El cáñamo podría tener un lugar en la alimentación de los perros más allá de las semillas y el aceite. Un nuevo estudio analizó hojas e inflorescencias de cuatro variedades de Cannabis sativa y encontró que ambas partes de la planta presentan características que podrían resultar interesantes para desarrollar futuros ingredientes funcionales para alimentos destinados a animales de compañía.
La investigación comparó las variedades Finola, Futura 75, Dioica y Kompolti, cultivadas de manera orgánica en Polonia. Los investigadores estudiaron su composición de cannabinoides, terpenos y ácidos grasos, además de evaluar si sus extractos podían inhibir el crecimiento de determinadas bacterias en condiciones de laboratorio.
El resultado más interesante es que hojas e inflorescencias no son químicamente iguales. Mientras las inflorescencias concentraron una mayor cantidad de cannabinoides y de varios terpenos, las hojas presentaron un perfil de ácidos grasos que los investigadores consideraron más favorable.
Las flores tienen más cannabinoides
Cuando se compararon las dos partes de la planta, las inflorescencias presentaron alrededor de 2,7 veces más cannabinoides totales que las hojas.
En promedio, las inflorescencias contenían unos 115,74 mg de cannabinoides por gramo de materia seca, frente a 42,58 mg/g en las hojas. También hubo diferencias importantes según la variedad cultivada.
Entre los compuestos analizados se encontraban CBD, CBG, CBC, CBN y THC-A, entre otros. Es importante remarcar que se trató de cáñamo industrial, no de variedades cultivadas específicamente por su contenido psicoactivo de THC. De hecho, el trabajo señala que en las variedades de cáñamo industrial autorizadas en la Unión Europea el contenido total de Δ9-THC, calculado junto con su precursor THC-A, debe mantenerse por debajo del 0,3% de la materia seca.
Por eso, los resultados del trabajo no deberían interpretarse como evidencia de que el THC pueda utilizarse para alimentar perros.
Las inflorescencias también concentran más terpenos
La diferencia entre las partes de la planta también apareció en los terpenos.
Las inflorescencias presentaron concentraciones significativamente mayores de α-humuleno, β-mirceno, limoneno y linalool. En particular, el contenido de linalool fue aproximadamente 3,6 veces mayor en las inflorescencias que en las hojas, mientras que el α-humuleno fue unas 2,2 veces más abundante.
Las hojas, sin embargo, no quedaron relegadas. Su composición lipídica resultó particularmente interesante.
Las hojas tienen un perfil de grasas diferente
Uno de los principales hallazgos nutricionales del estudio fue el perfil de ácidos grasos de las hojas.
Las hojas presentaron una mayor proporción de ácidos grasos poliinsaturados y, especialmente, de omega-3, mientras que las inflorescencias tuvieron una mayor proporción de grasas saturadas, monoinsaturadas y omega-6.
La diferencia también se reflejó en la relación omega-6/omega-3: fue de 0,241 en las hojas frente a 0,628 en las inflorescencias, es decir, más de dos veces menor en las hojas.
El ácido α-linolénico, un omega-3, fue el ácido graso insaturado predominante y representó entre el 33,45% y el 44,53% de los ácidos grasos totales, dependiendo de la variedad.
Esto hace que las hojas aparezcan como una materia prima potencialmente interesante desde el punto de vista nutricional, mientras que las inflorescencias destacan por su concentración de compuestos bioactivos.
¿El cáñamo también puede combatir bacterias?
La otra parte llamativa del trabajo fue el análisis de actividad antibacteriana.
Los investigadores prepararon extractos de hojas e inflorescencias y los enfrentaron en laboratorio a tres bacterias: Staphylococcus aureus, Escherichia coli y Pseudomonas aeruginosa.
Los ocho tipos de extractos estudiados mostraron actividad contra las tres bacterias, aunque la sensibilidad fue diferente.
Staphylococcus aureus fue la bacteria más susceptible: todos los extractos inhibieron su crecimiento y mostraron actividad bactericida a una concentración de apenas 0,005%. Para E. coli, la concentración fue de 0,625%, mientras que P. aeruginosa necesitó concentraciones de entre 1,25% y 2,5%, dependiendo del extracto.
Y hubo una diferencia todavía más interesante cuando los investigadores observaron cuánto tardaban los extractos en eliminar las bacterias.
Los extractos de inflorescencias de las variedades Finola y Kompolti lograron eliminar completamente S. aureus después de apenas dos horas de incubación. En cambio, los extractos de hojas de esas mismas variedades necesitaron alrededor de 12 horas.
Los autores plantean que esta actividad probablemente no dependa de un único compuesto. La combinación de cannabinoides, terpenos y otros metabolitos presentes en la planta podría contribuir al efecto observado.
Pero todavía no significa que haya que darle cáñamo a un perro
Acá está la principal precaución del estudio.
Los investigadores no alimentaron perros con estos productos. Analizaron materias primas y extractos y realizaron ensayos antibacterianos in vitro. Por lo tanto, el trabajo no permite determinar todavía si estos materiales son seguros, digeribles, palatables o beneficiosos cuando forman parte de una dieta real.
Además, las pruebas antibacterianas utilizaron solamente tres cepas de referencia. Entre ellas estaba S. aureus, mientras que la especie que tiene mayor relevancia en muchas infecciones bacterianas de perros es Staphylococcus pseudintermedius. Los propios autores señalan que será necesario estudiar los extractos frente a esta bacteria, incluidas cepas resistentes a múltiples antibióticos.
También falta comprobar qué ocurre cuando estos ingredientes son incorporados a un alimento completo: cómo se comportan durante el procesamiento y almacenamiento, cuánto de sus compuestos permanece disponible y cómo responde realmente un animal al consumirlos.
Un posible aprovechamiento de una parte poco utilizada de la planta
El interés del trabajo no está solamente en los cannabinoides.
Las hojas de cáñamo suelen quedar relativamente relegadas frente a las inflorescencias, pero los resultados muestran que pueden contener una combinación interesante de ácidos grasos, cannabinoides, terpenos y otros compuestos bioactivos. Los investigadores plantean que hojas e inflorescencias podrían tener funciones diferentes y complementarias en el desarrollo de futuros ingredientes para alimentos de perros.
En ese sentido, el estudio también se relaciona con una tendencia creciente a aprovechar partes de los cultivos agrícolas que tradicionalmente terminan infrautilizadas.
Pero la conclusión del trabajo es prudente: el cáñamo aparece como una materia prima prometedora, no como un ingrediente veterinario ya validado. Para llegar a ese punto serán necesarios estudios con alimentos completos y ensayos de alimentación en perros que evalúen digestibilidad, aceptación, biodisponibilidad, seguridad y eficacia.

