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Los estados de EE.UU. ya recaudaron más de US$ 28.400 millones gracias al cannabis legal

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Cuando en Estados Unidos Colorado y Washington inauguraron los primeros mercados regulados de cannabis para uso adulto en 2014, una de las grandes preguntas era si la legalización realmente sería capaz de generar beneficios económicos en impuestos para los estados. Más de diez años después, la respuesta parece estar respaldada por los números.

Según un nuevo informe elaborado por el Marijuana Policy Project (MPP), los estados estadounidenses que regulan la venta de cannabis para adultos ya acumulan 28.441 millones de dólares en ingresos fiscales provenientes exclusivamente del mercado recreativo. La cifra no contempla la recaudación derivada del cannabis medicinal, las licencias comerciales, los impuestos sobre la renta de trabajadores del sector ni los tributos municipales, por lo que el impacto económico total es todavía mayor.

Solo durante 2025, los estados obtuvieron 4.570 millones de dólares, el valor anual más alto desde que comenzó la legalización. Siete estados superaron los 200 millones de dólares en ingresos durante ese año, mientras que tres lograron recaudar más de 500 millones y uno de ellos incluso sobrepasó la barrera de los 1.000 millones.

Un mercado que no deja de crecer

Actualmente, 24 estados permiten la posesión de cannabis para uso adulto. De ellos, todos excepto Virginia ya cuentan con sistemas legales de producción y venta regulada que generan ingresos tributarios para sus administraciones.

La evolución de la recaudación refleja cómo fue madurando la industria.

En el primer año de funcionamiento de los mercados legales, durante 2014, los estados recaudaron poco más de 68 millones de dólares. Apenas un año después esa cifra casi se cuadruplicó y continuó creciendo de forma sostenida hasta superar los 1.300 millones de dólares en 2018, los 2.800 millones en 2020 y los 3.900 millones en 2021. Tras una leve desaceleración en 2022, la tendencia volvió a acelerarse hasta alcanzar el récord histórico registrado en 2025.

Detrás de ese crecimiento no solo aparece el aumento del consumo legal, sino también la incorporación de nuevos estados al mercado regulado y la consolidación de industrias que, en muchos casos, ya compiten directamente con el mercado ilegal.

Mucho más que ingresos para el Estado

Uno de los aspectos más interesantes del informe es que no se limita a contabilizar cuánto dinero ingresó por impuestos. También muestra hacia dónde fueron destinados esos recursos.

Los estados utilizan la recaudación del cannabis para financiar programas muy diversos. Entre ellos aparecen los sistemas de salud pública, Medicaid, la construcción y mantenimiento de escuelas, infraestructura vial, vivienda, programas de alfabetización temprana, prevención del bullying, tratamiento de consumos problemáticos, servicios para veteranos de guerra, conservación ambiental, capacitación laboral y fondos destinados a reparar los daños provocados por décadas de políticas prohibicionistas.

En otras palabras, los impuestos derivados del cannabis dejaron de representar únicamente una nueva fuente de ingresos fiscales para convertirse en una herramienta de financiamiento de políticas públicas.

California lidera el ranking

Si se analiza la recaudación acumulada por estado, California ocupa cómodamente el primer lugar.

Desde el inicio de las ventas legales en 2018, el estado ya recaudó más de 7.760 millones de dólares en impuestos sobre el cannabis para uso adulto. Solo durante 2025 ingresaron más de 1.049 millones, convirtiéndose nuevamente en el único mercado estadounidense capaz de superar la barrera de los mil millones de dólares anuales.

El informe recuerda que una parte importante de esos fondos se destina a programas comunitarios para poblaciones afectadas por la guerra contra las drogas, además de iniciativas ambientales y de cuidado infantil. En 2025, por ejemplo, California distribuyó 48 millones de dólares en subvenciones para proyectos de reinversión comunitaria.

Washington aparece en el segundo lugar histórico, con más de 5.100 millones de dólares recaudados desde la apertura del mercado en 2014. Más de la mitad de esos recursos financian programas de salud destinados a niños y niñas de bajos ingresos.

Colorado, pionero junto a Washington en la legalización recreativa, acumula más de 2.800 millones de dólares, de los cuales más de 1.500 millones fueron destinados al sistema público de educación.

Los impuestos del cannabis financian escuelas, salud y programas sociales

Aunque la cifra total impresiona por sí sola, el informe del Marijuana Policy Project destaca que el verdadero impacto del mercado regulado no se mide únicamente en dólares recaudados, sino también en la manera en que esos recursos comenzaron a incorporarse a los presupuestos públicos.

Hoy los ingresos provenientes del cannabis legal financian programas que poco tienen que ver con la propia industria. Dependiendo del estado, los fondos se destinan a educación, salud, infraestructura, conservación ambiental, vivienda, capacitación laboral y proyectos de desarrollo comunitario.

En Michigan, por ejemplo, la legislación establece que una parte de la recaudación se distribuya entre municipios y condados que albergan establecimientos de cannabis, además de destinar recursos al mantenimiento de rutas y puentes. Solo en 2025 el estado repartió más de 116 millones de dólares entre gobiernos locales y otros 100 millones para infraestructura vial.

En Illinois, una parte importante de los impuestos financia el programa Restore, Reinvest and Renew (R3), creado para invertir en comunidades que fueron afectadas de manera desproporcionada por las políticas de prohibición. Desde su puesta en marcha ya se asignaron cientos de millones de dólares a proyectos de desarrollo económico, prevención de la violencia, salud mental y oportunidades para jóvenes.

Por su parte, Nueva York, uno de los mercados más recientes, también orienta parte de los recursos hacia programas de educación, tratamiento de consumos problemáticos y fondos de reinversión comunitaria, con un fuerte énfasis en la equidad social dentro del proceso de legalización.

La legalización también alivió los costos de la prohibición

El informe recuerda que el impacto económico del cannabis regulado no termina en la recaudación tributaria.

La legalización también reduce gastos públicos asociados a la persecución penal de conductas relacionadas con la posesión y el consumo de marihuana. Menos detenciones, menos causas judiciales y una menor utilización de recursos policiales representan un ahorro que, aunque difícil de cuantificar con precisión, también forma parte del balance económico de los estados que abandonaron el modelo prohibicionista.

A eso se suma la creación de una industria formal que genera empleo, inversiones, actividad comercial y nuevas fuentes de ingresos a través de impuestos empresariales y laborales que no están contemplados en los más de 28.400 millones de dólares contabilizados por el Marijuana Policy Project.

Un argumento que gana peso en el debate internacional

Cuando comenzaron los primeros procesos de legalización, uno de los principales argumentos a favor de regular el mercado del cannabis era que el Estado podría captar recursos que hasta entonces permanecían completamente dentro de la economía ilegal.

Más de una década después, esa hipótesis cuenta con evidencia concreta.

Los datos recopilados por el Marijuana Policy Project muestran que los mercados regulados no solo generan ingresos sostenidos, sino que además se han convertido en una fuente estable de financiamiento para políticas públicas de largo plazo. En muchos estados, esos recursos ya forman parte de los presupuestos anuales y permiten sostener programas educativos, sanitarios y sociales que antes dependían exclusivamente de otras fuentes de recaudación.

Para los países que todavía debaten posibles modelos de regulación, la experiencia estadounidense ofrece un caso de estudio cada vez más sólido. Si bien cada jurisdicción posee realidades económicas, sistemas tributarios y marcos regulatorios diferentes, la evolución de los mercados legales demuestra que el cannabis dejó de ser únicamente un tema de salud o de política criminal para convertirse también en un asunto de desarrollo económico.

Más de una década después, los números empiezan a hablar por sí solos

El informe del Marijuana Policy Project refleja cómo cambió la conversación sobre el cannabis en Estados Unidos.

Hace poco más de diez años, el debate giraba principalmente alrededor de si era conveniente legalizar la marihuana. Hoy, con 24 estados que permiten el uso adulto y miles de millones de dólares incorporados a las finanzas públicas, la discusión se desplazó hacia cómo administrar esos recursos y cuál es la mejor forma de distribuir sus beneficios.

Los 28.441 millones de dólares recaudados hasta el momento no representan únicamente un indicador del crecimiento de una industria. También muestran que la regulación puede transformarse en una herramienta para financiar políticas públicas que van mucho más allá del propio cannabis.

En ese sentido, la experiencia estadounidense aporta una enseñanza que trasciende el mercado: cuando la actividad deja de operar en la clandestinidad y pasa a formar parte de la economía formal, los beneficios no solo alcanzan a productores y consumidores. También comienzan a reflejarse en escuelas, hospitales, obras públicas y programas sociales financiados con recursos que, durante décadas, nunca ingresaron a las arcas del Estado.