo etario.

“La disponibilidad de cannabis es un factor que los gobiernos pueden ajustar. Si entendemos cómo afecta al consumo de alcohol y otras sustancias, podremos usar esa información para diseñar estrategias de reducción de daños más efectivas” explica el estudio.

El caso de Oregón muestra que la relación entre cannabis y alcohol no es necesariamente de competencia destructiva, sino que puede abrir un camino hacia un consumo más consciente y menos dañino.

En un contexto global donde cada vez más países debaten la regulación del cannabis, los hallazgos ofrecen un mensaje claro: la legalización no solo transforma el mercado, también modifica los hábitos y prioridades de las personas.