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¿Qué pasa si el cannabis absorbe metales pesados? Un estudio analizó su impacto en la calidad de las flores

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Cuando se habla de la calidad del cannabis, normalmente la atención se concentra en aspectos como el contenido de THC, CBD, el perfil de terpenos, la genética o el proceso de curado. Sin embargo, existe otro factor mucho menos visible que puede resultar igual o incluso más importante: la presencia de contaminantes.

Entre ellos, los metales pesados representan uno de los mayores desafíos para la producción de cannabis de calidad. Estos elementos pueden incorporarse durante el cultivo y permanecer en las flores hasta el momento de su utilización, afectando tanto la seguridad como la composición química del producto final.

Un estudio publicado en Journal of Cannabis Research analizó precisamente este fenómeno utilizando cuatro cultivares de cannabis medicinal. Además de evaluar cuánto cadmio, plomo, níquel y cobalto podían acumular las plantas, los investigadores estudiaron si estos elementos alteraban el crecimiento, la producción de cannabinoides y la distribución de los metales dentro de los distintos órganos vegetales.

Los resultados muestran que la contaminación por metales pesados no solo puede llegar hasta las inflorescencias, sino también modificar el perfil químico de algunas variedades y, en determinadas condiciones, superar los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para plantas medicinales.

¿Qué son los metales pesados?

Los metales pesados son elementos presentes de manera natural en el ambiente. Algunos, como el hierro, el zinc o el cobre, cumplen funciones esenciales para el desarrollo de las plantas cuando se encuentran en cantidades adecuadas.

Otros, en cambio, como el cadmio o el plomo, no cumplen ninguna función biológica conocida y pueden resultar perjudiciales incluso en concentraciones relativamente bajas.

Estos elementos pueden incorporarse al sistema de cultivo desde diferentes fuentes como suelos naturalmente contaminados, por ubicarse en zonas con actividad industrial o minera. Al mismo tiempo, los contaminantes pueden provenir del agua de riego, fertilizantes fosfatados con impurezas, algunas enmiendas minerales e incluso productos utilizados durante el cultivo.

Una vez presentes en el sustrato o en la solución nutritiva, las raíces pueden absorberlos junto con el agua y otros minerales.

El cannabis tiene una gran capacidad para absorber minerales

Una de las características más conocidas del cannabis es su elevada capacidad para captar minerales del ambiente.

Esa propiedad incluso despertó el interés de investigadores que estudian el uso de la planta para la recuperación de suelos contaminados mediante fitorremediación. Sin embargo, esa misma eficiencia representa un desafío cuando el objetivo es producir flores destinadas al uso medicinal o al uso adulto.

Si el cultivo se desarrolla en un ambiente contaminado, parte de esos metales puede desplazarse desde las raíces hasta los tejidos aéreos y terminar acumulándose en las inflorescencias, precisamente el órgano de mayor interés comercial y terapéutico.

Cómo se realizó la investigación

Para evaluar este fenómeno, investigadores del Instituto Volcani, en Israel, trabajaron con cuatro cultivares de cannabis medicinal propagados mediante esquejes obtenidos de una única planta madre para cada variedad.

De esa forma minimizaron las diferencias genéticas dentro de cada grupo y pudieron atribuir los cambios observados principalmente a los tratamientos aplicados.

Todas las plantas recibieron exactamente las mismas condiciones de cultivo: iluminación, temperatura, humedad, nutrición y manejo agronómico.

La única variable modificada fue la incorporación de una mezcla de cuatro metales pesados, cadmio (Cd), plomo (Pb), níquel (Ni) y cobalto (Co). Cada mezcla se aplicó en tres niveles distintos: sin metales (grupo control), concentración baja (1 µM) y concentración moderada (5 µM).

Al finalizar la floración, los investigadores analizaron el crecimiento de las plantas, la producción de biomasa, la actividad fisiológica, el contenido de cannabinoides y la cantidad de metales acumulados en raíces, tallos, hojas e inflorescencias.

El crecimiento cambió poco, pero aparecieron señales de estrés

A diferencia de lo que podría suponerse, las plantas no mostraron grandes diferencias en tamaño o producción de biomasa. La altura, el diámetro del tallo y el peso de las flores prácticamente no variaron entre tratamientos en la mayoría de las variedades estudiadas. Sin embargo, eso no significa que los metales fueran inocuos.

Las plantas expuestas a las concentraciones más elevadas desarrollaron síntomas de clorosis —el amarillamiento de las hojas— y, en algunos cultivares, también disminuyeron la fotosíntesis, la conductancia estomática y el contenido de pigmentos fotosintéticos.

En otras palabras, aunque visualmente muchas plantas continuaron creciendo con normalidad, algunos procesos fisiológicos ya comenzaban a verse afectados por la presencia de los contaminantes.

La respuesta dependió de la variedad

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio fue que no todas las genéticas reaccionaron de la misma manera.

Mientras algunas variedades prácticamente no modificaron su funcionamiento frente a la presencia de metales pesados, otras mostraron una sensibilidad considerablemente mayor.

Esto sugiere que la tolerancia a este tipo de contaminación tiene un importante componente genético y que, en el futuro, podrían desarrollarse cultivares con menor tendencia a acumular estos elementos o con mayor capacidad para mantener estable su producción de cannabinoides.

Los metales también modificaron la producción de cannabinoides

Además de analizar la presencia de contaminantes, los investigadores quisieron saber si los metales pesados alteraban la calidad química de las flores. La respuesta fue afirmativa, aunque no ocurrió de la misma manera en todas las variedades.

Las concentraciones más bajas de metales apenas produjeron cambios. Sin embargo, cuando la exposición aumentó hasta 5 µM comenzaron a observarse reducciones en varios de los principales cannabinoides, especialmente en tres de los cuatro cultivares analizados.

En algunas variedades disminuyeron los niveles de THCA, CBDA, CBGA y CBCA, las formas ácidas que produce naturalmente la planta y, en consecuencia, también descendieron sus formas neutras, como THC, CBD, CBG y CBC. En cambio, uno de los cultivares prácticamente no mostró alteraciones en su perfil de cannabinoides, lo que refuerza la idea de que la respuesta depende en gran medida de la genética.

Para los autores, este comportamiento confirma que existe un umbral de contaminación a partir del cual los metales pesados comienzan a interferir con el metabolismo secundario del cannabis.

Las raíces actúan como una barrera… pero no alcanzan

Uno de los aspectos más interesantes del estudio fue seguir el recorrido que realizan los metales dentro de la planta.

Los análisis mostraron que las raíces acumularon las mayores concentraciones de cadmio, plomo, níquel y cobalto. Esto indica que el cannabis intenta limitar el avance de estos contaminantes reteniéndolos en el sistema radicular, una estrategia que muchas especies vegetales utilizan para proteger los órganos más sensibles.

Sin embargo, esa barrera no fue completamente efectiva. Parte de los metales logró desplazarse hacia tallos, hojas e inflorescencias.

El comportamiento fue diferente para cada elemento. El níquel presentó la mayor capacidad para trasladarse desde las raíces hacia la parte aérea de la planta, mientras que el plomo mostró la menor movilidad y permaneció principalmente acumulado en las raíces. El cadmio y el cobalto mostraron un comportamiento intermedio.

El dato más preocupante apareció en las flores

Las inflorescencias son el principal producto obtenido del cannabis medicinal y también la parte más utilizada en el uso adulto.

Por ese motivo, los investigadores compararon las concentraciones de metales detectadas en las flores con los valores máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud para plantas medicinales.

Los resultados fueron contundentes: en las plantas expuestas a la concentración más alta utilizada durante el ensayo, los niveles de cadmio y níquel presentes en las inflorescencias superaron los límites establecidos por la OMS.

En cambio, las concentraciones de plomo permanecieron por debajo de esos valores de referencia.

Los autores consideran que este hallazgo demuestra la importancia de controlar cuidadosamente la calidad del ambiente de cultivo y de los insumos utilizados, especialmente cuando el cannabis está destinado a aplicaciones medicinales.

¿Qué significa este trabajo para el cultivo?

El estudio no evaluó cultivos comerciales ni domésticos, tampoco comparó marcas de fertilizantes, sustratos o fuentes de agua. Por esa razón, sus resultados no permiten concluir que cualquier cultivo de cannabis presente contaminación por metales pesados.

Lo que sí demuestra es que la planta puede absorber estos elementos cuando están presentes en el ambiente y que algunos de ellos llegan hasta las flores, donde además pueden modificar el perfil de cannabinoides dependiendo de la variedad y del nivel de exposición.

Desde el punto de vista del cultivo, esto refuerza la importancia de utilizar insumos de calidad, conocer el origen del agua de riego y evitar cultivar en suelos potencialmente contaminados.

También pone de relieve el valor que tienen los análisis de laboratorio cuando se busca garantizar un producto seguro y de composición conocida.

Un desafío para la calidad del cannabis

En los últimos años la calidad del cannabis comenzó a medirse por muchos más factores que el porcentaje de THC o el aroma de las flores.

La ausencia de pesticidas, microorganismos patógenos y metales pesados forma parte de los estándares que cada vez adquieren mayor importancia, especialmente en la producción destinada al ámbito medicinal.

Este trabajo aporta nueva evidencia sobre un aspecto poco estudiado hasta ahora: la relación entre la contaminación por metales pesados y la calidad química del cannabis.

Aunque serán necesarias nuevas investigaciones con más variedades, diferentes condiciones de cultivo y otros niveles de exposición, los resultados muestran que la presencia de estos contaminantes puede afectar tanto la seguridad como la composición del producto final.

Más que una advertencia sobre una situación inevitable, el estudio representa un llamado de atención sobre la importancia de controlar todo el proceso de producción, desde el agua y el sustrato hasta los insumos utilizados durante el cultivo. En un contexto donde la calidad del cannabis adquiere cada vez mayor relevancia, conocer estos factores resulta tan importante como seleccionar una buena genética o realizar un manejo agronómico adecuado.