El cannabis suele quedar asociado al apetito por una razón evidente: el THC puede estimular la ingesta de alimentos a través de los receptores cannabinoides CB1, un efecto comprobado. Sin embargo, los efectos de una exposición prolongada sobre el metabolismo parecen ser bastante más complejos. Un nuevo estudio realizado en ratones encontró que el THC y un extracto de cannabis produjeron una reducción del peso corporal y de la grasa en animales con obesidad inducida por la dieta.
La investigación, publicada en 2026, comparó los efectos del THC puro con los de un extracto de cannabis cuyo contenido de THC estaba igualado. El objetivo fue observar qué ocurría con el peso, el tejido adiposo, el control de la glucosa y diferentes mecanismos relacionados con el metabolismo.
El resultado más llamativo fue que el extracto de cannabis mostró efectos metabólicos más amplios que el THC aislado.
¿Cómo estudiaron los efectos del THC sobre la obesidad?
Los investigadores utilizaron ratones macho adultos de la cepa C57BL/6. Durante 60 días, un grupo recibió una dieta occidental rica en grasas y azúcares para desarrollar obesidad inducida por la dieta, mientras que otro grupo recibió una alimentación estándar.
Después de los primeros 30 días, los animales comenzaron a recibir diariamente durante otros 30 días THC puro o un extracto de cannabis con una cantidad equivalente de THC. La dosis de THC utilizada fue de 5 mg por kilogramo de peso corporal.
El extracto no contenía solamente THC. Los investigadores identificaron y cuantificaron otros cannabinoides, entre ellos THCA, THCV, CBD, CBN y CBG. Por cada kilogramo de peso corporal, el extracto administrado contenía 5 mg de THC, además de 0,121 mg de THCA, 0,063 mg de THCV, 0,03 mg de CBD, 0,559 mg de CBN y 0,171 mg de CBG.
Esto permitió comparar el efecto del THC aislado con el de una combinación de cannabinoides manteniendo constante la cantidad de THC.
Menos peso y grasa, incluso sin comer menos
Después de 30 días de tratamiento, tanto el THC como el extracto redujeron el aumento de peso en los ratones sometidos a la dieta occidental.
El análisis de composición corporal mostró además una reducción significativa de la masa grasa en ambos grupos. En cambio, la masa magra no se vio afectada de manera significativa por la dieta o los tratamientos.
El resultado es particularmente interesante porque no parece explicarse simplemente por una reducción sostenida de la comida ingerida.
Los animales tratados sí presentaron una disminución transitoria del consumo durante los primeros días de exposición, especialmente aquellos que recibieron el extracto. Sin embargo, esa diferencia no se mantuvo durante todo el tratamiento. Además, los investigadores no encontraron diferencias significativas en la actividad motora de los distintos grupos.
Esto llevó a los autores a plantear que los cambios de peso podrían estar relacionados con modificaciones en el metabolismo del tejido adiposo, el gasto energético o la forma en que el organismo distribuye y utiliza los nutrientes. Pero remarcan que estas explicaciones todavía son hipótesis: el estudio no midió directamente el gasto energético de todo el organismo.
El extracto tuvo una ventaja: mejoró el control de la glucosa
La diferencia más importante entre los tratamientos apareció cuando los investigadores analizaron el metabolismo de la glucosa.
Los ratones obesos que recibieron únicamente el vehículo presentaban una menor capacidad para eliminar glucosa de la sangre. El tratamiento con extracto de cannabis mejoró este parámetro, mientras que el THC aislado no produjo la misma normalización.
La prueba de tolerancia a la insulina también mostró una disminución de la sensibilidad a la insulina en los animales obesos. Esa alteración mejoró en el grupo que recibió el extracto.
Además, los niveles de glucosa en ayunas y de insulina circulante, elevados en los ratones alimentados con la dieta occidental, dejaron de presentar esas diferencias respecto de los controles magros después de la exposición a THC o extracto.
En otras palabras, el THC y el extracto compartieron algunos efectos sobre el peso y la grasa, pero el extracto mostró una ventaja cuando se evaluó la regulación de la glucosa.
¿Qué tiene que ver la grasa con la insulina?
Para entender el posible mecanismo, los investigadores analizaron el llamado eje adipoinsular. Se trata de una red de señales en la que participan el tejido adiposo y la insulina, con moléculas producidas por las células grasas que intervienen en la regulación del apetito, la glucosa y la sensibilidad a la insulina.
Entre ellas se encuentran la leptina, la adiponectina y la adipsina.
En los ratones obesos, los niveles de leptina estaban elevados. El THC redujo ese aumento y el extracto lo normalizó. La adipsina, que estaba disminuida en los animales obesos, también recuperó sus niveles con el extracto.
El tejido adiposo visceral también mostró cambios. La cantidad de grasa epididimal y el tamaño de los adipocitos, aumentados por la dieta occidental, fueron menores en los animales tratados con THC y extracto.
Para los autores, estos resultados sugieren que los cannabinoides podrían modificar el funcionamiento del tejido adiposo y, a través de ese cambio, influir sobre otros aspectos del metabolismo.
El sistema endocannabinoide también cambió
El estudio encontró modificaciones en el sistema endocannabinoide del tejido adiposo después de la exposición crónica.
Entre ellas apareció una menor expresión del gen Cnr1, que codifica el receptor cannabinoide CB1, tanto en los animales tratados con THC como en los que recibieron el extracto. También se observaron cambios en enzimas involucradas en la producción y degradación de endocannabinoides.
Los investigadores interpretan estos resultados como compatibles con una posible reducción de la actividad del sistema endocannabinoide después de una exposición prolongada. Esa adaptación podría contribuir a explicar por qué los efectos metabólicos de una exposición crónica no necesariamente coinciden con los efectos inmediatos del THC.
En células adiposas cultivadas, además, tanto el THC como el extracto redujeron la acumulación de lípidos. El extracto produjo, en general, efectos más marcados y también modificó el metabolismo energético de las células, aumentando su dependencia de la glucólisis para producir ATP.
¿Significa que el cannabis sirve para adelgazar?
No. Y esta es probablemente la parte más importante para interpretar el estudio. Los resultados muestran efectos metabólicos en un modelo animal de obesidad, no una demostración de que consumir cannabis provoque pérdida de peso o pueda utilizarse como tratamiento para la obesidad en humanos.
Los propios autores señalan varias limitaciones. El experimento utilizó únicamente ratones macho de una cepa determinada y el modelo de obesidad inducida por dieta no reproduce toda la complejidad de la obesidad humana. Tampoco se midió directamente el gasto energético del organismo.
Además, los experimentos con células utilizaron concentraciones de hasta 10 micromolar de THC, superiores a los niveles sanguíneos reportados para la dosis empleada en los animales, por lo que los resultados in vitro deben interpretarse con especial cautela.
La investigación sí aporta algo importante: muestra que THC y extractos de cannabis no necesariamente producen los mismos efectos metabólicos, incluso cuando ambos aportan la misma cantidad de THC. Los otros componentes del extracto podrían modificar la respuesta, aunque el estudio no permite determinar todavía cuál es responsable de esa diferencia.
Por eso, más que convertir al cannabis en una supuesta herramienta para bajar de peso, el trabajo abre una pregunta mucho más interesante: cómo interactúan los distintos cannabinoides con el tejido adiposo y el sistema endocannabinoide durante una exposición prolongada. Los autores consideran que hacen falta nuevos estudios antes de saber si alguno de estos mecanismos puede tener utilidad terapéutica en humanos.

