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cómo se producen los tricomas

El cannabis podría aliviar temporalmente síntomas asociados al autismo en adultos

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En los últimos años, el interés por el uso terapéutico del cannabis en personas con trastorno del espectro autista (TEA) o autismo no dejó de crecer. Muchas familias y pacientes aseguran que ayuda a controlar algunos síntomas, pero la evidencia científica sigue siendo limitada y todavía existen muy pocos ensayos clínicos que permitan confirmar su eficacia y seguridad.

Con el objetivo de aportar nuevos datos, un grupo de investigadores de Estados Unidos analizó la experiencia de adultos con autismo que ya utilizaban cannabis para aliviar distintos síntomas. En lugar de realizar un ensayo clínico tradicional, recurrieron a miles de registros generados por los propios usuarios a través de una aplicación que permite evaluar cómo cambian los síntomas antes y después de usar cannabis.

Casi 6.000 registros de uso

El estudio incluyó a 111 adultos de entre 19 y 70 años que se identificaban como personas con trastorno del espectro autista y utilizaban cannabis con fines terapéuticos.

En total, los investigadores analizaron 5.932 sesiones de uso registradas entre 2017 y 2023 mediante la aplicación Strainprint, una plataforma utilizada en Canadá para llevar un seguimiento del uso de cannabis medicinal.

Antes de usar, cada participante calificaba la intensidad de sus síntomas en una escala del 1 al 10. Un tiempo después de inhalar cannabis volvía a completar la evaluación, lo que permitió comparar cómo variaban los síntomas inmediatamente después del uso. Para garantizar una mayor consistencia, el análisis solo incluyó sesiones con productos cuyo contenido de THC y CBD había sido verificado por laboratorio.

Qué síntomas evaluaron

Los investigadores agruparon los síntomas en cuatro grandes categorías que suelen afectar la calidad de vida de muchas personas con TEA.

La primera fue la sensibilidad sensorial, que incluyó molestias frente a sonidos, contacto físico, sensibilidad de la piel y sobrecarga sensorial. La segunda reunió las conductas repetitivas, como el stimming, los comportamientos compulsivos y otros movimientos repetitivos.

También analizaron problemas relacionados con el control mental, como las dificultades para concentrarse o los pensamientos intrusivos, además de un cuarto grupo vinculado al afecto negativo, donde se incluyeron síntomas de ansiedad e irritabilidad.

Una mejora inmediata en la mayoría de los casos

Los resultados mostraron una tendencia muy marcada.

En conjunto, la intensidad de los síntomas descendió un 73,1% después del uso de cannabis. La reducción fue especialmente alta en los síntomas de ansiedad e irritabilidad, que disminuyeron un 75,8%, mientras que las conductas repetitivas se redujeron un 70,4%, los problemas de concentración y pensamientos intrusivos un 68,6% y la sensibilidad sensorial un 68,1%.

Además, los investigadores observaron que en más del 98% de las sesiones registradas los participantes reportaron una disminución de los síntomas en lugar de un empeoramiento o de la ausencia de cambios.

Otro dato interesante fue que las personas que calificaban sus síntomas como más intensos antes de usar eran, en general, quienes reportaban los mayores niveles de alivio después del uso de cannabis.

Un resultado prometedor, pero con cautela

Aunque los datos parecen alentadores, los propios autores insisten en que estos resultados no demuestran que el cannabis sea un tratamiento probado para el autismo.

La investigación se basó en la percepción de los propios usuarios y no comparó los resultados con un grupo placebo. Por ese motivo, no es posible afirmar que todas las mejoras observadas hayan sido consecuencia directa del cannabis.

Sin embargo, el trabajo aporta información valiosa sobre cómo perciben sus síntomas las personas con TEA que ya utilizan esta planta y ofrece una base para diseñar estudios clínicos más rigurosos en el futuro.

¿Importa la cantidad de cannabis usada?

Además de analizar si los síntomas cambiaban después del uso, los investigadores buscaron identificar qué factores podían influir en esos resultados.

Uno de los hallazgos fue que las personas que usaban dosis más altas de cannabis (medidas por la cantidad de inhalaciones) tendían a reportar un mayor alivio en las conductas repetitivas, las dificultades para concentrarse y los síntomas de ansiedad e irritabilidad.

En cambio, el porcentaje de THC y CBD presente en los productos no mostró una relación significativa con la magnitud de la mejoría. Esto llamó la atención de los autores, ya que gran parte de los ensayos clínicos actuales sobre autismo se centran principalmente en formulaciones ricas en CBD.

¿Se desarrolla tolerancia?

Otro de los interrogantes era si las personas necesitaban aumentar progresivamente la cantidad de cannabis para obtener el mismo efecto.

Según los datos analizados, eso no ocurrió.

A lo largo del tiempo, los participantes mantuvieron dosis relativamente estables, sin necesidad de incrementarlas para aliviar los síntomas. Para los investigadores, este resultado podría indicar que, al menos en el corto plazo, no se desarrolla una tolerancia importante para algunos de los efectos percibidos del cannabis sobre la ansiedad, las conductas repetitivas o los problemas relacionados con la concentración.

Pero también apareció una señal de alerta

No todos los resultados fueron positivos.

Cuando los investigadores observaron la evolución de los participantes a lo largo de los años, detectaron que las puntuaciones iniciales de conductas repetitivas y afecto negativo, es decir, ansiedad e irritabilidad antes de usar cannabis, tendían a aumentar con el paso del tiempo.

Esto podría interpretarse de distintas maneras.

Una posibilidad es que el uso frecuente de cannabis no evite el empeoramiento de esos síntomas a largo plazo. Otra, que las personas recurrieran al cannabis cuando los síntomas eran cada vez más intensos o que su percepción sobre ellos hubiera cambiado con el tiempo.

Como el estudio es observacional, no puede determinar cuál de estas explicaciones es la correcta. Los propios autores advierten que serán necesarios estudios de seguimiento para responder esa pregunta.

Un estudio con fortalezas y limitaciones

Los investigadores destacan que este trabajo es uno de los primeros en analizar los efectos inmediatos del cannabis en adultos con trastorno del espectro autista utilizando miles de registros obtenidos en condiciones de uso real.

Sin embargo, también reconocen varias limitaciones importantes.

En primer lugar, los participantes se identificaban a sí mismos como personas con autismo, por lo que no todos contaban con un diagnóstico clínico confirmado. Además, el estudio se basó en la percepción de los propios usuarios y no incluyó un grupo placebo ni una asignación aleatoria de tratamientos.

Tampoco se registraron posibles efectos adversos del cannabis ni se evaluaron algunos de los principales síntomas del autismo, como las dificultades en la comunicación y la interacción social. Por ese motivo, los resultados no pueden interpretarse como una demostración de eficacia clínica.

Un punto de partida para futuras investigaciones

Pese a esas limitaciones, los autores consideran que los datos aportan una base sólida para seguir investigando el potencial terapéutico del cannabis en personas con TEA.

Los resultados sugieren que muchas personas perciben un alivio inmediato de algunos síntomas tras usar cannabis, pero también indican que todavía es necesario comprender mejor cuáles son los cannabinoides más efectivos, qué dosis ofrecen el mejor balance entre beneficios y riesgos y cuáles pueden ser las consecuencias del uso sostenido en el tiempo.