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Cómo se fabrica un sahumerio artesanal: Sagrada Madre y su apuesta por la naturaleza

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Quienes utilizan sahumerios suelen prestar atención al aroma, al tiempo de combustión o a las propiedades atribuidas a cada resina. Sin embargo, pocas veces se preguntan cómo se fabrica realmente una varilla de incienso o qué ocurre antes de que llegue a las manos del usuario o usuaria.

En la mayoría de las plantas industriales el proceso está dominado por maquinaria automática, mezclas estandarizadas y fragancias incorporadas durante las últimas etapas de producción. En una proyecto como Sagrada Madre, en cambio, la lógica es distinta.

Aunque hoy esta empresa argentina distribuye sus productos en decenas de países, buena parte de su identidad sigue apoyándose en procedimientos manuales, materias primas naturales y una forma de trabajar que comenzó mucho antes de que existiera la marca.

Krishna, uno de los hermanos fundadores, recibió a THC para contar cómo evolucionó ese proceso durante más de cuatro décadas de experiencia familiar y por qué decidieron crecer sin abandonar lo artesanal.

Todo comenzó mucho antes de que existiera Sagrada Madre

La historia de la empresa no empieza con una fábrica ni con una estrategia comercial. Empieza en un taller familiar.

Krishna recuerda que su familia fabrica sahumerios desde comienzos de los años ochenta, cuando todavía producían pequeñas partidas de manera completamente artesanal y sin una marca propia.

«Nuestra familia hace sahumerios desde 1982. En ese momento hacíamos sahumerios artesanales sin marca. Con mi hermano ya teníamos toda esa técnica y ese conocimiento, pero queríamos desarrollar un estilo nuevo, algo diferente a lo que existía. Empezamos a trabajar con hierbas y resinas naturales, probamos distintos métodos hasta que nació el sahumerio con las hierbas y las resinas pegadas. Desde entonces todo ese proceso sigue siendo manual», recuerda.

Aquellas primeras pruebas terminarían definiendo la identidad visual de la empresa.

Mientras muchos fabricantes recurrían a perfumes sintéticos aplicados sobre varillas uniformes, ellos buscaban que cada ingrediente pudiera verse. Las hierbas, flores y resinas comenzaron a formar parte del aspecto exterior del producto, convirtiéndose con el tiempo en una de las características más reconocibles de Sagrada Madre.

Del descarte de una industria a uno de los ingredientes principales

Uno de los cambios más importantes llegó años después, cuando comenzaron a preguntarse si era posible disminuir el uso de carbón vegetal durante la fabricación. La respuesta apareció en un lugar inesperado: la industria del jugo.

En lugar de trabajar exclusivamente con carbón, Sagrada Madre comenzó a incorporar biomasa obtenida a partir del orujo, el residuo que queda después de extraer el jugo de distintas frutas.

«La biomasa de fruta es un derivado del orujo de la industria del jugo. En Neuquén hacen una especie de carbón dejando secar naturalmente esa pulpa y después nosotros procesamos esos bloques, los convertimos en harina y de esa manera logramos usar mucho menos carbón. Es lo que llamamos suprarreciclaje: agarrar el desecho de una industria que en su momento se tira y darle una nueva propiedad y una nueva función», explica Krishna.

El proceso comienza con el secado natural de esa pulpa hasta obtener bloques compactos. Luego, esos bloques son triturados y transformados en una harina extremadamente fina que puede mezclarse con el resto de los ingredientes utilizados durante la fabricación.

Además del beneficio ambiental que supone reutilizar un residuo industrial, la biomasa permitió reducir significativamente el consumo de carbón sin modificar el comportamiento del sahumerio durante la combustión. Para la empresa, esa decisión representa una de las innovaciones más importantes desarrolladas desde la creación de la marca.

El secreto no está en el perfume, sino en el empaste

Si hay una etapa que define la identidad de los productos de Sagrada Madre, esa es el empaste. Es el momento en que las hierbas, las flores, las resinas y los demás ingredientes naturales quedan adheridos alrededor de la varilla.

A diferencia de otros fabricantes, donde la fragancia suele incorporarse mediante baños aromáticos o pulverizaciones, aquí las materias primas forman parte física del sahumerio. Pero lograr esa adherencia no fue sencillo.

«Probamos varios métodos hasta que nació el sahumerio con las hierbas y las resinas pegaditas, usando una mezcla especial de aglutinantes. Principalmente son aglutinantes naturales y todo se pega manualmente. El proceso sigue siendo totalmente manual», explica Krishna.

La composición exacta de esa mezcla permanece dentro del conocimiento interno de la empresa. Lo que sí revela Krishna es que el objetivo nunca fue solamente lograr que los ingredientes permanecieran adheridos, sino hacerlo respetando tanto el aspecto visual como las propiedades aromáticas de cada materia prima.

Crecer sin reemplazar personas por máquinas

A medida que Sagrada Madre comenzó a expandirse fuera de Argentina apareció una pregunta inevitable: ¿Cómo sostener una producción que hoy se cuenta por millones de unidades sin resignar el carácter artesanal?

Muchas empresas resuelven ese problema automatizando prácticamente todas las etapas de fabricación. Ellos eligieron otro camino.

«Todo se sigue haciendo a mano y nos gusta ese detalle porque le da un valor diferente, una terminación más orgánica. Para poder hacer una gran producción necesitás mucha gente, muchos artesanos, pero el proceso sigue siendo manual. Nuestra estandarización es justamente seguir manteniendo lo artesanal», afirma Krishna.

Para Sagrada Madre, crecer nunca significó automatizar el proceso: la producción sigue dependiendo del trabajo de cientos de artesanos

La frase resume buena parte de la filosofía de la empresa. En lugar de entender la artesanía como una limitación para crecer, decidieron convertirla en uno de los pilares sobre los que construyeron la identidad de la marca.

Lejos de buscar que cada pieza sea absolutamente idéntica, consideran que pequeñas diferencias de textura o terminación forman parte del valor que aporta el trabajo realizado por personas y no exclusivamente por máquinas.

Cuando la mirra realmente es mirra

Las resinas ocupan un lugar central dentro del catálogo de Sagrada Madre y, según Krishna, fueron uno de los primeros aspectos en los que decidieron diferenciarse de otros fabricantes.

Mientras muchas líneas comerciales recurren a fragancias que reproducen determinados aromas, la empresa trabaja directamente con materias primas como mirra, copal y otras resinas naturales, que luego son procesadas dentro de la planta antes de incorporarse a cada sahumerio.

«Si vamos a hacer un sahumerio de mirra queremos que sea mirra natural de verdad, y ese fue uno de los puntos que nos diferenció desde el principio. El proceso de molienda varía según cada resina, no es exacto. A veces hay tamizado y otras no. Incluso nos gusta que no quede todo igual porque eso también forma parte del producto artesanal», explica Krishna.

La decisión de no buscar una molienda completamente uniforme responde a una lógica que atraviesa toda la producción de la empresa: conservar la identidad de las materias primas antes que perseguir una homogeneidad absoluta.

Para Krishna, esa pequeña variabilidad no representa un defecto, sino una consecuencia natural de trabajar con ingredientes reales.

El secado: la etapa donde manda el clima

Una vez terminado el empaste comienza otra de las fases más delicadas del proceso: el secado.

Durante años, Sagrada Madre dependió exclusivamente del clima para completar esa etapa. En verano, el calor aceleraba naturalmente el proceso; en invierno, en cambio, la humedad podía extender los tiempos durante varias semanas.

«El proceso de secado natural está completamente regido por el clima. En verano es mucho más rápido, pero el invierno argentino tiene mucha humedad y un sahumerio puede tardar un mes o un mes y medio en secarse. Durante muchos años lo hicimos poniéndolos directamente al sol, pero hoy lo mejor es contar con deshumidificadores y algún sistema de calor para no depender tanto del clima», cuenta Krishna.

«Si hacemos un sahumerio de mirra, queremos que tenga mirra natural de verdad. Preferimos trabajar con materias primas reales antes que con fragancias que las imiten» explican desde Sagrada Madre

La incorporación de sistemas de secado controlado permitió mantener una producción constante durante todo el año sin abandonar el método de elaboración artesanal.

Al mismo tiempo, controlar la humedad ayuda a preservar mejor las propiedades de las hierbas, las resinas y los aceites esenciales presentes en cada formulación, evitando que las variaciones climáticas alteren el resultado final.

El salitre y uno de los mitos más repetidos

Uno de los temas que más preguntas genera entre los consumidores es el uso del salitre.

En algunos ámbitos suele presentarse como si se tratara de un agregado químico incompatible con un producto natural, una idea que Krishna busca desmentir.

«El salitre es una sal natural, no es algo artificial. Hay muy pocas canteras en el mundo. Nosotros usamos una cantidad mínima, ínfima. Mucha gente piensa que es un químico, pero se utiliza muchísimo más en la producción de alimentos y en procesos de cultivo. En nuestro caso simplemente ayuda a mantener el prendido y lograr un quemado parejo», explica.

Según sostiene, el verdadero equilibrio del sahumerio no depende únicamente de ese componente, sino de la interacción entre la biomasa, las resinas, las hierbas, los aglutinantes y los tiempos de secado.

Cada modificación en la receta puede alterar la velocidad de combustión, la estabilidad de la brasa o la forma en que se libera el aroma durante la hora aproximada que dura cada varilla.

Crecer sin perder la identidad

En una industria donde la automatización suele presentarse como el paso inevitable para aumentar la producción, Sagrada Madre decidió construir su crecimiento sobre una lógica diferente.

La empresa incorporó nuevas tecnologías para mejorar algunos procesos, como el control del secado, pero evitó reemplazar el trabajo artesanal que dio origen a la marca.

Ese equilibrio entre innovación y tradición aparece una y otra vez durante la conversación con Krishna.

Por un lado, habla de biomasa obtenida mediante el aprovechamiento de residuos industriales, de formulaciones desarrolladas durante años de prueba y error y de mejoras técnicas para mantener una producción estable. Por otro, insiste en que el corazón del proceso sigue estando en las manos de quienes fabrican cada sahumerio.

«Todo se sigue haciendo a mano. Para poder hacer una gran producción necesitás mucha gente, muchos artesanos, pero justamente eso es lo que queremos conservar. Nuestra estandarización es seguir manteniendo lo artesanal», resume.

Quizás allí esté la explicación de por qué, aun después de convertirse en una marca presente en decenas de mercados internacionales, Sagrada Madre continúa defendiendo procedimientos que parecen ir a contramano de la lógica industrial.

Para Krishna, la identidad del producto no depende solamente de los ingredientes que contiene, sino también de la forma en que esos ingredientes llegan hasta la varilla.

Y aunque la empresa siga incorporando mejoras para responder a una demanda cada vez mayor, asegura que ese principio permanece intacto desde aquellos primeros sahumerios familiares fabricados en 1982.