Argentina cuenta con una comunidad científica vinculada al cannabis que continúa creciendo pese a las dificultades presupuestarias y regulatorias. Investigadoras e investigadores trabajan en áreas que van desde la investigación básica y molecular hasta los ensayos clínicos, el control de calidad, el derecho, los estudios sociales y el desarrollo del cáñamo industrial.
En ese recorrido también se consolidó una red que reúne a profesionales de distintas disciplinas, universidades, organismos públicos, organizaciones no gubernamentales y personas vinculadas a la producción.
“La comunidad científica en la Argentina, a pesar de todas las dificultades que estamos atravesando, sigue creciendo en diferentes áreas y diferentes líneas”, explica Silvia Kochen, investigadora del CONICET, profesora de Neurología en la Facultad de Medicina (UBA) y doctora en Medicina, especialista en Neurología.
Kochen es también directora de la Unidad Ejecutora de Estudios en Neurociencia y Sistemas Complejos (ENyS, CONICET-HEC-UNAJ) y dirige el Centro de Epilepsia de los hospitales Ramos Mejía y Hospital El Cruce.
Ese crecimiento se refleja también en la cantidad de personas que participan de estos espacios. Según Kochen, entre 300 y 400 personas se reúnen mensualmente en encuentros virtuales de trabajo, organizados en distintas comisiones.
La investigación sobre cannabis ya no aparece, entonces, como un área aislada. Forma parte de una red que aborda desde cuestiones estrictamente científicas hasta aspectos productivos, regulatorios y sociales.

Investigación básica y ensayos clínicos
Dentro del cannabis medicinal existen distintas líneas de investigación. Una de ellas es la investigación básica, que busca entender qué ocurre a nivel molecular y cómo interactúan los componentes del cannabis con diferentes procesos biológicos.
“Desde el punto de vista del cannabis medicinal, se trabaja en dos líneas fuertes: la investigación básica y la investigación clínica”, señala Kochen.
La investigación básica se concentra actualmente en distintos mecanismos moleculares y en su posible aplicación a determinadas patologías. Entre las áreas mencionadas aparecen especialmente la demencia y las enfermedades cardiológicas.
La segunda gran línea es la investigación clínica, que trabaja directamente con pacientes mediante ensayos.
En este campo, algunos de los desarrollos más avanzados están relacionados con la epilepsia y el dolor. También comenzaron a abrirse nuevas líneas vinculadas con enfermedades neurológicas, demencia, Parkinson, alteraciones del sueño y ansiedad.
Esto significa que el campo de estudio se fue ampliando. Ya no se trata solamente de investigar qué componentes tiene la planta o cómo actúan sobre determinadas células, sino también de estudiar qué ocurre cuando los productos derivados del cannabis se utilizan en contextos clínicos concretos.
Una red que reúne distintas disciplinas
Uno de los aspectos destacados por Kochen es la diversidad de personas que participan de la comunidad científica vinculada al cannabis.
La RACME, la red mencionada en los testimonios, reúne a investigadoras e investigadores, pero también incorpora a trabajadores de universidades, personas vinculadas a cultivos y organizaciones no gubernamentales.
“Hemos logrado algo único en la investigación: el CONICET es una muy buena caja de resonancia y de recepción de todas y todos los interesados en la temática”, explica Kochen.
La red funciona además mediante diferentes comisiones de trabajo. Hay grupos dedicados a investigación clínica, investigación básica, controles de calidad, aspectos sociales, cáñamo, producción y derecho. La dimensión de esta comunidad da una idea del crecimiento del área: según Kochen, entre 300 y 400 personas participan de reuniones mensuales.
“Ocupa cada vez más un lugar importante en la ciencia en nuestro país”, resume la investigadora.

El control de calidad, una pieza central
Otra de las líneas que adquirió importancia es el control de calidad.
Los investigadores trabajan tanto sobre las condiciones en las que se cultiva el cannabis como sobre el material vegetal que posteriormente es procesado. El objetivo es conocer qué contiene cada preparación y comprobar que cumpla con determinados parámetros.
Esto incluye la aplicación de buenas prácticas de cultivo y el análisis del material elaborado en distintos centros del país.
“Hay una presencia muy fuerte también en todo lo que hace al control de calidad, desde el cultivo y la aplicación de buenas prácticas de cultivo”, explica Kochen.
El control también busca detectar posibles contaminantes y determinar con precisión la composición de los productos.
La misma lógica se aplica al cáñamo industrial: estudiar el cultivo y analizar el material vegetal permite conocer sus componentes y evaluar su calidad.
Según la investigadora, estas tareas permiten avanzar hacia productos con características conocidas y controles regulados.
Argentina ya tiene reconocimiento internacional
Kochen también destaca que el trabajo realizado en el país comenzó a tener reconocimiento fuera de Argentina.
Ese reconocimiento aparece en publicaciones científicas y en la participación de investigadores argentinos en revistas nacionales e internacionales de alto impacto.
Pero también se refleja en los congresos y encuentros científicos que se realizan en el país.
“Se ve reflejado en los congresos que desarrollamos, donde hay participación no solamente masiva de argentinas y argentinos, sino también de investigadores a nivel internacional, de Latinoamérica, de Europa, de Estados Unidos, de Canadá”, señala.
Para la investigadora, ese intercambio muestra que Argentina forma parte de una discusión científica internacional alrededor del cannabis.
El problema de investigar entre dos legislaciones
El crecimiento científico convive, sin embargo, con una dificultad que aparece de manera reiterada en los testimonios: las regulaciones que afectan al cannabis no siempre funcionan de manera coordinada.
Desde el punto de vista de la investigación, una de las principales limitaciones señaladas es presupuestaria.
Pero a eso se suma una dificultad particular del cannabis: la convivencia de diferentes marcos legales que pueden generar obstáculos para conseguir, cultivar, trasladar o distribuir material vegetal destinado a la investigación.
“Nosotros estamos conviviendo con dos legislaciones: una que nos permite avanzar y realizar investigaciones en todos los niveles y otra ley que penaliza y que se contrapone a la ley que habilita y permite”, explica Kochen.
Según la investigadora, esa tensión termina afectando directamente a quienes trabajan en ciencia.
“Esta tensión de alguna manera también nos afecta a las y los que hacemos investigación”, agrega.

El desafío de pasar de la investigación al desarrollo
La investigación científica es solamente una parte de la cadena. El otro desafío consiste en conseguir que el conocimiento generado pueda transformarse en desarrollos concretos.
En este punto aparece el potencial que los investigadores observan en Argentina.
El país cuenta con una larga experiencia agrícola y con conocimientos acumulados en distintas regiones que podrían aplicarse al cultivo de cannabis y cáñamo.
“Argentina tiene todas las condiciones para posicionarse en un lugar líder. Tiene una historia como país agrocultivador con muchísima experiencia a lo largo y ancho de nuestro país, donde hay saberes que se pueden aplicar absolutamente al cultivo del cáñamo, del cannabis”, sostiene Kochen.
A esa experiencia productiva se suma la existencia de investigadores que trabajan en diferentes niveles: desde la biología molecular y la genética hasta las aplicaciones clínicas y los modelos experimentales.
La posibilidad de desarrollar productos con mayor valor agregado aparece como uno de los objetivos hacia adelante.
“No como producto primario, sino directamente ya en la producción más avanzada y en lo que se vaya desarrollando”, explica.
Cáñamo, producción y nuevas áreas de estudio
La investigación tampoco se limita al cannabis medicinal.
Dentro de la comunidad científica existen líneas específicas dedicadas al cáñamo industrial, así como grupos que estudian la producción de cannabis medicinal, cosmético, alimentario e industrial.
También hay investigadores que trabajan sobre cuestiones jurídicas y sociales.
La comisión de Derecho analiza las condiciones regulatorias y participa en debates sobre legislación nacional y comparada. Al mismo tiempo, distintas universidades y observatorios estudian cuestiones como la percepción social del cannabis y las experiencias de sus usuarios.
“Existen distintos observatorios, distintas universidades sobre aspectos sociales, sobre el uso del cannabis, percepción del usuario de cannabis y percepción en general de la sociedad”, señala Kochen.
El resultado es una comunidad que excede ampliamente al laboratorio: incluye ciencia básica, medicina, producción, controles de calidad, derecho y ciencias sociales.
Una investigación que busca consolidarse
Los testimonios muestran un campo científico que, pese a las restricciones presupuestarias y regulatorias, continúa expandiéndose.
Hay investigaciones clínicas en áreas como epilepsia y dolor, nuevas líneas que se abren en enfermedades neurológicas, sueño y ansiedad, trabajos sobre cáñamo industrial, controles de calidad y estudios sobre las dimensiones sociales y jurídicas del cannabis.
Al mismo tiempo, existe una red de investigadores y profesionales que articula buena parte de estas actividades.
El desafío, según surge de los testimonios, es que ese crecimiento pueda sostenerse y que el conocimiento producido en Argentina encuentre condiciones para transformarse en desarrollos concretos.
Para eso, el país cuenta con una comunidad científica en expansión, experiencia agrícola y reconocimiento internacional.
“Argentina tiene un gran potencial y también una gran oportunidad económica de que esto sea así”, concluye Kochen.
La historia del cannabis científico argentino, entonces, no se limita a lo que ocurre dentro de un laboratorio. También se juega en los cultivos, los hospitales, las universidades, los centros de control de calidad, los organismos regulatorios y los espacios donde se discute cómo construir las reglas para una actividad que todavía está en pleno desarrollo.

